La biblioteca más pobre de España (I)

Esta es, en teoría, la biblioteca más pobre de España.

Con los datos en la mano, nadie lo puede refutar, aunque también es cierto que resulta necesario retorcer con fiereza esos mismos datos para que la aseveración inicial refleje algo parecido a visos de realidad. De hecho, se muestra como una aserción que se enmascara tras una densa concatenación de sesgos que no todos sabrían desentrañar.

Hace casi un lustro, los ciudadanos de este distrito desayunaron con una noticia que les cogió por sorpresa: vivían en el barrio más pobre de España. A todos los pilló desprevenidos. Ni lo sabían ni se lo esperaban, pero eso solo era porque ninguno era capaz de tragarse semejante embuste. Y sin embargo, las cifras no mentían y todos y cada uno de los diarios se hicieron eco de ello, explicitando el nombre de la barriada como la zona de renta más baja de toda la nación. Se trataba de datos oficiales e incuestionables, por lo que, de repente, todos los vecinos comprendieron que vivían desde hacía años o décadas, y algunos durante toda su vida, en la peor zona posible del país. Podían protestar o decir que todo era mentira, pero las pruebas en contra eran irrefutables. Dado que el estudio llevado a cabo por el Ministerio se repitió desde entonces de manera anual, arrojando siempre el mismo resultado en el cenit de la miseria, los residentes se acostumbraron a que, año tras año, el nombre del barrio que les servía de hogar apareciese como sinónimo de fracaso. Una vez cada 365 días, sin faltar a su cita, cada diario publicaba entrevistas con vecinos anónimos, siempre anónimos, tan anónimos que probablemente jamás existieron, relatando la crónica de un apuñalamiento con objeto de apoderarse de veinte cochinos euros delante de fachadas desconchadas que nadie reconocía, por mucho que la tipografía de las gacetas bramase que aquella truculenta escena había tenido lugar, según las crónicas, en la esquina de su propio edificio.

Sea como fuere, esta biblioteca se ubica en el barrio más pobre de España, aunque tal declaración pueda ser cierta y falsa a la vez: la veracidad de la respuesta dependerá de quién sea el encargado de contestar la cuestión, y, aunque las réplicas suenen antagónicas, los interpelados seguirán creyendo decir la verdad. Si dicha encomienda fuese confiada a uno de los empleados del Ministerio encargados del estudio acusador, con toda probabilidad alegará que no, pues su código postal no se corresponde con el que, gracias a su investigación fiscal, tiñó de pobreza un barrio que desconocía su extrema carestía. No obstante, si la cuestión recae sobre uno de los moradores de la circunscripción, contestará que sí, que es la biblioteca del barrio, y que resulta más que obvio puesto que no existe ninguna otra biblioteca más aquí, aunque en realidad, si hablase en pretérito, sí existía otra. De hecho, otra que se ubicaba en el código postal que ahora denota miseria, mas un anterior equipo de gobierno local se encargó de clausurarla.

¿Para qué iban a necesitar los pobres una biblioteca?

Sin embargo, hemos de absolver a aquellos pasados regidores porque, por aquel entonces, ni ellos, ni nosotros ni nadie más en España sabía que éramos los ciudadanos más necesitados de la nación.

El caso es que, para los oriundos y demás pobladores, el mentado barrio consiste en una vasta extensión de este a oeste y su denominación es unívoca, mientras que para el ente oficial que oficializó la carencia en estas coordenadas, una pequeña avenida que cruza la barriada de norte a sur actúa de guillotina y divide al mismo barrio en dos sectores, cribando la paja del grano y convirtiendo al oriental en el más pobre de España. Así, los vecinos del hemisferio oeste pudieron descansar tranquilos, a sabiendas de que se habían librado de las garras de la súbita miseria gracias a un par de calles de separación. Es justo el caso de esta biblioteca: dos manzanas la distancian de la cruel avenida, tan angosta como (admitámoslo) digna de barrio pobre, ubicándola en el lóbulo occidental y eximiendo a este templo de la cultura de la repentina distopía en la que se zambullían sus convecinos.

