El naufragio no es una opción

Con decisión y trabajo, con ilusión y trabajo, con dedicación y trabajo, que es la única manera de afrontar una empresa, encaramos la fabricación de un pequeño sueño: construir nuestro propio barco y echarlo a navegar. Sin rumbo predeterminado ni un destino al cual dirigir el timón: solo navegar, solo disfrutar de un pequeño trayecto a bordo de una nao construida con nuestras propias manos.

Lo que al principio parecía un mera ensoñación que perfectamente podía concluirse a medias, quedando en un mero armazón cuya materia prima había corrido tiempos peores, pero tampoco los viviría mejores ya, no se quedó en un mero intento. Trasladamos a la playa nuestra embarcación aún sin terminar, para tener presente de manera constante donde existía nuestro objetivo, el mar, y darnos cuenta así de que cada martillazo que dábamos nos acercaba a cumplir un objetivo que, con tan solo levantar la vista, podíamos vislumbrar.

Y finalmente, con gran orgullo y satisfacción, concluimos nuestra gran obra de ingeniería naval. Un buque, un crucero, un transatlántico nada menos, eso es lo que nos parecía. En realidad se trataba de un simple bote, algo más grande de lo normal, pero un mero bote al fin y al cabo: el mejor bote que podríamos haber construido nunca. Y una vez finiquitado, alzamos la vista hacia el mar y, oteando el horizonte, avistamos un pedazo de tierra al otro lado de la extensión acuática. Era apenas perceptible, pero imaginamos que aquello no podía ser otra cosa que una isla paradisíaca: el lugar ideal para arribar con nuestro humilde bote.

Pero también éramos conscientes de que sobrevalorábamos, como no podía ser de otra manera, la preciada nave elaborada. Sabíamos que requeriríamos apoyo en algún momento, porque aquel viaje era una empresa demasiado grande para un bote tan modesto. Así fue como recorrimos la orilla antes de hacernos a la mar, en busca de navegantes más experimentados que accedieran a echarnos una mano en el caso de que nuestra barca necesitase ayuda para continuar su viaje. Y los encontramos, y sin ponernos pega alguna afirmaron su voluntad de asentarse en playas cercanas y aportar su granito de arena para que nuestro periplo llegase a buen puerto. Y así lo corroboramos al retornar a nuestro punto de partida: a lo largo de la linea de costa, en ambas direcciones, divisábamos que aquellos amparos estaban allí donde habían afirmado. Regocijados por haber encontrado aquel aval, nos arrojamos a la mar con nuestro pequeño barquito, sabedores de que, independientemente de lo que ocurriese, contaríamos con auxilio.

Cuando ya nos encontrábamos lo suficientemente lejos de la orilla como para dar marcha atrás en nuestra aventura, a una distancia que, paradójicamente, era ridículamente exigua, acudieron a la cita las previsibles dificultades. Unos diminutos orificios aparecieron en el casco de la nave, que nos impedían seguir a no ser que alguien nos ofreciese su ayuda. Llamamos por radio a nuestros protectores, pero unas interferencias indeterminadas interrumpían la comunicación. Miramos hacia la ribera, a los lugares donde se asentaron aquellas personas, pero no conseguimos avistarlos. Así que no quedaba otra: si queríamos que fuesen conocedores de que había llegado el momento de que nos socorrieran, debíamos lanzarnos al agua y nadar nosotros mismos hasta la orilla para advertirles de ello. Y a fe que lo hicimos sin dudar un instante: de otra forma, nuestro pequeño bote naufragaría apenas comenzada nuestra travesía, y no podíamos consentirlo.

Braceamos con todo nuestro ímpetu hacia uno de los asentamientos, sin poder percibir ninguna figura desde la distancia; pero, cuando la acortamos lo mínimo, observamos con horror lo que estaba sucediendo. Aquel auxiliador que se había comprometido a ayudarnos estaba recogiendo sus cosas, dispuesto a emigrar de allí. Desde nuestra posición resultaba inútil avisarle a gritos, con lo cual continuamos nadando desesperados con tal de alcanzar una proximidad que nos permitiera prevenirlo de que le necesitábamos. Pero llegó el momento en que nos dimos cuenta, mientras lo observábamos partir sin mirar ni una sola vez hacia el mar, que jamás lo alcanzaríamos, y que, si seguíamos forcejeando con las olas, no conseguiríamos más que nadar para ahogarnos en la orilla. Fue entonces cuando, derrotados, empleamos las fuerzas que nos quedaban para retornar al bote y recobrar el aliento. Aquel varapalo fue aún mayor cuando, al auparnos de nuevo a la barca, volvimos a observar aquellos pequeños agujeros. Aunque de manera minúscula, parecían haber aumentado su tamaño.

