Tu vida conmigo

No llores, pequeño: todo va a ir bien. Estás a salvo. Has tenido mucha suerte de arribar ileso a la costa. Tan joven, tan frágil… El mar podría haberte engullido como si tal cosa, pero, por fortuna, ha decidido escupirte hacia la playa. Si todo va bien, pronto llegará la Guardia Civil: te llevarán con los servicios de la Cruz Roja, ellos se ocuparán de ti.

Bueno, ¿sabes qué? Quizá podamos pasar un rato divertido tú y yo antes de que los mayores inicien sus tediosos trámites; creo que no mereces menos, después del amargo trago por el que has tenido que pasar. Antes de que atraque nadie interpelando por ti, iremos a jugar a la Carolina. ¿Te gustan los columpios? Seguro que sí, a todos los niños os encantan los parques infantiles.

Me pregunto si alguna vez habrás disfrutado alguno. Sin darme tiempo a reflexionar, me contesto que es muy posible que no.

Pero no puedo llevarte allí así, con toda la ropa mojada y raída. Se me ocurre que podemos visitar la casa de Tere, que vive cerca del Portal de la Caleta. Es el lugar más próximo en el que podrían prestarnos algunas prendas para ti, porque su sobrino Víctor pasa aquí los veranos. Debe ser bastante menor que tú, pero estás tan consumido… Incluso parece creíble que sus atavíos te resulten demasiado holgados. Se me antoja inverosímil que hayas conseguido llegar a la orilla, tan escuálido, tan demacrado. ¿Cuántos años tendrás? ¿Cinco? ¿Seis, quizás? Tal vez no seas mucho mayor que Víctor, al fin y al cabo. Puede que seas más joven de lo que tu semblante consiente transmitir. Mirándote con detenimiento, aparentas mayor altura debido a que apenas atesoras nada entre los huesos y tu oscura piel. ¡Pobre criatura! Vamos a tener que cebarte, no puedes sobrevivir así. En cuanto descanses, te prepararé un buen desayuno en la cocina donde trabajo. Es aquí al lado, en uno de los restaurantes de la playa. Ya verás: te voy a preparar una comida como nunca antes has probado.

Me pregunto si dicha hipérbole, en este caso, no resultará tal exageración. Sin darme tiempo a reflexionar, me contesto que es probable que no.

Si nos queda tiempo antes de que llegue la benemérita, te enseñaré la Isla Plana. ¿Sabes por qué se denomina así? Entonces, tras escucharme en voz alta, caigo en la cuenta de que resulta un tanto absurda la esperanza de que entiendas algo de lo que te digo. ¿Tus padres chapurrearán algo de castellano? ¿Venían contigo en la patera? ¿Dónde están?

Oteo hacia lo lejos desde la arena, pero la escena resulta demasiado sombría para atisbar nada bajo la exangüe luz de la luna nueva: una opacidad perpetua preside el mar en esta última hora de la madrugada. Me invade un repentino acceso de ira. ¿A qué trastornado se le ocurriría montar a su propio retoño en una embarcación incapaz de resistir el embate de las olas? Reprimo toda imprecación hacia tus progenitores en cuanto evoco una cruenta verdad: nadie pone a su hijo en un barco salvo que el agua sea más segura que la tierra. Y yo, que desde mi flotante patria poseo una panorámica privilegiada del proceloso ponto cuando Poseidón lo encoleriza, me cuestiono qué horrores no habrán visto tus tiernos ojos para que cualquier tierra firme se manifieste más terrible que un mar embravecido. Quién sabe si tu familia huía de una guerra sin sentido, o tu padre ansiaba eludir la prisión y tortura constante al ser perseguido por sus ideas, o tu madre escapaba de una atroz existencia sometida a explotación sexual. Quizá el mar os ofrecía una única oportunidad entre mil de llegar a buen puerto, mientras la tierra os aseveraba cero. ¿Sería una locura aceptar a la muerte como compañera de viaje, cuando esta comparece más atractiva que una vida de eterno dolor y castigo?

