We have a dream: Premios Blogosfera 2017

LCDOM

Somos dos amigos, dos amigos que se conocen durante más de la mitad de sus vidas ya.

Dos amigos, que a raíz de un lance vivido en el instituto hacía más de una década y ya apenas recordado, acordaron iniciar una historia a medias para rellenar las horas muertas.

Dos amigos, que separados en aquel momento por 8.940,64 km empezaron a creer que lo que brotaba de sus dedos por medio del teclado podía ser algo bueno.

Dos amigos que trabajaron juntos durante más de cinco años y medio para finalizar su primera novela. Bienvenidos al blog de ‘Las crónicas del Otro Mundo’.

Así comenzaba nuestra aventura en el ciberespacio, con la ilusión de dos bisoños (que no imberbes, porque eso de la infancia ya nos pilla bastante lejos) autores que acababan de publicar. Se trataba de una colaboración que había nacido muchos años antes de plasmar la misma en un blog.

Vale, pues ahí va la pregunta: ¿esa veteranía anterior cuenta como puntos extra en la valoración de nuestro bienamado website?

Evidentemente estamos haciendo referencia a nuestra nominación como finalistas en los Premios Blogosfera 2017 en la modalidad de Mejor Blog Colaborativo. Ya que nos favorece la experiencia previa, debería ayudar, ¿no? Pero solo en nuestro caso concreto, claro, porque, si funciona igual para todos, perdemos toda la ventaja que nos acabamos de inventar como válida.

Pero en esta ocasión hemos decidido no estresarnos, porque en anteriores sufragios hemos puesto toda la carne en el asador y después ha resultado que no habíamos conseguido suficientes brasas que la cocinasen al punto (o muy hechas, en función de como más os gusten). La primera vez que nos postulamos a un concurso de bitácoras, los X Premios 20blogs 2016, nos vendimos de forma épica, heroica, dispuestos a convertirnos en leyenda,… y claro, no cuajó. Ni éramos (ni somos) titanes, ni éramos (ni somos) semidioses capaces de las más inverosímiles hazañas, ni tampoco éramos (ni somos) Mortadelo y Filemón (bueno, quizá un poco personajes sí que somos), que, creando todo tipo de catástrofes a su paso, triunfan allá por donde pisan (que suelen ser páginas, claro). Así que nos caímos con todo el equipo… que más que un hecho totalmente previsible, era lo más normal del mundo. Hasta el peor ciego, el que no quiere ver, lo habría visto.

Pero el año siguiente, con más tablas y cabeza, volvimos a presentarnos a la siguiente edición del concurso, los XI Premios 20blogs 2017 (hace unos cuantos meses, hablando en plata). En esa ocasión decidimos no vendernos nosotros por razones obvias, sino que nuestro libro lo hiciera por nosotros a través de uno de sus fragmentos, que para algo él argumenta mucho mejor que sus dos autores. Resulta un poco paradójico, pero se explica de forma muy sencilla: LCDOM mola, pero nosotros no tanto. Como es normal, a la hora de batallar la victoria LCDOM y nosotros en igualdad de condiciones, nuestra historia obtuvo muchos más votos que cuando lo intentamos nosotros solitos, pero tampoco nos sirvió de mucho. Entonces fue como revivir el lance de un capítulo de Los Simpsons, en el que Homer ofrece un valioso consejo a dos de sus hijos (los hijos que hablan, porque Maggie es más sabia y no le hace ningún caso a su padre): “Hijos, os habéis esforzado, y ¿para qué? Para hacer el ridículo. La moraleja es: no os esforcéis”. Homer es un genio incomprendido… Tendríamos que haberle hecho caso, que por algo será que él sea universalmente conocido y nosotros no.

Pero el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Vale, es cierto que ya habíamos tropezado dos veces en la misma piedra-concurso de blogs, pero al tratarse de dos administradores nos toca tropezar cuatro veces, así que todavía nos quedaba tropezar el doble de las que llevamos a cuestas. Y así lo hicimos, postulándonos a los Premios Blogosfera 2017 en la categoría de Mejor Blog Colaborativo, pero tranquilos, sosegados, serenos, con alguna receta de Orfidal o Lexatin a mano por si acaso; en resumidas cuentas, sin ningún tipo de estrés, y todo porque un tal Paquito nos aconsejó que nos relajásemos.

La pega es que la música de Frankie tiene un ritmo contagioso, así que no ha logrado sumergirnos en un estado de apatía tal que no queramos hacer un poquito de campaña a favor de nuestro querido hijo Otro Mundo,… y no hemos podido resistirnos. Conclusión: pues nada, que ahí vamos de cabeza otra vez con nuestra epopéyica y grandilocuente propaganda electoral, que vamos a bautizar con el título (plagiado, por no esforzarnos mucho ideando un lema) “WE HAVE A DREAM”:

¡¡¡EL BLOG DE LCDOM, CANDIDATO A MEJOR BLOG COLABORATIVO EN LOS PREMIOS BLOGOSFERA 2017!!! AYÚDADNOS A SUBIRLE LA AUTOESTIMA AL OTRO MUNDO, NO SEÁIS VAGOS. SI PIENSAS QUE LCDOM MERECE ALZARSE CON EL PREMIO A MEJOR BLOG COLABORATIVO, VÓTANOS.

SI PIENSAS QUE NO, VÓTANOS Y DESPUÉS DISCUTIMOS QUIÉN ESTÁ EQUIVOCADO.

SI NO SABÉIS DE QUÉ VA ESTO, VÓTANOS Y DESPUÉS TE LO EXPLICAMOS.

LOS DEMÁS CANDIDATOS MATAN CACHORRITOS CADA VEZ QUE SE LEVANTAN DE LA CAMA: VÓTANOS A NOSOTROS, QUE SOMOS DEMASIADO VAGOS PARA LEVANTARNOS DE LA CAMA PARA HACER UNA COSA TAN FEA.”

Y bueno, eso es todo. Ahora ya depende de lo que vosotros decidáis hacer…

Después de votarnos, claro. Clica en el enlace y vótanos en nuestra categoría: los cachorritos del planeta Tierra te lo agradecerán.

a través de VOTAR

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Hello Darkness…

Hace más de medio siglo que el compositor y cantante Paul Simon, uno de los componentes del mítico dueto conocido como Simon and Garfunkel, compuso su famoso tema The Sound of Silence, editado por Columbia Records en 1964. Muchos creyeron que la letra de tan singular canción, hacía referencia al estado de zozobra generalizado que se había apoderado de la sociedad norteamericana tras el atentado a John F. Kennedy, ya que el primer single salió tan solo tres meses después del magnicidio y que, por tanto, tendría que estar relacionado de algún modo con aquel suceso. Sin embargo, sería el propio Paul Simon quien años más tarde, tras ser preguntado sobre qué le había llevado a componer dicha canción, asegurara, en contra de lo que muchos pensaban, que la había compuesto cuando tenía tan solo veintiún años, tiempo antes del atentado, y que la canción la había compuesto principalmente en el baño, ajeno a todo lo que sucedía en aquella convulsa época. Al parecer, en tan singular estudio, habría encontrado la inspiración necesaria para hablar de un mundo distópico que dilucidó mientras dejaba el agua del grifo correr —aquel sonido decía que le relajaba—, y donde, ayudándose del ligero eco que le proporcionaba aquella diminuta caja de resonancia, apagaba la luz quedándose a oscuras para de esa manera dar rienda suelta a su imaginación. Con esta explicación, tal vez se entienda mejor que tras el célebre arpegio que marca la introducción, sus primeras palabras sean:

<< Hello darkness, my old friend… >>.

La canción es todo un poema a la incomunicación, que ya por aquella época comenzaba a percibirse como una oscura mancha que crecía sin control, sobre todo en las grandes ciudades, atomizando a la sociedad de la época en seres solitarios y autosuficientes. En ella se describe un sueño en el que se presenta un lúgubre escenario: un mundo frío donde las personas ya no hablan entre sí, ni siquiera se escuchan, donde todos escriben canciones que jamás nadie compartirá, al parecer, preocupados únicamente en la promoción de su propio ego. Todos ellos viven atemorizados por una poderosa deidad que se les presenta como una gigantesca luz de neón a la que todos adoran, y que les indica con resplandecientes letras, que toda la verdad que necesitan para vivir se encuentra escrita en esas mismas luces que se extienden por toda la ciudad, y que es susurrada una y otra vez sobre el mísero silencio.

neon light

Hoy, más de medio siglo después, si uno mira con detenimiento una fotografía que fue tomada en la Mobile World Congress de Barcelona en 2016, y en la que se ve a Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, caminando entre miles de asistentes que ignoran su presencia, absortos completamente en sus gafas de realidad virtual, creería escuchar aquellos acordes en su cabeza recomponiendo la voz de Paul Simon y Arthur Garfunkel, imaginando que esa poderosa luz de neón que en la canción aseguraba contener toda la verdad, podría haber comenzado su adoctrinamiento a través de las gafas de realidad virtual presentadas en aquella feria y que, todos aquellos idólatras de las nuevas tecnologías, llevaban puestas frente a sus ojos en el momento en el que se tomó tan polémica fotografía; mientras Mark Zuckeberg se disponía a subir al estrado para su presentación.

zuck.0.0

¿Quién sabe? Lo cierto es que a veces resulta muy difícil establecer los límites que separan la inspiración del presagio. Seguramente, muchos de vosotros ya habréis visto el vídeo que os dejamos a continuación, muy compartido en las mismas redes sociales que critica, sin embargo, al incorporar a esta sátira animada el tema The Sound of Silence, hace que uno piense hasta qué punto, aquella oscuridad cómplice no terminó revelándole al compositor los reflejos del futuro.