No había sido más que un simple revés, eso estaba claro. Aunque aquel gran sostén nos hubiese fallado, aún contábamos con el auxilio de dos patrocinios más. Dado que la radio seguía sin funcionar, hubimos de arrojarnos de nuevo al agua y aproximarnos brazada tras brazada al segundo de los asentamientos donde nos aguardaba una mano amiga. Y sentimos una punzada de pánico en cuanto nuestros ojos pudieron actuar con la suficiente eficiencia como para divisar la orilla: la segunda persona con la cual habíamos pactado su auxilio, al igual que la primera, se encontraba agrupando sus enseres en una valija, manifiesto indicador de que también se disponía a abandonarnos a nuestra suerte sin previo aviso. Mas no podíamos hacer otra cosa que intentar alcanzarla, así que nadamos hacia la orilla, nadamos de forma primaria, nadamos como si no solo estuviese en juego la integridad de nuestro bote, sino también la nuestra. Pero la suerte estaba echada: desde el agua volvimos a ser testigos de excepción de como aquel ser humano, que se había comprometido a ayudarnos en cuanto acudieran a la cita nuestras horas más bajas, se alejaba del lugar en el que debería estar. En ese justo momento, un instante idéntico volvió a presentarse ante nosotros: si decidíamos seguir adelante, lo único que conseguiríamos sería nadar para ahogarnos en la orilla.

Retornamos exhaustos al bote, cuyos orificios amenazaban con mostrarnos las primeras filtraciones de agua salada. El primer desafortunado incidente, la exclusiva huida de nuestro salvador original, tenía visos de haberse convertido en una pauta. Pero no debíamos perder la esperanza, pues, a pesar de la inseguridad que entonces reflejaban nuestros rostros, nos quedaba una bala en la recámara, un último benefactor con cuya ayuda impediríamos que se hundiese nuestra apreciada embarcación. En cuanto recobramos las fuerzas necesarias, sin perder un instante volvimos a saltar del bote y nadar hacia la orilla, hacia el emplazamiento donde nuestro salvador debía estar. Y ya desde la distancia comprobamos la funesta escena.

Allí no quedaba nadie. Nos habían abandonado. Fue así como, después de haber recorrido toda la costa para prevenir una catástrofe y toparnos con una felonía tras otra después de lo pactado, comprobamos que seguíamos nadando para ahogarnos en la orilla, pero esta vez de una manera más metafórica que literal. Con brazadas cansadas retornamos a nuestro pequeño bote, lo abordamos y miramos en derredor. Nos dimos cuenta de que lo único que podíamos hacer al respecto era achicar el agua en cuanto esta comenzase a anegar la pequeña nao para evitar que se hundiera; de otra manera, tanto nosotros como nuestra barca nos convertiríamos en los simples restos del naufragio. Sin más remedio, nos arremangamos y comenzamos a arrojar el agua por la borda con nuestras propias manos en cuanto esta, finalmente, hizo acto de presencia. Solo podíamos luchar contra el destino y mantener la esperanza de que volviese a aparecer alguien en la orilla que, esta vez sí, estuviese dispuesto a echarnos una mano sin que la declaración de este hecho por su parte se convirtiese en papel mojado. Mientras tanto, allí permanecimos intentando con todas nuestras fuerzas mantener a flote ese pequeño bote del que estábamos tan orgullosos, al que habíamos bautizado antes de partir con el nombre de Las crónicas del Otro Mundo.

Porque el Otro Mundo, antes de iniciar su aventura literaria pública, se había aprovisionado de tres excelentes salvavidas para mantenerse en todo momento a flote. Lo que no habían llegado a advertirnos los hados es que todos esos flotadores estaban pinchados.

