Diario de cuarentena: epílogo

Todo lo bueno se acaba, pero el diario de cuarentena también. Antes de arribar a la arrojadiza cifra de cien días enclaustrados, han decidido liberarnos del (primer) confinamiento y ahora “disfrutamos” de una nueva “normalidad” en la que no se nos puede olvidar utilizar mascarilla y comillas. Después de esta dura prueba de convivencia privada y escarnio público debería poder decir que, tras todo lo vivido, entiendo mejor a la murciana. Pero qué va, para qué vamos a engañarnos: se han agotado las páginas del diario y sigo aguardando la opción de murciano en Google translator. Pero eso ya son cosas mías, así que procedemos a dejaros con el epílogo:

CUARENTENA. DÍA 94
¿Recordáis el libro que no podía devolver a la biblioteca? (Véase Vol. II, Día 19… si quedan fuerzas, porque queda lejos). Sí, ese libro que había sacado prestado de la biblioteca, que había terminado de leer, que NECESITABA devolver porque este no era su lugar, sino la biblioteca, pero la biblioteca estaba cerrada, y su mera presencia en mi hogar confinado me ahogaba, me asfixiaba, me estrangulaba, porque no estaba en su sitio, en su hogar, con sus amiguitos.
Pues la biblioteca ha vuelto a abrir.
Y ahora ya no me da la gana devolverlo.
Me he pasado al lado bibliotecario oscuro.

CUARENTENA. DÍA 95
Me he pasado tanto tiempo aludiendo a mi barba de tres meses, pero tanto, que me acabo de dar cuenta de que no llevo barba de tres meses, sino de cuatro. ¿Y sabéis qué?
Que no me queda bien.
Quizá si me la tintase de platino…

CUARENTENA. DÍA 95 (Cont.)
Tras conocer de forma indirecta mis intenciones cromáticas sobre el vello facial, la murciana me ha presentado una concisa exposición de los hechos, pero no de los presentes, sino de los venideros, que venían a indicar que no me voy a tintar la barba de platino ni de ningún otro color y que cuando sea padre comeré huevos pero seguiré sin tintarme la barba de platino ni de ningún otro color. Siendo testigo del proceso, he de añadir que, cuando a la susodicha le interesa que comprenda pormenorizadamente sus requerimientos, no emplea vocablos tales como jerimoje, espiscar o zarangollo, sino que emplea un léxico que consigue que se le entienda todo todito todo (y a la primera).
No voy a negar que ya sospechaba yo algo sobre eso…

CUARENTENA. DÍA 97
Tengo una pregunta para todos los enteradillos que, a la noticia de que la murciana se había puesto a pintar una habitación (véase día 66), les faltó tiempo para contestar que se encontraba en estado de buena esperanza. A ver: si partiendo desde ese momento la susodicha ya lleva pintadas dos estancias de la casa y registra en su haber la sustitución de numerosos apliques, iluminación, espejos, barras y cortinas, ¿cuántos niños se supone que vienen en camino, diecisiete? ¿Llegan todos con un pan bajo el brazo? ¿Me da para montar una panadería con lo que traen?
Más les vale llegar con ese pan cada uno si quieren comer, porque yo para más de dos no cocino…

CUARENTENA. DÍA 98
Por lo visto, Amazon sabe que para muchos las secuelas de esta cuarentena supondrán momentos financieros duros, pero dicha multinacional no está dispuesta a que desatendáis vuestro apetito cultural. Debe ser por eso que, al visitar esta mañana su enlace de venta de LCDOM, he comprobado que ha rebajado el desmesurado importe de su versión digital un total de ¡12 céntimos! ¡Así, sin avisar ni nada! Si sois tan escépticos como nosotros y pensáis que es una rebaja de mierda (malsonante, pero muy necesaria expresión para el caso), Amazon nos aclara que estamos mal informados, porque en la columna de la derecha nos avisa que, respecto al precio del libro en papel al que nadie ha dado vela en este entierro, descontando los 12 céntimos nos ahorramos el 51% del importe. ¿LCDOM a menos de la mitad de precio y no sois capaces de adquirirlo? ¡Ratas, que sois unos ratas! ¡Que no entendáis la rebaja no significa que no tengáis que ser estafados por ella! Además, siempre podéis reinvertir esos doce céntimos en chipirones, no sé qué más se puede pedir…

Ofertón cultural
Vuestro tatarabuelo, con 12 céntimos, salía de fiesta los sábados.