 

Pura vida

Como ya sabéis, los autores noveles, ya sea mediante autopublicación o a través de editoriales que no pueden dar demasiado bombo a las novelas que editan, viven casi exclusivamente de las reseñas que se hacen de sus libros. Las críticas, grandes y pequeñas, se convierten en oxígeno, en el agua creadora de energía que puede dar paso a que ese organismo vivo (puede que físicamente inerte, pero viviente en nuestras mentes a través de su historia) comience a existir en el mismo hábitat que otras entidades a su alrededor. Dar sus primeros pasos, crecer hasta convertirse en algo que más seres sean capaces de percibir y estén dispuestos a conocer.

Una reseña es vida, todos los escritores primerizos lo sabemos. Podemos rompernos los cuernos publicitando nuestra obra, podemos trabajar hasta la extenuación difundiendo a todas horas la presencia objetiva en el mundo de ese pedacito impreso de nosotros, que, de todas formas, sin un apoyo externo, todo ese esfuerzo personal constituirá una simple RCP, un masaje cardíaco que le estaremos aplicando a nuestra historia para que no muera, insuflándole nuestro aliento para que no acabe desapareciendo del todo. Por eso, una reseña es vida. Cada vez que nuestro libro recibe una crítica, en la pantalla del electrocardiograma aparece un pico, un latido, un hálito, y con ello la esperanza de que ese libro, esa parte de nosotros, puede salir adelante. Es su ración de alimento durante la hambruna, es su bocanada de aire en una habitación inundada, es su milagro de los panes y los peces, es su maná. Pero este no es precisamente un maná que cae del cielo: es un sustento que hay que sudar tinta china para poder obtener.

Con nosotros, esta parte ya os la sabéis: redes sociales, blog LCDOM y a trabajar para el libro, como si en vez de una creación nuestra fuera él el líder de una secta de edición limitada. Y oye, tampoco ha ido mal, ¿no? Hemos encontrado multitud de websites interesantes, hemos conseguido followers, hemos obtenido contactos y, por qué no decirlo, amigos (de estos cibernéticos que probablemente no verás en tu vida, puede ser, pero sí). Eso nosotros como autores, pero nuestra criatura también ha hecho sus pinitos por sí sola: LCDOM ha conseguido vivir una enésima primera vez en su existencia gracias a nuestro estimado Francisco Torpeyvago, sí, el de las historias malditas, al que parece que la novela le hizo un poco de tilín y nos regaló buena cantidad de latidos más en el electrocardiograma para la subsistencia del Otro Mundo, gracias a su fantástica opinión en Amazon. ¡Pero mira que eres majo, “mardito malandrín”! Y es que de eso ha sobrevivido LCDOM, de sus escasas pero buenas críticas en Amazon, que buena falta nos siguen haciendo (ejem, ejem…). Pero en nuestros corazones permanecía alojada esa espinita clavada, esa carencia de reseñas en blogs o cualquier tipo de websites, ese erial de críticas literarias extendido a lo largo y ancho de todo el Otro Mundo. Pero, como cualquier autor novel, la esperanza en nuestra propia historia es lo último que se pierde. Hay que seguir adelante y rezar porque algún día suene la flauta… o un arpa, o un pito, o lo que sea que suene: da igual lo que sea con tal de que suene. Porque, independientemente del instrumento que se precie, la primera reseña siempre suena a música celestial.

Lo podemos asegurar porque, por fin, la hemos escuchado.

Y no la sentimos como una simple RCP, ni la experimentamos como una prometedora estabilización del electrocardiograma, sino que la disfrutamos como emoción desencadenada, como alegría incontenible, como vida, pura y resplandeciente vida para el Otro Mundo.

La reseña de Las crónicas del Otro Mundo publicada por Sadire mientras cavilaba sus Divagaciones en Rosa (que, aparte de en su blog, también podéis encontrar en su  perfil de Facebook) constituye para nosotros una nueva primera vez que evocaremos hasta nuestro último aliento, y que convierte pues a su reseñadora en Historia viva del Otro Mundo y a la cual se lo agradecemos, como diría un niño, infinito más uno.

Ahí la tenéis: esperamos que la disfrutéis como mínimo la mitad que nosotros, pero simplemente porque, honestamente, nadie va a atisbar ni de lejos el deleite en la lectura de dicha reseña como nosotros dos.

Ya hacía tiempo que no os traía una reseña, ¿por qué? Pues porque mi última lectura ha sido un libraco de más de seiscientas páginas: “Las Crónicas del Otro Mundo” (Ed. Amarante) de Adrián E. Belmonte y Carlos López Moreno, dos chicos con un sentido del humor estupendo (lo sé por los comentarios que me dedican de vez en cuando) y una imaginación increíble (lo sé por lo mucho que me han sorprendido con su novela).

Y ¿de qué va esta historia? Se trata de una novela de ficción muy bien hilvanada, con un worldbuilding elaborado y trabajado a la perfección. Paso a mostraros la sinopsis y luego os daré mi opinión:

Una novela de ficción distópica proyectada sobre la psique humana. Si, tal como afirman algunos científicos, existe una consciencia global que nos conecta a todos, una “psicoesfera” en la que habitamos de manera inconsciente, entonces ¿puede…

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Primera plana

Imaginad que, como escritores con ilusión, esperanza y dedicación que sois, habiendo publicado o no (aunque tener algo publicado probablemente ayuda un poquito), tuvierais la oportunidad de conceder una entrevista para que un interesado la publicase en su website, y que la gente pudiera conocer de primera mano qué os mueve a vosotros y a vuestra novela (o novelas, si sois autores facundos) para intentar dar pasitos en esto de la literatura. ¿Qué responderías a la pregunta “a qué estaríais dispuestos a hacer para que vuestro libro se hiciera muy famoso”?

La verdad es que nosotros podríamos contestar que sacrificaríamos a nuestro primogénito en lo alto de una montaña, aunque siempre y cuando nuestro primogénito fuese un animal, pero de los buenos, de esos de peluche que ni se mueren ni se quejan de nada, y que la montaña fuese un irrisorio montículo en medio del campo, porque con más altura ya nos cansaríamos si tuviésemos que ascender a su cima. También podríamos responder que venderíamos nuestra alma al diablo, pero la verdad es que eso ya lo hemos hecho dado que tenemos hipoteca y no, eso no ha conseguido que LCDOM se haya hecho más famoso. Quien sabe, igual estaría bien contestar a la pregunta argumentando que, si Las crónicas del Otro Mundo se convierte en un clásico moderno, estaríamos dispuestos a viajar al pasado para liquidar a todos los autores de clásicos de la literatura y asegurarnos sí o sí ese mérito, pero seguro que el banco no nos dejaría irnos sin pagar la hipoteca.

Así que no, no contestaríamos nada de eso.

Entonces, si os hiciesen la mentada entrevista, que por lo visto suele tener más de una pregunta, ¿qué responderíais si os preguntasen por qué bautizasteis a vuestra obra con el título que designasteis para la misma? Porque para nosotros, con un nombre como Las crónicas del Otro Mundo, es un follón de tres o cuatro pares de narices. Así para empezar, el diccionario de la RAE nos chiva que “crónica” se podría referir a una enfermedad larga, a una dolencia habitual o a un vicio inveterado (que per se ya es una palabreja rara). Es decir, que podríamos contestar que, se escoja la opción que se escoja, el Otro Mundo está bien jodido: o está enfermo para rato, o está achacoso cada dos por tres (seis), o es un vicioso y por eso nadie se fía de él. O sea, que estaríamos exponiendo sin desearlo que hemos escrito una novela tan extensa con el objetivo de que el suplicio de ese Otro Mundo enfermo, achacoso y viciado sea igual de largo… En menos palabras (a ver si así llegamos al quid de la cuestión, que parece que no acabamos de conseguirlo): estaríamos confesando que somos unos desalmados con ese Otro Mundo. Entonces se nos echarían encima las asociaciones en defensa de la dignidad de los Otros Mundos, nos demandarían por malos tratos a esos pobres universos ficticios, perderíamos el juicio (en la corte, no en la cabeza, porque eso último ya está conseguido) porque somos gafes (uno le transmitiría la mala suerte al otro, y viceversa) y solo podríamos evitar la prisión tras el pago de una fianza; entonces volvería a aparecer en escena el banco de la hipoteca para ofrecernos un préstamo con el cual pagar y evitar la cárcel.

Así que no, no contestaríamos nada de eso.

