Diario de cuarentena vol. V

Volumen V, brama el título que acabo de escribir… Si segundas partes nunca fueron buenas, lo de llegar a la quinta indica claramente la necesidad de jubilar el diario. Y así lo espero, de verdad os lo digo: ya estoy harto de entender y al mismo tiempo no entender a la murciana y que todo el mundo lo sepa, pero el mundo no lo sabría si yo no lo dijera, pero entonces voy yo y lo publicito, así que mi test de inteligencia debió dar negativo o algo parecido. Sea como fuere, para futuros investigadores que quieran conocer cómo nos volvimos locos los habitantes de esta vivienda, aquí tienen su entrada a los inicios y sus correspondientes secuelas II, III y IV.

CUARENTENA. DÍA 52
Ya está. La hemos perdido.
La murciana se ha descargado el Angry birds en su móvil, y ya se ha acabado todo. Ahí está, tirada en la cama, conectada a un móvil sin despegarse un ápice de su recién estrenada ludopatía, aunque el reciente estreno va ya por 72 horas… Solo despierta de su letargo la chica que yo conocía (pero a la que no entendía un pijo cuando hablaba, claro) cuando otro murciano la llama al teléfono para decirle “hola, soy otro murciano, hazme caso”, y ella se lo hace. A mí ya ni me mira, puesto que solo tiene oídos para murcianos distantes y ojos para pájaros cibernéticos cabreados. Adiós a nuestras charlas incomprensibles para los tímpanos humanos, adiós a investigar juntos el hierro de las lentejas, adiós a aunar esfuerzos para crear un diccionario murciano·español/español·acho, adiós a formar una familia…
No, exagerados vosotros.

CUARENTENA. DÍA 53
Sabía que la cuarentena podía afectarme a nivel psíquico. Sabía que la cuarentena podía afectarme a nivel físico. Pero no sabía que la cuarentena podía afectarme a nivel capilar.
No, no me estoy quedando calvo (más quisierais algunos, ¡so envidiosos!): la raya del pelo me ha cambiado de lado, lo juro por los pájaros cabreados del móvil de la murciana. Ella sola, sin preguntar, sin más. Anteayer estaba en un lado y ayer, al secarse el cabello, se cambió de sitio. Una vez es casualidad, pero hoy lo ha vuelto a hacer, así que se ha convertido en un patrón. ¿A mi pelo le ha afectado psíquicamente la cuarentena? ¿Puede tener problemas mentales el pelo? ¿Mi pelo necesita terapia? ¿Ahora tengo que peinarme siempre hacia este otro lado, o debo asumir que mi pelo solo está pasando por una fase rebelde? ¿Me afectará a mí mentalmente cambiarme la raya de sitio?
Vosotros os reíais cuando dijeron que las peluquerías eran de primera necesidad, pero yo ahora tengo un trauma de color castaño. Bueno, el trauma lo tiene él.
Creo.

CUARENTENA. DÍA 54
Ayer la hipótesis era que mi pelo tenía un trauma. Hoy la hipótesis es que lo tengo yo. ¿Se irá extendiendo de arriba hacia abajo? ¿Mañana tendrá un trauma mi cuello, y pasado el hombro izquierdo? No estoy en condiciones de aseverar futuras idas de olla, así que os comento que, probablemente, sufro el síndrome de Estocolmo. Por lo visto empatizo con mi captor, con el que me ha tenido secuestrado todo este tiempo, alias coronavirus, y, aunque deseo mi liberación, a nivel subconsciente le mando mensajes de ánimo a través de mi atuendo. Solo así se explica que, de las dos veces que he salido a pasea… a hacer deporte (no como la gente mayor que sale a pasear), una llevase una camiseta que rezaba “Matar a todos los humanos”, y la siguiente ocasión llevase en la zamarra de mi equipo, en pleno escudo, al murciélago que, cual relaciones públicas, ha repartido el virus entre el nuevo público humano (no olvidemos que el dueño del Valencia “es chino”. Aunque sea de Singapur, que le pilla retirado, pero todos dicen que es chino). No miento, aporto las pruebas pertinentes. Síndrome vírico de Estocolmo, claramente.