CUARENTENA. EPÍLOGO
Si algo podemos sacar en claro de mi trayectoria literaria es que me gustan los epílogos más que a la murciana los paparajotes. De hecho, para ‘Las crónicas del Otro Mundo’, entre los dos autores redactamos dos o tres epílogos distintos (no tengo claro cuantos, puesto que esa obra es anterior a la cuarentena y los recuerdos de aquel periodo son vagos y confusos). Lo cierto es que me siento especialmente orgulloso del epílogo de una novela concluida pero aún inédita (quizá lo sea toda la vida, es lo que hay) en el cual una caridina japónica de acuario que es tocaya del Lute (o sea, la gamba Eleuterio) aspira a convertirse en capo de la mafia tras una charla con un superhéroe cuyos poderes vienen a resumirse en correr mucho sin cansarse y tener aptitudes para ocupar un sillón de la RAE, cuyo alter ego humano, bastante alelado, desconoce la existencia de tamaño titán, puesto que este aparece nada más cuando su personalidad primigenia está durmiendo, y solo sospecha que le ocurre algo raro porque algunos días se levanta con muchas agujetas.
Sí, ese es el nivel de mis epílogos…
Sea como fuere, la característica común de los mismos estriba en que los protagoniza un personaje secundario de la obra, y se desarrollan de forma que clarifiquen flecos sueltos de la historia que ya se daba por finalizada. Y dado que hoy estrenamos el fin del estado de alarma y, por tanto, del (primer) confinamiento, lo cual implica que esta es la última página del diario de cuarentena, toca epílogo centrado en personaje secundario. Como estaremos todos de acuerdo en que la protagonista absoluta ha sido la murciana y en segundo lugar su incomprensible jerga, el estrellato del epílogo le toca al eterno antagonista: ¡el menda! Así que allá va:
Cuando era niño me desconcertaban mogollón de realidades a mi alrededor, como que la canción de David el Gnomo se pavonease de que era veloz cuando estaba claro que el que corría que se las pelaba era su zorro, y el enano ese no era más que lastre. Sin embargo, si hubo una composición musical que me trastocaba todos los esquemas, esa fue ‘El patio de mi casa’. Con la globalización hemos aprendido que en los diferentes países se canta con letra distinta, incluso difiere entre zonas de la misma nación, pero la que disturbó mi infancia es la que importa, que para eso el epílogo es mío. Empezaba fuerte: “El patio de mi casa es particular, cuando llueve se moja como los demás”, con lo cual una de las dos aseveraciones era mentira, porque o bien es extraordinario o bien es como los demás, pero no ambas, y todo el mundo lo cantaba como si tuviese sentido. Claro, de niño comprendía la acepción de particular como singular, pero no como propiedad, y con toda lógica, porque hasta que no creces no te imbuyen el concepto de la propiedad privada, sino que “compartir es vivir, compartir chupi”, hasta que te haces lo suficientemente adulto para votar, momento en el cual te bombardean con que “compartir es comunismo, compartir caca”. No obstante, centrándonos objetivamente en mi concepción infantil del mundo, podemos afirmar que la canción estaba compuesta para aturdir a los nenes que pretendían entenderlo. Continuaba espoleando a los oyentes a que se agacharan varias veces porque “los agachaditos no saben bailar”, y os juro que no podía entender porque nos exhortaban a realizar una acción que menguaba nuestras potenciales aptitudes, mientras se suponía que los esfuerzos de los adultos que nos cantaban dicha canción iban normalmente orientados a estimular nuestra capacidad. Y eso lo entendía casi tanto como lo de “chocolate, amarillo, corre corre que te pillo”, aunque eso debe ser porque la letra que me enseñaron decía ‘molinillo’ y yo la transformé mágicamente en ‘amarillo’: si hubiese escuchado molinillo desde el principio, toda la letra tendría un sentido descomunal, ¡por supuesto! Así que ese error me lo atribuyo yo, tranquilos. Por último, porque la canción era como Rocky Balboa, que empezaba fuerte y terminaba fuerte, decía “estirar, estirar, que el demonio va a pasar”. Claro, fuera de contexto no tiene fuste, tienes que conocer la coreografía para saber cómo estás estirando, y una vez lo sabes, se ve que lo entiendes. Empero, yo, no ya de pequeño, sino a día de hoy, sigo sin entender nada de nada. ¿Se estira para que el demonio pase (de largo, quiero decir) o para que no pase? Al estirar según la coreografía, ¿qué cojones es lo que impide que el demonio se inmiscuya, o fluya hasta pasar de largo, según deba hacerlo? Al cuarentón del epílogo no entenderlo le da lo mismo, pero para el mozalbete que no comprendía nada de nada era la guinda del pastel, lo que le demostraba que nada en el mundo tenía lógica para él mientras el resto pillaba al vuelo el trasfondo de la melodía. Tampoco se puede decir que, comprendiéndola correctamente, la tonadilla tenga mucho sentido, pero cuando un chiquillo intenta comprender las cosas y toda la información es contradictoria, sus hemisferios cerebrales implosionan y, bueno, pues igual al final el chaval no sale tan bien como debería… y así me he quedado yo, escribiendo epílogos en los que dialogan la gamba Eleuterio y SuperPiojo.
Fin del epílogo. ¿Qué flecos de la historia original, es decir, del ‘Diario de cuarentena’, se clarifican con este colofón? Pues, básicamente, que durante todo el confinamiento os he hablado largo y tendido de todo lo que he tenido que aguantar yo con la murciana y sus idas de olla, pero tras esta conclusión os habréis dado cuenta de que ella ha tenido que lidiar con un personaje que igual no se lo habrá puesto demasiado fácil para mantener la salud mental… ¿A que no os lo imaginábais todavía?
¡Hasta la próxima cuarentena, amigos!

