La biblioteca más pobre de España (III y IV)

Elche. El nombre de la ciudad que alberga el barrio más pobre de España es Elche.

La colonia romana Illice Augusta dio origen al gentilicio “ilicitano” para referirse a los nacidos en Elche, y los ilicitanos que adolecían de lazos con Carrús comenzaron a contemplar con nuevos ojos a un barrio que, desde que ellos tenían memoria, se contaba como uno más. No obstante, los vínculos con ese distrito que siempre había sido tan normal eran tantos y tan naturales que los ilicitanos foráneos a él, a pesar de conocer la pobreza del mismo por medios ajenos, siguió transitando por él como si nadie les hubiese avisado del peligro que corrían.

Porque, sí, corrían peligro. Se había convertido en una zona desfavorecida hasta límites insospechados, y los diarios nacionales no dejaban de hacerse eco, a través de la invisible boca de invisibles vecinos, esos invisibles vecinos nuestros, del reguero de mortíferos estupefacientes que fluía por delante de nuestras narices, de las cruentas y multitudinarias peleas de bandas rivales que acontecían enfrente de nuestros portales, de los robos con inusitada violencia que, cada pocos minutos, se perpetraban en el comercio de al lado. Y los ilicitanos que no se hallaban empadronados dentro de los lindes de Carrús, de buenas a primeras, seguían pisando sus calles sin miedo alguno; empero, al retornar a sus barrios y leer los grandilocuentes titulares, un día comenzaron a comentar que ya no se sentían seguros cuando pasaban por aquel enclave. Y después de eso, sin el menor signo de vergüenza, regresaban a Carrús para realizar cualquier gestión que les tocase en ese momento sin que el menor ápice de temor les recorriese, para después regresar a sus hogares y reiterar la retahíla de lacras del barrio que habían leído en alguna parte. Por alguna extraña razón, el lugar que transitaban y al que posteriormente censuraban se encontraba desconectado en sus mentes, y para ellos tenía lógica despotricar de un barrio al que jamás se acercarían si no fuese porque, de una manera u otra, lo frecuentaban con asiduidad, dado que no existía motivo alguno para dejar de hacerlo. Así fue como, para cierto sector de población ilicitana, a la hora de utilizar sus instalaciones, visitar sus zonas ajardinadas (porque habrá que sacar a los críos de casa o nos volvemos locos todos) o disfrutar de sus comercios y servicios, Carrús seguía siendo un barrio más.

Esos mismos ilicitanos, en cuanto finalizaban sus transacciones, se sentían más tranquilos en cuanto atravesaban la Avenida de la Libertad, la vía que cruza de forma longitudinal la ciudad de este a oeste… y que separa a la mayoría digna de la ciudad de ese barrio que ostentaba el título oficial de más pobre de España.

Tras años de reiteración, la mentira oficial se había convertido en verdad local.

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Por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender, cualquier atisbo de cultura que pueda encontrarse relacionada de algún modo con el barrio más pobre de España está exenta de ser vinculada con el mismo. Y resulta en extremo singular, porque cualquier barrunto que pueda servir para que en los grandes medios pueda mencionarse que esta zona en la más mísera del territorio nacional se convierte de forma inmediata en una exclusiva de alto copete. Si bien hay noticias que, por su carácter perturbador y sensible pueden tratarse como carne de primicia, como la sospecha del fallecimiento de cierto morador a manos de sus dos compañeros de piso, tal funesto evento salta de las crónicas de sucesos locales a la sección nacional en cuanto el óbito acontece dentro de los lindes del barrio maldito. Mas no me refiero a nada semejante, de verdad. Lo que de veras me resulta descabellado se deriva de noticias de una naturaleza distinta, como, por ejemplo, el advenimiento de una emergente eminencia futbolística dentro del horizonte patrio. Jornada tras jornada, canteranos ilusionados hacen su debut en la cancha de juego durante un par de minutos, defendiendo el escudo del primer equipo del club que, de momento, apuesta por su progresión deportiva. Resulta difícil hacerse eco de tales nuevas, al menos fuera de las gacetas deportivas locales de sus respectivos municipios, ya que, en el fondo, a nadie más le importa.

