Diario de cuarentena vol. IV

A estas alturas de la cincuentena, tontería tiene que os explique qué es esto del diario de cuarentena que va germinando en esta bitácora del Otro Mundo. Os voy a enlazar para que no os perdáis, o por puro vicio, el diario original (cuando todavía parecía cuerdo), la inexorable secuela en la que empecé a echar de menos los chipirones (lo cual no entiendo muy bien lo que expresa sobre un estado mental) y una tercera entrega en la cual decido transformarme en mariposa (lo que sí habla muy a las claras sobre mi salud psíquica, pero en casa hemos optado por obviar el tema dado que aún tenemos que vernos las caras durante un tiempo y hemos preferido llevarnos bien). En fin, ahí va la última remesa:

CUARENTENA. DÍA 38
Esta mañana me he dado cuenta de que la cuarentena ha arrancado de cuajo dos de las bandas sonoras casi diarias de mi vida. Ha sido al despertarme y darme cuenta de que ni había escuchado la sirena del colegio contiguo, ni la iba a escuchar. Digo “sirena” igual que podría decir “tirar de la cadena del wc”, porque la sirena de ese cole, al igual que las cadenas del váter, se extinguió, y toda una generación de niños viven descolocados cada vez que reflexionan detenidamente “¿Dónde está la cadena esa que dice papá, dónde? ¿Es la que sujeta el tapón del sumidero? ¿Tengo que tirarla al váter?”. En esta escuela, en lugar de un pitido estridente, colocan fragmentos de canciones. Normalmente varían, aunque el año pasado se les fue de las manos el feminismo y pusieron durante los 12 meses el mismo cachito de Rozalén. 12 meses, 5 días a la semana, 6 o 7 veces al día. No obstante, al comenzar 2020 sonó el invierno de las 4 estaciones de Vivaldi, y creía que cuando empezase la primavera, sonaría la ídem. Pero no, no suena nada, ni la música, ni la sirena, ni los niños, ni la cadena del wc porque no existe tal cadena (y creedme cuando os digo que tirar la cadenita que sujeta el tapón tampoco apaña nada, y más vale que no os vea ninguna huertanica hacerlo).
Y el otro sonido que ha desaparecido es la tos de la murciana. Vale, no es que tosiera 24 horas al día, 7 días a la semana, pero tampoco negaría yo que día sí-día no. No obstante, la primera vez que bajó a comprar esta cuarentena, me dijo “me han dado unas ganas de toser que no te imaginas, menos mal que he podido aguantarlas”, con toda la razón del mundo, porque en aquella época (¿hace 30 días o 30 lustros ya?) toser equivalía a admitir que eras un leproso y te podían lapidar, desnudar en la plaza del pueblo y pasearte mientras te gritaban “¡Vergüenza!”, etc. Pero no, la murciana no tosió: se adaptó al medio como exigen los dictados de la evolución y no tosió. Lo que vengo a afirmar es que no ha vuelto a toser nunca más. No sé si debido al susto o que se ha pasado de frenada en su adaptación al medio, pero, oye, que ni un mísero “ejem” desde hace treinta días, y me he dado cuenta esta mañana. Llevo casi 12 horas finiquitando la hipótesis y así es: la murciana se ha adaptado a la cuarentena eliminando de su comportamiento humano la tos. Puede que haga un último experimento espolvoreando canela y Cola·Cao por toda la casa, pero, de momento, no tose. Si eso no es adaptación al medio, si eso no es evolución, que venga Darwin y lo vea.

CUARENTENA. DÍA 39
Mi coche sigue vivo, aunque parece que tampoco le convence demasiado la idea. He bajado al parking para comprobar si la batería seguía funcionando, y, al darle al contacto, el sonido efectuado, traducido a idioma humano (no murciano, para que lo podamos entender todos) ha sido algo parecido a “bueno, mira: me voy a encender porque, a fin de cuentas, es lo que me han adiestrado a hacer, pero tampoco te creas que me apetece mucho el tema. A ver, cómo se hacía esto… espera… vale, ya me acuerdo. Brum”. Y sí, ha arrancado. Lo ha tenido que reflexionar, pero lo ha hecho. Otra posible interpretación del sonido del motor puede ser “no pierdas el tiempo conmigo, yo ya estoy perdido. Déjame y sálvate tú”, pero es mi Jocelyn (sí, mi coche tiene nombre, ¿qué pasa?) y además es mi amigo (sí, eso también). ¿Cómo iba a abandonarlo? Que si estuviese en plena calle ya lo habría hecho, pero el permanecer algo más resguardado le ha dado una última oportunidad. Pero última última, que no lo he visto yo con muchas ganas de sobrevivir… ¿Será el covid19 el responsable de la muerte de mi coche? ¡Pues joder con el murciélago, cómo ha afinado el virus en tema salto interespecies! ¿Qué será lo próximo, la tostadora?

