Una de microrrelatos

En el Otro Mundo llevamos lamentando que el blog está herido de muerte durante tanto tiempo que a veces se nos olvida que, si nos da por publicar una entrada, este rinconcito sobrevive durante un rato más. Así que hoy vamos a endulzar la larga agonía de la bitácora con una primera pequeña entrega de microrrelatos (un género que me costó entender mucho más tiempo del que debería) con algún tipo de presencia en los concursos que los vieron participar. Nos guardamos una segunda remesa para cuando volvamos a recordar eso de que, si actualizamos, revivimos, pero mientras tanto os dejamos por aquí estas microhistorias y vosotros ya decidís si las degustáis o no.

Dicho sea de paso, uno de estos cuatro microrrelatos no es otra cosa que una anécdota real. Ficcionada y maquetada para encajar en los parámetros de su certamen, pero real. Lo cierto es que parece bastante fácil de desenmascarar, pero como esto sirve como gancho para aliñar una presentación un tanto insulsa, ahí queda eso:

INOCENCIA INTERRUMPIDA

A mí no me importaba el dinero. ¡Cómo iba a interesarme, si tenía ocho años! A mediados de los ochenta en Madrid, con esa edad tan solo aspiraba a jugar en la Plaza de los Cubos con los demás niños, ajeno a ese mundo adulto cuya jerga y hábitos bancarios me resultaban tan extraños. Empero, si papá había decidido que ya me consideraba mayor para dichos menesteres, mi deber era corresponder a su confianza. Así pues, al anunciar que iba a leerme la cartilla, fingí demasiado entusiasmo al contestarle “¡ah, qué bien!”.

No comprendí su castigo hasta muchos años después.

NARCISISMO

Tras ese primer encuentro en Madrid, Narciso desapareció. Nunca volvió a responder a sus mensajes ni a contestar sus llamadas, y ella nunca entendió el porqué.

Lo chocante del asunto era que, desde su prisma, aquella primera cita entre desconocidos había resultado asaz agradable y él se antojaba, además de guapo, encantador. De hecho, ella se atrevió a confesarle que, aunque no le conocía demasiado, le daba la impresión de ser una persona tan bella por fuera como por dentro.

Jamás supo que, tras haber dilapidado más de quince sueldos en cirugía estética, era lo último que Narciso necesitaba oír.

Finalistas II Concurso de microrrelatos del Museo de Historia de Madrid “Una mente poliédrica”

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DESTINO INCIERTO

Le insisto acerca de la trascendencia del destino, pero es como darse contra un muro: persevera en que el destino resulta irrelevante si no nos esforzamos en disfrutar del trayecto, que solo desea experimentar una inédita experiencia a cada minuto, que la incesante concatenación de hallazgos inesperados enriquece nuestro devenir… que carece de lógica obsesionarse con el destino.

Estrangulo el asentimiento en mi garganta. Lleva razón: nadie argumentó jamás con tamaña nitidez mi verdadera misión en la vida.

Empero, enfrentándome a dicha lógica aplastante, reniego de ella y repito que en esta agencia de viajes no trabajamos así.

Finalista VIII Certamen de Microrrelatos Ateneo de Mairena del Aljarafe

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CONFLICTO GENERACIONAL

La felicidad al contemplar el diez que había obtenido en la prueba le embargó durante un nanosegundo, justo lo que tardó en procesar que su profesor, otro robot de anterior generación, era muy purista y solo expresaba sus notas en binario.

Mención IX Certamen de microrrelato ‘Realidad Ilusoria’

27 comentarios en “Una de microrrelatos

    1. Vi un video difundido por una empresa de robótica donde algunos de sus autómatas ejecutaban algo parecido al parkour, lo que significa que esos robots estaban dando brincos sobre plataformas aleatorias sin ninguna otra aplicación, más allá que parecerse a un adolescente jugándose los huesos. Me pregunté entonces si, algún día, programaríamos robots para que «pensasen» en decimal (por decirlo de una manera burda) simplemente porque sí, y redactar las escasas líneas de CG fue el siguiente paso lógico.
      En fin, tanto rollo para agradecerte el halago y el paseo por el Otro Mundo sí que parece algo bastante humano. ¡Un saludo!

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      1. Si alguna vez logramos hacer una inteligencia artificial piense por sí misma haremos lo que hacemos siempre que nos dicen algo que no queremos escuchar, lo ignoraremos, lo extinguiremos y lo modificaremos a nuestro gusto… somos psicópatas con un afilado sentido de la supervivencia…

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    1. Claro, dispón de los micros que gustes para su difusión, que para eso están aquí (bueno, o, por lo menos, también están para eso), aunque como han pasado ya varios días igual hasta ha caducado el interés en él. La vida, que se ajetrea más allá de los lindes cibernéticos…
      Gracias por la visita y el comentario, ¡un saludo!

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      1. Tirando de refranero, » Quien hace lo que puede no está obligado a más», así que nosotros estamos la tira de contentos porque, en este rinconcito del ciberespacio, ninguno estamos empadronados en Andorra porque nos salgan los billetes por las orejas. Los apoyos que nos brindamos tienen más valor que precio.
        Eso mola.

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    1. Y lo cierto es que resulta al final un tanto extraño (al menos para alguien tan poco social como yo). Es decir, esta persona me suena, con esta persona he hablado yo, a esta persona la he visto en fotos, yo he leído cosas de esta persona… a esta persona la conozco, pero no la conozco. Sé quién es esta persona, tengo que decirle al menos «hola» a esta persona que conozco y no conozco, e igual no me conoce porque, aunque me conoce, no tiene porqué conocerme. En fin, una interacción sencilla que un ente asocial como el que suscribe transforma fácil en un jaleo…
      Cambiando de tercio, lo que tenemos que procurar es que, si volvemos a coincidir en una entrega de premios, al menos uno de los dos tiene que arrasar y llevarse el primer puesto. Y si no es así y nos sucede como en el Museo de Historia, con ninguno de los tres ganadores presentes, robar el botín y salir corriendo, que para algo nos congregamos.
      Pues ese es nuestro plan para la próxima ceremonia, Mayte, así que sincronicemos los relojes. ¡Otro abrazo!

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      1. Jajaja, pues para ser tan asocial, fuiste tú quien se acercó a mí… Estoy de acuerdo, la próxima vez uno de los dos tiene que petarlo. Y si no, pues salimos en los titulares de los periódicos: «Escritores roban premio al no haberse presentado el ganador del mismo».
        Abrazos, Adrián. Y suerte.

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      2. Pues sí, es lo que tiene la ansiedad social: si no te fuerzas a hacer lo que los demás considerarían una interacción «normal», te acomodas en cero coma y no vuelves a salir del sótano, que, por cierto, es donde mejor se está porque no está establecido como necesario hacer vínculos sociales con las arañas patilargas (también rebautizadas como ‘arañas de Chernobyl’ porque a todas les falta alguna pata que otra). No se puede decir que no cumpliera con combatir ese miedo (aunque mejor obviamos lo de salir a leer en público, ya sabes…).
        Por el contrario, robar trofeos que se merecen otros no me asusta en absoluto, y si hay que salir en los diarios al fracasar, que como bien dices constituye publicidad gratuita, pues ¡adelante! Lo que no entiendo es porque no estamos planeando ya el hurto, estamos perdiendo fama a cada minuto que pasa…

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  1. Pingback: DESTINO INCIERTO – HELICON

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