Aún así, ahogados por el banco, una entrevista seguiría empeñada en hacernos más preguntas, así que, por ejemplo, ¿qué responderíais cuando os cuestionasen si pensáis que algún día podríais vivir de los libros? Nosotros contestaríamos que sí, que podríamos vivir de los libros, pero de los de otros, borrando el nombre de los autores originales y poniéndoles el nuestro a sus best·sellers. Pero no, somos demasiado íntegros para eso, así que seguiríamos confesando que sí, que podríamos vivir de los libros yendo de librería en librería y atracándolas una tras otra. No es que sea más íntegro que lo primero, pero, puestos a vivir de los libros de alguna forma, que sea la opción que nos haga sudar lo menos posible. Pero contestar dicha resolución en una entrevista quizá, solo quizá, haría sospechar a la policía acerca de la identidad de esa banda criminal especializada en librerías. Ello les pondría sobre nuestra pista y entonces, antes de que nos pillaran, nos veríamos obligados a atracar el banco de nuestra hipoteca (porque ese ya nos lo sabemos de memoria) para obtener el dinero con el que pagar la fianza a desembolsar tras ser apresados por la policía. La verdad es que nuestro futuro no pintaría nada bien en ese caso.

Así que no, no contestaríamos nada de eso.

Si os apetece, os animamos a responder todas estas cuestiones a través de los comentarios. Nosotros, por lo pronto, ya las hemos contestado (y además, de forma casi coherente), y también unas cuantas más, en la entrevista que ha tenido a bien realizarnos Pedro en su blog “La voz del escritor” Y después de hacerlo, nos hemos dado cuenta de lo curioso que resulta el antes y el después del escritor tras vivir la continua evolución de su novela, cuando, en nuestro caso, esta ya ha cumplido dos años de existencia cara al público. Hace escasas fechas rememoramos en una de nuestras entradas la primera entrevista que se nos publicó en otro website, y ciertamente sorprende la permuta a la hora de responder distintas cuestiones. Sin saber a ciencia cierta si nosotros hemos cambiado, lo cierto es que sí nos damos cuenta de que nuestras réplicas no son las mismas que proferiríamos en aquellas fechas inmediatamente posteriores al lanzamiento de LCDOM.

Os invitamos a descubrirlo por vosotros mismos a través de dicha entrevista, aprovechando para volver a agradecer a Pedro la oportunidad de darnos a conocer a través de su blog. Clicad en la imagen o el enlace y adentraos en nuestras mentes:

ENTREVISTA A ADRIÁN Y CARLOS, PADRES DE LCDOM

Entrevista La Voz del Escritor

See you, Sun

Hay tres acontecimientos que se producen inexorablemente cuando arriba el mes de agosto, o al menos es así en el hemisferio que hemos decidido llamar norte y que hemos optado por colocar por encima de la línea del ecuador (porque aunque suene a locura extrema, si le damos la vuelta al mapamundi igual nos toca reconocer que lo mismo da como se coloque… Si el ser humano de aquel momento hubiese decidido que la Antártida estaba arriba en el mapa, a nosotros no nos tocaría ir cabeza abajo ni nada de eso). Bueno, empezando de nuevo: hay tres cosas en el hemisferio norte, sí, el de arriba (de momento), que siempre suceden en el mes de agosto de arriba. La primera, que todos los programas de televisión sostienen que se nos viene encima la peor ola de calor desde el año 9, o el 1153 a.C., o el 1153 sin indicar a.C. (es decir, el 1153 d.C., claro), o del siglo, o del milenio (que en la coyuntura actual, del siglo o del milenio tanto monta, monta tanto). La segunda, que todos los telespectadores que visionan dicha noticia le responden al televisor con sorna, con enojo o con una mezcla perfecta de ambas que “¡Menos mal que nos habéis avisado, no lo habíamos notado! Venga, vamos a colgar el abrigo en el armario, que dice la tele que ya podemos hacerlo”. El aparato de televisión no puede contestar, claro, pero eso facilita la tarea dado que, si el mismo saliera respondón, se podría iniciar una trifulca, y con este calor pues casi que no apetece pelearse un rato… Y el tercer suceso impepinable del agosto del hemisferio septentrional acaece en la blogosfera también boreal: todos los blogueros postean una entrada en la que se anuncia a los cuatro vientos un “Cerrado por vacaciones”, con una despedida muy estival pero algo insulsa (porque con el calor no apetece estrujarse el coco) y un “Nos vemos en septiembre!!!”. Sí, esto es así como que el agua moja (lo que viene muy bien durante esa peor ola de calor de la historia que dice la tele cada dos por tres). Pero en el Otro Mundo nos jactamos de ser diferentes, de no movernos al son de los demás, de proyectar nuestro propio camino sin perseguir el de ningún otro, y por eso no os vamos a dejar con una simple entrada de despedida insulsa, ni pensarlo.

¡Os vamos a dejar con una simple entrada de despedida insulsa y un refrito extra! Hala, ya no podéis quejaros (que más os vale no quejaros, porque no disponemos de hoja de reclamaciones). Pues eso, que si bien es cierto que os abandonamos a vuestra suerte hasta septiembre, también lo es que os incluimos algo más de chicha en la entrada aunque el contenido ya sea un tanto añejo, aunque no por ello deje de ser algo especial. Para nosotros, al menos (que para algo somos los que escribimos, ¿no?).

“Las crónicas del Otro Mundo” ha tenido mucha suerte en la blogosfera, muchísima, en lo que se refiere a followers activos, y muchos amigos, dicho sea de paso, que han aprovechado el momento adecuado para hacerse con la novela, con lo cual os hacemos la pelota y os agradecemos a todos la oportunidad y el interés. No obstante, hemos carecido de fortuna en lo que referente a entrevistas y críticas (fuera del entorno de Amazon, se entiende). Con respecto a estas últimas, hemos bregado varias veces por obtener alguna reseña en algún blog o alguna página; no obstante, a día de hoy, hemos conseguido una o ninguna (más bien lo segundo). Lo seguiremos intentando, no nos queda otra: #LMEPL, así que hacia adelante. En cuanto a entrevistas, sí llegamos a conseguir que nos publicasen a principios del año pasado una en el blog de Alquibla: una mirada al mundo de las bibliotecas, que igual por el nombre ya os podéis hacer una idea acerca de lo que versa dicha página (y si no, intentadlo otra vez porque, por mucho calor que tengáis, el cerebro no se reblandece tanto como para no pillarlo). Pues bien, seguro que ya lo habéis adivinado: dicha única entrevista sobre LCDOM es el refrito que os ofrecemos, para que le echéis un ojo si os apetece antes de que os dediquemos nuestra insulsa despedida por cierre estival.

 

Entrevista a Adrián Belmonte y Carlos López, escritores

1. ¿Quiénes son Adrián Belmonte y Carlos López?

Carlos: Nací en Elche hace 36 años, soy Ingeniero Informático y en la actualidad trabajo como Analista de Core Bancario para una importante entidad financiera. Anteriormente he estado empleado en lugares muy diversos, tales como la Embajada de España en El Salvador o el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial Esteban Terradas. A lo largo de todos estos años he tratado de compaginar mi vida laboral con mi afición por la literatura, para finalmente lograr publicar una primera novela, escrita a cuatro manos.

Adrián: Soy un ilicitano de 36 años que tuvo la enorme suerte de recibir la propuesta de realizar una obra conjunta por parte de un gran amigo, con lo que gracias a él ambos nos hemos convertido en escritores. Aparte de ello, soy Diplomado en Biblioteconomía y Licenciado en Documentación, aunque la disciplina hacia donde realmente me he orientado ha sido la archivística. He publicado algún trabajo sobre archivos personales y familiares de la Región de Murcia, pues allí es donde estudié la carrera, y también impartí un curso sobre fondos personales vía online.


2. ¿Desde qué momento supisteis que os queríais dedicar a la escritura? ¿Creéis que es vocacional?

Creemos que todo escritor de ficción lo es por vocación; no se puede obligar a nadie a escribir una novela con afán de plasmar lo que se tiene en la cabeza si no lo lleva dentro de antemano. Alguien que no recibe una recompensa endógena al escribir, alguien que no se siente bien tras terminar unos párrafos y pensar que son buenos tras revisarlos, no puede ser capaz de ser escritor. Rotundamente sí: los novelistas lo son por vocación. Es por ello que, al llevarlo dentro, la chispa siempre surge pronto, durante la etapa escolar, donde te ves escribiendo algún relato corto sin ni siquiera saber qué es eso mientras el resto de compañeros hacen cosas más “normales” para su edad. A partir de esos primeros y bisoños esbozos, los dos hemos ido escribiendo más para nosotros, y en ocasiones para relatar crónicas de eventos con los amigos para compartirlas con ellos mismos. Pero desde el día en que decidimos crear una obra conjunta, ambos nos hemos ido empujando mutuamente para no perder el hilo de la historia y al fin llevar a buen puerto una auténtica novela. Alquiblaweb


3. ¿Qué queréis transmitir con vuestro libro escrito de forma conjunta? ¿Qué la diferencia del resto?