CUARENTENA. DÍA 40
Hoy le he dicho a la murciana que deberíamos tener un hijo. En ese momento me ha puesto una sonrisa picarona, y, como a esta chica me la veo yo venir de lejos (en concreto 60 kilómetros, de aquí a Murcia), le he aclarado que no, que no me refiero a engendrarlo, sino a que debería parirlo entre hoy y mañana para que el lunes le tengamos hecho el rodaje y podamos salir a pasearlo, que a partir de entonces ya nos dejan.
Váyase usted a saber por qué me ha mirado raro, pero, después de cuarenta días, ya estoy más que acostumbrado.

CUARENTENA. DÍA 41
¿41? No, no, no, game over. ¡Game over! Cuarentena viene de cuarenta, y cuarenta y uno se pasa de cuarenta. ¡Lo dice la palabra, la cuarentena se ha acabado! Esto no era lo acordado, ¡que nos devuelvan el dinero! Que me den el teléfono del murciélago, que se lo voy a explicar yo bien explicado.
Vamos, ahora mismo me encuentro con Batman, ¡y lo reviento!

CUARENTENA. DÍA 44
Que si soy un niño grande, que estoy hecho un zagalico, que si soy un crío… Sí, la murciana cada dos por tres me está diciendo que soy como un niño, pero ¿creéis que ayer me dejó salir a la calle con el resto de los chavales? ¡Nooooo! Porque según ella para lo malo soy un mañaco y un niñato (que es mentira, por eso bota, rebota y en su culo explota), pero para aprovechar las ventajas de mi tierna edad (mental) no soy válido. Pues esta afrenta se la va a comer con patatas (aunque hoy tocaba arroz), porque puedo demostrarle lo tierno infante que soy y, de paso, restregar una efemérides literaria ilicitana al mismo tiempo.
Hoy hace exactamente un año que ganamos (mi tía Tere y yo) el III Certamen Literario Raval d’Elx. Y, como demuestra la imagen, si no fuese un niño ¿acaso podría celebrar un galardón en un escenario cuya pancarta reza “Gatetemon”? ¡Jaque mate, murciana! No te queda más remedio que sacarme a pasear.
Bueno, ahora no, que está lloviendo, pero tú ya me entiendes…

Gatetemon teloneros

CUARENTENA. DÍA 46
Buas, las ganas que tengo de fugarme de aquí para jugar una pachanga al fútbol no se las cree ni Fernando Simón, y ya podéis imaginar si ese hombre se cree las ganas que tiene la gente de hacer cosas que él contraindica. De esta cuarentena me veo saliendo y fundando una sociedad deportiva para jugar el partido de rigor todos los sábados con otros acabados de la vida, es como si ya pudiese verlo: S.D. Las crónicas del Otro Mundo. ¡Pues no soy yo nadie! ¿Os acordáis de los paradones que hacía en mi etapa de portero? Yo tampoco, pero no hace falta para irme a jugar un rato mientras la murciana censura en silencio mi osadía y murmura para sí “se va a lesionar, si es que yo lo sé”. ¡Y yo también lo sé, pero déjame que me sienta vivo! Además, tengo un plan mediante el cual cada semana le toca lesionarse a un cuarentón distinto: “desescalada de lisiados” lo llamo. Básicamente consiste en que todo se va a quedar en papel mojado en la primera pachanga, porque habrá un repunte de lesiones y en menos de un mes nos habremos quedado sin jugadores útiles. Pero las ganas con las que voy a pillar ese primer (y único) partido… ¡ni Fernando Simón!

CUARENTENA. DÍA 48
¡Mañana nos dejan hacer deporte! Sí, también dicen que permiten pasear, pero como eso lo establecen para la “gente mayor”, los que nos negamos a envejecer (¿o era “a madurar”?) tenemos que luchar para que, al menos, parezca que bajamos a hacer deporte. Lo fácil sería vestirse de runner, pero paso, porque de pequeño la educación marcial me enseñó que “correr es de cobardes” y yo voy de macho por la vida (también me enseñó Miguel Bosé que “los chicos no lloran”, y debía saber de lo que hablaba porque, aunque ahora se parezca a su propia abuela, sigue siendo un chico). Así que lo más práctico va a ser disfrazarme de deportista. O sea, salir a pasear con las botas de multitaco para césped artificial de mis años mozos, y, para asegurar, con los guantes de portero, que estarán a su vez encima de los guantes de nitrilo. De hecho, puede que una tercera capa de guantes de nitrilo encima de los de portero tampoco venga mal. No creo que haga falta ponerme espinilleras, pero también se apuntan al paseo: todo sea por dar el pego. ¡Pues no soy yo deportista ni nada! Lo que no sé es de qué podemos disfrazar a la murciana. Supongo que si le ponemos el bañador y el gorro de ducha, podría pasar por jugadora de waterpolo.
Con tal de que sepan que somos deportistas y no gente mayor, a mí me vale.