No; no pensemos en eso, pequeño. Lo importante ahora es que estás aquí y no allí. Además, aunque está demasiado oscuro, no advierto rastro alguno de más almas. Nada ha alterado la cotidiana noche; nada salvo tú. Tanto en la ínsula como en el infinito piélago que la rodea, todo asemeja continuar como si nada hubiese acontecido. ¿Acaso te habrás caído de tu lancha, apartándote para siempre del destino, fuese cruento o bienaventurado, que aguardara en ella a todos sus tripulantes? Cabe entonces la posibilidad de que no haya persona en el mundo, ni destinada a procurarte el bien ni empeñada en acarrearte el mal, que sepa que has acabado aquí, entre mis brazos. Puede que ya nadie sepa que existes. Puede que ya nadie te busque jamás.

Quédate conmigo. Sí, aquí, conmigo, en la isla. ¿Sabes qué? El próximo estío se cumplirán diez años desde que llegué. Desembarqué para trabajar como cocinera durante los meses de verano, pero ya nunca quisé pisar ningún otro lugar. Me enamoré de Tabarca, mi más bonita casualidad, y tú también lo harás. La isla te permitirá absorber la infancia a la que no pudiste aferrarte en tu antiguo hogar. Iremos a pescar erizos a la cantera, aunque después debamos devolverlos al agua. Nos pasearemos por la muralla, figurándonos que somos los excelsos monarcas de una fastuosa ciudadela que hemos de proteger. Imaginaremos que la Torre de Sant Josep es el castillo de los reyes vecinos, y promulgaremos la inapelable conquista de su fortaleza. Te pincharás con alguna chumbera cuando, corriendo despreocupado como el niño que eres, te tropieces camino del faro. Y regresarás a casa llorando, y yo, mientras desinfecto la herida, te reñiré por no haber tenido más cuidado. Y como te habré regañado por lesionarte, más adelante no me confesarás, es más, me ocultarás, los cortes y arañazos que te produzcas explorando las cuevas y acantilados. Pero sí acudirás raudo a contarme que una gaviota ha volado rasante sobre tu cabeza al percatarse de que te acercabas a contemplar sus polluelos, y también me implorarás que te permita dormir en mi cama el día que, bordeando el cementerio, un sonido incierto te espante. Menudo tarambana vas a ser. Por fin experimentarás una infancia dichosa.

Me pregunto si lo que has vivido hasta ahora se podría considerar justo así, infancia. Sin darme tiempo a reflexionar, mi juicio brama con certeza que no.

He fantaseado durante demasiado tiempo, y ahora, cuando casi despunta el alba, descubro que todo ha resultado una vil mentira. En el justo momento en que te he aposentado entre mis brazos me ha parecido ver cómo una lágrima se deslizaba por tu rostro, húmeda testigo de tu supervivencia. Solo ahora alcanzo a comprender que esa gota ha resbalado desde mi mejilla, antes de precipitarse y patinar por tu bruna tez. Jamás llegamos a compartir ni un solo instante juntos; tan solo, quizá, esa inocente lágrima.

Golpeada al fin por la realidad, voy tomando conciencia de la situación. Intuyo que, pronto, hará infausto acto de presencia una cohorte de cadáveres en mi preciosa isla. Incluso es posible que, antes de que te estrechase entre mis brazos, algún otro finado haya emergido en una parte distinta del archipiélago.

Quién sabe, cruel presagio, si tus papás ya te esperaban cerca de aquí.

Tranquilo, pequeño: no te voy a abandonar. Tarde o temprano, alguien llamará a los servicios de emergencia. Hasta entonces, hasta que estos arriben y se hagan cargo de tu cuerpo exánime, no te pienso soltar. Permaneceré aquí, custodiando los restos de tu naufragio. Mientras tanto, seguiré soñando que estás bien, seguiré imaginando tu niñez, seguiré construyendo para ti una vida feliz e inmarcesible a mi lado.