Pretendemos transmitir bastantes cosas, la verdad. De hecho, creemos que sin entrar a valorar la obra, su mera existencia ya transmite una sintonía entre dos autores, porque aunque no hayan dejado de haber discrepancias en bastantes lances de la novela, los hemos solventado y enriquecido la novela desde el consenso. No todos los autores son capaces de llegar a un acuerdo, la escritura es algo muy personal y no muchos aceptan ceder un ápice sus letras ante la opinión de un segundo de a bordo. Por ello creemos que la publicación de la novela en sí ya transmite un logro cooperativo. En cuanto a su contenido, hilando esto con la segunda pregunta, principalmente queremos transmitir una idea nueva, una idea original, y en realidad creemos haber encontrado esa idea que diferencia “Las crónicas del Otro Mundo” de otras novelas. A su vez, es una historia en la que el lector puede ahondar en sus pensamientos más allá de lo que ha visto reflejado en las grafías estampadas. Planteamos una historia impresa, que se lee de manera literal, pero que también ha de ser interpretada, y ahí es donde el lector puede llegar más allá: esto es justamente lo que propone la literatura, desarrollar pensamiento más allá de sus páginas, y pensamos que eso es lo que hemos conseguido.


4. ¿Puede ser leídas por cualquier tipo de público?

La ciencia ficción y la literatura fantástica obtienen su mejor acogida entre el público juvenil y el joven adulto, y a este respecto pensamos que es cierto que “Las crónicas del Otro Mundo” puede llamar más la atención en dicha franja de edades. Ahora bien, nunca pretendimos realizar una obra dirigida exclusivamente a un público concreto; más bien al contrario, quisimos plantear algo que pudiera resultar interesante a todo tipo de lector. Es algo que cuidamos durante el desarrollo de la novela, ya que aunque nuestra pretensión era crear algo nuevo, no queríamos escapar de los sectores comerciales y que la historia terminara siendo simplemente “un bicho raro” demasiado independiente. También contábamos con razones prácticas: si la historia era demasiado experimental, estaba claro que ninguna editorial apostaría por ella, por falta de público.

Con todo ello, si bien la primera parte de la novela podemos catalogarla plenamente dentro de la literatura juvenil, a medida que la historia va avanzando el tono de la obra se va volviendo cada vez más oscuro, acompañando al lector en la decadencia en la que va degenerando el “Otro Mundo”, dando mayor contenido a esos lectores que independientemente de su edad buscan algo más, pero sin caer en una narrativa demasiado densa y opaca.


5. ¿Cómo surge la idea de escribir y plasmar en un papel vuestra novela?

Bueno, para explicar cómo decidimos realizar una obra conjunta hemos de remontarnos un par de décadas. Ambos autores nos conocimos en el instituto e hicimos buenas migas. Tras ello, coincidimos en la asignatura optativa de Teatro, en la cual se nos pide a todos los alumnos de la clase proyectar cada uno un personaje, con su historia, sus características y personalidad, para finalmente ponerlos en común y realizar un guión en el que todos tengan cabida. Por alguna razón que ya no recordamos, ambos decidimos fusionar el pasado de nuestros respectivos personajes, lo cual abría nuevas posibilidades en el futuro libreto que no ofrecía el resto de protagonistas ideados por los demás alumnos. Tanto la profesora como nosotros quedamos muy satisfechos con el proceso y el resultado, pero aquello había quedado ahí más como una anécdota que como algo relevante.

Fue a finales de 2008 cuando, recordando ese lance estudiantil, Carlos propone realizar una historia conjuntamente, como entretenimiento para ambos más que otra cosa. Las instrucciones formuladas para crear dicha narración eran bastante simples: uno escribía un capítulo y se lo enviaba al otro, que debía continuar la trama anterior sin alterar nada de lo que se hubiera plasmado en tal escrito, y una vez redactado reenviarlo bajo las mismas condiciones. Así fue como empezamos “Las crónicas del Anti-Mundo”, que era el nombre provisional de aquel relato. Con el paso del tiempo y los capítulos cruzados, conforme iba avanzando la historia, más nos íbamos convenciendo de que esas páginas que teníamos entre manos podían resultar más que un mero entretenimiento para dos escritores aficionados, y estando aún inacabada pensamos que valdría la pena presentarlo a algún editor. Para optimizar nuestros recursos aparcamos las condiciones originales de acción-reacción en los capítulos y fuimos más laxos, dando a luz muchos capítulos compartidos y perfilando los anteriores, hasta que a principios de 2014 finiquitamos lo que llegamos a denominar la “versión beta”. Era cierto que habíamos concluido, pero al verla completa pudimos ver con claridad que tenía aspectos que pulir: la historia debía ser la mejor posible que sus características le permitieran, y lo que en ese momento teníamos entre manos no explotaba todo el potencial de la misma, con lo que debíamos replantear lo que habíamos escrito. Depuramos introducción y desenlace e introdujimos cambios sustanciales en el nudo, hasta el punto de que el capítulo con el que Carlos dio origen a la historia desapareció de la novela. Medio año después creímos que el producto resultante era el mejor que podíamos obtener atendiendo a la idiosincrasia de la obra, con lo que la dimos por concluida definitivamente.


6. ¿Qué mensaje le daríais a vuestros lectores antes de que empezaran a leer vuestro libro?

Realmente les pediríamos una cosa muy sencilla: que le dieran una oportunidad a nuestra novela. Es muy fácil comprar o sacar de la biblioteca una novela de un autor conocido o que al menos tenga mucha visibilidad por aparecer en el sello de un grupo editorial grande, pero el caso que nos ocupa es distinto. Somos dos autores desconocidos para el gran público que ofertan una novela de más de novecientas páginas, y, como lectores que también somos, reconocemos que es más cómodo ir a por algo que conoces o, si no conoces, algo más llevadero, con menor volumen de páginas. Por eso, lo único que queremos solicitar a los lectores es una oportunidad para “Las crónicas del Otro Mundo”, una novela que en ocasiones puede resultar compleja, pero que en general pensamos que es a la vez de lectura fluida y amena.


7. ¿Os gustaría que vuestros libros fueran traducidos a otras lenguas?

Que “Las crónicas del Otro Mundo” fuera traducido a cualquier otro idioma sería una de las mejores señales que podríamos recibir, por supuesto. Significaría que alguien ha pensado que, basándose en la opinión de tantos otros, valdría la pena que nuestra historia fuera leída por más personas. Dado que el lenguaje se creó para comunicar, romper la barrera del idioma por medio de la traducción para brindarle a más gente la ocasión de darle una oportunidad a nuestra obra sería una de las mayores satisfacciones que podríamos obtener.


8. ¿Creéis que es imprescindible tener presencia en redes sociales, etc. para darse a conocer?

Por supuesto, si quieres una mínima visibilidad es absolutamente obligatorio, y más cuando publicas con editoriales independientes de los grandes grupos editoriales. No basta con tener un perfil y repetir hasta la saciedad “He publicado tal libro”, esperando sin más a que lleguen los likes, sino que además de tener presencia en redes sociales hay que saber moverse y proporcionar entradas con valor añadido. Por ejemplo: “Las crónicas del Otro Mundo”, además de tener perfil en Facebook y Twitter, también tiene un blog oficial en el que ofrecemos fragmentos de la obra y los relacionamos con las canciones que dichos relatos nos evocan, estando abiertos a comentarios para que los seguidores nos cuenten si a ellos les evoca otra canción, o cualquier otra cosa que les venga a la mente tras leer el fragmento. Funcione con mayor o menor acierto, es un ejemplo de ese “algo más” que hay que proporcionar para incitar al lector, para provocar su curiosidad acerca de lo que le ofreces.


9. ¿Pensáis que las editoriales ponen demasiadas trabas a la hora de publicar las novelas?

Con nuestra experiencia personal vivida, quizá no denominaríamos trabas a lo que nos hemos encontrado cuando hemos dado el paso de buscar una editorial que nos publicara. Ambos coincidimos en que el proceso ha resultado más frustrante que dificultoso, ya que solo tardamos ocho meses en recibir una respuesta afirmativa, lo cual nos parece un lapso no demasiado extenso para un escritor novel. No obstante, hasta ese momento tuvimos que bregar con muchos sinsabores, dado que, al parecer, desde el punto de vista de las editoriales, a un escritor desconocido no hace falta responderle que no te interesa su obra. Nadie te responde para decirte que no. Algunas editoriales avisan de que si no recibes noticias en un plazo determinado significa que no les interesa, y ese, paradójicamente, es el menos dañino de los casos. Unas editoriales ni siquiera responden que han recibido la obra, otras contestan que la han recibido y que te contestarán de forma afirmativa o negativa cuando la evalúen, otras tantas que la propuesta les resultaba interesante y en una semana nos responderían. Pero no, nadie te responde que no, y esa espera, esa incertidumbre, resulta muy dañina para alguien que tiene la ilusión de publicar su primera obra. En nuestro caso creemos que el volumen del libro, tan considerable, echaba para atrás a cualquier editorial al ser una apuesta arriesgada ya de por sí, al tener también autores desconocidos. También hay que mentar a las editoriales que responden enseguida: las que te llenan los oídos de elogios sobre la obra y la cabeza de esperanzas sobre publicación y difusión, para acabar el correo exponiendo que ellos, por el módico desembolso de un par de miles de euros por nuestra parte, se encargaban de todo. Por suerte para nosotros, finalmente encontramos una editorial emergente que decidió apostar por la publicación de “Las crónicas del Otro Mundo”, y la preproducción de la novela se produjo sin ningún tipo de inconveniente ni restricción, respetando el texto original por completo.


