Implícitamente explícito

La-historia-interminable

Entender la década de los ochenta como la época de oro del cine familiar no parece una apuesta demasiado arriesgada. Al hacer memoria, podemos evocar sin esforzarnos demasiado películas míticas como Gremlins o recordar las aventuras de Los Goonies, pero probablemente el primer largometraje que nos venga a la cabeza tenga que ver con el viaje de Bastián a la tierra de Fantasía. Como ya habéis adivinado, nos referimos a La Historia Interminable, basada en la novela homónima de Michael Ende, obra que superó todas las expectativas editoriales y acabó siendo traducida a más de cuarenta idiomas. La película no solo se considera una joya de la fantasía, sino, sobre todo, de los efectos visuales anteriores a la aparición de las imágenes generadas por ordenador. Hay quien juzga que, en lo tocante a despliegue imaginativo en cuanto a marionetas robotizadas, maquillaje y diseño artístico, se trata de una obra superior a cualquier cinta contemporánea, pues la imaginación hoy en día, desgraciadamente, escasea. En conclusión: la conversión desde el papel al séptimo arte constituía un trabajo del que sentirse realmente orgulloso.

Tras visionar la versión cinematográfica de su manuscrito, Michael Ende no parecía demasiado conforme. Lo sospechamos ligeramente por afirmaciones relativas a los creadores de la cinta como “Les deseo que cojan la peste. Me engañaron de mala manera y lo que hicieron conmigo es una canallada y una traición artística. Si estuviera en mis manos hundiría esa película en el Vesubio”. Quizá no le faltase razón: a pesar del éxito en pantalla, paradójicamente hay quien defiende que esta puede tratarse de la peor adaptación cinematográfica de la historia.

Para apoyar esta afirmación, basta con lanzar la bomba informativa: en la cinta falta la segunda parte del libro. No hay mucho más que decir: independientemente de la opinión que se pueda tener de la película, la amputación de la mitad, literalmente la mitad, de la novela tan solo podía causar pavor en el autor de la misma. Mutilar de forma bárbara e inicua parte de lo engendrado en su mente, que para un escritor significa una parte esencial de su propia vida, debe ser la más dolorosa puñalada que puede recibir como profesional. Además, cientos de detalles de su obra fueron tergiversados para quedar mejor en pantalla y crear un producto más amigable para el público predestinado. La siguiente afirmación la compartimos todos los que hemos visto la película: descubrimos que Fújur, el dragón blanco de la suerte ideado con cabeza de león, tiene cara de perro. Dicho así, quizá no alcanzamos a imaginar la bajeza. Antes deberíamos tratar de entender adecuadamente que la criatura más mágica, más mitológica, más especial para la historia y para el propio escritor, en la que más cariño ha empleado a la hora de tallar su efigie, ha sido transformada por unos abyectos traidores en una mascota de andar por casa de la talla XXL. Resulta casi tan infame como que Bastián, el protagonista de la novela descrito como un niño gordo, débil y torpe, y no por capricho sino porque la importancia de que así sea el protagonista es vital, se nos presenta como un niño delgado sin cualidades negativas aparentes. ¿Acaso ya existía la dieta Dukan?

Demasiado horror para La Historia Interminable que plasmó Michael Ende, porque cada detalle de su novela iba dirigido a que su lector, el que debía ser el público real y probablemente exclusivo de su epopeya, la sintiese a través de cada página. Y para asegurarse de que su lector llegaba a su literatura, forzó que algunos elementos ajenos sobrepasaran su propio arte y su propia pluma. El símbolo de ÁURYN no solo aparece en el medallón que los protagonistas portan en la historia, sino que se encuentra en la portada del ejemplar físico al mismo tiempo que en las del volumen que Bastián lee dentro de la historia. Además, a pesar del sobrecoste que comportaba a nivel de publicación, la novela está escrita a dos tintas. Las partes del libro que transcurren en la realidad se encuentran grabadas en el papel en color rojo, mientras que todo lo que transcurre en el mundo de Fantasía se representa con letras teñidas de verde. Rojo, el color de la prohibición, el que aparece cuando otra persona o cosa quiere restringir el libre albedrío del conjunto de demás semejantes, para el mundo en el que Bastián se siente solo, incapaz, impedido para ser como le gustaría ser. Verde, el del fin de la prohibición, el que invita a continuar libremente, el que anula el anterior impedimento impuesto, para dar paso no solo a Bastián, sino a todo el que le acompaña tanto dentro como fuera de las páginas para adentrarse en un mundo mágico: un mundo que si el visitante desea contemplar está inexorablemente obligado a imaginar, porque nunca ha podido observar algo así en su realidad. Ende tenía muy bien atada su apuesta: entregó todas las herramientas posibles al lector para que viviese su historia tal y como debía hacerlo.

Pero, en realidad, no queríamos hablar de sus recursos metaliterarios. Más bien al contrario: pretendíamos demostrar cómo un escritor le puede gritar directamente al invitado que se ha asomado a su libro que esa historia es para él, porque sabe que esa persona entiende lo que significa realmente leer. Sin anestesia, sin apenas espacio para prepararse, a las pocas páginas de comenzar el ejemplar:

«La pasión de Bastián Baltasar Bux eran los libros. Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado… Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque Papá o Mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito… Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido… Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastián hizo entonces.»

Cuando te das cuenta, el autor del libro te ha hablado. Te ha dicho que su historia está hecha para ti porque, en realidad, eres uno de los suyos. Y si te gusta escribir, si aspiras a ello, puede que incluso le otorgues otra dimensión a dichas palabras. Otra en la que su arte puede incluso haber ridiculizado al tuyo. Puedes entender que le ha resultado tan fácil que incluso te sientes idiota, idiota al comprender que tú no podrías lograr ni en mil años esa conexión que a él, por lo que crees interpretar, no le ha costado demasiadas líneas conseguir.

Tres exiguas páginas después, a escasos segundos de que el autor decida sumergir al turista de las hojas en el mundo de Fantasía, un último párrafo en rojo te vuelve a hablar. Ende le permite a Bastián leerte la mente:

«Bastián miró el libro. «Me gustaría saber», se dijo, «qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado. Naturalmente, dentro hay sólo letras impresas sobre el papel, pero sin embargo… Algo debe de pasar, porque cuando lo abro aparece de pronto una historia entera. Dentro hay personas que no conozco todavía, y todas las aventuras, hazañas y peleas posibles… y a veces se producen tormentas en el mar o se llega a países o ciudades exóticos. Todo eso está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que leerlo, eso está claro. Pero está dentro ya antes. Me gustaría saber de qué modo.»

Y quizá la siguiente sea la más errónea de todas las interpretaciones que hayáis leído o escuchado nunca, pero este cúmulo de frases, este cúmulo de ideas, no solo parece dedicado a un mero lector, sino también a cualquier escritor o a cualquier otro ser humano que, entre sus anhelos, incluya la aspiración de convertirse en uno. Puede ser el más demente de todos los análisis, pero, para el que lo quiera entender, o imaginar, o inventar, Ende insertó un mensaje cifrado, uno que parece bramar que cada historia la crea una persona y que, gracias a esta, esa historia está allí cada vez que las tapas de un libro son abiertas por manos ociosas y revisadas por ojos inquietos. Y sí, será el más alienado de los exámenes que nunca se le hicieron a dicho párrafo, pero este parece lanzar a los cuatro vientos un reto, desafiando de un modo implícitamente explícito a todo el que lo lee a que engendre y transcriba desde su cerebro al papel todo lo que sea capaz de vertebrar en su imaginación, para demostrar a Bastián de qué manera se ha llegado a conformar esa historia dentro de un libro que, al igual que él hace con su ejemplar de La Historia Interminable, alguien ha de abrir algún día.