CUARENTENA. DÍA 54 (Cont.)
Sí, ya sé que lo que vosotros queréis de este diario son historias de la murciana, pero ya os dije que la hemos perdido. Está enganchada al juego del móvil y solo se despega de la pantalla para comer lentejas y, cuando se queda atascada en un nivel, pedirme que se lo pase yo. Y sí, también sé que, si yo fingiera no saber superar dicho nivel, ella se aburriría del juego antes y volvería a la vida, a hablarme en su idioma, a hacer manitas (y más lentejas) y cosas así, pero como soy tonto y prefiero que ella sea feliz aunque no sea conmigo, voy, le paso el nivel, le devuelvo el móvil y observo como se vuelve a alejar de mí, una vez más, perdiéndose paulatinamente en un mar de pixels de colores…
Estoy hecho un mártir.

CUARENTENA. DÍA 55
Los animales han empezado a extinguirse por partes. Según un riguroso estudio propio en el supermercado de al lado, los cerdos han comenzado a nacer sin chorizo embolsado desde hace mes y medio. Cuando se extinga el jamón serrano vais a saber lo que es una verdadera crisis, y no la tontería esta del confinamiento.

Cuña publicitaria. Día 56

Elche, mayo de 2020. Tras ser un ejemplo de baja mortalidad durante la pandemia, con menos de un 0,20% de contagio, la ciudad permanecerá en la fase 0. Nadie encuentra la relación entre no pasar a la fase 1 y el repunte de contagios y casos en la UCI en las últimas 24 horas ocurrido (fíjate tú, qué casualidad) casi dos semanas después de dejar salir en tropel a los niños a chupar farolas y otros niños. ¿Cuál será la oscura e ignota razón por la que el gobierno nos quiere encerrados en Elche?
Para otras distopías de difícil razonamiento, aquí van nuestras recomendaciones literarias de fin de semana en fase 0:

CUARENTENA. DÍA 58
¿Recordáis cuando, al principio del diario, lo único que sabía narrar era lo raro que hablaba la murciana y lo poco que entendía a la murciana y la de cosas absurdas que hacía la murciana? Pues ahora, mientras yo estoy enclaustrado en casa, todos los murcianos están paseando dando saltos de alegría, jugando a las palas en la playa, jugando con sus amiguitos a juegos en los que todos ganan, comiendo chipirones gratis o montados en sus unicornios alados (o así es como nos imaginamos los que vivimos en zonas que permanecen en la fase 0 lo que están haciendo ahora mismo los que ya están en la fase 1 de desescalada).
Lo de los unicornios me da igual, pero lo de los chipirones me revienta.

CUARENTENA. DÍA 59
Me voy a poner la camiseta de mi equipo para ir a hacer la compra porque me he dado cuenta de que esta es una de las mejores épocas para ser seguidor del Valencia CF. Os lo digo en serio, llevamos una racha de más de dos meses sin perder, y no recordaba nada parecido a lo que estamos viviendo (literalmente).
AMUNT VALÈNCIA!

CUARENTENA. DÍA 60
Tras sesenta días de confinamiento estimo que, si me tomo un cubata hoy, la cogorza me dura hasta la fase 3.
Desde un prisma económico, parece sensato.

CUARENTENA. DÍA 61
Ayer salí un rato a andar y creo que me he lesionado el aductor.
Repito: andando.
Pero no soy gente mayor.

