Here comes the sun

En la génesis del Otro Mundo, la aparición de Lobo (que podéis encontrar en esta entrada si escarbáis en ella) supuso un punto y aparte particularmente extenso: en concreto, año y medio de aparte. Se abrió un documento de word en blanco y se dispuso a relatar tres hitos puntuales que confluirían al final del capítulo, en lo que se calculaba a bote pronto un episodio de entre diez y doce páginas, como todos los demás. Tampoco sería desorbitado pensar en quince, porque ya habíamos comprobado lo que nos gusta explayarnos de vez en cuando. Pero el plan salió mal. Y no salió mal porque Carlos lo hiciera mal, no salió mal porque Adrián lo hiciera mal, no salió mal porque el boceto mental fuese el erróneo.

Salió mal porque Lobo se rebeló.

Lobo no era un personaje como los demás, y no estaba dispuesto a que ni siquiera sus creadores fuesen capaces de fraguar lo contrario. Lobo tomó el control de su historia y, mientras el cerebro del escritor humano que lo guiaba quería seguir hacia adelante, Lobo encauzaba sus dedos para que el teclado narrase la difícil infancia de su madre. Cuando el autor al otro lado del monitor aceptaba dicha concesión a regañadientes y decidía que se enrolase en el ejército, Lobo, cuya egolatría conseguía que nunca tuviese suficiente, redirigía las palabras hacia la cruenta batalla por su nacimiento entre ruinas, gracias a dos nuevos personajes que nadie sabía de dónde habían salido. Pero eran importantes para él, y no iba a permitir que ningún endeble humano los obviase, así que el susodicho humano endeble transigía y, por fin, intentaba encaminar sus pasos hacia el puesto de alistamiento en el Cuerpo de Artillería de Arco de Gran Capital. Pero un intérprete como Lobo no aceptaba órdenes de nadie, y, antes de que su mítica aceptación en dicho comando de élite fuese digna de ser plasmada, decidió que las páginas en blanco que aún quedaban por delante iban a describir cómo el implacable destino se había cebado con sus tres padres y, por ende, marcado su tierna infancia. Era su historia, y nadie iba a decidir por él, ni tan siquiera su creador, cómo contarla.

No había ni mapa ni brújula, nunca existieron tales recursos. La historia había encontrado por fin un personaje lo suficientemente potente como para desarrollarse a través del mismo y de la forma que ella deseaba, y se puso a los mandos de la narración. No preguntó si estábamos de acuerdo, ni nos dio la opción de negarnos. Simplemente tomó el control y se desarrolló a través de nosotros, convirtiéndonos en meras marionetas cuya función era aporrear las teclas concretas para que las letras que ella pretendía se formasen en la pantalla. Así fue como la historia, prescindiendo de nuestra opinión, redactó Réquiem por un brindis, un capítulo de sesenta páginas que perfilaba al (en nuestra opinión) mejor personaje de nuestra novela. Y si no decimos nada más, el resultado podría juzgarse como positivo.