Probablemente esta extravagante exégesis tan solo exista dentro de nuestras cabezas; no obstante, no debería resultar extraño que así fuese. Todo ser humano interpreta sus vivencias a través de una perspectiva personal y subjetiva, y que la presentada encima de este último párrafo se manifieste como chocante, si lo pensamos detenidamente, no resulta una gran sorpresa. Para las personas que poseen entre ceja y ceja la ambición de convertirse en escritores, una frase que pregunta “¿Por qué existe esta historia en este libro?” no es raro que reciba la inmediata respuesta de “Porque yo la he puesto ahí”. Por otra parte, Ende estaría de acuerdo. Puede que no en dicha interpretación concreta, pero sí en que otro ser humano, al leer sus letras, las interpretase según su propio punto de vista. ¿Qué otra cosa podría desear un escritor de fantasía sino que sus lectores dejasen volar su imaginación para darle una explicación a lo que leen dentro de sus cabezas? ¿Se podría descifrar el género de la fantasía de algún otro modo? No obstante, al igual que Michael Ende repite tantas veces hasta el mismo final de su novela,

«Esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.»

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Another book in the wall

Todos habéis permanecido ajenos a la evolución de los acontecimientos, pero hemos de confesaros una terrible verdad: LCDOM estuvo a punto de desencadenar la III Guerra Mundial. Afortunadamente, pudimos evitar a tiempo el desastre nuclear.

Todo comenzó de la manera más cotidiana. Dentro de nuestras labores como autores universalmente conocidos se incluye el envío de algunas decenas o centenas de novelas dedicadas (afirmación completamente cierta, siempre que sustituyamos las palabras “decenas o centenas de” por ningún otro vocablo) a seguidores que, y seguimos sin explicarnos demasiado bien la razón, nos los piden porque están interesados en leer el libro. Elia Wheat fue una de estas personas, y aceptamos gustosos y agradecidos la propuesta de hacerle llegar uno de nuestros ejemplares firmados para regalárselo a su marido (por motivos de privacidad, no desvelaremos el nombre de Michael). No obstante, saltaron todas las alarmas cuando nos dimos cuenta de hacia donde debía arribar en dicha ocasión la novela: nada más y nada menos que a la costera población gaditana de Rota. ¡Rota, hogar de la base militar estadounidense de, evidentemente, Rota!

Era obvio que había gato encerrado en dicha solicitud. ¿Elia Wheat, si es que ese era su auténtico nombre, pretendía infiltrar el libro en la base militar para despistar a los guardias y aprovechar para robar sus secretos? ¡Eso era espionaje! ¿O era una infiltrada española trabajando en secreto para los yankis? ¡Eso era contraespionaje! ¿O era una infiltrada española disfrazada de infiltrada estadounidense que se hacía pasar por infiltrada española pero infiltrada norteamericana al mismo tiempo? ¡Eso era recontraespionaje! Fuera como fuese (es decir, un lío), parecía patente que todo estaba siendo orquestado por el tío Donald; y no, no nos referimos precisamente al pato que no lleva pantalones (lo cual, si lo pensamos bien, tiene más lógica que el hecho de que un pato lleve pantalones, aunque sean cortos y ceñidos).

No obstante, al final dimos con la tecla al examinar concienzudamente uno de nuestros ejemplares. Nos preguntamos para qué podría querer el presidente del pelo raro semejante tocho, semejante ladrillo, y con esa reflexión tuvimos la revelación divina. ¿Para qué iba a querer Donald un ladrillo?

¡Pues para construir un muro alrededor de la base militar, y que lo pagasen todos los roteños! Seguro que ese ejemplar que viajaba hacia Rota iba directo hacia las dependencias científicas, para evaluar si dichos ejemplares-ladrillos de LCDOM eran aptos para levantar el mentado muro. De ser así, encargarían millares de novelas para construirlo. La verdad es que a nosotros en concreto nos habría venido bastante bien que así fuese: nos hubiésemos convertido en best·seller en ambos países, y, aunque nosotros no sabemos muy bien de qué va eso, se rumorea que le suele venir bien a los escritores. Pero era de esperar que los roteños muy españoles y mucho españoles no estuviesen de acuerdo con hacerse cargo de las costas del levantamiento de dicha muralla. ¿Se levantarían en armas contra el enemigo? O lo que es peor: ¿atacarían la raíz del problema, es decir, a los autores de los ladrillos del Otro Mundo, para erradicar a los creadores de la potencial materia prima de la edificación? Es cierto que, a título póstumo, en algunos casos se aprecia mucho más el talento y las obras de los autores fallecidos. No obstante, por increíble que pueda parecer, a nosotros no nos hacía mucha gracia esta última posibilidad. Bichos raros que somos, qué le vamos a hacer…

Desgraciadamente para las ventas de LCDOM (pero afortunadamente para nuestra integridad personal, hecho que no nos molesta), todo había sido una falsa alarma: Elia había solicitado nuestro voluminoso tocho para regalárselo a su marido para que, aunque este se desapuntase algún día del gimnasio, tuviera algún objeto con el que hacer pesas y no perdiera ese cuerpo serrano que al parecer le caracteriza. No obstante, a ella también le picó la curiosidad por el Otro Mundo y decidió acometer su lectura, hasta que se dio cuenta de que sujetar el ejemplar impreso podía lograr descolgarle los dos brazos en menos de un par de capítulos. Entonces se hizo para ella con la versión electrónica de la novela, lo cual la convirtió en la mayor coleccionista de ejemplares de LCDOM de toda Andalucía, récord que, probablemente, ostente hasta que se apague el sol.

Pero no son esas adquisiciones en ambos formatos (que también) lo que realmente agradecemos a Elia Wheat. Para nada. Lo que auténticamente nos enorgullece es el afecto y la devoción que la autoproclamada primera chica Rozner de la historia ha dedicado a la lectura de nuestra criatura. A pesar de advertirnos desde el minuto cero que la ciencia ficción no era un género entre cuyo público se hallase, hemos podido seguir a través de sus redes sociales las impresiones que el libro le ha ido causando a lo largo de los capítulos, y siempre, siempre, asistimos agradecidos al hecho de que cada una de ellas era más honrosa que la anterior. Y, una vez finalizada la novela, a la hora de plasmar en una entrada de su blog su parecer acerca de LCDOM, lo primero que Elia expresa es lo siguiente: “No pretendo escribir una reseña, porque no tengo ni la menor idea de cómo se hace eso, pero sí puedo deciros lo que me ha hecho sentir”.

Y es que no hace falta realizar una reseña profesional a la hora de ofrecer una opinión sobre un libro para decidir si vale la pena darla a conocer o no. Toda opinión, toda crítica constructiva positiva o negativa, toda sensación experimentada al leer un libro, sirve a su autor para descubrir sus aciertos, para detectar sus errores, para conocer los aspectos que debe mejorar y, sobre todas las cosas, para enorgullecerse de que alguien le haya dado una oportunidad a su obra y le ofrezca sus consideraciones sobre su historia. Tú, lector que has decidido recorrer todas y cada una de las palabras de una narración: si lo has sentido, si lo has vivido, si has disfrutado o no ese libro… ¿Por qué no compartirlo?

Ojalá paladeéis la opinión de Elia sobre LCDOM tanto como la hemos disfrutado nosotros (¡que ya es decir!).

Donde están las luces...

Cuando comencé este libro, no tenía muy claro el que lo fuese a terminar, ya que la ciencia-ficción no es lo mío, o eso creía yo, y que tiene un total de 950 páginas. Así que lo que parecía ser mi lectura del mes de Noviembre, se convirtió en la lectura de Noviembre, Diciembre y Enero… pero lo he terminado.

No pretendo escribir una reseña, porque no tengo ni la menor idea de como se hace eso, pero sí puedo deciros lo que me ha hecho sentir.