Las crónicas del Otro Mundo tuvo mala suerte. Sabíamos que no bastaba con publicar un libro, sino que lo mismo daría hacerlo si la gente no sabía que lo habíamos logrado. Todos sabemos que en este mundillo algo que no se ve, no existe. LCDOM iba a nacer, y nuestro papel ahora consistía en que todo el mundo debía enterarse. Nos afanamos por ser proactivos al respecto, y sobre el papel lo conseguimos: antes de tener en nuestras manos los ejemplares dispuestos para críticos, a través de un par de relaciones próximas que habían conseguido esos contactos, teníamos apalabradas hasta tres reseñas en sendos blogs de críticas literarias, e incluso la posibilidad de una aparición en la radio. Estábamos nerviosos, pero ilusionados. Y, de repente, todo se vino abajo. Uno de nuestros enlaces fue víctima de un despido improcedente durante una baja por accidente laboral (la excusa fue que la empresa no tenía capital suficiente para mantener su puesto específico de trabajo y con lo cual este iba a desaparecer; y ojo, porque sería divertido si no fuese real, ya habían contratado a otra persona para dicho puesto “que iba a desaparecer”); su contacto para conseguirnos la reseña era la hermana de la jefa y, de repente, aquella intención se esfumó, aunque ya se hubiese quedado con el ejemplar. Una reseña, una entrevista radiofónica, un libro y un puesto de trabajo, todos ellos volatilizados de manera rastrera: he aquí las maravillas obtenidas por la maravillosa reforma laboral, daños colaterales literarios incluidos. Con nuestro otro contacto tampoco tuvimos suerte: con él se produjo un distanciamiento incómodo con uno de sus apalabrados críticos y el horno no estaba para reseñas, mientras que la otra la perdimos por (al fin un motivo feliz) una baja por maternidad que hacía postergar cualquier tipo de actividad literaria a la afortunada mamá. Tres reseñas, tres contratiempos, tres negativas, y una misma decepción para LCDOM, que se ha encontrado con algunos percances más con posterioridad a su publicación, desapareciendo otras reseñas que también habían sido apalabradas. No obstante, como sabe cualquier autor novel de andar por casa, cuando tras darlo todo una y otra vez nos encontramos con cero reseñas, la voz de Sinatra versionando That’s life actúa como manual de instrucciones de todo escritor desconocido: each time I find myself flat on my face, I pick myself up and get back in the race.

Hemos continuado achicando el agua, rechazando que nuestro bote fuera anegándose del líquido elemento y concluyese rendido ante las fugas en el fondo del océano, enterrado cual Titanic en una tumba de agua. Muchos nos habéis ayudado a minimizar los daños en el bote, dándonos continuidad en la blogosfera y redes sociales, e incluso alguno nos ha prestado sus cubos para facilitarnos la tarea de extraer el agua del interior del barco, lo cual ha significado pura vida para LCDOM. En ese Another World Hall of Fame se encuentran, por supuesto, la pionera reseña de Sadire, la pormenorizada crítica de Paula, la visión emocional de la historia narrada por Elia y, como no, el reciente y minucioso análisis literario de Silvia en un blog especializado.

Gracias a ellas cuatro y al resto de seguidores, con todo este viaje a cuestas y a pesar de los sinsabores vividos, seguíamos con la esperanza de que algún guardacostas apareciera y nos facilitase uno de esos salvavidas legítimos de los que creíamos habernos aprovisionado en un principio. Como soñar es gratis, todavía aguardábamos con un ínfimo halo de esperanza sorprendernos de repente con la campana de uno de esos barcos en nuestros oídos.

Porque, a veces, puede tronar cual cuerno de guerra la bocina de un transatlántico.

Cualquier aficionado a la literatura con conexión a internet conoce sí o también el blog literario ‘Trabalibros’, y es que no es para menos: dentro de la clasificación de blogs literarios en español más importantes atendiendo a datos objetivos como número de seguidores en redes sociales, comunidad de lectores y posicionamiento en buscadores, ‘Trabalibros’ se encuentra en el Top 5 y no porque lo digamos nosotros. De hecho, a diferencia de otros, dicho blog también puede jactarse de tener presencia en las ondas a través de un programa radiofónico de tertulias literarias. ¿Quién da más? LCDOM no puede aspirar a aparecer en dicho website… lo cual no significa que, rompiendo todas las quinielas, no lo haya conseguido.

Esa crítica no es solo un hito en si misma, sino que dicha opinión nos convierte en el primer libro de nuestra editorial que logra aparecer en uno de los 5 primeros blogs literarios más importantes. Una lástima (por definirlo de alguna manera) que la editorial no promocione una de sus obras más vendidas en vez de dedicarse a ponerle zancadillas, aunque esa ya es otra historia que hoy no merece ser contada.