Pero también acarreó consecuencias negativas para el Otro Mundo. Nosotros, a pesar de ser escritores más crueles de lo que deberíamos (a veces), también tenemos nuestro corazoncito, y la alienación sufrida durante la redacción de aquel extenso episodio no fue sencilla de superar. Antes he utilizado la palabra “marionetas”, y ha sido a conciencia: nos convertimos en meros títeres cuya única competencia era teclear, sin poseer ningún control sobre lo que estábamos escribiendo, porque la historia hacía, literalmente, lo que le daba la gana. A no ser que lo hayas experimentado en tus propias carnes, no resulta sencillo de imaginar (lo cual no es más que un eufemismo: si no lo has vivido, es imposible que puedas comprender lo que decimos, porque es raro de cojones). Y la sensación de ser una simple polilla que se dirige inexorablemente hacia la luz, sabiendo que no puedes hacer nada por cambiar de dirección, sino que vas donde te mandan y no lo vas a poder evitar, esa perturbación, ese desasosiego, nos distanció de la historia. Podía ser buena, pero no era nuestra, y la pretensión era conseguir algo bueno, pero también nuestro. Nos costó retomar LCDOM un año y medio: un año y medio sin escribir nada relacionado con el Otro Mundo podía haberlo defenestrado, era lo más lógico. Mas no fue así, y quince meses después uno de los autores reactivó la historia. Un capítulo corto y más bien torpe, pero que tenía que servir de mecha. Podía tanto funcionar como no hacerlo, y quizá, tras tanto tiempo, había más papeletas para que aquel universo plasmado en .doc se extinguiese antes de conformarse por completo. Pero, dado que estamos todos hoy aquí, sabemos que no fue así. El capitulito corto y torpe dio continuidad a otro menos torpe, y esos episodios empujaron al otro autor a redactar un poco más, ¿por qué no hacerlo? Fue la chispa adecuada, un consenso a tres bandas entre dos humanos y una historia que, tal vez, había sido demasiado autoritaria cuando decidió coger las riendas. Un entente cordial al fin y al cabo, por el cual, reitero, estamos todos hoy aquí.

Recupero la evocación de aquel lejano recuerdo porque, aunque resulta osado alegarlo con firmeza, creo (Creer: 1. tr. Tener algo por cierto sin conocerlo de manera directa o sin que esté comprobado o demostrado) que ha vuelto a ocurrir, y, como lo creo, me hace ilusión manifestar en público dicha posibilidad. Ha transcurrido un lapso mayor que el comentado con LCDOM, poco más de dos años (¡más de dos años!), pero creo, creo, que hemos reavivado la chispa de nuestro segundo proyecto común, de título provisional… no, no digo el título porque es provisional, y si lo digo y después surge un candidato mejor, nos costaría más cambiarlo. Pero os ofrezco las siglas, así que, si alguien aúna un coeficiente intelectual de mil once y mucha mucha suerte, seguro que es capaz de deducirlo: LRDLP. Una novela infinitamente más breve que el Otro Mundo, porque tampoco hace falta mucho para lograr tal circunstancia, y más cruda en algunos aspectos, lo cual, según algunos lances de nuestra opera prima, no resulta tan sencillo. Pero creo, creo, que va a ser buena. Para eso, la historia y sus dos autores tienen que llegar a un acuerdo para no pisotearse mutuamente, pero creo, hoy estoy casi seguro, que vamos a arribar a buen puerto. También es cierto que puede que nos quedemos por el camino, o puede que aún transcurran varios años hasta que encaremos la meta que nos marca el proyecto.

Pero creo, creo, que va a salir bien.

41 comentarios en “Here comes the sun

  1. Ánimo y mucha suerte….esa sensación de que la historia fluye y se “te va de las manos” también la he experimentado, precisamente cuando forjas un personaje que, como anteriormente otros como Unamuno, se les revuelve y quieren asumir el mando….eso acostumbra a salir bien…y así fue para vosotros…

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    1. Pues en ello estamos, retomando la historia con las riendas en la mano, porque ya da avisos de pretender escaparse, pero se lo vamos a permitir cuando nosotros lo decidamos. Quizá es una pretensión ilusa, porque cuando una historia quiere desbocarse lo hará y punto, pero por el momento estamos todos de acuerdo y en la misma dirección.
      Muchas gracias por los ánimos y, como siempre, por pasarte a comentarnos. ¡Saludos!

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    1. Sí que tiene sus dificultades lo de escribir a varias manos, sí, y el Otro Mundo, con dos autores noveles al volante, puede atestiguarlo. Adrián, el inmóvil, intentando generar orden y concierto en cualquier caos que pudiera perturbar sus esquemas. Carlos, el volátil, dinamitando todos los puentes y tergiversando las realidades en pos de lo original y desconocido.
      Pensándolo fríamente, resulta casi un milagro que LCDOM llegase a publicarse alguna vez… Seguro que fueron esos personajes de personalidad indómita los que lo consiguieron, y no nosotros.
      Gracias por pasarte y comentar, ¡saludos!