A medida que me adentraba en la historia, una historia que en un principio es de ciencia-ficción y ya luego se transforma en “otro mundo”, cada vez tenía más claras las imágenes en mi mente. Caminaba por esos callejones y miraba al interior de alguna que otra vivienda, a través de sus ventanas. Presencié como una hija abandona el hogar y así, a…

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Las crónicas desde el Nuevo Mundo

Una persona puede soñar. O dos. Pero no siempre los sueños se cumplen; no obstante, si lo hacen, se pueden ir reproduciendo unos en base a otros.

Por eso, cuando el sueño de publicar nuestra primera novela se convirtió en realidad, nació un pequeño primogénito cuya paternidad correspondía a ese sueño que se había cumplido: que alguien le diera una oportunidad a nuestra opera prima. Parece que va unido el hecho de publicar un libro y de que automáticamente alguien lo lea, pero, y cualquier autor primerizo lo sabe perfectamente, ese hecho que se da por supuesto no resulta tan sencillo. Y eso nos llevó a hacer nuestros primeros pinitos en la blogosfera, con tal de que el mundo conociera la existencia de nuestro Otro Mundo.

Y así cumplimos ese sueño de que LCDOM tuviese testigos de su comparecencia en el planeta Tierra (de momento, porque no descartamos llegar a Marte cuando… bueno, cuando alguien llegue a Marte con un libro), y otro sueño mucho más remoto por mucho que residiera latente en lo más recóndito de nuestro cerebro: el de que algún ejemplar de nuestra criatura se vendiese en un país distinto al nuestro. Cierto es que conseguir esto en la blogosfera resulta más fácil de lo que podíamos esperar cuando nuestro pequeñín (es un decir, porque nuestro “pequeñín” es un tocho inapelable) se presentó en sociedad, pero, de todas formas, significa otro sueño cumplido para un (dos) escritor(es) bisoño(s). Y acumulando sueños cumplidos con paso lento pero seguro llegamos cierto día al de obtener reseñas, sobre todo gracias a la osadía de anunciar al mundo sin avergonzarse (o eso esperamos, claro) su dictamen sobre LCDOM de Francisco Torpeyvago y, hace pocas fechas, de la reseña con la que Sadire nos insufló pura vida.

Lo que ahora acontece nos resulta un tanto incómodo porque, por muy humilde que sea una persona, su vanidad congénita le castiga a la hora de admitir una equivocación cuyo origen sea que sus neuronas son o bastante vagas, o directamente un poco incompetentes. Hoy nos vemos obligados a confesar que, en nuestra ignorancia, habíamos calculado bastante mal el alcance de nuestros sueños. Somos capaces de descifrar sin lugar a dudas en qué momento se produce nuestro error, pero ello no nos exime de la inoperancia a la hora de nuestra previsión. Y el fallo se origina en que nuestros sueños se engendran en el paso previo a la creación del blog, en la aventura que concluyó el día de la publicación. No nos habíamos dado cuenta todavía de que en este cibernético mundo globalizado (o más bien blogalizado, que para este caso es más certero acuñar ese palabro y después la RAE que haga lo que quiera con él) había acontecimientos que podían tornarse en realidad, y que, en caso de que lo hicieran, constituirían un sueño cumplido.

Con esto queremos decir que, por mucha ineptitud que hayamos de aceptar a la hora de efectuar esta revelación, nunca se nos había ocurrido que podíamos soñar con conseguir una reseña de LCDOM procedente de un país foráneo, y, ni muchísimo menos, desde un continente distinto al que denominamos viejo (pero con cariño, que para eso es el nuestro).

Paula de Grei ha tenido que quitarnos la venda de los ojos para demostrarnos que teníamos un sueño, y que desconocíamos este hasta el mismo instante en que ella, a través de la varita mágica que es su teclado, ha conseguido que cumpliéramos. Desde el Nuevo Mundo, desde la capital de la República Oriental de Uruguay nada más y nada menos, nos ha llegado una radiografía pormenorizada de todas y cada una de las células que mantienen viva la novela, y no podíamos estar más orgullosos de LCDOM por haber superado este minucioso examen médico.

Agradeciendo encarecidamente una y otra vez su crítica literaria a Paula desde el Otro Mundo (saltando el charco para no mojarnos, por supuesto), os ofrecemos con orgullo sus palabras sobre nuestro bienamado primogénito literario.

Paula De Grei

LCDM

DATOS

  • Título: Las crónicas del Otro Mundo
  • Autores: Carlos Lópes Moreno; Adrián E. Belmonte
  • Editorial: Editorial Amarante (22 de febrero de 2016)
  • Páginas: 782
  • Género: Ciencia ficción/Fantasía
  • Formato: Físico y electrónico en Amazon
  • Web: https://lascronicasdelotromundo.wordpress.com/

SINOPSIS

Una novela de ficción distópica proyectada sobre la psique humana. Si, tal como afirman algunos científicos, existe una consciencia global que nos conecta a todos, una “psicoesfera” en la que habitamos de manera inconsciente, entonces ¿puede ser esta manipulada? Y, si así fuera, ¿con qué intenciones se realizaría dicha manipulación? Un universo habitando en nuestros subconscientes… ¿Qué clase de naturaleza podría albergar ese plano alternativo de la existencia por el cual fluirían nuestros pensamientos sin ni siquiera darnos cuenta? Estas fueron las preguntas que prendieron la chispa para que los autores comenzaran este viaje.

Frank Hopper ni siquiera tiene ese nombre. En realidad, la vida del sujeto…

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Herederos de la confusión

Es humano renegar de la culpa, como todos hacen independientemente del pecado cometido, si es que realmente cometieron alguno. Aunque, en realidad, lo de pecar no es tan sencillo como lo habíamos pintado. ¿Qué es exactamente un pecado? Es una cuestión extraña. La concepción del pecado no es estrictamente religiosa, al menos ya no, y de hecho podría tratarse de una cuestión más práctica que teórica.

¿O no podría ser meramente práctica? Nadie condena la arrogancia de otro ser humano a no ser que la presencie, mientras que la misma vanidad, exacerbada en una mente pero no reflejada más allá, no constituye problema alguno, excepto quizá para la misma persona. Mientras esa misma realidad no se plasme en la existencia objetiva, esto es, compartida, queda eximida de mancha. Así, una lascivia desautorizada nunca será abyecta si no existe más que en el imaginario del anhelante, un odio exacerbado hacia otro semejante cuya tropelía es ser exteriormente distinto es inexistente si nadie puede demostrar su presencia, un placer intenso derivado de la comprobación del fracaso o dolor de otras personas nunca convertirá en vil a su poseedor.

Pero, ¿y si ese pecado sí tuviera eco en la vida, pero de él solo fueran testigos muchos otros seres que lo aceptasen como válido? Si esa concepción colectiva juzgase como inexistente dicha transgresión social, convertiría la mácula en un anodino lance más de un periplo vital. Ni un solo borrón: una mera trayectoria intachable a ese respecto. Y no olvidemos de la gravedad de lo que podemos estar afirmando con esto. Planificadores y ejecutores de redes de pedofilia o prostitución, señores de la guerra arrastrando a su barro a desdichados impúberes, mercaderes que comercian con vidas humanas enviándolas a morir al océano, o incluso haciendo negocio con fracciones de personas, arrancándoles los órganos, troceándolos, descuartizándolos por partes, ya que todos los pedazos de una persona entera no les hacen falta. Todos ellos, todas esas colectividades en sus respectivos ámbitos, jamás incurren en pecado alguno: han normalizado el dolor y la agonía de sus semejantes, y su forma de ganarse la vida es ultrajar sin entrañas la de los mismos; ninguno de sus asociados, subalternos o compañeros en la tarea observará infracción en dicho modo de actuar. No hay falta, no hay culpa,… no hay pecado.