CUARENTENA. DÍA 62
¡Grandes noticias! ¡Acaba de llegar la tan ansiada (por mí) carta del censo (para ella)! Este documento proclama que la murciana es vecina de Elche de pleno derecho, ilicitana de pro y, por tanto, exmurciana, lo que debe significar que a partir de hoy hablará en castellano (o, al menos, algo inteligible). Ya me lo imagino: al picoesquina le quitará el pico, a la pava la llamará coliflor, y al paparajote lo designará como “la masa frita esa a la que meten una hoja de árbol en medio que no se come porque no hay quien entienda a estos murcianos”. Por fin podré mantener conversaciones con la murci… perdón, con la ilicitana, y por conversaciones me refiero a charlas en las que yo entienda algo de lo que me dice.
Igual entenderla hasta revitaliza la relación, vete tú a saber…

CUARENTENA. DÍA 62 (Cont.)
Por alguna razón, mi teoría sin fisuras no ha funcionado. Aunque ya es oficialmente ilicitana parece seguir siendo murciana numeraria, o eso creo intuir a tenor de sus contestaciones, en las que sigue sin existir rastro de la letra ese. Además, más sintomático aún, no he entendido nada de lo que me ha dicho. Respecto a lo de revitalizar la relación, si algún día logro que se despegue de los Angry birds del móvil y me mire, ya os contaré qué tal nos va.

CUARENTENA. DÍA 63
Por lo que sea, la nueva condición de ilicitana de la murciana nos acerca a un irrevocable divorcio. Cuando yo le anuncio con ilusión que ahora es ilicitana, me responde con indignada vehemencia y una dicción impecable “y una mierda” (que para decirme eso sí que se le entiende todo, sí), porque ella es murciana y punto. Asimismo, dicha repudia con tanto asco de la misma condición que yo comparto, como buen aborigen ilicitano que soy, me indigna a mí más de lo que me gustaría admitir (que no sabía yo que calificar a alguien de ilicitano pudiese constituir una deshonra, fíjate tú: ni que le hubiese dicho que es de Alicante…).
En fin, que voy a ir ensayando la firma para estar preparado cuando lleguen los papeles del divorcio. Realmente, no sé cómo fui tan iluso y creí que ser ilicitanos no nos convertiría en tragedia. ¿Acaso Romeo y Julieta no eran vecinos?

CUARENTENA. DÍA 65
Dicen que hemos pasado a la fase 1. Pues no me lo creo. Para mí solo existe una fase 1 por antonomasia y lo que hay en la calle no se parece en nada a ella.
Otra que me intentan colar los medios…

29 comentarios en “Diario de cuarentena vol. V

  1. Cuando acabe la cuarentena, ojalá se inventen otra pandemia para no perder esta. Las crónicas son rematadamente divertidas. Uno se pierde en tantas locuras que que voy a terminar envuelto en unas de ellas. Voy a ver si hablo con el “zombi” Fernando Simón para extienda la cuarentena hasta fin de año porque te sale, sin más ni menos, otro libro.
    Saludos desde Chile,
    Manuel

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    1. Pues muchas gracias por lo que me toca, aunque creo yo que hablar con Fernando Simón para prolongar el tema no sería productivo: debe ser la persona con más ganas del mundo de no volver a ver un micrófono y una cámara en su vida.
      La verdad es que la idea original era jubilar el diario a la primera, pero siempre pasaba lo mismo: la murciana hacía una cosa más que digna de mención, y yo tenía la opción de reventar por dentro o reabrir el diario. Y lo ha vuelto a hacer… mucho me temo que, más o menos escueto, pero existirá volumen VI.
      ¡Un saludo ilicitano!

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    1. Pues muchas gracias por la parte que nos toca, la de darle una oportunidad a LCDOM. Ahora a esperar a que reabran la biblioteca y corriendo a por el libro que te falta. Yo, al menos, estoy deseando que vuelvan a estar operativas porque sigo teniendo el ejemplar prestado que devolver a la biblioteca y cada vez que lo veo… ¡bufff, es que no puedo! ¡Que su hogar no es aquí, sino al lado de sus amiguitos con tejuelo!

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      1. jajajajajajja….ese es el que no tengo yo!!! Sí, supongo que ya vamos a mejor en algunas cosas, a peor en otras…pero debe ser lo que teine sufrir una pandemia….es la primera que he vivido y creo que el mundo occidental ha recibido una bofetada de aupa en su orgullo….si es que ha sido un virus de forma espontánea, que yo ya nomecreocasinada…como rezaba mi primer blog….y me gustó vuestro libro, felicidades!!!!!