10. ¿Qué consejo le daríais a un escritor novel que quiere ver publicada su primera novela?

El primero y principal sería no ceder demasiado pronto ante la desesperación: es cierto que acabas de concluir tu primera novela, que estás esperanzado y que tienes toda la ilusión del mundo con motivo, pero sin paciencia todo este cúmulo de emociones se vuelven en tu contra. Eres un autor desconocido, con lo cual el mundo editorial está predispuesto a decir “no” (o a omitir una respuesta, que es su equivalente en el gremio) a la publicación de tu obra, aunque tú consideres que es buena. En nuestro caso, llegamos a enviar el manuscrito a una treintena de editoriales, y la respuesta afirmativa llegó al vigésimo quinto intento. Pero si se cede demasiado pronto ante la decepción que supone la falta de respuestas, se puede llegar a pagar miles de euros a una de esas editoriales que solo buscan hacer negocio con el autor, no con sus lectores, y en realidad puede resultar que sí existía una editorial seria dispuesta a publicar a dicho autor, a la que por desesperación este no ha llegado.

También queremos añadir un consejo de tipo más práctico: al enviar ese manuscrito original a una editorial, debería ir siempre acompañado de una propuesta de publicación en la que, más allá de la sinopsis, se explique cómo surgió la idea de la novela, se contextualice la misma y que justifique su edición. Desde nuestra experiencia personal podemos aseverar que la inclusión de dicha propuesta de publicación en el envío aumentó el interés de las editoriales que la recibieron.


11. ¿Tenéis proyectos futuros en marcha?

Esa es una buena pregunta, y no es la primera vez que nos la cuestionan. La respuesta es sí, los tenemos. Ahora mismo tenemos proyectada una nueva novela conjunta cuyos cimientos están bien apuntalados y dispuestos; al mismo tiempo, cada uno de nosotros de manera individual tiene también en marcha sus propios proyectos. En resumidas cuentas, esperamos que “Las crónicas del Otro Mundo” no sea nuestra única obra conjunta, pero también pretendemos desarrollar novelas por separado. Ojalá tengamos suerte y consigamos llevar a buen puerto nuevas publicaciones, tanto individual como conjuntamente.


12. ¿Alguna anécdota que contar?

Una de ellas ya la hemos comentado en la quinta pregunta: el germen de esta novela procede indirectamente de una asignatura cursada en el instituto, la de Teatro, en la cual desarrollamos una historia conjunta para unos personajes por primera vez. También podemos comentar que “Las crónicas del Otro Mundo” se ha gestado entre dos continentes, puesto que cuando Carlos envió su propuesta de escribir una novela conjunta se encontraba trabajando en la embajada español de El Salvador. Así es: necesitamos casi nueve mil kilómetros de separación para realizar nuestra primera obra conjunta, mientras que no nos habíamos animado a hacerlo viviendo en la misma ciudad y tras conocernos durante más de una década.

Y aquí es cuando en esta entrada llegamos a nuestra despedida insulsa y casi obligatorio cierre por vacaciones. En septiembre nos volveremos a ver las letras, estimados entusiastas de la blogosfera, pero sin ningún otro particular que notificar para entonces. Bueno, un momento, ahora que lo decís… Quizá en septiembre sí tengamos algo nuevo que os queramos contar. Quizá, solo quizá…

Y lo de “quizá” es la mayor mentira cochina que hemos escrito en nuestra vida, porque el mes que viene sucederá algo que LCDOM se muere por contaros. Pero bueno, estamos en agosto, y ahora solo resta despedirse por vacaciones.

No solo quizá...

¡NOS VEMOS EN SEPTIEMBRE!

El líder psicópata

el líder psicópata (2)

“Al principio, sonríe y saluda a todo el que encuentra a su paso, niega ser tirano, promete muchas cosas en público y en privado, libra de deudas y reparte tierras al pueblo  y  a  los  que  le  rodean  y  se  finge  benévolo  y  manso  para  con  todos  […] Suscita  algunas  guerras  para  que  el  pueblo  tenga  necesidad  de  conductor  […]  Y para que, pagando impuestos, se hagan pobres y, por  verse forzados a dedicarse a sus necesidades cotidianas, conspiren menos contra él […] Y también para que, si sospecha de algunos que tienen temple de libertad y no han de dejarle mandar, tenga un pretexto para acabar con ellos entregándoles a los enemigos […] Y así el tirano, si es que ha de gobernar, tiene que quitar de en medio a todos éstos hasta que no deje persona alguna de provecho ni entre los amigos ni entre los enemigos.”

Creo que casi todos podríamos reconocer en esta cita a algunos de los personajes históricos que en algún momento del pasado, condujeron a la humanidad hacia un punto de inflexión terrible, hacia una época de calamidad de la que todavía hoy nos avergonzamos. Quizás, incluso si eres de aquellos que no sesgan su razón por ideas partidistas o sectarias, puedas reconocer en ella a algunos de los políticos que copan hoy en día las primeras planas en los medios de comunicación. Y es que a pesar de que dicha cita pertenece a un escrito de Platón, Politeia, de hace más de 2.500 años, parece que en el fondo, la naturaleza del ser humano no ha cambiado demasiado desde entonces.

Todo aquello en lo que crees, todo aquello que consideras que es justo y necesario, tarde o temprano termina siendo corrompido y radicalizado por un particular tipo de personas, cuyo comportamiento la ciencia todavía no se ha atrevido a catalogar como de patológico. Estos individuos, que por lo general suelen ser bastante hábiles en el manejo de las relaciones humanas, se mimetizan con el entorno social que les rodea tratando de pasar desapercibidos, buscando copiar la actitud de sus semejantes, alineándose con determinadas tendencias o ideas que en un determinado momento, pueden considerar como beneficiosas para sus intereses. Si bien estas ideas nacen con el objetivo del bien común, y en un principio pueden resultar útiles y productivas para la sociedad, con el paso del tiempo, la adhesión de estos individuos a dicha causa hace que esta comience a convertirse en algo tóxico, dañino. Pronto comienza su particular cruzada contra todos aquellos que no se muestran favorables, señalándolos con el índice acusador, haciendo uso de un discurso hiriente y jocoso, tratando con iniquidad y menosprecio a todos los que se atreven a contradecir a esa nueva corriente de pensamiento, dogma o credo que han decidido secuestrar, como si sus palabras —que no tienen más valor que las del insulto— fueran una verdad perentoria, de esas ante la que no caben medias tintas.

Da igual que se trate de una ideología política, un movimiento social o una creencia religiosa, estos individuos se dedicarán a envenenar los preceptos de esta causa hasta convertirla en una aberración. En cuestión de poco tiempo crean su propio ejército de zombis, de lacayos inconscientes que le dan la razón solamente para no verse señalados por el nuevo líder de la causa, pero este no es un líder como cualquier otro, se trata de un líder psicópata, y como tal, tiene su propia idiosincrasia. A pesar de su fervor, de su discurso agresivo, estos individuos no entienden en absoluto la idea que con tanto ímpetu parecen defender en público, incluso, si la experiencia te ha hecho generar una cierta habilidad para reconocerlos, es fácil darse cuenta de su cómica actuación, y que todos esos aspavientos, todas esas blasfemias que vociferan con tanto ahínco no es más que una burda interpretación de sus sentimientos, ya que en realidad, no les importa en absoluto aquello que proclaman con tanta vehemencia. Una vez finaliza su teatrillo, se retiran a una esquina oscura y con el rostro entrecortado por la sombra de su dicotomía moral, puede verse como el frío brillo de sus ojos relampaguea con destellos terribles: el obsesivo reflejo de una ambición desmedida.

“El psicópata  muestra  la  más  absoluta  indiferencia  ante  los  valores  personales y es incapaz  de  comprender  cualquier  asunto  relacionado  con  ellos.  No  es  capaz  de interesarse lo más mínimo por cuestiones que han sido abordadas por la literatura o  el  arte,  tales  como  la  tragedia,  la  alegría  o  el  esfuerzo  de  la  humanidad  en progresar. También le tiene sin cuidado todo esto en la vida diaria. La belleza y la fealdad, excepto  en un  sentido  muy  superficial, la  bondad,  la  maldad, el  amor,  el horror y el humor no tienen un sentido real, no constituyen una motivación para él. También es incapaz de apreciar qué es lo que motiva a otras personas. Es como si fuera ciego a los colores, a pesar de su aguda inteligencia, para estos aspectos de  la  existencia  humana.”

Cleckley, 1941

La mayoría solemos pensar que la psicopatía viene determinada por algún tipo de disfunción cerebral, una tara en los procesos cognitivos que regulan la conducta, pero el psicópata no es ningún enfermo, y sus capacidades mentales no están mermadas en ningún aspecto: simplemente podríamos decir que carecen de todo aquello que nos hace humanos. Para algunos, este comportamiento podría ser solo la manifestación circunstancial de un gen: el gen egoísta, que condiciona al individuo poseedor de dicha mutación, a actuar exclusivamente en beneficio propio. Una ventaja evolutiva que le permitiría progresar sobre una población de individuos altruistas de los que se aprovecharía como un parásito. Por otro lado, para los más  esotéricos, la falta de ese humanismo justifica la existencia de un “alma moral”, una esencia que completa la estancia del cuerpo haciendo que seamos capaces de sentir emociones, empatía, más allá de los procesos químicos y hormonales que condicionan nuestro cuerpo, siendo los psicópatas un claro ejemplo de ese recipiente vacío carente de esencia, de alma.