Quizá sea por el fin de las fiestas navideñas que nos trasladamos de nuevo a este mundo. Año nuevo, vida vieja. Puede que hayamos perdido de vista por un instante de nuestras vidas (ya que apenas unas semanas podrían considerarse como tal en el cómputo global de nuestra existencia) todo el mal que se genera a lo largo del ancho mundo. O no “que se genera”, sino “que el ser humano genera”. Cambian los tiempos, pero la maldad de aquellos dispuestos a normalizarla ni se crea ni se destruye: solo se transforma. La atrocidad de las cruentas batallas de antaño, en las que se enviaba a infantes a los que no se les había unificado aún la barba a salir gritando de una trinchera para que otros jóvenes, sin la madurez necesaria para ser conscientes de lo que realmente estaban haciendo, los ejecutasen desde la lejanía, solo ha cambiado en la distancia de la ejecución. Ahora basta con apretar un botón desde kilómetros para extirpar esas almas del manto de la vida terrrenal, lo cual no solo parece reducir el riesgo del atacante, sino que también parece encoger el remordimiento.

Pero la conflagración armada es solo un ejemplo de cómo el ser humano no ha evolucionado tanto como ese dominio consciente desarrollado sobre la tecnología nos ha hecho creer. El corazón de la humanidad sangra, aunque solo en parte. Si tomamos esa naturaleza humana como el conjunto de todos los seres humanos, veremos la herida cauterizada en diversos lugares, con los parches colocados por aquellas personas que se dedican a ensuciar su propia naturaleza, carentes de sensibilidad y empatía. Son incapaces de derramar ni una sola gota de sangre, porque son incapaces de ser humanos ya.

Pero al tomar esa naturaleza humana como el conjunto de cualidades y caracteres propios de los seres humanos, la hemorragia de la humanidad es imparable desde el mismo momento en el que se abrió la herida, hasta el punto de plantearnos una tremebunda cuestión. ¿Cuál es nuestra naturaleza realmente? ¿La que nos impele a vivir en armonía con nuestros semejantes y nosotros mismos, o la que nos mueve a someterlos de una u otra manera para asegurar nuestra acomodación a la existencia? Parece casi imposible discernir cuál es esa naturaleza primigenia, pues se diría que ambos procederes existen desde el origen de nuestra especie.

Parece que la única solución posible es volver a convertirnos en humanos, tal como deseamos entender el concepto de humanidad. Seres benignos por naturaleza. Seres sensibles, seres conscientes de su propia fragilidad y de la ajena, y dispuestos a empatizar con el resto para no permanecer indiferentes ante la desdicha del prójimo. Así habíamos definido la humanidad incluso después de perderla por el camino. Quizá nuestro propósito de año nuevo deba ser el afán por recuperarla, pero no como individuos, sino como especie. Es cierto: tras integrar esta última frase, lo más fácil es pensar que esa encomienda queda absolutamente fuera del alcance de cualquiera de nosotros. No obstante, la frase “piensa globalmente, actúa localmente” no sirve solamente para concienciar sobre el medio ambiente o identificar estrategias empresariales. Todo lo que podamos aportar desde nuestro insignificante rincón en el planeta puede contribuir a que se restituya esa humanidad de la que hemos presumido en muchas etapas de la misma. Expresado de una manera más inspiradora por la Nobel de la Paz Santa Teresa de Calcuta, A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería mucho menos si le faltara una gota. Si realmente nos sentimos humanos, comprenderemos que no podemos desperdiciar ni una sola gota más. Seamos gotas, y conformemos, simple y llanamente, el océano.

Seamos personas, y conformemos, simple y llanamente, la humanidad.

 

 

 

LCDOM gonna fly now

Como ya era un secreto a voces, o sea, que no es ningún secreto desde hace varios días (hay que tener en cuenta que nuestro huso horario está en Otro Mundo, por eso tardamos siempre más que todos vosotros), colgamos el cartelito embistiendo vuestros globos oculares así de buenas a primeras.

Premio Blogosfera 2017 · Mejor Blog Colaborativo
Vosotros haced como que os ha sorprendido y no lo sabéis desde la semana pasada…

¡Toma fin de fiesta! Nuestra campaña electoral, diseñada con alma política al 100% y, por tanto, con la mentira por bandera, ha dado el resultado anhelado. ¡Los demás candidatos matan cachorritos! Éramos la única opción fiable, porque nuestra afirmación de que somos demasiado vagos para levantarnos a matar cachorritos era una mentira a medias: lo de que somos demasiado vagos para levantarnos resulta ser una verdad como una catedral.

En el momento de abrir los comicios la votación estaba más abierta que nunca, y todavía más lo estuvo tras la tardía pero acertada resolución del jurado de retirar dos candidatos de la carrera electoral para evitar suspicacias, apartando de la votación a dos competidores temibles. Así, los cuatro aspirantes que quedamos en liza para alzarnos con el Premio Blogosfera 2017 en la categoría de Mejor Blog Colaborativo aumentamos nuestras posibilidades de golpe y porrazo. LCDOM se las vería finalmente con otros tres pretendientes que, y podéis creernos ya que los seguimos desde mucho antes de que comenzasen las votaciones, son blogs de calidad: la pluma de los diecisiete colaboradores de El poder de las letras, la diestra combinación de poesía e imagen de Pura Essenza, y la diversidad y energía de las autoras (y autor, en franca minoría) de Merodeadoras noctámbulas. No obstante, aparte de contar con el voto animalista ya que no matamos cachorritos, nos veíamos con posibilidades reales. Ya que el blog de LCDOM cuenta con una masa social muy numerosa (ya somos más de 4200 habitantes en el Otro Mundo), muy heterogénea (quizá haya hasta algún esquimal por ahí metido) y muy activa (no sabemos si nuestros followers hacen ejercicio, pero los dedos herniados de tanto darle al teclado seguro que sí que los tienen), albergábamos bastantes expectativas de reunir el mayor número de votos y alzarnos así con el triunfo final.

Pero, sinceramente, os habéis pasado:

Escrutinio bloguectoral
No, no es la nariz de Pinocho diciendo que los demás aspirantes matan cachorritos: ¡es LCDOM de verdad!

Repetimos: os habéis pasado. ¡Por Rozner, qué barbaridad, qué avalancha, qué vértigo! A no ser que el contador esté roto, os estamos severamente agradecidos; si lo que ha pasado es que el contador está efectivamente averiado, entonces se lo agradecemos solo a él, pero vosotros os llevaríais sin cargo alguno un gracias por venir: ¡así de generosos nos sentimos!

Y ahora un poquito más en serio, nos habéis dejado boquiabiertos. De creer que teníamos claras posibilidades de ganar la votación a obtener el 77% de escrutinio a nuestra salud, hay un mundo (concretamente, un Otro Mundo). ¡Casi 400 votos, lo flipas mucho y lo flipas bien flipao! Muchas gracias, muchas muchas gracias a todos. Habíamos recibido multitud de confirmaciones de personas que habían apretado nuestro botón en la categoría de Mejor Blog Colaborativo, y desde muchas latitudes. En el nuevo mundo hemos conseguido un triplete en Norteamérica, con oriundos de esas tres naciones que nos han votado, y un poquito más abajo followers de países como Perú, Colombia, Argentina o Chile también nos han escogido. En Europa han acudido a nuestra ayuda amigos de Francia, Alemania e Italia, y también desde No-Europa, territorio también conocido como el Reino Unido. Incluso nos han votado desde Murcia, que no es que sea un país aparte, sino que directamente es Otro-Otro Mundo. En fin, gracias a todos y cada uno de los que nos habéis regalado este precioso presente, del cual nos enorgullece más la magnitud del apoyo recibido que el galardón obtenido. Porque sí, queríamos ganar este Premio con todas nuestras ganas y creemos apreciarlo en todo lo que vale, pero consideramos más valioso el número de clics marcados en el contador, porque nos hace ver el cúmulo ingente de seguidores que querían que lo consiguiésemos. Las personas son más importantes que las cosas, ¿no? Pues eso es lo que queremos decir con todo esto.