CUARENTENA. DÍA 50
Solo han tenido que pasar unas cuantas décadas acompañadas de una pandemia mundial, cincuenta días de confinamiento y la expropiación de mi móvil por parte de la murciana con tal de viciarse a un juego que ella no se instala en su teléfono porque su religión se lo prohíbe (es decir, porque ella le tiene miedo a los pájaros y el juego es Angry birds) para que yo me viese obligado a revisar un clásico del celuloide: ¡Gremlins! Y una cosa os digo: ¡joder, qué sádico y gore era el cine familiar de los 80! En una misma escena, la madre del prota (no de la marioneta bonica, evidentemente, sino del actor que parece que se acaba de caer de un guindo) se ha encontrado con tres gremlins en la cocina: a uno lo ha triturado en la licuadora sin tapa ni nada, al segundo lo ha apuñalado en plan ‘Psicosis’ y al tercero lo ha metido en el microondas y se ha quedado mirando hasta que el bicho ha reventado. Cine para todo la familia, repito. La escena no ha escatimado en pulpa de gremlin desperdigada por doquier, que como se nota que ni la actriz ni el director tenían que limpiar después la cocina ni el microondas (comentario en honor a la jornada de hoy, Día de la Madre, porque es una frase muy materna), y me ha hecho pensar en cómo han cambiado los tiempos. Hoy en día, ante la misma película, aparecería una asociación a favor de los derechos de los Gremlins malos, campañas a favor de adoptar Gremlins en vez de comprarlos, y (sí, también) un afán propagandístico por cercenar los testículos de los mismos, aunque lo de esterilizar a estos bichos sea más complicado porque, con escupirles un poco, te germina una camada de la nada.
Y una última aberración: ¿os cabría en la cabeza que el grupo Camela hubiese plagiado la banda sonora de los Gremlins para dedicarle un tema a un Cristo? No, por supuesto que no… Pero, si aguantáis cincuenta segundos de canción, escucharéis la fusión entre Gremlins y tecno·rumba.
Ale, a ver si podéis dormir después de esto.

CUARENTENA. DÍA 51
Ahora que está toda la comunidad científica dale que te pego con el microscopio buscando ver cómo cosas que no se ven afectan a otras cosas que no se ven para que se curen las cosas que sí se ven, ¿os imagináis que, buscando en plan desesperado, descubren que dentro de las lentejas existe un componente que no se había descubierto hasta ahora, tanto por los adelantos científicos como porque nadie se había molestado en mirar las lentejas más de dos veces (la primera para descubrir que tienen hierro y la segunda para confirmar que, efectivamente, queda contrastado que tienen hierro)? ¿Os imagináis que descubren que ese componente de las lentejas, aunque muy inferior a su contenido en hierro, tiene la capacidad ineludible de anular todas las propiedades del hierro circunscrito en su lenteja? Es decir, quedaría anulada la excusa de que los niños tienen que comer lentejas porque tienen mucho hierro, y no habría ninguna otra razón para embutírselas a nadie que, simplemente, no le apeteciera un plato de lentejas ese día. ¿Implicaría esto el hundimiento definitivo de toda la cultura hispánica tradicional, o tan solo significaría que la cuarentena, ya cincuentena, me está afectando al cerebro de manera insospechada hasta ahora?

25 comentarios en “Diario de cuarentena vol. IV

    1. Pues, si me lo dices tú, ¡seguiré con el diario! Y no tiene nada que ver que en esta zona permanezcamos en fase 0 y siga sin salir de casa, sin tener otra cosa que hacer: no tiene nada, pero nada, que ver.
      Igual los runners corren porque huyen, pero huyen de hacer ejercicio. Es un bucle, pero funciona.
      Gracias por el comentario, Natalia. ¡Un saludo!

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      1. Aquí también estamos en fase cero, pero aprovechamos para hacer eso que antes no podíamos, seguramente igual que tú y la murciana jejejeje. ¡Un placer comentar sobretodo cuando me saca más de una sonrisa!

