Love story

–¿Qué ha dicho, qué? –Que el ascensor no funciona. –Sí, hombre. Como no hay hoteles en París, me has traído al que tiene el ascensor escacharrado. ¿Y qué dice ahora, qué? –No la interrumpas, que si no no me entero de lo que dice. –El que no se entera soy yo, que tú sí entiendes …

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Viva la Revolución

Escribir es un acto revolucionario. Te obliga a pensar en una época en la que no quieren que pienses. Ni siquiera te conducen a pensar sobre lo mismo que los que te lo dictan, no: simplemente quieren que lo reproduzcas. No le des más vueltas, tan solo cuéntalo, defiéndelo, mantenlo en la cabeza. Pensar en …

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Nacido un 4 de Julio

Todo comienza con una idea delirante que lleva a la exaltación, un grupo o individuo que se erige como portador de la verdad, una verdad basada en fundamentos ilógicos e indemostrables que convierten a esa idea en delirio y con la que, lentamente, se va perdiendo el contacto con la realidad hasta acabar en psicosis. …

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El invierno ha llegado

Nos jactábamos una vez sí y otra también de que las reseñas de LCDOM habían traspasado fronteras, de que el Otro Mundo se había hecho fuerte frente a una base militar yanki en territorio ibérico, había cruzado el Atlántico sin mojarse, se había asomado al océano Pacífico desde la capital peruana… Todo eso llevábamos caminado, y sin perder páginas por el camino ni nada. También es verdad que ya hace cierto tiempo desde que un mortal de este mundo osó reseñar nuestra historia, así que ansiosos aguardábamos un mágico empujón a nuestras crónicas. Lo que ocurre es que no esperábamos tanta magia.

La última reseña de LCDOM no arriba desde el nuestro, sino desde el mágico mundo de los elfos, ¡ahí queda eso! Y todo prometía ser un camino de rosas, pero… la reseña ha acabado en catástrofe, desgracia, hecatombe. Sí, amigos, así es: uno de los dos autores ha salido malparado.

¿Qué nos acontece? Pues nuestra élfica reseña, muy lozana ella, utiliza la clásica por los siglos de los siglos puntuación de 1 a 5 calcetines. La típica, la de toda la vida, evidentemente. Pues LCDOM se ha quedado con 3 calcetines. Dado que somos dos autores, uno y dos, con dos pies cada uno, uno y dos igual a dos y cuatro, y nuestra novela nos ha hecho merecedores de tres hermosos calcetines, hacemos los pertinentes cálculos (esto es, tres entre dos y cuatro, espera que soy de letras puras y esto no cuadra) y… Sí, amigos del blog: uno de nosotros se queda con un pie desnudo. ¡Oh, funesto destino! En invierno, uno de nosotros se resfriará día sí y día también porque tiene un pie expuesto al helor de la gélida estación. “Pues que se ponga un zapato”, diréis vosotros. ¡No, las rozaduras convertirían en peor el remedio que la enfermedad! “Pues que se quite el otro calcetín y lleve chanclas”, insistiréis. ¿Y rechazar de tal modo la recompensa de un ser que se ha jugado la salud mental leyendo LCDOM? ¡Jamás! Además, en invierno dicha solución tampoco nos convence, que la chancla tampoco es que sea térmica. Lo dicho: para uno de nuestros cuatro pies, winter is coming. En fin, uno de nosotros, todavía no nos hemos jugado a los chinos cuál de los dos, arrostrará la vida con un calcetín menos a partir de ahora. Menos mal que el camino de rosas no empieza ahora, porque nos hubiésemos llevado más de un pinchazo en nuestro planta nudista. Y eso no le gusta a nadie, excepto al Dr. Scholl.

Y tras esta chorrada de introducción más propia de mandanga de la buena que de un bloguero al que le entra frío en un pie, nos enorgullece presentaros la última reseña de LCDOM: proveniente del mágico mundo de los elfos ilustrados, amigas repartidoras de cibernéticos calcetines y de críticas literarias a partes iguales, el blog Libros Elfo ha sorprendido por las costuras a los habitantes del Otro Mundo. ¡Muchísimas gracias por esta reseña!

Libros Elfo

Portada Las crónicas del Otro Mundo

Título: Las crónicas del Otro Mundo.

Autor: Carlos López y Adrián E. Belmonte.

Editorial: Amarante.

Género/s: Fantástica. Distopía. Ciencia Ficción.

Nº de páginas: 946.

Autoconclusivo.