Este ha sido el mejor tiro por la culata de la Historia, puesto que este blog nació con la exclusiva intención de potenciar la novela que le da nombre… y ha salido al revés: el blog es conspicuamente más potente que nuestro libro, que aún así seguirá siendo la niñita de nuestros ojos aunque la bitácora de LCDOM consiga el Nobel de Física (siempre que en Estocolmo exista un contador oportunamente roto). ¿Será porque el blog tiene menos letras que la novela, o porque pesa kilo y medio más y para llevar eso a cuestas es mejor esperarse a que acaben las comilonas de Navidad, que suelen saber mejor que las cubiertas de cartoné de nuestro ejemplar?

Sea como sea, ya sabemos que no nos hemos hecho ricos alzándonos con el galardón (que habría estado bien, por cierto), que no nos hemos hecho famosos, que no firmaremos autógrafos por la calle ni tendremos que apartar a los fans enloquecidos para poder llegar a nuestras mansiones. Pero, como no puede ser de otra manera, nos sentimos bien. Quizá no podamos tocar el cielo con lo conseguido, pero sí podemos sentirnos durante algunos días como si pudiésemos volar. Tal vez como Rocky Balboa, por ejemplo, allá en lo alto de la escalera del Museo de Arte de Filadelfia. Sí, así nos sentimos: orgullosos. Orgullosos de crecer, orgullosos de estar progresando, orgullosos de poder estar compartiendo esto con vosotros.

Orgullosos de decir sin tapujos que, en este efímero momento, sentimos que el Otro Mundo gonna fly now.

 

 

 

 

 

 

Viernes de Navidad

Domingo, 24 de diciembre de 2017: empezará la Navidad. En el momento en que se reúna la familia alrededor de la mesa para celebrar la unidad, la conmemoración de una tradición que, se comparta ideológicamente su fundamento o no, congrega a la parentela. Consanguinidad o vínculo político, tanto monta el lazo que suelde la cohesión de todos esos semejantes aglutinados por una histórica usanza. Los villancicos, la felicidad, la bonanza, la esperanza, la ilusión… Aunque, si en realidad hablamos de ilusión y esperanza, de felicidad y bonanza, teniendo en cuenta nuestra naturaleza humana, quizá debamos retroceder un poquito en el calendario.

Viernes, 22 de diciembre de 2017, Premio Gordo de la Lotería Nacional: empezará la Navidad (española). Porque el dispendio abonado en décimos participantes en el Sorteo por antonomasia de (casi toda) la Península Ibérica puede ser equiparable al desembolso realizado para sufragar los ágapes navideños, en función del grado de ludopatía del sujeto comprador (que puede oscilar entre nulo, que es el nivel óptimo y más de lo aconsejable, que no lo es ni de lejos). De hecho, la perspectiva cándida de conseguir que el azar bendiga esas fechas es dada por la esperanza y la ilusión. Y si es posible, que el azar bendiga también el resto de la vida: preferiblemente, esta última opción. Imagínense lo feliz que se podría hacer al elenco preciso y delimitado de semejantes alrededor de la persona ganadora. Gracias a la llegada de la Navidad, ¡cuántas cosas se podrían conseguir! ¡Cuántos sueños se podrían cumplir! ¡Cuántos servicios y productos se podrían adquirir! Aunque, si en realidad hablamos de consumismo, puede que tengamos que recular un poquito más.

Nombre de algún día de la semana, mediados de diciembre de un año inconcreto: empezando la Navidad. A las puertas del Gordo, como una semana antes, se disparan los precios del género y las personas se apelotonan en todos los comercios que alberguen algún producto que pueda considerarse regalo. Las jugueterías hacen su agosto, y las marisquerías despachan a las futuras víctimas del holocausto crustáceo navideño de tal forma que parece que exterminarán todo ese subfilo de los artrópodos. Las prisas ya se sabían malas compañeras, pero comprar en el último momento, cuando el importe es el más elevado, es lo más parecido a una tradición navideña. No obstante, alguna mente brillante, sobre todo preocupada por el capital, pensó que quizás, solo quizás, si se subía el precio de todos los artículos en todas las tiendas recién cumplida la quincena del mes, la gente lo pagaría al mismo precio, tan caro como fuese posible, porque era Navidad. ¿Por qué restringir la primacía prematura de la época a sus dulces típicos? Si el consumismo resulta tan típico de la época como el turrón, el dictamen empresario es aprovecharlo: hay que invertir en espolear el ansia de pagar, regalar, acopiar antes de que sea más tarde, porque valdrá la pena. Aunque, si en realidad hablamos de estimular las ventas, podemos desandar las fechas un poco más.

Nombre de día de la semana, aproximadamente 2 o 3 de diciembre, año inconcreto pero más o menos próximo al actual: ya había empezado la Navidad. Es cierto que el intercambio de dinero por bienes navideños se ha impulsado incluso antes, pero, por alguna razón, se ha decidido que el resto de la existencia circundante no se podía quedar atrás en dicha carrera. Cuando aún casi ningún empleado ha visto reflejado su sueldo en la cuenta bancaria, su Ayuntamiento ya ha colocado la tradicional iluminación navideña segmentando el espacio aéreo de las calles, y entorpeciendo con su encendido la visibilidad de algunos de esos semáforos con complejo de cuello de jirafa. En algunos de los balcones se aprecian algunos Reyes Magos pigmeos subiendo por una escalera de su misma escala, aunque la invasión de varios Papa Noel liliputienses, también interesados en la escalada por los barrotes de esos ventanales, deja en franca minoría a esos monarcas que, según cierto libro, sí se encontraban en la sala de maternidad/pesebre del nacimiento del niño Jesús. Lo apostillamos así de pasada porque, si no erramos en la creencia, todo esto de la Navidad parecía que iba sobre el nacimiento del niño Jesús (no entramos en la cuestión de si nació en otra época del año, y ni mucho menos en si nació cuando tenía -5 años, lo que constituiría todo un Expediente X), pero parece claro que el invasor gordito, bonachón y con barba le está ganando la partida a la terna de Oriente (y eso que son tres contra uno). Por alguna razón desconocida, también afloran los pingüinos en muchos comercios y escaparates. Es cierto que son seres que se sienten como pájaro bobo en el agua, pero su presencia, tan solo explicada porque los copos de nieve aparecen por todas partes, resulta un poco extraña si se reflexiona con la cabeza fría (porque, eso sí, ya hace frío). Pero, en definitiva, no se puede estirar más hacia atrás en el calendario el espíritu navideño. Aunque, si en realidad hablamos de vertiente consumista por Navidad…

Lunes, último de noviembre o primero de diciembre, Cyber Monday: ¿ha empezado la Navidad? No, no es posible, ¡si no tiene nada que ver! El Cyber Monday es el espécimen que alguien que no quería matar esa gallina de los huevos de oro denominada Black Friday se sacó de la manga, poniéndole el collar de ventas por internet al mismo perro. Y no tiene nada que ver con el espíritu navideño, es cierto… Pero en los escaparates de muchos comercios físicos ya aflora algún Papa Noel, algún pingüino, algún árbol de Navidad, algún copo de nieve… Porque el Black Friday dio el pistoletazo de salida a la campaña de Navidad. Puede resultar absurdo, pero hoy en día la Navidad comienza el último viernes de noviembre, ya que la Navidad comienza cuando ellos nos ordenan que comienza, con su correspondiente campaña. ¡A aquellos que aman la Navidad les va a encantar, porque ahora empieza en noviembre!

Evidentemente la Navidad no es eso. ¿O sí? Fundamentalmente, depende de para quién. Depende de las vivencias, depende del empleo, depende de los sentimientos, depende del bolsillo, depende de la familia, depende de la edad del que la viva, depende de Papa Noel y su publicista, depende de quién esté reunido alrededor de la mesa ese día o esa noche. Depende de si te gusta o si la odias. Depende de si eres creyente o ateo, y, de ser creyente, depende de en qué creas. Depende de si es la única ocasión al año en la que ves a toda la familia, y, de ser así, de si soportas o no a uno, a varios o a todos los miembros de la misma.