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    1. Buffff… Dos rayas que cambian de lado constituyen un patrón, y como se sume alguna más implicará una conspiración muy clara. ¿Será un experimento sobre variación brusca de la lateralidad? ¿El objetivo final es que un día los diestros se levanten zurdos y los zurdos se levanten diestros? ¡Sería el caos! Vamos a tener que estar muy atentos a la evolución de nuestra anomalía capilar, para alertar a la población si es necesario. El futuro está en nuestras manos… y nuestros pelos.

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    1. Puede que sí, pero… ¿por qué quedarnos ahí? En un templo, digo: construyamos una ciudad de papel higiénico, una metrópolis de celulosa erigida por rollos apilados donde no falte un majestuoso templo para adorar al Dios Scottex.
      Preferiblemente en un lugar donde no llueva, porque, como se nos moje la urbe… que Scottex nos pille confesados.

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  2. Hola, ¡muchas gracias por este diario de cuarentena! Me he reído mucho y me he sentido identificada con el dilema de tener un libro de la biblioteca y no saber qué hacer con el. Flavia de Luce protagonista de una serie de libros del mismo nombre tiene una bicicleta que se llama Gladys, asique todo ok conque tu auto/coche se llama Jocelyn.
    Si te escuchar Libre de Nino Bravo en plena cuarentena te pone un poco mal, yo siento una gran envidia viendo películas donde la gente puede andar afuera ¿qué me has hecho cuarentena?
    Me alegra saber que se encuentran bien, intentando sobrellevar esto lo mejor posible. Saludos 🙂

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    1. La buena noticia es que ya han comenzado abrir varias bibliotecas por aquí, así que más pronto que tarde mi libro prestado podrá retornar a su hogar. Por otra parte, ¿sentirá dicho libro el síndrome de Estocolmo? Si lo devuelvo, ¿extrañará a su captor? Esperemos que no, que tan solo sienta deseos de regresar a su estantería original…
      Ánimo con esas películas que te hacen padecer tal frustración, esperemos que este problema global desaparezca pronto y podamos dar envidia nosotros a esos malditos largometrajes. ¡Un saludo!

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      1. Jajaja, para colmo me traiciona ya no puedo confiar en mi gata. He optado por el cine y series de animación que no me provoca frustración que anden por ahí saltando por la pradera XD. Saludos de vuelta 🙂

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  3. Pingback: Diario de cuarentena vol. VI – Las crónicas del Otro Mundo

  4. La cuarentena tiene efectos perniciosos, no es solo la raya del pelo, yo me he dado cuenta que se me riza mucho más, si tardamos mucho en salir va a parecen que he nacido en la sabana africana y que soy una negra albina…
    ¡Qué pena que se te haya ido la murciana, en alas del móvil a recorrer mundo! has de hacer algo para recuperarla, sobre todo ahora que ya es ilicitana, aunque sea a su pesar. Y del divorcio, ná de ná, me cae muy bien tu murciana.
    Abrzos y me voy a tu VI entrega…

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    1. Pues no he hecho referencia en el diario, pero ahora que me ha crecido un poco más el pelo, la raya ha dado un nuevo golpe de timón y ha decidido establecerse en el centro. No sé si su traslado será definitivo (yo de esta raya ya no me creo nada), pero creo que ya me he acostumbrado.
      Lo de que la murciana ya es ilicitana está clarísimo, pero no lo digas muy alto, que se quede entre nosotros: como sabes, a ella no le sienta muy bien, pero no por ello voy a dejar de creerlo.
      Aunque sigue hablando igual de raro, también te digo…

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      1. Me da a mí que dicha solución no conseguiría sino redundar en el problema, porque entonces no la entendería ni a ella ni al otro murciano que también me hablaría en ídem. Se pondrían a hablar entre ellos porque entre ellos se entenderían y ahí seguiría yo, preguntándome qué estarán diciendo, si se estarán riendo de mí, si no acabarán gustándose…
        Casi mejor busco otra solución.

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