Y este comportamiento, que algunos pueden pensar que es excepcional, es más común de lo que parece, de hecho, solo en España hay más de un millón de “psicópatas puros” y entre cuatro y cinco millones de “psicópatas normalizados o integrados”, entre narcisistas, trepas, maquiavélicos o malvados, según el profesor de la Universidad de Alcalá de Henares Iñaki Piñuel. Por lo tanto, por probabilidad, por su agudeza mental y por su gran capacidad para la manipulación, no es de extrañar que muchos de estos individuos tarde o temprano terminen  alcanzando el poder. Una vez en él, haciendo uso de su particular parasitismo, el líder psicópata iría transformando el ejercicio democrático en un ejercicio de auto beneficio,  envenenando todos los órganos de gobierno, fagocitando aquellos elementos que pueda considerar como peligrosos para sus intereses “hasta que no deje persona alguna de provecho ni entre los amigos ni entre los enemigos”.

El nuevo líder se ve finalmente triunfador con nuestra connivencia, instaurado en su particular gobierno psicópata, pero obvia que si bien la selección natural le ha dado el don de la indolencia, este don también resulta ser su maldición, puesto que, a pesar de su éxito, no es más que un cascarón vacío, ahuecado por la laboriosa acción de un ejército de termitas que debieron comenzar a devorarlo desde ese mismo día en que hizo posesión del cetro, quizás aprovechando aquel instante en que subió al atril para dar su falaz discurso, colándose por sus zapatos, abriéndose camino en su interior, ensanchando todavía más todo ese vacío que atesora, todo ese espacio vacuo que siempre estuvo ocupado por la ambición. Mientras, las manos de estos dirigentes se vuelven cada vez más y más pesadas, incapaces de señalar a otra cosa que no sea su propio bolsillo. Un estertor ronco debe escucharse cada vez que tratan de proferir una nueva mentira, hastiados, colmados por la opulencia que han conseguido. Con el tiempo, sentados en su sillón, con los labios agrietados y resecos de tanto mentir, sus cuerpos se vuelven pesados como el plomo. El pecho se debe encoger, mientras miran de soslayo hacia un punto incierto de las tinieblas que ellos mismos han creado, incapaces de comprender todo el dolor que han causado, incapaces de sentir absolutamente nada. Su piel va adquiriendo lentamente un tono metalizado, como si estuvieran bañados en cromo, y sin que se den cuenta, son transmutados en una efigie o una  estatua con la que serán recordados, venerados por algún esbirro que gozó de su protección. Pero para el resto solo será eso: un monumento al horror.

¡Kindle sorpresa!

Salvo por el hecho de tener una costilla rota y, por ende, ver las estrellas de vez en cuando cada vez que tosía o simplemente porque así lo decidía el cuerpo ya que él es muy de hacer esas cosas (es un rebelde sin causa orgánica, qué le vamos a hacer), estaba siendo una mañana de sábado tremendamente anodina. Me dedicaba al cien por cien a darlo todo con el tratamiento indicado para dicha dolencia, lo que significa que estaba reposando como si no existiera un mañana, con lo cual darlo todo con el tratamiento consistía básicamente en no hacer nada más que permanecer estático. Es decir, toda mi entrega se basaba en hacer el vago (y eso se me da de lujo). No obstante, la mano derecha permanecía activa manejando el ratón del ordenador, porque uno no es de piedra y también lo da todo en lo que se refiere a rentabilizar la factura de la conexión a Internet, que gratis no es que sea. Y como también uno está obligado a vigilar el blog de vez en cuando, no sea que nos despistemos un momento y este se largue a vivir su vida allende los mares, encontramos en las estadísticas dos redirecciones a Amazon, con lo que decidí seguir la pista por aburrimiento más que otra cosa (porque aburrirme también se me da de lujo, tengo un doctorado en ello y todo). No obstante, al abrir dicha página, creí detectar un error en Matrix. Aquello no me cuadraba. Me quedé mirando la pantalla sin comprender; entonces ella me miró a mí. Entonces, aunque lo de que te mire una pantalla es en sí mismo otro error en Matrix, o más concretamente error en tu sesera, le mantuve la mirada abriendo más los ojos, para ver si ella la apartaba. Pero no. Yo la miré, ella me miró, y nos miramos los dos. Entonces iniciamos un diálogo mudo.

Oiga, disculpe, señora pantalla…

¡Oye, oye, que no soy señora, que aún soy moza y de muy buen ver! Puedes tutearme si quieres, ¿vale?

Muy bien, pantalla a la que tuteo aunque no entienda muy bien por qué le estoy hablando a un monitor. Verás, quería avisarte de que exhibes sin pudor un error.

¡No, qué va! ‒me afirmó con desenvoltura.

Bueno, no te habrás dado cuenta, pero sí.

¿Donde, chato?

¿No se estaba tomando demasiadas confianzas para ser la primera vez que hablábamos? Sin embargo, decidí abrirle los ojos, aunque como buena pantalla no tuviera.

Sí, mira: ahí donde pone el precio del kindle de ese maravilloso libro que lleva una tipa azul en la portada. Donde pone 1 debería poner 9. Te habrás equivocado al marcar.

¡No, qué va!

Que sí, mujer.

¿Quién te ha dicho que sea mujer?

Vale, perdón, rectifico: que sí, hombre.

¿Acaso me ves pinta de tío?

¿Hermafrodita?

¡No, qué va!

Entonces me he perdido…

A ver, espabilado, que soy una pantalla. ¿Cómo iba a tener sexo?

Bueno, yo tampoco tengo apenas sexo y sé que soy varón.

Pero eso no es porque seas pantalla, sino por ser simplemente feo.

Vale ‒dije intentando cambiar de tema, porque si seguíamos por ese camino la pantalla de confusa sexualidad me iba a deprimir‒. Pero te has equivocado en el precio. El ebook cuesta 9,99 y ahí pone 1,99.

¡Pues claro que es así, zoquete! ¿A que es genial? ¡Corre, llama al otro autor y se lo cuentas, y rapidito!

Tras ese exhorto sencillamente asentí sin decir nada más, porque ya me daba miedo que una pantalla que me había llamado feo empezase seguidamente a darme órdenes: todo eso me recordaba demasiado a cualquiera de mis anteriores relaciones. ¿Quién era esa pantalla para creerse con autoridad sobre mí?

Y a continuación, acaté su imposición y contacté con mi colega… Así me va, tanto con las mujeres como con las pantallas.

Nene, acabo de mirar en Amazon y por alguna razón que no entiendo, el Kindle de LCDOM está a dos euros.

¿Entonces no soy solo yo el que lo ha visto? Menos mal, creía que alguien me había echado algo en el café y había empezado a tener alucinaciones.

No, tío, nadie te ha metido droga en el ColaCao ‒respondí, aunque evaluando al mismo tiempo si cabía la posibilidad de que alguien nos hubiera embutido alucinógenos a los dos‒. El caso es que el ebook está a 1,99.

De puta madre. Igual hasta vendemos un par y todo.

Pues no se cuantos se habrán vendido, pero por lo que dice mi pantalla, que no manda en mí por mucho que puedas oír rumores, ya hemos subido 2100 puestos en el ranking de ventas.

¡Copón bendito! ‒reaccionó él, que por suerte hizo caso omiso a lo referido sobre la pantalla marimandona‒. ¡Vamos a contratar una avioneta y que escriba en el cielo que hoy hay oferta especial, para que todo el mundo se entere!

No es mala idea… o también podríamos anunciarlo por Internet.

‒¡Eso, eso, que es más barato! Venga, vamos a decírselo a todo quisque antes de que a Amazon se le pase el arrebato. ¡Manos a la obra!

Casi mejor manos al teclado, ¿no?.

¡A lo que sea, como si quiere ser a un cable pelado con las manos húmedas, pero que la peña se entere de lo del libro! ¡Que tiemble Harry Potter, que LCDOM ha llegado a la ciudad!

Claro, claro, que vamos a desbancar a Harry Potter… ¡Lo que tú digas!

A continuación nuestros teclados echaron humo y whatsapp no dio abasto, porque dos ilicitanos pesados se creyeron apóstoles y se dedicaron a difundir la palabra del señor: del señor Amazon, para ser más exactos. Movimos todas las fichas que nos fue posible, intentando conseguir algunos resultadillos positivos, aunque fueran discretos y todo eso. ¿Queréis saber lo que ocurrió?