Empero, en el colmo de los absurdos, la biblioteca se encuentra en el Centro Social bautizado gracias a la homonimia como el sector que la hospeda, ostentando la misma etiqueta que comparten tanto la escisión afortunada del distrito como la que ha sido condenada a ser conocida como atroz suburbio. Puesto que es la única institución de la memoria inserta en este alfoz y que el edificio que la alberga exhibe con o sin orgullo el nombre del barrio más pobre del territorio nacional, ¿no es destino implacable de estas estanterías correr la misma suerte?

Quizá resulte una obviedad señalarlo, pero ser nombrado barrio más pobre de España no se encuentra al alcance de todos. De hecho, para el estudio del Ministerio, no está al alcance de ningún barrio emplazado en ciudades de menos de doscientos mil habitantes, lo cual, a excepción de una treintena de municipios, excluye de esta singular lotería al resto de barriadas del resto de urbes del resto de territorios patrios. Es más, si el análisis fiscal hubiese acontecido a finales del pasado milenio, el nombre de esta metrópolis ni siquiera hubiese sido digno de la infausta investigación, y jamás nadie de fuera de los lindes locales habría escuchado o leído nada acerca de este lugar. Pero el crecimiento crematístico experimentado en la localidad la hicieron entrar en el nuevo siglo por la puerta grande, como ciudad en vez de pueblo, como potencia en el sector del calzado y también en el de la economía sumergida, cuyo auge fue directamente proporcional al desarrollo, convirtiéndose en causa, consecuencia e incluso hábito.

Nos habíamos acostumbrado tanto a ella que no entendimos esta secuela a tan largo plazo, esta crucifixión de telediario, este estigma con el que nos marcaron como a ganado desde mil frentes distintos, mil frentes a los que nunca habíamos importado, aunque solo fuese porque ni siquiera sabían que existíamos. Y a pesar de que la realidad, percibida de manera objetiva, nos hiciera comprender que no éramos el barrio más pobre de España dado que ni siquiera éramos el barrio más pobre de la propia ciudad… no podíamos demostrarlo.

En cambio, enfrente teníamos mentiras fáciles de verificar. Bueno, quizá no se trate de mentiras, sino de incongruencias, o de contrasentidos, o de meras verdades a medias, o de llanas falsedades basadas en certezas, pero lo que de verdad importa es que, sean lo que sean, son fáciles de verificar.

Así pues, los libros que reposan en estos estantes poseen el dudoso honor de pertenecer a la colección de la que es, en teoría, a pesar de no encontrarse en el barrio con mayor necesidad de la ciudad y ni siquiera aparecer en el aciago código postal que convierte al sector contiguo en adalid de la carestía, la biblioteca más pobre de España.

Con los datos en la mano, nadie lo puede refutar.

26 comentarios en “La biblioteca más pobre de España (I)

  1. Pingback: La biblioteca más pobre de España (I) | Capplannetta's

  2. Tal vez habría que tener en cuenta el servicio cultural que presta esta biblioteca calificada como la más pobre. Si los libros que contiene son leidos con asiduidad y fuertemente demandados por los lectores, si resultan de utilidad y mejoran, de una u otra forma, la vida de los vecinos de la zona, puedo pensar entonces que esta biblioteca tendrá un tesoro que otrás no posean: el ingente movimiento de cultura que es capaz de generar.
    Visto así, quizás no sea la biblioteca más pobre; me gustaría creerlo.
    Muchas gracias por compartirlo.
    Un saludo.

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    1. Qué duda cabe que esas son las misiones de la biblioteca, como vehículo cultural de una comunidad a la hora de ofrecer soluciones de información, documentación, ocio cultural… ¿Esta biblioteca cumple con su cometido? Pues… que yo sepa, sí. Es una biblioteca más en un barrio más, y sus préstamos son más intensos cuando en el instituto de al lado demandan una lectura obligatoria, como en todas las bibliotecas, o cuando algún autor famoso fallece y todos deciden leer su obra, como en todas las bibliotecas, o cuando es época de exámenes y todos acuden desde primera hora de la mañana hasta última de la tarde a la sala de estudio, como en todas las bibliotecas, o cuando un escritor se hace conocido y todos necesitan de repente visionar sus libros, como en todas las bibliotecas… Un ciclo de urgencias que se sucede con continuidad, y provoca un fluir de usuarios en todas las épocas.
      Concluimos que la biblioteca «más pobre» es como todas las demás bibliotecas, sí, lo cual siempre será una gran noticia.
      Gracias por pasarte y comentar, ¡un saludo!