En capítulos anteriores:

Diario de cuarentena (I)

Vol. II

Vol. III

Vol. IV

Vol. V

Vol. VI

Vol. VII

En fin: como diría el malogrado James, this is the end.

27 comentarios en “Diario de cuarentena: epílogo

      1. “Molta Forza e coraggio per affrontare questi tempi difficili” che purtroppo stanno ritornando dopo un brevissimo intervallo in tutta Europa.
        Temo che ritorneremo a una forma di chiusura pericolosa perché nel frattempo ci sono molti nuovi poveri arrabbiati essenza risposte.
        Governi incapaci di produrre idee.

        Ti abbraccio forte 💖

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    1. Es que a la murciana no hay quien la entienda en ningún sentido (sí, también lo reconozco), pero como os queda lejos le pilláis cariño y a mí tirria. Con el fin del diario supongo que eso no va a cambiar, así que me dedicaré a no entenderla yo solo y que sus vocablos se pierdan como lágrimas en la lluvia. No es tan mal plan, porque ahora cuando me agobie con su jerga marciana puedo fugarme a la calle un rato.

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  1. Me lo estaba barruntando… la murciana ha tenido que aguantar también lo suyo. Porque recordarnos en un epílogo todas las canciones de la infancia es de alguien raro y un poco cabroncete, porque ¿quién no quisiera volver a aquellos tiempos? son las mismas canciones que yo cantaba y ya voy por la sesentena, se las enseñé a mis dos hijos y después a mi nieto Iker. Echo en falta una que canto con Iker cuando vamos a pasear a la perra: “ahora que vamos despacio vamos a contar mentiras…” como si no aprendieran ellos a decir mentiras sin que se lo digan en una canción.
    Que me he divertido mucho con tu diario y que puedes hacer algún otro, pero sin cuarentena ¡por favor! con una ya hemos tenido bastante. Y qué ¿hay niño o no? porque no habrá sido por falta de tiempo y para eso hay un idioma universal…
    Un abrazo.