Nos da lo mismo si no queréis, os lo vamos a mostrar igual…

Pues lo que ocurrió fue que flipamos en colores de tonos veraniegos, incluso las costillas parecían doler menos (aunque en realidad dolían más, porque la inquietud en el cuerpo es lo que tiene). El pasado sábado será recordado como el día más glorioso de la novela, con lo cual el 6 de mayo pasa a denominarse Día Mundial de LCDOM, porque si hay días mundiales del huevo (9 de octubre, que no es coña), del ninja (5 de diciembre) o de hablar como un pirata (sí, en serio, el 19 de septiembre), ¿por qué no iba a tener uno LCDOM?

El sábado en el entorno de Amazon (que es una tiendecita de aldea prácticamente desconocida para toda civilización, ¿verdad?) LCDOM se erigió como el ebook más vendido en dos categorías, la de Libros de Fantasía y la de ebooks de Fantasía (nos suena rara la diferenciación teniendo en cuenta que todo circundaba alrededor del ebook, pero eso dice el señor Amazon y nos favorece, así que va a misa). Y no solo eso, sino que además llegamos a meter la cabecita en el Top 15 del ranking general de ventas de la plataforma. Por cierto, ¿os habéis fijado en las fotos donde está Harry Potter y la posición que ocupa LCDOM, mirando al cuatro ojos por el retrovisor? ¿Estáis queriendo decir que somos unos profetas?

¡No, qué va! ‒acaba de decir la pantalla del ordenador.

En fin, está claro que por ahí hay otros tantos autores que habrán llegado o superado estos guarismos cuando la oferta les ha tocado a sus obras, pero… ¿a que nuestra entrada para celebrarlo es mucho más chula que las suyas?

En fin, lo suyo ahora es agradecer a todo el mundo su apoyo incondicional o condicional o gratuito o interesado o el que quiera que sea que habéis brindado a “Las crónicas del Otro Mundo”, porque gracias a todos vosotros estamos que hacemos palmas con las orejas (y damos fe de que es complicado de narices, no lo intentéis hacer en vuestra casa sin supervisión y una ambulancia, por favor).

Además, hemos logrado colgar unas cuantas banderitas más en el mapa de LCDOM. Con las ventas logradas seguro que la novela ha llegado a muchas latitudes que desconocemos (porque si no, a saber de donde habríamos sacado esos number one de los que vamos a presumir hasta que nos azote el alzheimer), pero en los lugares que sabemos con certeza que hay al menos un hogar que alberga un ejemplar de LCDOM le clavamos una virtual chincheta (y no se queja ni nada, este mapa está hecho un macho man). Y hasta donde sabemos, así queda el muy majo:

Mapa LCDOM
Parece que hay algunas chinchetas que parecen haberse han exiliado de España y se han ido a vivir su vida, pero qué va: LCDOM es internacional, y lo sabes.

Sí, ya lo sabemos: los ejemplares más exóticos son los de Toronto, Montevideo y Bucarest, pero estimamos que nos queda alrededor de un centenar de chinchetas por marcar también repartidas por Europa y América. ¡Por favor, ayudadnos a saber donde clavar esas banderitas en el mapa LCDOM!

Resumiendo el tocho de entrada: que hay una costilla que aún duele (la muy jodida ya podía tener menos afán de protagonismo), que la pantalla mandona no tiene ningún criterio sobre la belleza física, y que nosotros no podemos estar más contentos y agradecidos. ¡Uníos a nosotros, y a celebrarlo! 

¡Última hora fugaz!

Al loro, queridos followers, que esto nos ha cogido por sorpresa a todos. Por mero azar nos acabamos de dar cuenta de que la versión electrónica de “Las crónicas del Otro Mundo” se encuentra hoy disponible en Amazon a un precio de 1,99€, una rebaja del 80% respecto al importe de la novela en formato digital marcado por la editorial. Nosotros estamos flipando en colores de tono pastel porque nadie nos ha llegado a avisar del tema, pero desde luego, si alguna vez habéis deseado poder asomaros al Otro Mundo, qué duda cabe:

¡HOY ES EL DÍA!

Oferta LCDOM

Como no tenemos ni la más remota idea de cuanto puede durar esto (nosotros hacemos una estimación entre unas horas y toda la eternidad), si tenéis interés en conocer la novela no lo dudéis un instante. 2€ por 950 páginas es como para no pensárselo demasiado.

¡Todos a visitar el Otro Mundo en su totalidad ya AQUÍ!

 

(NOTA DESDE EL OTRO MUNDO: se confirmaron todas nuestras sospechas, y esta oferta solo resultó válida durante el día de ayer, sábado 6 de mayo. Es una auténtica lástima, pero al menos esperamos que aquellos de vosotros que estabais interesados en adquirir el libro pero os echara para atrás el precio aprovecharais el día de ayer. Oye, y si es así comentadnos en qué nuevas ciudades se halla LCDOM, que estamos elaborando un mapa marcando los lugares en los que existe un ejemplar en un hogar, ¡que nos va a quedar muy chulo!)

 

El cisne negro

A través de este blog hemos pretendido en muchas ocasiones que fueran “Las crónicas del Otro Mundo” las que se comunicaran con los visitantes, las que hablaran por ellas mismas, las que convencieran a todo el que se asomara a este ventanal de que su vista puede merecer la pena. A fin de cuentas, fue al forjarse como manuscrito lo que dio comienzo y sentido a este blog.

Hoy volvemos a intentarlo. La historia se presenta a sí misma en una nueva enésima primera vez, pero ahora desde el principio, desde el justo comienzo. Así se origina el viaje a través de las páginas del Otro Mundo: he aquí los párrafos iniciales, los primeros pasos, que dieron pie a sus crónicas. Damas y caballeros, con todos ustedes el nacimiento del Capítulo 1: “El cisne negro”.

Era una mañana de brumas. Las frías aguas del estanque se mostraban grises y opacas, revelando de vez en cuando y entre breves transparencias la oscura fangosidad que ocultaban bajo la calmada superficie. A la orilla de este estanque, la visión de varios ojos adormecidos aparecía fantasmagóricamente entre los suaves jirones que la niebla trazaba sobre las vaporosas aguas.

Eran esas caras el pálido reflejo de una vida entristecida por la enfermedad. Sus escuálidos rostros, enjutos por la hambruna y el cansancio, se descolgaban sobre la apatía de quien no espera nada. Llevaban sus cabezas rapadas, y se contaban en el mismo número hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, y entre ellos se podía encontrar, escondido entre la indiferencia de sus grises batines, el rostro inocente de un niño.

Su mayor entretenimiento constaba en el suave ascenso que alguna diminuta burbuja se atrevía a realizar emergiendo temblorosa desde el fondo, rompiendo levemente la tensión superficial entre los estáticos nenúfares. El sonido de algunos sapos, croando en un lugar incierto, era lo único que sus oídos podían escuchar. Junto a ellos, varios rostros lozanos y serios destacaban con su blanca indumentaria, sosteniendo con sus manos varias tablillas de apoyo para la toma de notas.

De vez en cuando, algún gesto espasmódico de sus cuerpos, un movimiento incontrolado de sus brazos, rompía la tranquilidad general, alterando a los demás enfermos y haciendo necesaria la intervención de los “batas blancas” para reestablecer el orden, colocándolos nuevamente en fila de cara al estanque.

A veces pasaban así horas, mañanas enteras, siempre aprovechando la condensación de la niebla sobre las aguas, esperando firmes en su orilla la materialización de un hecho infinitamente improbable. Cuando los rayos del sol calentaban el aire, y las brumas se disipaban en el ambiente, eran llevados de nuevo al interior del edificio. Tal y como sucedía casi siempre.

Las doradas orlas con las que el sol iluminaba la persistente bruma indicaban que el experimento ya había concluido. En una larga fila, separados por la extensión de un brazo, eran conducidos a sus habitaciones, para permanecer de ese modo encerrados durante el resto de la jornada en un régimen de aislamiento severo: no podían comunicarse entre ellos bajo ningún concepto.

Aquella mañana, sin embargo, ocurrió lo que tanto tiempo habían estado esperando. Entre la fría bruma, uno de los enfermos, un niño huérfano con apenas doce años al que llamaban Frank Hopper, comenzó a ver algo extraño deambulando por encima de las aguas del estanque. La niebla difuminaba aquella presencia, siendo necesaria la agudización de sus sentidos para tratar de captar con mayor nitidez de qué se trataba. El gesto de Hopper adelantando el rostro, contrayendo sus pupilas para visualizar un punto lejano entre la niebla, fue la señal que los “batas blancas” habían estado esperando durante tanto tiempo. Rápidamente comenzaron a escribir sobre sus hojas, apuntando la hora y el individuo que parecía estar teniendo la visión.

Frank Hopper era un niño delgado, no muy alto, de hombros estrechos y caídos. Su largo cuello sostenía una cabeza pequeña y algo ovalada, sobre la que dos pequeños ojos marrones se abrían a duras penas, alargados por la tristeza de quien nunca ha tenido padres. La expresión de su rostro sugería una dosis urgente de ternura y comprensión, pero, en la soledad de su habitación, tan solo podía encontrar algo de alivio en su silenciosa conversación con las sombras. No tenía más recuerdos que aquellas cuatro paredes y el estanque. El blanco con el que estaban pintadas y el gris mortecino de la niebla transcurriendo lentamente era todo el universo cromático con el que podía teñir sus pensamientos, pintando con aquella uniforme y estática dualidad el pequeño y breve lienzo de su vida.