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  2. Antonio Fernández Vicente

    Bonitas impresiones. La alienación del escritor, como la del escritor, es un dejarse llevar bellísimo, una forma de desaparecer por unos momentos. También Harrison con su música nos alienaba. Mi beatle favorito! El místico! Y ese something que es la misteriosa clave de todo. Nos empeñamos en controlar, en dominar desde la razón, desde el ser que proyecta, pero luego los relatos, como la vida misma, sigue su propio curso, en la intersección de casualidades y azares insospechados. Gracias por el texto.

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  3. Hola, ¡felicidades! espero que su proyecto vaya muy bien, pero lo más importante: que disfruten el proceso.
    Ni me voy a gastar en intentar averiguar el título provisional de la nueva novela, voy a economizar el pensamiento para otros menesteres.
    Lobo es un personaje imposible de olvidar, ya me parecía que tenía una historia con ustedes porque se notó el cariño. Saludos 🙂

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    1. Es que Lobo es un personaje que TE OBLIGA a tenerle cariño, y en cuanto lees su historia sabes que más te vale llevarte a buenas con él. De hecho, si a Lobo le hubiese dado la gana que la novela versara sobre bailes, quizá ahora estaríamos escribiendo en un blog titulado ‘Las crónicas del Otro Charlestón’. Que, oye, quizá fuese una historia que tuviese cierto nicho de mercado, pero seguro que no es la que nosotros pretendíamos.
      Te iba a decir que hacías bien en no intentar adivinar el título provisional del nuevo proyecto, pero ahora que alguien se ha atrevido a realizar una estimación, nos da pena que no lo hagas… Quién sabe, igual cualquiera de los aspirantes ofrenda un título que al final consideramos mejor que el que manejamos ahora mismo.
      ¡Saludos a la próxima soprano!

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      1. Vaya, creíamos que nos estabas dando un posible argumento y nos habíamos animado a probar fortuna, pero, en el último momento, nos has cambiado el tema y la novela iba de otra cosa. Que no estaría mal, pero ¡nosotros no sabemos cuál es esa otra cosa de la que va! Se nos antoja imposible afrontar ‘Los registros del laberinto polisémico’, es un reto demasiado complicado para nuestras anquilosadas mentes, pero nos ha gustado que brotase un nuevo título a partir de nuestras siglas.
        No sabemos bien porqué, pero nos ha gustado, es cierto.
        ¡Saludos!

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      2. Jajaja, esa otra cosa de la que va sólo ustedes lo saben que por algo dejaron esas siglas dando vueltas pero quién sabe, quizá alguna palabra de mi título inventado aparezca en su escrito.

        Por cierto, nada que ver con el tema ¿han leído “El infinito en un junco”? porque vaya a saber porqué ese ensayo de una de sus compatriotas me ha recordado a ustedes.
        Saludos de vuelta 🙂

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      3. ¡Esa del junco me la sé! La hipótesis es que dicha lectura te ha recordado al Otro Mundo porque en nuestro anterior post ‘Stephen Swings’ se comenta que un usuario entra a la biblioteca pidiendo ‘El junco infinito’, y la petición hace referencia clara a dicho libro aunque solo haya acertado el orden del primer artículo y se haya dejado un par de vocablos por el camino.
        ¡Es que por aquí somos muy listos!
        (y LCDOM casi tan infinito como el junco)

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      4. Claro que son listos faltaría más. La hipótesis está bien razonada peeroo la razón de que me recuerde a ustedes es por su historia con los libros y la odisea de publicar, cosa que “El infinito en un junco” trata en sus últimos capítulos. De hecho cuando lo mencionaron en el post aún lo estaba leyendo y me hizo ilusión que alguien lo pidiera para leer aunque fallase en el título XD
        Saludos 🙂

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      5. Vaya por Dios, respuesta bien razonada por nuestra parte, e incorrecta una y mil veces. Pero bueno, lo importante es que te acuerdes del Otro Mundo aunque sea para que dejarnos claro nos equivocamos en nuestros postulados, faltaría más. Ya acertaremos algún día, eso es lo importante.
        ¡Saludos, Coremi!