Porque hoy estamos celebrando algo mucho más alegre, la reseña publicada en dicho blog por Luna Paniagua, artífice de una nueva primera vez en el camino de LCDOM de una importancia que jamás podremos olvidar (porque el Otro Mundo no olvida benefactores). Sospechamos que a Luna le hace algo de tilín todo lo relacionado con el mundo literario, porque cuando no está aporreando el teclado en su blog homónimo ya que no puede evitar participar en cualquier reto que la desafíe a teclear historias, se dedica a plantar batalla de manera implacable contra el desatino en cualquier creación. Sea como fuere, Luna se ha erigido en una nueva heroína más en el devenir de nuestra novela, otro capítulo escrito en la historia de nuestra historia.

Bueno, la verdad es que aún no os hemos mostrado este mentado capítulo… Por cortesía de Luna, SRT (ya le preguntáis a ella el significado de sus siglas si queréis, que para eso son suyas), LCDOM goes to Trabalibros:

LCDOM TRABALIBROS

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38 comentarios en “El naufragio no es una opción

    1. ¡No nos pongamos quisquillosos, que suena como a marisco y eso está caro!
      Pues evidentemente sí, tienes toda la razón: qué sería de nosotros sin las aportaciones que nombras. La entrada va referida a reseñas en blogs porque las hostias (y menudas hostias, aún nos pica la cara desde entonces) que nos hemos llevado han sido todas referidas a virtuales reseñas en bitácoras. Ahora bien, nos podemos sacar de la manga un anexo al comentario para paliar el soslayo:

      ¡He aquí una muestra de la maestría de Lídia al evaluar LCDOM para todos los que osen posar la mirada sobre sus dominios comentaristas!
      https://www.amazon.es/gp/customer-reviews/R5AHPAAN7016M/ref=cm_cr_dp_d_rvw_ttl?ie=UTF8&ASIN=B01C4NQKWC

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  1. ¡Que me place tal resurgir «reseñístico»!
    LCDOM se merece todo lo bueno para que no se hunda —incluyendo una recomendación del Colegio Oficial de Fisioterapia para cuidarse las muñecas durante su lectura XP —. Seguro que da varias vueltas al mundo con su marinería literaria.
    En serio, enhorabuena por la reseña, que, por cierto, vengo de verla y, ¡oooole reseña!. No conocía trabalibros, pero me la apunto. Hay calidad.

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    1. Pues plagiando el estilo a otro ya veterano en el Otro Mundo, ¡que nos place tu amable comentario! Ha sido un gran mayo de reseñas por todas partes, tanto en el blog como en Amazon y Goodreads, lo cual lo corroboran como el mes de LCDOM a todos los efectos (el día 6 fue el Día Mundial de LCDOM, por si no leíste los periódicos ese día).
      Por cierto, se ha comprobado que todos los fisioterapeutas recomiendan la lectura del formato físico de LCDOM. Les asegura consultas vitalicias, así que también nos apoyan y han propuesto que con las próximas ventas del ejemplar regalemos un 10% de descuento válido para algunos centros. Y como no sería una mala idea del todo, probablemente la editorial la acabaría tumbando y silenciando a los responsables…

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    1. ¡No presumas tanto, que eso queda feo! Bueno, no es que quede feo, sino que en este blog presumimos tan a lo bestia de cada pasito de nuestra criatura que no queda espacio para que los demás se pongan a vanagloriarse. Probablemente si tenemos dos comentarios más que presuman de algo, el Otro Mundo virtual explosionará, y ya no podríamos presumir de que el Otro Mundo es capaz de explosionar él solito.

      Gracias a usted, excelentísima SRT, desfacedora de maldiciones populares.

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    1. ¡Muchísimas gracias por los halagos! Todos los que escribimos nos alegramos sobremanera con comentarios como el tuyo, porque saber que creamos emociones y sentimientos en otras personas a través de lo que plasmamos con letras es una sensación que llena de júbilo.
      Muchas gracias de nuevo, Aién, un abrazo.

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    1. Desde luego, ese mentado camino resulta un arduo vaivén en el que a menudo los que tendiéndote la mano resolverían muchas papeletas se dedican a ponerte zancadillas sin que ello tenga mucho sentido. No obstante, la solidaridad con la que nos arropamos los escritores bisoños entre nosotros siempre nos hace a todos salir reforzados.
      ¡Gracias por el comentario, un saludo!

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  2. ¡Genial! poco a poco están visibilizando aún más su novela 🙂 Celebren porque su barco jamás se hundirá y he decidido hacerles una premonición (el tiempo dirá si se cumple o no, ¿tengan fe en mí?) Las crónicas del otro mundo se convertirá en una novela de culto. Saludos 🙂

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    1. ¿Forma parte de tu premonición el hecho de que Amazon acabe de rebajar un 80% el importe del ebook de LCDOM durante 24 horas para que el barco siga hacia ese puerto de destino llamado “novela de culto”? Porque así es como está ocurriendo en este justo momento, descuento gordo al canto.
      ¿Coincidencia? ¿Parte de la profecía?
      ¡Un abrazo!