Sin título-5 Sinopsis Sin título-5

Una novela de ficción distópica proyectada sobre la psique humana. Si, tal como afirman algunos científicos, existe una consciencia global que nos conecta a todos, una “psicoesfera” en la que habitamos de manera inconsciente, entonces ¿puede ser esta manipulada? Y, si así fuera, ¿con qué intenciones se realizaría dicha manipulación? Un universo habitando en nuestros subconscientes… ¿Qué clase de naturaleza podría albergar ese plano alternativo de la existencia por el cual fluirían nuestros pensamientos sin ni siquiera darnos cuenta? Estas fueron las preguntas que prendieron la chispa para que los autores comenzaran este viaje.

Frank Hopper ni siquiera tiene ese nombre. En realidad, la vida del sujeto A-107, no tiene más sentido que el de participar en una serie de experimentos sobre el…

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Perla

Para entender de lo que habla la presente entrada es más que aconsejable conocer el relato que se presenta en el anterior post, El recuerdo envenenado. Más que nada porque, sin dicha narración, las siguientes líneas carecen de sentido. Como tantas otras historias, la plasmada sobre la tía Tere se basa en una vivencia real. …

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El recuerdo envenenado

Me había rondado insistentemente por la cabeza la idea de publicar un libro con ciertos relatos muy determinados. Este año se han alineado los astros y me han concedido una bonita racha de relatos premiados o finalistas en certámenes de variopinta territorialidad, a mí, que no soy de usar de eso de escribir corto (si …

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Nada en el tintero

Las despedidas de soltero de nuestros ancestros (para la generación de los aquí escribientes, léase “padres”) sí que eran una auténtica locura. Pero no lo decimos por el hecho de que se desmadrasen más de la cuenta (que puede ser), o que aconteciesen situaciones de las que aún hoy renegaran (que seguro), sino por la fecha. ¿A quién se le ocurría pegarse su fiesta más escandalosa la noche antes de la boda? Es cierto que también es una información que hay que filtrar para evaluar con propiedad el asunto: a la edad en la que se casaban nuestros predecesores resultaba mucho más sencillo recuperarse de la juerga. Ahora nos casamos cuando somos más mayorcitos, y el organismo no se deja convencer tan fácilmente de que padeces una moderada resaca en lugar de la peor migraña engendrada en el planeta. Pero, en fin, padres: que estabais locos. ¿A quién se le ocurre?

En estas coordenadas espacio–temporales concretas las despedidas tienden a hacerse conformadas en mayoría por grupos de viejóvenes, y, si son lo bastante viejóvenes, desde hace unos años en formato de ese invento llamado tardeo consistente en emborracharse el sábado por la tarde en vez de por la noche, que tiene sus pros (a la mañana siguiente la vida te parecerá mejor que cuando salías por la noche) y sus contras (melopea mediante, te toparás con todas las personas sobrias del mundo que desearías que no te hubiesen encontrado con esa “melopea mediante”. Eso incluye a tus sobrinos pequeños, que a partir de ese día te verán de una manera muy distinta).

Como Alfredo cuadraba con el rango de edad de viejóven y además se casaba, con una mañana de karts y un tardeo tranquilito podía firmarse una despedida de soltero más que digna. N o debería haberle acompañado en una celebración en su honor, dado que lo único que hizo Alfredo para con mi persona fue convencerme para fichar como portero de un equipo de fútbol sala que, a la postre, resultó ser el peor equipo de la liga. De hecho, no solo se ensañaban con las redes de mi portería los delanteros rivales, sino que el propio Alfredo estimulaba su vena goleadora ante mi arco. O sea, casi una decena de goles en propia puerta me coló, el pedazo de cabrón tío majo. Pero como soy un tío majo (yo sí) acudí a la llamada de la despedida, convirtiéndome en el “tengo un amigo que es escritor” de aquella jauría. En un momento etílico dado en el que nos encontrábamos charlando Alfredo, Johnnie (Walker, pero él en los vasos) y servidor, el protagonista de la despedida comentó que él había tenido una idea para una novela. Un futuro totalitario, tres bloques que se repartían el poder (no había leído 1984, qué le vamos a hacer), un antes y un después, un protagonista que no sé muy bien de dónde salía, una primera parte de la obra basada en los instrumentos de represión humana a lo largo de la historia. Creo que Johnnie se enteró más del argumento que yo (lógico: en aquel momento, él ocupaba mayor porción de mi propio cerebro que yo), por lo que resolvimos ver más adelante de qué trataba el asunto. Me enviaría “lo que tenía”, personajes, esbozos, mapa, ideas, yo le echaría un ojo y pactaríamos si nos embarcábamos juntos en una aventura literaria; a fin de cuentas, yo también “tengo un amigo que es escritor”.