Que la iluminación multicromática no te confunda, que los patos navideños (hay quien llama así cariñosamente a los muñecos de pingüinos ataviados con gorro y bufanda, true story) no te desconcierten, que los Reyes Magos escaladores no te hagan cuestionar una y otra vez en qué fecha te encuentras: que su visión no te haga creer que es Navidad, porque unos muñecos en un balcón podrían colocarse en agosto, y a ese mes seguro que no ha retrocedido (de momento) el inicio de la campaña navideña.

Vive la Navidad como tú quieras vivirla, como tú sepas que puedes convertirla en especial, aunque ello signifique para ti justamente no transformarla en algo especial. Si no incluir en la agenda que ocurra nada excepcional durante esas fechas concretas sirve para hacerte feliz, adelante: nadie, ni siquiera el resto de la humanidad comandada por Santa Claus, puede imponerte celebrar unos números plasmados en la última hoja del calendario. Perdona a quien quieras, si así lo deseas y puedes, pero no porque alguien te quiera obligar a ello cimentando que eso es lo que debes hacer, ya que un almanaque exhorta que te encuentras en una fecha de paz y amor. Para arreglar una relación cualquier día del año es bueno, llámese 29 de febrero, llámese 25 de diciembre. Si amas la Navidad, si gozas con los abetos decorados con mil colores y luces, si saboreas con deleite cada Belén y cada Papa Noel a tu paso, haz el favor de disfrutar como nunca tu época favorita del año, porque sabes, sientes, que te regocijas con el espectáculo navideño, sin que hayas necesitado que unos grandes almacenes te recordasen que te encantan los días que circundan el final de cada año. Si te irrita e indigna todo ese simulacro de paz y amor y reniegas de él, a pesar de que estés absolutamente rodeado del mismo, esmérate en tejer un plan alternativo que rodé lo que bulle alrededor, que te haga feliz y con quien te haga feliz, independientemente de que sea con una o más personas, sin importar que las mismas sí disfruten del bullicio de la época.

La Navidad puede ser lo que cada uno quiera, incluso si lo que se desea es obviarla, y debe comenzar en la fecha en la que cada uno decida. No comienza el último viernes de noviembre porque la sociedad de consumo así lo haya pactado inconscientemente, ni cuando encienden las lucecitas, ni cuando no te toca la lotería, ni cuando encaras un plato dispuesto a colaborar en el holocausto crustáceo. O sí: empieza la celebración cuando te dé la gana. El inicio de la Navidad, o de lo que sea que quieras vivir estas fiestas, depende de ti.

 

We have a dream: Premios Blogosfera 2017

LCDOM

Somos dos amigos, dos amigos que se conocen durante más de la mitad de sus vidas ya.

Dos amigos, que a raíz de un lance vivido en el instituto hacía más de una década y ya apenas recordado, acordaron iniciar una historia a medias para rellenar las horas muertas.

Dos amigos, que separados en aquel momento por 8.940,64 km empezaron a creer que lo que brotaba de sus dedos por medio del teclado podía ser algo bueno.

Dos amigos que trabajaron juntos durante más de cinco años y medio para finalizar su primera novela. Bienvenidos al blog de ‘Las crónicas del Otro Mundo’.

Así comenzaba nuestra aventura en el ciberespacio, con la ilusión de dos bisoños (que no imberbes, porque eso de la infancia ya nos pilla bastante lejos) autores que acababan de publicar. Se trataba de una colaboración que había nacido muchos años antes de plasmar la misma en un blog.

Vale, pues ahí va la pregunta: ¿esa veteranía anterior cuenta como puntos extra en la valoración de nuestro bienamado website?

Evidentemente estamos haciendo referencia a nuestra nominación como finalistas en los Premios Blogosfera 2017 en la modalidad de Mejor Blog Colaborativo. Ya que nos favorece la experiencia previa, debería ayudar, ¿no? Pero solo en nuestro caso concreto, claro, porque, si funciona igual para todos, perdemos toda la ventaja que nos acabamos de inventar como válida.

Pero en esta ocasión hemos decidido no estresarnos, porque en anteriores sufragios hemos puesto toda la carne en el asador y después ha resultado que no habíamos conseguido suficientes brasas que la cocinasen al punto (o muy hechas, en función de como más os gusten). La primera vez que nos postulamos a un concurso de bitácoras, los X Premios 20blogs 2016, nos vendimos de forma épica, heroica, dispuestos a convertirnos en leyenda,… y claro, no cuajó. Ni éramos (ni somos) titanes, ni éramos (ni somos) semidioses capaces de las más inverosímiles hazañas, ni tampoco éramos (ni somos) Mortadelo y Filemón (bueno, quizá un poco personajes sí que somos), que, creando todo tipo de catástrofes a su paso, triunfan allá por donde pisan (que suelen ser páginas, claro). Así que nos caímos con todo el equipo… que más que un hecho totalmente previsible, era lo más normal del mundo. Hasta el peor ciego, el que no quiere ver, lo habría visto.

Pero el año siguiente, con más tablas y cabeza, volvimos a presentarnos a la siguiente edición del concurso, los XI Premios 20blogs 2017 (hace unos cuantos meses, hablando en plata). En esa ocasión decidimos no vendernos nosotros por razones obvias, sino que nuestro libro lo hiciera por nosotros a través de uno de sus fragmentos, que para algo él argumenta mucho mejor que sus dos autores. Resulta un poco paradójico, pero se explica de forma muy sencilla: LCDOM mola, pero nosotros no tanto. Como es normal, a la hora de batallar la victoria LCDOM y nosotros en igualdad de condiciones, nuestra historia obtuvo muchos más votos que cuando lo intentamos nosotros solitos, pero tampoco nos sirvió de mucho. Entonces fue como revivir el lance de un capítulo de Los Simpsons, en el que Homer ofrece un valioso consejo a dos de sus hijos (los hijos que hablan, porque Maggie es más sabia y no le hace ningún caso a su padre): “Hijos, os habéis esforzado, y ¿para qué? Para hacer el ridículo. La moraleja es: no os esforcéis”. Homer es un genio incomprendido… Tendríamos que haberle hecho caso, que por algo será que él sea universalmente conocido y nosotros no.

Pero el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Vale, es cierto que ya habíamos tropezado dos veces en la misma piedra-concurso de blogs, pero al tratarse de dos administradores nos toca tropezar cuatro veces, así que todavía nos quedaba tropezar el doble de las que llevamos a cuestas. Y así lo hicimos, postulándonos a los Premios Blogosfera 2017 en la categoría de Mejor Blog Colaborativo, pero tranquilos, sosegados, serenos, con alguna receta de Orfidal o Lexatin a mano por si acaso; en resumidas cuentas, sin ningún tipo de estrés, y todo porque un tal Paquito nos aconsejó que nos relajásemos.

La pega es que la música de Frankie tiene un ritmo contagioso, así que no ha logrado sumergirnos en un estado de apatía tal que no queramos hacer un poquito de campaña a favor de nuestro querido hijo Otro Mundo,… y no hemos podido resistirnos. Conclusión: pues nada, que ahí vamos de cabeza otra vez con nuestra epopéyica y grandilocuente propaganda electoral, que vamos a bautizar con el título (plagiado, por no esforzarnos mucho ideando un lema) “WE HAVE A DREAM”:

¡¡¡EL BLOG DE LCDOM, CANDIDATO A MEJOR BLOG COLABORATIVO EN LOS PREMIOS BLOGOSFERA 2017!!! AYÚDADNOS A SUBIRLE LA AUTOESTIMA AL OTRO MUNDO, NO SEÁIS VAGOS. SI PIENSAS QUE LCDOM MERECE ALZARSE CON EL PREMIO A MEJOR BLOG COLABORATIVO, VÓTANOS.