Con los ojos anegados en lágrimas, seguiré fingiendo que estás a salvo conmigo.

Tu vida conmigo

Premio Especial XXI Premio Provincial de Narrativa Breve “Géminis”

Lo cierto es que podríamos hablar largo, tendido y nada bien acerca de todo lo que ha rodeado a resultados, gala, transparencia, etc. de estos Géminis, pero argumentos válidos nos lo imposibilitan por el momento, y así debe ser. Lanzada la puya mas sin darle la oportunidad de clavarse en ninguna parte, en el Otro Mundo tan solo resta daros la bienvenida al nuevo año con el penúltimo relato premiado de la pasada década (empezamos 2020 sin grandilocuencia apenas, ¿a que sí?) y aclarar un par de puntos sobre el mismo. Porque, claro, sabéis que Tabarca es la protagonista de la historia y, sí, que Tabarca es una isla, pero… ¿cuál, dónde, qué? Porque a nosotros nos pilla muy cerquita, pero vosotros no tenéis a priori ningún motivo para conocer la ínsula en la que se desarrolla nuestra triste historia. Pues bien, desde el siguiente enlace podéis conocer más a nuestra pequeña gran isla:

Tabarca

Por último, tan solo aclarar que, incrustada en el texto, existe una cita de la poeta somalí Warsan Shire, que a su vez está extraída de su poema Hogar. Si bien la idea original era que sirviese de epígrafe para el relato, me pareció entender que la protagonista del relato debía hacerla suya para que dicha frase amplificase su calado. Estuviese o no en lo cierto, así lo hice. No obstante, para distanciarme de su autoría (aunque queda claro que no podría apropiarme de la misma ni aunque así lo desease), la deposito como punto final de la presente entrada.

Warsan Shire

59 comentarios en “Tu vida conmigo

  1. Reblogueó esto en lumminiscènciesy comentado:
    El alma llora al observar en què nos hemos convertido.., seres distantes, seres que fácilmente se desensibilizan, seres capaces de causar los peores estragos, seres blandiendo el estandarte del autoengaño; y aún y así.., el alma se calma al ver que tambien somos capaces de cambiar, de renacer, de las mejores hazañas, de olvidarnos a nosotros mismos para abrazar a los demás, de dar gracias sin mirar las consecuencias entendiendo que todo lleva a un destino final, de amar a Dios sin creer que Él es culpable de todo, de reconocer nuestros errores y revertirlos. El alma comprende, el alma recuerda que nada le es ajeno, el alma intuye que ya ha pasado por todo ello y que todo vuelve a su estado original inicial, en donde la paz, la felicidad, el amor.., han eclipsado todos los horrores de los que hemos sido capaces de infligir como humanidad.

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  2. ¡Escalofriante! aunque parece que ya lo hemos incorporado a la “normalidad”. El dibujo del niño muerto en la costa lollevo clavado desde que vi la imagen real por televisión,….la frase demoledora. Felicidades en relación a ese premio recibido del que poco podeís hablar(?) Feliz año

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    1. Ciertamente la silueta del pequeño Aylan se ha convertido en una imagen icónica, un reflejo de lo que no debería haber ocurrido nunca. Años después, sigue pasando y lo seguirá haciendo. Ojalá pudiésemos decir otra cosa, pero no.
      Muchas gracias por lo que toca en relación al Premio, del que no cuento mucho porque, si los principales damnificados deciden en algún momento emprender acciones, que no se diga que alguien del Otro Mundo ha ido difundiendo informaciones que no debería.
      Feliz año para ti también, Ana. ¡Saludos!

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  3. Pingback: Tu vida conmigo – Manuel Aguilar

    1. Ojalá pudiésemos añadir al relato la etiqueta de ‘cualquiera parecido con la realidad es pura coincidencia’, pero lo desolador de la narración es, precisamente, que no narra ninguna ficción.
      Muchas gracias por lo que me toca, compartimos tus buenos deseos para este nuevo año y los hacemos extensibles a toda esta pequeña comunidad cibernética. ¡Un saludo!