Sería por falta de capacidad, pero no entendí nada de la parte distópica. En mi anterior periplo a través del Otro Mundo me acostumbré a convertir los bandazos de mi colega en argumentos que yo pueda comprender, para así poder seguir el hilo que me arrojaban y tirar de él, pero no supe hacerlo. Podía ser que aquello estuviese demasiado horneado en la cabeza de su creador como para intervenir en ello, o, simplemente, que ni Johnnie ni yo tuviésemos aptitudes para continuar su historia. No obstante, no había nada por escrito de la primera parte de la potencial novela, esa de “instrumentos de represión humana a lo largo de la historia”. Un poco más adelante en el tiempo, en presencia de un café al que me invitó y que nunca le he devuelto (es mi venganza: no haberme metido tantos goles en propia puerta, que eso molesta), Alfredo me aclaró puntos en su cabeza de viva voz, y ahí estaba la idea que debía germinar. A saber: existía un alegato irrefutable que demostraba que la religión se originó con el único propósito de someter a las personas. ¿Dónde estaba, quién lo había originado, quiénes lo habían transmitido, cuántas veces y cuándo? Alfredo tenía claro que ese alegato tenía que pasar por las manos de Sócrates en algún momento; no en vano, su condena a muerte estaba relacionada con la falta de creencia en los dioses. Ahí estaba mi línea de salida: podía intentar comenzar a escribir algo con dicha premisa.

En lo alto del documento del procesador de texto, una frase subrayada, en negrita y cursiva: He aquí las elucubraciones previas de Sócrates sobre que tenía el argumento definitivo contra la religión y a ver lo que hacía con él. Así de simple soy, a ver dónde me lleva esto. Redacté unas cuatro o cinco páginas, insinuando hechos y situaciones venideras más que plasmando su realidad presente. Creo que no las corregí, las envié directamente al señor que tenía una idea en su cabeza, para que evaluase si la misma era capaz de corresponderse con la que tenía mi papel cibernético. Recuerdo que le pareció de lujo… pero dio igual. La edad de viejóven conlleva obligaciones de viejóven, obligaciones que, si escribir no te da la vida como a los que nos solemos pasear por aquí, te apartan del papel. Es lógico, claro, mas ahí concluyó nuestra colaboración.

No obstante, por estos lares escribir sí nos da la vida, y en ese ADN se incluye no dejarnos nada en el tintero. Plasmar las palabras es mágico, pero darles la oportunidad de que existan más allá de uno mismo es un acto que les debemos. Y la historia de Sócrates se había quedado en el tintero, en una carpeta llamada “ZZZ Alfredo”. No podía dejarla morir. A pesar de que se hallaba desde hacía muchos años en el corredor de la muerte, pues nunca florecería ninguna novela de dicha semilla, podía recurrir la sentencia. Alegué que se podía reincorporar a la sociedad como relato. Era cierto que debería meterle tijera, convertir lo insinuado en explícito, condensar, embellecer, comerme la cabeza para que continuase teniendo sentido, y cabrearme porque se me había enfriado el té por tercera vez y no estaba dispuesto a levantarme una cuarta para recalentarlo en el microondas. Vamos, lo que todos hacéis, a excepción, quizá, de lo del té. Y ponerle un título resultón, claro, pero cuando se me pasase el enfado por lo del té. Pero sí: ahí había un relato. ¿Podría presentarse a un certamen con alguna opción? Sí, ¿por qué no? Y también podía fracasar con estrépito, pero ¿acaso era mejor no intentarlo? Y sí: pedí permiso a Alfredo. No había escrito ni una sola coma de lo que yo tenía delante, pero, a fin de cuentas, a Sócrates y su argumento irrefutable me los había chivado él. Era lo justo y necesario.

Un correo electrónico explícito pero intrigante a la vez (curioso, ¿verdad?) se presentó un domingo por la tarde en mi bandeja de entrada. Lo remitía la dirección de un certamen y, el cuerpo del email se componía tan solo de la palabra “Finalista” y un enlace de internet. ¿Veis cómo se puede ser explícito e intrigante a la vez? El link me envió a un post en el que, como ya me habían adelantado, me habían nominado finalista…

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…en un certamen en el que, al parecer, existían más finalistas que concursantes. Supuse que, al igual que yo, en ese momento convivíamos repartidos por todo el planeta 24 personas que estábamos casi convencidas de que seríamos los únicos vencedores del mismo concurso. En el fondo, ya estaba contento de que “El legado de los vencidos” no se hubiese quedado en el tintero: me alegraba por aquella historia, me hacía ilusión haberle dado vida cuando aquel puñado de páginas ya creía estar habitando un féretro bajo el epitafio “ZZZ Alfredo”. Además, os dije que le pondría un título resultón al relato, y sé que ELDLV os ha gustado. Por lo menos, tanto como ese de “Pedro Pablo: Prosaico Proxeneta” también finalista. Sócrates podía estar contento de que no lo hubiese dejado en la estacada, aunque existiesen 23 poderosas razones contrarias al argumento de que ganaría.