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    1. Mira, seguido otro comentario de Estrella sin responder, si es que no tenemos vergüenza en el Otro Mundo…
      A ver, si como dices cantamos exactamente las mismas canciones, las mismas letras sin variar un ápice desde el siglo pasado, para mí el quid de la cuestión es: ¿acaso ningún otro niño se cuestionaba aquella canción? ¿Tenía sentido para todos los demás? ¡Seguro que no! Pero, entonces, ¿por qué nadie más lo dice? Las personas que no le encuentran sentido, ¿también las siguen transmitiendo a sus retoños como si nada? Por menos de esto, hay quien se ha hecho rico desmontando conspiraciones, no digo más.
      Voy a darte la primicia que todos sabemos: no hay niño. Si hubiese niño, a medio plazo tendría que cantarle ‘El patio de mi casa’, y en casa no estamos preparados ni para que yo me traumatice al cantársela al churumbel, ni la murciana para ver como yo traumatizo al pobre primogénito explicándole que no hago más que entonarle sinsentidos.
      ¡Otro abrazo!

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  2. Sos el Darth Vader de las bibliotecas, los libros tiemblan ante la mención de tu nombre y los bibliotecarios se ponen a la defensiva cuando pones un pie en el recinto, estás marcado. Y se pasarán el dato entre ellos “El de la barba de platino, no le prestes libros”

    ¡Gracias por el diario! Lo bueno llega a su fin, me he reído mucho. Ah, y por último ¡vivan los epílogos! jaja
    Saludos 🙂

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    1. Tranquilos todos: el libro ya está donde tiene que estar, puesto que no me conviene llevarme mal con la biblioteca… por la cuenta que me trae. Además, tampoco hay barba platino, ni siquiera barba: cuatro meses de vello facial desperdiciado para darle una sorpresa a la murciana por su reciente aniversario (intuía yo que le haría ilusión lo de afeitarme por eso del ‘¡Zas! Fuera ¡Zas! Fuera’; así de adivino soy).
      ¡Nos vemos en el próximo epílogo!

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      1. Me alegra que lo devolvieras, ya pueden sacar los carteles de “Buscado” con tu foto de las bibliotecas.
        Ahh, a veces hay que hacer sacrificios…faciales. Todo sea por la felicidad de la murciana. Saludos 🙂

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  3. 1ºTengo el libro.
    2º Lo he leído.
    3ª Incluso reseñado.
    4º Esa rebaja por tanto huele a traición danesa.
    5º Sí como en Hamlet. releído por causa del cierre de la biblioteca.
    6º Peor aún, llamaron de la bobiloteca para decir que llamarían de nuevo para data la fecha de devolución.
    7º Aún sigue la media docena de libros okupando plaza en el orejero.
    8º El patio quedó hecho un primor.
    9º No se pintó nada por escasez de material. Aún sigue oculto en la cuadra, bajo una pila de trastos.
    10ª O espinela. La próxima cuarentena en verso por que me sale de…la vena gallega.
    Un abrazo.

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    1. Esto no es un comentario, sino una obra literaria. Lo digo completamente en serio, y de hecho hay autores que han confeccionado obras enteras a base de retales que no son ni la mitad de artísticos, claro que para conseguir eso tienes que tener enchufe en Planeta o Penguin.
      Uno de los ‘likes’ más merecidos para tu comentario y el deseo de que esos libros prestados regresen a la biblioteca algún día, si es que los dejan. ¿Querrán deshacerse de ellos y aún no te lo han dicho?
      ¡Abrazos!

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