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  1. Pues sí, ya hemos pasado la cuarentena, estamos en la cincuentena y quién sabe si no llegaremos a la cientena ( no sé como llamarla) Y ahora ya puedes pasear un ratito y en algunos sitios (aquí no) esperar una cola de horas para sentarte en una terracita a tomar una cerveza y los chipirones esos que estaban escondidos detrás de las algas o quizá aquella gamba de LCDOM, acompañada de todos sus familiares… un poco paciencia, ya queda poco.
    Y luego te aplicas a lo del niño, por lo que pueda pasar más adelante, vas comprando el cochecito y vas echando los papeles para el colegio…
    Me gustan mucho tus diarios, déjate fluir mientras dure el estado de alarma, te lo agradeceré por la sonrisa que me provocas.
    Un abrazo.

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    1. ¡Aquí tampoco nos dejan comer chipirones! Es bastante hiriente, porque la otra mitad de la provincia sí que puede, y no sé si hay un cupo de chipirones por provincia y los que están en fase 1 me van a dejar sin mi parte. Espero que me dejen algunos tentáculos al menos…
      Lo del cochecito del bebé ya está más complicado, mejor ahorro para un cochecito para sus potenciales papás porque Jocelyn todavía arranca, pero arranca “raro”, con lo cual los aparcamos a ambos.
      De momento habrá volumen V del diario, aunque lo que realmente nos gustaría es no tener una excusa mundial para seguir con él. En fin, paciencia… ¡y abrazo de vuelta!

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  2. Pingback: Diario de cuarentena vol. V – Las crónicas del Otro Mundo

  3. Pingback: Diario de cuarentena vol. VI – Las crónicas del Otro Mundo

  4. Pues no sé, pero digo yo que si tú se lo propones de verdad a la murcianica y esperáis el preceptivo período de nueve meses, no tendréis nada mejor que hacer durante los próximos veinte años (por lo menos) y os olvidaréis de la cuarentena (ni un día sin pañales ni una noche sin lloros…). Vamos, que beneficios en relación a la situación actual, ni qué decir tiene…

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    1. La vida se abre camino más que en Jurassic Park, con el hándicap de que a los dinobabys no hay que comprarles pañales. Por ello, dado que ya podemos salir a la calle sin churumbel por medio, quizá esperemos a la próxima evolución humana (hacia dinosaurio en concreto) para tener un bebé.
      Por ahorrar en pañales, lo que haga falta.

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  5. El confinamiento con humor, música, lectura y ejercicio se ha hecho menos pesado y más cuando se vive en un piso en lugar de casa.
    A pesar de estar en casa he tenido menos tiempo de leer correos, blog, ect. Al no venir el cuidador, tengo que estar más pendiente de mi marido, así que me estoy poniendo al día, poco a poco.
    Como siempre me gusta leerte y no sé que decirte porque según los psicólogos este encierro tiene dos vertientes: unir a las parejas o batacazo que te crío. Esperemos que en este caso sea unión aunque no haya “crío para pasear” o igual si lo hay gracias a la cuarentena, el tiempo nos dirá. Un cordial saludo

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    1. Lo cierto es que no sé decirte si este confinamiento, con respecto a la murciana y a mí, ha servido para unirnos o para separarnos, puesto que, como sigo sin entender lo que dice, no logro descifrar si cuando me habla me está queriendo mucho o pidiendo la separación. De momento voy a interpretar que nos llevamos bien, porque de vez en cuando me sonríe.
      (Espero que no sea porque se está burlando de mí pero no la entiendo cuando lo hace…)

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  6. Es hoy un lugar común decir que «septiembre es el mes de las solicitudes de divorcio». En esta situación tal vez ocurra parecido: el famoso «confina-miento» hace que en la convivencia forzada salgan a la palestra todos los problemas de fondo que en el quehacer cotidiano «no hay tiempo de hablar» debido a que lo urgente prima sobre lo importante.O que son problemas que debieron hablar incluso antes de unir sus destinos de una manera u otra y «salen ahora». Aunque, naturalmente, no sólo los problemas: también la capacidad para la resiliencia y las demás virtudes que puedan tener como pareja, que tal vez antes eran desconocidas.

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    1. El confinamiento puede haber sido un acelerador de trámites, tanto para acercamiento como para ruptura. Aunque, claro, con la manida tendencia de intentar solventar crisis de pareja a base de soluciones que nunca podrían serlo (reparar una crisis de pareja con una boda o una crisis matrimonial con un embarazo, a priori, pues como que no parecen remedios demasiado reales), la cuarentena puede haber frenado de golpe toda esa huida hacia adelante que tradicionalmente se ha empleado.
      Por aquí hemos sacado en claro que, cuanto más murciano aprendo, más la entiendo. Igual entender el idioma del otro tiene algo que ver con entenderse a secas.. ¡Quién lo iba a decir!

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