SI PIENSAS QUE NO, VÓTANOS Y DESPUÉS DISCUTIMOS QUIÉN ESTÁ EQUIVOCADO.

SI NO SABÉIS DE QUÉ VA ESTO, VÓTANOS Y DESPUÉS TE LO EXPLICAMOS.

LOS DEMÁS CANDIDATOS MATAN CACHORRITOS CADA VEZ QUE SE LEVANTAN DE LA CAMA: VÓTANOS A NOSOTROS, QUE SOMOS DEMASIADO VAGOS PARA LEVANTARNOS DE LA CAMA PARA HACER UNA COSA TAN FEA.”

Y bueno, eso es todo. Ahora ya depende de lo que vosotros decidáis hacer…

Después de votarnos, claro. Clica en el enlace y vótanos en nuestra categoría: los cachorritos del planeta Tierra te lo agradecerán.

a través de VOTAR

Hello Darkness…

Hace más de medio siglo que el compositor y cantante Paul Simon, uno de los componentes del mítico dueto conocido como Simon and Garfunkel, compuso su famoso tema The Sound of Silence, editado por Columbia Records en 1964. Muchos creyeron que la letra de tan singular canción, hacía referencia al estado de zozobra generalizado que se había apoderado de la sociedad norteamericana tras el atentado a John F. Kennedy, ya que el primer single salió tan solo tres meses después del magnicidio y que, por tanto, tendría que estar relacionado de algún modo con aquel suceso. Sin embargo, sería el propio Paul Simon quien años más tarde, tras ser preguntado sobre qué le había llevado a componer dicha canción, asegurara, en contra de lo que muchos pensaban, que la había compuesto cuando tenía tan solo veintiún años, tiempo antes del atentado, y que la canción la había compuesto principalmente en el baño, ajeno a todo lo que sucedía en aquella convulsa época. Al parecer, en tan singular estudio, habría encontrado la inspiración necesaria para hablar de un mundo distópico que dilucidó mientras dejaba el agua del grifo correr —aquel sonido decía que le relajaba—, y donde, ayudándose del ligero eco que le proporcionaba aquella diminuta caja de resonancia, apagaba la luz quedándose a oscuras para de esa manera dar rienda suelta a su imaginación. Con esta explicación, tal vez se entienda mejor que tras el célebre arpegio que marca la introducción, sus primeras palabras sean:

<< Hello darkness, my old friend… >>.

La canción es todo un poema a la incomunicación, que ya por aquella época comenzaba a percibirse como una oscura mancha que crecía sin control, sobre todo en las grandes ciudades, atomizando a la sociedad de la época en seres solitarios y autosuficientes. En ella se describe un sueño en el que se presenta un lúgubre escenario: un mundo frío donde las personas ya no hablan entre sí, ni siquiera se escuchan, donde todos escriben canciones que jamás nadie compartirá, al parecer, preocupados únicamente en la promoción de su propio ego. Todos ellos viven atemorizados por una poderosa deidad que se les presenta como una gigantesca luz de neón a la que todos adoran, y que les indica con resplandecientes letras, que toda la verdad que necesitan para vivir se encuentra escrita en esas mismas luces que se extienden por toda la ciudad, y que es susurrada una y otra vez sobre el mísero silencio.

neon light

Hoy, más de medio siglo después, si uno mira con detenimiento una fotografía que fue tomada en la Mobile World Congress de Barcelona en 2016, y en la que se ve a Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, caminando entre miles de asistentes que ignoran su presencia, absortos completamente en sus gafas de realidad virtual, creería escuchar aquellos acordes en su cabeza recomponiendo la voz de Paul Simon y Arthur Garfunkel, imaginando que esa poderosa luz de neón que en la canción aseguraba contener toda la verdad, podría haber comenzado su adoctrinamiento a través de las gafas de realidad virtual presentadas en aquella feria y que, todos aquellos idólatras de las nuevas tecnologías, llevaban puestas frente a sus ojos en el momento en el que se tomó tan polémica fotografía; mientras Mark Zuckeberg se disponía a subir al estrado para su presentación.

zuck.0.0

¿Quién sabe? Lo cierto es que a veces resulta muy difícil establecer los límites que separan la inspiración del presagio. Seguramente, muchos de vosotros ya habréis visto el vídeo que os dejamos a continuación, muy compartido en las mismas redes sociales que critica, sin embargo, al incorporar a esta sátira animada el tema The Sound of Silence, hace que uno piense hasta qué punto, aquella oscuridad cómplice no terminó revelándole al compositor los reflejos del futuro.

 

Pura vida

Como ya sabéis, los autores noveles, ya sea mediante autopublicación o a través de editoriales que no pueden dar demasiado bombo a las novelas que editan, viven casi exclusivamente de las reseñas que se hacen de sus libros. Las críticas, grandes y pequeñas, se convierten en oxígeno, en el agua creadora de energía que puede dar paso a que ese organismo vivo (puede que físicamente inerte, pero viviente en nuestras mentes a través de su historia) comience a existir en el mismo hábitat que otras entidades a su alrededor. Dar sus primeros pasos, crecer hasta convertirse en algo que más seres sean capaces de percibir y estén dispuestos a conocer.

Una reseña es vida, todos los escritores primerizos lo sabemos. Podemos rompernos los cuernos publicitando nuestra obra, podemos trabajar hasta la extenuación difundiendo a todas horas la presencia objetiva en el mundo de ese pedacito impreso de nosotros, que, de todas formas, sin un apoyo externo, todo ese esfuerzo personal constituirá una simple RCP, un masaje cardíaco que le estaremos aplicando a nuestra historia para que no muera, insuflándole nuestro aliento para que no acabe desapareciendo del todo. Por eso, una reseña es vida. Cada vez que nuestro libro recibe una crítica, en la pantalla del electrocardiograma aparece un pico, un latido, un hálito, y con ello la esperanza de que ese libro, esa parte de nosotros, puede salir adelante. Es su ración de alimento durante la hambruna, es su bocanada de aire en una habitación inundada, es su milagro de los panes y los peces, es su maná. Pero este no es precisamente un maná que cae del cielo: es un sustento que hay que sudar tinta china para poder obtener.

Con nosotros, esta parte ya os la sabéis: redes sociales, blog LCDOM y a trabajar para el libro, como si en vez de una creación nuestra fuera él el líder de una secta de edición limitada. Y oye, tampoco ha ido mal, ¿no? Hemos encontrado multitud de websites interesantes, hemos conseguido followers, hemos obtenido contactos y, por qué no decirlo, amigos (de estos cibernéticos que probablemente no verás en tu vida, puede ser, pero sí). Eso nosotros como autores, pero nuestra criatura también ha hecho sus pinitos por sí sola: LCDOM ha conseguido vivir una enésima primera vez en su existencia gracias a nuestro estimado Francisco Torpeyvago, sí, el de las historias malditas, al que parece que la novela le hizo un poco de tilín y nos regaló buena cantidad de latidos más en el electrocardiograma para la subsistencia del Otro Mundo, gracias a su fantástica opinión en Amazon. ¡Pero mira que eres majo, “mardito malandrín”! Y es que de eso ha sobrevivido LCDOM, de sus escasas pero buenas críticas en Amazon, que buena falta nos siguen haciendo (ejem, ejem…). Pero en nuestros corazones permanecía alojada esa espinita clavada, esa carencia de reseñas en blogs o cualquier tipo de websites, ese erial de críticas literarias extendido a lo largo y ancho de todo el Otro Mundo. Pero, como cualquier autor novel, la esperanza en nuestra propia historia es lo último que se pierde. Hay que seguir adelante y rezar porque algún día suene la flauta… o un arpa, o un pito, o lo que sea que suene: da igual lo que sea con tal de que suene. Porque, independientemente del instrumento que se precie, la primera reseña siempre suena a música celestial.