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  3. Un buen relato… de todas formas, los libros no entienden de esas cosas, ¿verdad?, se entregan por igual, cuentan la misma historia tanto si eres rico, alto, bajo o pobre…

    Creo que en realidad no sabemos realmente como viven los ricos, los muy ricos. Nos movemos, relacionamos y hablamos con gente de nuestra misma clase social ,peldaño abajo, peldaño arriba. De pequeños creemos creciendo que el mundo es así, que en el fondo podemos aspirar a ser ricos porque nos creemos que ser ricos es eso, un peldaño arriba. No estamos preparados para el enorme salto de los megaricos…

    Vaya, que me he puesto a divagar 🙂

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    1. Pues seguramente no sepamos cómo viven esos seres que están por encima del bien y el mal gracias al Dios dinero, es probable. Lo que por otro lado se ha intentado aquí, tomando como excusa y puerta de entrada la biblioteca, es el modo de implantar el chip de «pobre» a una comunidad que no se tenía como tal, ya lo seguiremos desarrollando en siguientes entregas.
      A los muy ricos no les importará demasiado, claro, pero lo haremos de igual forma.
      Gracias por la visita, ¡un saludo!

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    1. Por ahí va, bien lo sabes. Iremos desgranando en siguientes posts los argumentos para renegar de la miseria en el barrio de esta biblioteca, al mismo tiempo que, gracias a las noticias y cifras que prosiguen su inexorable goteo y ensanchan poco a poco su cerco, esa pobreza es cada vez más y más oficial, hasta llegar al punto de hacernos dudar a los propios protas.
      Al menos, dudaremos desde nuestra propia biblioteca, que ya es algo.
      ¡Otro abrazo!

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    1. Pronto seguiremos desgranando el asunto, puesto que, al ser tan pobres, no tenemos las neuronas suficientes para que nos entre en la cabeza y, por eso mismo, aún no lo hemos asimilado del todo. Seguimos dándole vueltas al tema, pero solo porque es gratis: las datos oficiales demuestran que, si no lo fuese, no podríamos permitírnoslo.
      Gracias por pasarte y comentar, ¡un saludo!

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  4. Pingback: La biblioteca más pobre de España (II) – Las crónicas del Otro Mundo

    1. Me entristece tener que apuntar que mucho me temo que en el barrio hemos acabado creyéndonos lo de más pobre y lo hemos llevado al extremo violento, porque desde que fueron escritas estas entradas hasta que fueron publicadas, incluso hemos tenido un tiroteo en el barrio. Con un arma de uso militar, ojo, que ni la policía sabe de dónde ha salido, aparte de agresiones con tijeras en peluquerías, robos con violencia extrema y varios delitos desmedidos que no eran moneda de uso común hasta hace nada. ¿Habrá calado el mensaje de zona desfavorecida y hemos acabado asumiendo dicho papel? El vecindario va asistiendo perplejo a la concatenación de sucesos, preguntándose qué está pasando, por qué está pasando, qué ha cambiado para que ocurra.
      Esperemos retornar a la normalidad, aunque esa normalidad estribe en que nos llamen pobres, siendo esa etiqueta lo extraordinario y nada más.

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      1. Lamentablemente, vivimos en un mundo en el que los medios de des-información se inventan la cuota diaria de estupidez rosa y de violencia. Y, a fuerza de repetirla, el oyente se la cree. Así se convierte una etiqueta en realidad. Y resulta difícil luchar contra esa máquina. Espero que pronto podáis volver a indignaros por la noticia y nada más. Saludos.

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