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    1. ¡Correcto, nos tienes calados! De hecho, “La rebelión de las pulgas” versa sobre un perro que nunca se ha lavado y por eso ha criado a lo largo de su lacio pelaje una colonia sin igual de dichos parásitos. No obstante, un buen día, el perro decide que va a lavarse y despiojarse porque, como L’Oréal, él lo vale, y su población de insectos, lógicamente, enloquece. El caos asola la civilización de esas pulgas hasta que una de ellas, Pulgoba, se rebela contra su destino y se va a las orejas del perro para convencerlo. ¿Y sabes cuál es el giro argumental?
      Que ese perro ha sido todo el tiempo nuestro bienamado Lobo.
      Huele a best·seller, ¿a que sí?

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      1. ¡Pero si ya está destripada, la sinopsis se hace sola! De hecho, prueba a hacerla ya, que Pulgoba te lo agradecerá. Y no te preocupes por los entresijos, que si lo que redactas no se parece a la historia, ya acomodamos nosotros el argumento a tu sinopsis.
        ¡Pues menuda sinergia hemos montado!

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    1. A propósito de lo que comentas, nos vemos obligados a explicitar que escribir (comenzar y culminar) una novela es muy difícil. Alrededor de este blog hemos creado una comunidad cibernética con inquietudes literarias a flor de piel, y muchos de estos compañeros concluyen historias largas de forma periódica. Y en este rinconcito nos quedamos alucinados ante tamaña productividad, porque existen mil cosas que pueden salir mal e impedir concluir una novela, y eso sin entrar a valorar la calidad literaria o la carencia de la misma.
      Se puede ser buen redactor pero incapaz de sacar adelante una historia al no conseguir que rompa por ningún lado, se puede ser un volcán inagotable de ideas y verse incapacitado para culminar una historia al sobreponerse una nueva idea sobre otra nueva idea sobre una nueva idea más y nunca estar conforme, se puede perder el control de la historia y decidir no someterte a ella, se puede perder el interés en la propia historia y abandonarla simplemente porque ya no te motiva… Lo dicho, generar una novela nos parece harto complicado, y en nuestro mismo caso solo lo conseguimos en su momento porque éramos dos, y no se trataba solo de que uno podía empujar al otro cuando el colaborador se atrancaba por su propia problemática, sino que abandonar la historia significaba abandonar no ya tu aspiración literaria, sino también la de un amigo.
      En fin, que estamos de acuerdo contigo: que no resulta nada sencillo culminar algo largo.
      Gracias por pasarte, esperamos que disfrutes la visita.

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  4. Hola, saludos desde este mi universo paralelo, del otro lado de mi teclado. Comprendo perfectamente lo que narras: cuando los personajes se rebelan no queda otra cosa por hacer más que seguirles el paso. Atrapar las ideas de prisa, antes de que vuelvan a recluirse en el ostracismo y nos abandonen, porque son temperamentales y, si se frustran, nos dejan tirados a nuestra suerte.

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    1. Por lo que vemos, somos muchos los que parimos rebeldes literarios y vamos a su rebufo. En nuestro caso, por fortuna, el insurrecto tenía carisma y argumentos para rato, por lo que su sublevación, aunque enervante, resultó beneficiosa para la obra. Si todos los motines llevan a buen puerto, acabaremos brindando por esos indisciplinados.
      Gracias por pasarte, Irene. ¡Un saludo!

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  5. Pingback: Coma reversible – Las crónicas del Otro Mundo

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