Y Sócrates no ganó (que significa lo mismo que “y no gané”, pero en suave). En vez de eso, otro correo igual de explícito pero nada intrigante me nombraba segundo premio del X Certamen Internacional de Relato Breve “La Fénix Troyana”. Ya conocéreis “El legado de los vencidos” en su momento, primero dejaremos que esta centenaria revista publique su número con los relatos ganadores, obteniendo así la merecida exclusiva. Por mi parte, además de para vanagloriarme de ello como si no hubiese un mañana (que seguro que ninguno os habíais dado cuenta de ello), quería emplear este post para dos cosas. La primera, para agradecer a Alfredo Mira, que sé que me estás leyendo (de no ser así sería muy desconsiderado por tu parte, chato, que para eso te he enviado el enlace por privado), la idea original de cuyas cenizas resurgió ELDLV. En cuanto te enteraste del asunto quisiste apropiarte ipso–facto de todo el mérito, pero bueno, teniendo en cuenta que me fichaste como portero para meterme goles en propia puerta, tampoco me sorprende mucho… Gracias, colega.

Segundo objetivo de la entrada: blogueros, a vosotros me refiero. No os dejéis nada en el tintero. No permitáis que vuestras historias se mueran sin haberles dado la ocasión de estar vivas, pues quieren existir y se transmiten a través de vosotros. Dadle una oportunidad a una buena idea, y dadle una oportunidad a una mala idea, y también dadle una segunda oportunidad a una idea muerta. Quizá nos demos cuenta de que los demás querían contemplar nuestra buena idea, quizá nos demos cuenta de que nuestra mala idea no era tan mala, quizá nos demos cuenta de que nuestra idea muerta seguía viva. Sea como fuere, si escribir os da la vida, no os dejéis nada en el tintero. Da igual que la tinta te la regale la perfección eterna de la inspiración o, por el contrario, que no acabes de comprenderla adecuadamente durante una despedida de soltero: hay que darle rienda suelta cual calamar amenazado. Puede que no ganéis y, al mismo tiempo y sin lugar a dudas, ganéis.

Presto reblogueo el post que proclama inmisericorde que no gané. Es más, me tilda de finalista, palabra que, tras el fallo de un concurso, significa que has perdido. En la final, pero has perdido. Me quedo con la definición no oficial que sí me llegó por correo: segundo premio. “Segundo” significa que no has ganado, pero después arriba la palabra “premio”, y eso me gusta más. Me hace sonreír.

Un tintero vacío tiene la culpa.

La fénix troyana

20190323 RELATOS FINAL X EDICION

La X edición del certamen Internacional de relato breve “Fénix Troyana” ha contado con 290 trabajos procedentes de 20 países. El jurado del certamen eligió, tras una primera lectura, 24 relatos que pasaron a la fase final. De ellos, 16 relatos proceden de España, dos de Argentina, dos de Colombia y los otros cuatro de México, Cuba, EE. UU., y Chile.

El relato número 7, titulado “Perdido”, cuyo autor es Francisco Pascual de Valencia, ha obtenido el primer premio en esta X edición. “Perdido” es el agónico relato de ese mundo oscuro, impenetrable y despiadado en que sumerge al que la padece esa cruel enfermedad, el Alzheimer. Francisco Roger, coordinador de este certamen internacional, nos habla de la obra premiada: “A través del inocente relato de un enfermo, con un estilo fresco, ágil y directo el autor transmite al lector el terrible transcurrir de una jornada de preguntas…

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Volver a encontrarte

Sé que estás por aquí, es casi como si pudiera sentir tu presencia. No obstante, entiendes muy bien que, aunque te viese, sería incapaz de reconocerte. Y tú sabes que esa es tu mejor baza. No existe un patrón temporal específico para realizar el expurgo en esta biblioteca, porque la decisión se toma en cuestión …

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Una terrible visión

¿Capítulos cortos o largos? Desconocemos si Stephen King tiene opinión al respecto, es más una cuestión que lanzamos al aire sin preocuparnos de lo que puedan aconsejarnos los asesores literarios (lo cual no quiere decir que no nos importe, que los despreciemos o que no podamos juzgar interesante su opinión). Sabemos per se que la …

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Stephen King

Spoiler: esta entrada no versa sobre Stephen King. Con las musas ausentes, probablemente solazándose en la piscina que ahora mismo tan solo ella disfruta, o al menos eso podría darnos a entender el termómetro, quedaba claro que no sabía sobre qué escribir. No obstante, lanzando miradas furtivas a una hoja en blanco, cabría cuestionarse si …

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