En más de una ocasión, el pequeño Hopper había creído encontrar algo de cariño maternal en alguna de las enfermeras encargadas de su cuidado. No eran necesarias grandes muestras de afecto para que el niño se encariñara de su cuidadora, una sola palabra de consuelo o de ternura, una sonrisa, le bastaba para sentir que aquel rostro femenino y amable pudiera ser la representación de algo tremendamente hermoso que desconocía: su ansiado deseo de tener una madre. Pero pronto, el pobre Hopper comprobaba cómo aquella sonrisa que era devuelta tras el cristal de la puerta de su habitación era sustituida por un nuevo rostro, unos nuevos ojos, que miraban con asombro la frágil silueta del pequeño.

Nunca había salido más allá de los altos muros que rodeaban al edificio principal, no conocía nada más que aquel mundo lento y sostenido en el que vivía. Era clave para la correcta ejecución del experimento que no recibiera ninguna clase de estímulo, que no pudiera ser condicionado por las improntas que cualquier tipo de experiencia ajena al proceso pudiera dejar sobre sus recuerdos. El individuo debía poseer una mente virgen y libre de acondicionamientos, por lo que Frank Hopper y otros niños de su edad se convertían de este modo en los individuos principales sobre los que giraba la investigación. Debía tratarse de niños, principalmente, que hubieran sido abandonados poco después de su concepción, que nunca hubieran recibido el afecto y cariño de una familia. Era de vital importancia para sus pretensiones que no hubieran conocido otra cosa que el estático universo del centro de investigación, sin entretenimientos, sin distracciones. Las habitaciones, que eran de un blanco inmaculado, no poseían ventanas al exterior; solamente un pequeño y cuadrado cristal, colocado en la parte superior de la puerta de entrada, les permitía ver el techo del pasillo. Dentro, no tenían más libros que los de instrucción comunicativa, en donde se les enseñaba el lenguaje de una manera mecánica y fría, sin adornos, solamente de carácter funcional. Se les tenía prohibido cualquier tipo de representación gráfica o artística, por lo que no conocían dibujos, ni conocían la música.

El resto de individuos que participaba en el experimento eran enfermos mentales cuyos familiares habían abandonado hace tiempo en algún manicomio, personas desafortunadas que no tenían a nadie en el mundo que se preocupara por ellos. No importaba su condición ni si sus recuerdos se apilaban de manera caótica sobre una mente que ya no era capaz de manejarlos. Sin embargo, al igual que sucedía con los niños, eran mantenidos bajo las mismas condiciones de aislamiento. tanto personal como sensorial.

Con los pies desnudos, sus dedos se hundían en el gélido fango de la orilla. Erguido frente a la niebla, la mano de Hopper señalaba, inequívocamente, un punto fijo en mitad del estanque. Nadie podía ver lo que él trataba de señalarles. Los demás enfermos movían la cabeza tratando de vislumbrar lo que el niño quería indicarles. Los “batas blancas” sabían que allí no había nada que pudiera ser digno de llamar la atención, por eso sus ojos escurridizos se deslizaban por los desencajados rostros de aquellos sujetos, anotando los detalles más pormenorizados de sus observaciones. Todos miraban incrédulos hacia aquel lugar que les indicaba el pequeño Hopper. “¡Allí!”, gritó señalando con su dedo índice extendido hacia la bruma.

Y entonces ocurrió: otro de los sujetos, una mujer mayor que rondaba casi los cincuenta años, se encogió de hombros al descubrir la oscura silueta de aquel objeto que flotaba sobre las tranquilas aguas, y, uniéndose al grito del niño, comenzó a señalar en la misma dirección movida por el entusiasmo de aquel descubrimiento. A continuación otro enfermo también consiguió divisarlo, y un poco más tarde otro, y otro, hasta que al final aquella famélica fila que se extendía en la prolongación de la orilla del estanque comenzó a jadear ante aquella aparición, que se manifestaba de manera sorpresiva frente a los ojos de los enfermos.

Flotando lentamente, un cisne negro se deslizaba reflejándose en las aguas, que, como un gran espejo, devolvían la visión invertida de aquel cisne, temblando por el movimiento acompasado de las ondas que se desprendían de su oscuro cuerpo. Esta visión sólo era advertida por aquellos alterados individuos; el resto, los que portaban inmaculadas batas de color blanco, anotaban sin descanso los hechos con matemática precisión, obviando la más que imposible presencia de aquel cisne.

La majestuosa ave encorvaba su largo cuello flexionándolo, dejando que el anaranjado pico quedara suspendido delante del pecho. Como una silenciosa sombra, sus plumas negras se confundían con los furtivos reflejos que las ondas destapaban del aciago fondo, envolviéndose solemnemente con los finos paños que la niebla iba tejiendo a su alrededor.

Perteneciendo al efímero reino de los imposibles, aquella visión no pudo durar mucho más tiempo, y tal como vino, aquel cisne negro desapareció entre la intangible confusión que lo rodeaba, dejando lentamente una fina estela, que mostraba la sutil marca de su desvanecimiento.

Frank Hopper fue el primero en ver cómo la estática quietud de siempre retornaba al estanque. Lentamente bajó su mano hasta dejarla quieta a la altura de su cadera. Los demás enfermos pronto cesaron en su sonora algarabía, al comprobar que también para ellos aquel cisne se había esfumado incomprensiblemente ante sus ojos.

Zombi

Hoy en día ya no es necesaria la intervención de ningún estado para “deshacer el yo”. Ya no se necesita de ninguna Revolución Cultural, ni de ningún ideario político para alinear una marcada corriente de pensamiento popular globalizado. Con la democratización del acceso a la red, la pirámide del conocimiento también se ha invertido, y ya no son necesarios los grandes maestros o eruditos para educar al vulgo.  Ahora, ese conocimiento, surge de las masas y es consumido por las masas, en un sistema con retroalimentación continua, que no obstante, corre el riesgo de contaminarse a sí mismo.

Las redes nos permiten un acceso instantáneo y directo a la información, siendo esta mucho más abierta y plural que nunca, permitiendo que fluya entre los usuarios de manera libre y torrencial, viéndose continuamente enriquecida por la contribución que todos y cada uno de nosotros podemos realizar en un momento determinado. Sin embargo, y aunque esto ha arrojado luz sobre muchos de esos espacios oscuros que solían ser ocultados o manipulados por las estructuras de poder, que hasta ahora habían subyugado los medios de comunicación social, también es cierto que el exceso de información que circula por la red es tan alto, que ya no tenemos capacidad para poder discernir entre lo que es falso y no lo es, lo que es oportuno o simplemente desacertado. Esta corriente de informaciones contradictorias, a menudo promovidas por determinados grupos, lleva en muchas ocasiones a la anulación de las mismas, produciéndose algo parecido al fenómeno físico conocido como la cancelación de fases, donde una onda y su inversa se anulan entre sí, creando una especie de escandaloso silencio, en el que ya nadie es capaz de escuchar nada entre el griterío: la información masiva es una forma mucho más agresiva de desinformación, y parece… que esto es algo con lo que ya contaban.

Nunca antes habían existido semejantes armas para la manipulación de masas. Nunca antes, un bulo, una “falsa bandera”, había tenido la capacidad para propagarse de forma “viral”, de manera casi instantánea, alcanzando a millones de personas en menos de una pequeña fracción de segundo. Nunca antes, los miembros y simpatizantes de las diferentes formaciones políticas, habían tenido tal herramienta para ejercer presión sobre la opinión del resto de electorados, creándose en muchas ocasiones, una especie de Policía del Pensamiento —al estilo de la novela 1984 de George Orwell—, que persiguen y dan caza a todos aquellos que se atreven a hacer un comentario que les pueda resultar incómodo para sus intereses. Pero ¿quién de nosotros tiene realmente razón? Nunca antes, teniendo tanta libertad… se habían tenido tantos reparos a la hora de expresar nuestras ideas como en la era de los social media, temerosos de que esos piquetes de la moral acudan como un ejército de zombis, hechizados por algún ritual propio del vudú o la santería, dispuestos al escarnio público.

zombis

Es muy difícil saber si este cardumen de “ciegos pensadores”, que nadan de manera sincronizada en los océanos de la mentira mediática, responde a simples y espontáneas manifestaciones de odio, o si por el contrario, es controlado y dirigido por un grupo determinado que ansía cotas más altas de poder… o simplemente permanecer en él.  Con total seguridad, la mayoría de ellos no sean más que autómatas, bots programados para generar determinadas tendencias sobre los más variados asuntos, siempre con un mismo denominador común: influir en la opinión pública en favor de aquellos que pagaron por sus servicios. Cada vez costará más trabajo encontrar la mano que mueve los hilos, dispersa en un ejército de lacayos inconscientes, que vociferan y dan gritos en el nombre de una causa que ni ellos mimos conocen.

Ninguna multitud, ningún número, estará jamás en posesión de la verdad: una sola persona puede contradecir a más de siete mil millones y no por ello dejaría de tener razón. El Ministerio de la Verdad, en la novela de Orwell, no era otra cosa que una fábrica de mentiras.