Podría citar el caso, hace escasas fechas, de un inmigrante marroquí (uno de tantos), canterano de uno de los dos grandes clubes españoles (otro de tantos), que se había estrenado con su primer equipo (como tantos otros) y lograba cuajar una reseñable actuación (como muchos de ellos). Resultaba, tirando por lo alto, una agradable noticia deportiva.

Se supo a continuación que el chaval se había criado en Carrús.

La agradable noticia deportiva se convirtió de inmediato en una colosal primicia nacional, y no fue por el origen foráneo del laureado (como tantos otros) ni por su destacado proceder en la cancha (como tantos otros), sino que devino así por la perentoria excusa de rememorar para todos el nombre del barrio más pobre de España (como ningún otro). Germinaron las entrevistas a vecinos que, esta vez sí, existían y podían ser reconocidos por alguno de sus coetáneos, al mismo tiempo que estos semejantes habían coincidido en algún instante, por fugaz que este fuere, con la afortunada promesa del balompié. Los diálogos con estas personas fueron editados, de forma que, aunque los entrevistados jamás admitirían haber insinuado nada semejante, con las imágenes en la pantalla y los comentarios de la voz en off incorporada, ninguno de ellos podía refutar haber apoyado esas palabras, palabras que no hacían más que remarcar la pobreza del barrio, la necesidad del barrio, la fatalidad del barrio y de ellos mismos.

Si aquella era la tarea por la que se pagaba a esos periodistas, se ha de confesar que se podía confiar en su eficiencia y saber hacer.

Por todo ello, dada la grandilocuencia que parece despertar la penuria de uno de los códigos postales de este particular distrito, lo que en verdad me sorprende (o me maravilla, no sabría asegurar de cuál de dichas emociones se trata) es que dicha lacra no ose rozar ni de lejos cualquier noticia que se pueda relacionar con lo cultural. Resulta cierto que tal tipo de novedades informativas no se prodigan tanto como el resto no ya en el barrio, sino en general, por lo que sería de esperar que, si algún oriundo de la zona despuntase en dicho ámbito, el cuento de hadas que supondría volvería a atronar por medio de las ensordecedoras trompetas que avisan al resto de la nación de que algo inusual ha ocurrido en ese barrio cuya miseria se encuentran ávidos por reiterar a los cuatro vientos.

Es el estupor el que nos atrapa cuando el día (día de hace un par de años, más concretamente) que una afamada figura mediática se alzó con uno de los galardones literarios mejor dotados del país, entregado por el mayor grupo editorial del mundo (o el segundo, depende del momento), el silencio acerca de sus estudios en el instituto del barrio más pobre de España resultó atronador. Quizá fuese demasiado optimista al pensar que al cuarto poder le interesaba mezclar pobreza con cultura. Quizá no entendí que no suponía ninguna historia de superación, al tratarse de una persona ya reconocida en su ámbito. O quizá, simple y llanamente, no comprendo cómo funciona en realidad el mundo.

Contemplando el ejemplar de la novela que hizo acreedora del citado premio a la mentada personalidad, es decir, el ejemplar de la misma que tengo en la que, con los datos retorcidos, he bautizado como biblioteca más pobre de España, me convenzo de que ese tercer quizá que manejo es el más probable.

6 comentarios en “La biblioteca más pobre de España (III y IV)

  1. Pingback: La biblioteca más pobre de España (III y IV) – Poesía inconfesable

  2. Los medios de comunicación crean la realidad, puede parecer que no, que informan sobre ella, pero es mentira. Cuando repiten algo cien, mil veces, se acaba convirtiendo en verdad.

    Ahora esos medios de comunicación andan muy enfadados con las redes sociales y sus fake news y no hacen más que darse golpes en el pecho para que se imponga algún tipo de control. El problema de fondo es que ellos sólo quieren que haya unas fake news, las suyas.

    Perdona, creo que me ha salido del tema 🙂

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    1. Más que salirte del tema lo has circunvalado, pero no solo está relacionado sino que es un buen tema, con lo cual todos felices y contentos de leerlo. Por desgracia, la creación de contenido interesado en busca del control no es patrimonio exclusivo de los informativos, el tema daría para muchos frentes…
      Gracias por pasearte y comentar una vez, ¡saludos!

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