Lo podemos asegurar porque, por fin, la hemos escuchado.

Y no la sentimos como una simple RCP, ni la experimentamos como una prometedora estabilización del electrocardiograma, sino que la disfrutamos como emoción desencadenada, como alegría incontenible, como vida, pura y resplandeciente vida para el Otro Mundo.

La reseña de Las crónicas del Otro Mundo publicada por Sadire mientras cavilaba sus Divagaciones en Rosa (que, aparte de en su blog, también podéis encontrar en su  perfil de Facebook) constituye para nosotros una nueva primera vez que evocaremos hasta nuestro último aliento, y que convierte pues a su reseñadora en Historia viva del Otro Mundo y a la cual se lo agradecemos, como diría un niño, infinito más uno.

Ahí la tenéis: esperamos que la disfrutéis como mínimo la mitad que nosotros, pero simplemente porque, honestamente, nadie va a atisbar ni de lejos el deleite en la lectura de dicha reseña como nosotros dos.

Ya hacía tiempo que no os traía una reseña, ¿por qué? Pues porque mi última lectura ha sido un libraco de más de seiscientas páginas: “Las Crónicas del Otro Mundo” (Ed. Amarante) de Adrián E. Belmonte y Carlos López Moreno, dos chicos con un sentido del humor estupendo (lo sé por los comentarios que me dedican de vez en cuando) y una imaginación increíble (lo sé por lo mucho que me han sorprendido con su novela).

Y ¿de qué va esta historia? Se trata de una novela de ficción muy bien hilvanada, con un worldbuilding elaborado y trabajado a la perfección. Paso a mostraros la sinopsis y luego os daré mi opinión:

Una novela de ficción distópica proyectada sobre la psique humana. Si, tal como afirman algunos científicos, existe una consciencia global que nos conecta a todos, una “psicoesfera” en la que habitamos de manera inconsciente, entonces ¿puede…

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Primera plana

Imaginad que, como escritores con ilusión, esperanza y dedicación que sois, habiendo publicado o no (aunque tener algo publicado probablemente ayuda un poquito), tuvierais la oportunidad de conceder una entrevista para que un interesado la publicase en su website, y que la gente pudiera conocer de primera mano qué os mueve a vosotros y a vuestra novela (o novelas, si sois autores facundos) para intentar dar pasitos en esto de la literatura. ¿Qué responderías a la pregunta “a qué estaríais dispuestos a hacer para que vuestro libro se hiciera muy famoso”?

La verdad es que nosotros podríamos contestar que sacrificaríamos a nuestro primogénito en lo alto de una montaña, aunque siempre y cuando nuestro primogénito fuese un animal, pero de los buenos, de esos de peluche que ni se mueren ni se quejan de nada, y que la montaña fuese un irrisorio montículo en medio del campo, porque con más altura ya nos cansaríamos si tuviésemos que ascender a su cima. También podríamos responder que venderíamos nuestra alma al diablo, pero la verdad es que eso ya lo hemos hecho dado que tenemos hipoteca y no, eso no ha conseguido que LCDOM se haya hecho más famoso. Quien sabe, igual estaría bien contestar a la pregunta argumentando que, si Las crónicas del Otro Mundo se convierte en un clásico moderno, estaríamos dispuestos a viajar al pasado para liquidar a todos los autores de clásicos de la literatura y asegurarnos sí o sí ese mérito, pero seguro que el banco no nos dejaría irnos sin pagar la hipoteca.

Así que no, no contestaríamos nada de eso.

Entonces, si os hiciesen la mentada entrevista, que por lo visto suele tener más de una pregunta, ¿qué responderíais si os preguntasen por qué bautizasteis a vuestra obra con el título que designasteis para la misma? Porque para nosotros, con un nombre como Las crónicas del Otro Mundo, es un follón de tres o cuatro pares de narices. Así para empezar, el diccionario de la RAE nos chiva que “crónica” se podría referir a una enfermedad larga, a una dolencia habitual o a un vicio inveterado (que per se ya es una palabreja rara). Es decir, que podríamos contestar que, se escoja la opción que se escoja, el Otro Mundo está bien jodido: o está enfermo para rato, o está achacoso cada dos por tres (seis), o es un vicioso y por eso nadie se fía de él. O sea, que estaríamos exponiendo sin desearlo que hemos escrito una novela tan extensa con el objetivo de que el suplicio de ese Otro Mundo enfermo, achacoso y viciado sea igual de largo… En menos palabras (a ver si así llegamos al quid de la cuestión, que parece que no acabamos de conseguirlo): estaríamos confesando que somos unos desalmados con ese Otro Mundo. Entonces se nos echarían encima las asociaciones en defensa de la dignidad de los Otros Mundos, nos demandarían por malos tratos a esos pobres universos ficticios, perderíamos el juicio (en la corte, no en la cabeza, porque eso último ya está conseguido) porque somos gafes (uno le transmitiría la mala suerte al otro, y viceversa) y solo podríamos evitar la prisión tras el pago de una fianza; entonces volvería a aparecer en escena el banco de la hipoteca para ofrecernos un préstamo con el cual pagar y evitar la cárcel.

Así que no, no contestaríamos nada de eso.

Aún así, ahogados por el banco, una entrevista seguiría empeñada en hacernos más preguntas, así que, por ejemplo, ¿qué responderíais cuando os cuestionasen si pensáis que algún día podríais vivir de los libros? Nosotros contestaríamos que sí, que podríamos vivir de los libros, pero de los de otros, borrando el nombre de los autores originales y poniéndoles el nuestro a sus best·sellers. Pero no, somos demasiado íntegros para eso, así que seguiríamos confesando que sí, que podríamos vivir de los libros yendo de librería en librería y atracándolas una tras otra. No es que sea más íntegro que lo primero, pero, puestos a vivir de los libros de alguna forma, que sea la opción que nos haga sudar lo menos posible. Pero contestar dicha resolución en una entrevista quizá, solo quizá, haría sospechar a la policía acerca de la identidad de esa banda criminal especializada en librerías. Ello les pondría sobre nuestra pista y entonces, antes de que nos pillaran, nos veríamos obligados a atracar el banco de nuestra hipoteca (porque ese ya nos lo sabemos de memoria) para obtener el dinero con el que pagar la fianza a desembolsar tras ser apresados por la policía. La verdad es que nuestro futuro no pintaría nada bien en ese caso.

Así que no, no contestaríamos nada de eso.

Si os apetece, os animamos a responder todas estas cuestiones a través de los comentarios. Nosotros, por lo pronto, ya las hemos contestado (y además, de forma casi coherente), y también unas cuantas más, en la entrevista que ha tenido a bien realizarnos Pedro en su blog “La voz del escritor” Y después de hacerlo, nos hemos dado cuenta de lo curioso que resulta el antes y el después del escritor tras vivir la continua evolución de su novela, cuando, en nuestro caso, esta ya ha cumplido dos años de existencia cara al público. Hace escasas fechas rememoramos en una de nuestras entradas la primera entrevista que se nos publicó en otro website, y ciertamente sorprende la permuta a la hora de responder distintas cuestiones. Sin saber a ciencia cierta si nosotros hemos cambiado, lo cierto es que sí nos damos cuenta de que nuestras réplicas no son las mismas que proferiríamos en aquellas fechas inmediatamente posteriores al lanzamiento de LCDOM.

Os invitamos a descubrirlo por vosotros mismos a través de dicha entrevista, aprovechando para volver a agradecer a Pedro la oportunidad de darnos a conocer a través de su blog. Clicad en la imagen o el enlace y adentraos en nuestras mentes:

ENTREVISTA A ADRIÁN Y CARLOS, PADRES DE LCDOM

Entrevista La Voz del Escritor