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      1. Pues parece que la rebaja está surgiendo efecto en las ventas, así que la interpretamos tu premonición como #LMEPL, porque resultó cierto que lo mejor estaba por llegar… y a partir de hoy, lo seguirá estando. ¡Brindamos por tus premoniciones! ¡Otro abrazo, Coremi!

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  3. Os merecéis toda la suerte del mundo y estoy segura que vuestro esfuerzo hará que el barco llegué a puerto felizmente. Puede que tarde un poco más que otros, pero no quiere decir que lo haga en peores condiciones, así que, a achicar agua, a tapar agujeros y a seguir navegando con el brío de vuestros brazos y vuestro corazón.
    Enhorabuena por la reseña de Luna y espero que su repercusión sea de estimable ayuda para LCDOM.
    Me encanta cómo exponéis vuestra travesía marítima…
    Un abrazo.

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    1. Lo cierto es que llevamos una racha bastante buena, en mayo se destapó el tarro de las esencias y hemos obtenido las dos primeras reseñas en blogs literarios además de otras en Goodreads y Amazon. La guinda del pastel fue la repentina rebaja de LCDOM el viernes, que volvió a enviar a nuestro chiquillo tanto por muchos rincones españoles como de allende los mares.
      Y esto lo hemos conseguido gracias a todos vosotros, compradores, seguidores, compañeros de fatigas y de comentarios… Coge sin miedo tu parte del mérito, Estrella.
      ¡Otro abrazo!

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  4. Cada entrada en en este blog me refuerza la imagen que tengo sobre “Las crónicas del otro mundo”. Los detalles íntimos de lo que fue alcanzar un sitio en el mundo de la literatura y los negocios sirven para entender que hay que aprender a nadar, que las ilusiones primarias son solo eso hasta que nos patean el trasero. Realmente admiro su redacción y manera de contar historias.

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    1. Realmente somos conscientes de que nos repetimos mucho en ese aspecto que, en el fondo, todos entendemos bien: sin trabajo, sin esfuerzo y sin constancia nunca podremos medrar y alcanzar los objetivos marcados. Nosotros nos regodeamos en este asunto porque nos costó desde el principio dar a conocer la novela, por eso cada avance lo consideramos digno de mención y nos gusta compartirlo.
      Gracias por este nuevo comentario, Raúl.

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  5. Vivir en tu Ser

    Concuerdo con mucho de lo expresado aquí y solo quiero añadir que cuando se escribe desde esa conexión interna del autor (los autores) con mundos invisibles pero presentes, no se puede más que atraer lectores. El número y espacio tiempo de estos es solo un dato . Lo que trasciende no naufraga. Un abrazo y vela al viento.

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    1. Gracias por tus palabras, Vicky. Suponemos que todos los autores noveles conectamos de alguna manera ese mundo que solo existe en nuestra cabeza con el que cohabitamos a diario, y a la hora de plasmar el primero para que también exista en el segundo todos escogemos un camino a seguir para que nuestra criatura perdure en ambos.
      ¡Un saludo!

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  6. Menudo bañito me acabo de dar…agotada de tanto nadar! Y es que tenéis el don de hacerme vivir cada palabra que os leo.
    Que me alegro un montón de todo lo bueno que os pase, que me encanta que celebréis cada pasito que dais. Pero una pregunta no para de repetirse en mi cabeza… y la serie pa cuándo?

    Besoooooooos!!!

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    1. ¡Elia del Otro Mundo! Hacía tiempo que no aparecías por este mundo blogosférico (que no significa que sea circunferencia, pero es el palabro que nos ha salido) y ya no sabíamos si la red de recontraespionaje de la base te había dado el pasaporte (preferiblemente a una isla paradisíaca, pero creemos que eso no suele pasar así…).
      Pues encantados de que te haya servido para darte un chapuzón, porque con la que está cayendo gracias a Lorenzo es como para no salirse del agua. Eso sí, ponte protección 50+ al menos, que parece que tiene muy mala UVA y UVB. Sí, amago de chiste penoso al canto.
      Oye, no sé por qué nos extraña que no te hayas erigido en turista del Otro Mundo. ¿Te has vuelto tímida en este rato que te has olvidado de la blogosfera… o también es cosa de Trump?

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