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  4. Esta última imagen es impactante … Escribí sobre este desafortunado evento en el mismo poema que hice sobre una tragedia que le sucedió a inocentes aquí en Janaúba (ciudad del estado donde vivo aquí en Brasil), cuando un adulto prendió fuego a una guardería y mató a muchos niños. Inocente Si quieres leer, te dejo el siguiente enlace.
    Un abrazo fraternal Estevam Matiazzi

    https://estevamweb.wordpress.com/2017/10/06/gente-inocente/

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    1. Por desgracia, somos testigos a nuestro alrededor de demasiados sucesos desdichados sobre los que inspirar nuestros lamentos sobre el papel. Ojalá el mundo solo nos brindase acontecimientos más felices, o menos funestos.
      Gracias por pasarte, Estevam. ¡Un abrazo!

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  5. Un relato que nos habla de esa tragedia humana que nos debería avergonzar. Me duele por dentro cada vez que leo las noticias, esa gente tan desesperada que se arriesga a todo por alcanzar un mundo mejor, esos niños a los que les robaron la infancia, como dice el relato. Un niño que lo que debe hacer es jugar, ir al cole, correr, reír, ser feliz…
    Pero estamos deshumanizados, es triste oír a gente de alrededor cuando dicen que ojalá se hundieran todos… y se oye con mucha frecuencia y cada día más. Nos estamos volviendo en trozos de hielo.
    Felicidades por el premio y feliz año para los dos.
    Abrazos.

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    1. Ahí has puesto el dedo en la llaga, Estrella, en la deshumanización del ser humano. Creemos que no somos tan bárbaros como en épocas pretéritas porque ya no empleamos la guillotina o usamos el látigo, mas la alienación respecto a nuestros semejantes tan solo ha cambiado de forma.
      Gracias por visitarnos en el futuro (2020 suena mucho a futuro), ¡un abrazo!

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  6. Dios! Quién me manda leer el relato en el trabajo… No puedo llorar en la oficina, tengo que mantener el porte, soy el ayudante de un abogado importantisimo, tengo estar atenta y concentrada! Y NOPUEDO; NO PUEDO!!! Solo quiero volver a leerlo….
    Ojala no suena telefono, porque no podría pronunciar ni una palabra…
    Volvere esta tarde sin falta…
    Gracias chicos!

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    1. Pues no pretendíamos causar daños colaterales en entornos laborales ajenos… por la cuenta que nos trae, no sea que te echen a ti y nos denuncies a nosotros por inductores y mala praxis, o lo que sea lo que hagáis en esos sitios con los pobres blogueros insolventes como nosotros.
      Esperamos que pudieses contestar convenientemente al teléfono cuando hizo falta, huelga decirlo. Gracias por lo que nos toca, ¡un saludo!

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  7. Pingback: Tu vida conmigo — Las crónicas del Otro Mundo | O LADO ESCURO DA LUA

  8. Que dura es la vida para algunos y que fácil para otros que desde el lado cómodo, no piensan que nadie eligió dónde nacer. Y si el infortunio del destino te regala nacer en determinados lugares envenenados dónde el único recurso es huir, lo mínimo que se podría esperar de los homo sapiens bien acomodados es un poco de empatía. Lo triste es que cada vez menos gente se pone en los zapatos ajenos y menos cuando ni siquiera los tienen. Me ha encantado tu relato, te deseo todo lo mejor para el 2020☺

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    1. La humanidad parece haber desarrollado un instinto a contramano del biológico, consistente en rechazar a los miembros de su propia especie, que todavía hoy continúa perfeccionándose tras varios milenios de existencia. Lo único que nos resta es intentar contrarrestarlo, ser pertinaces en ese rechazo al rechazo.
      Gracias por tus buenos deseos, ahí los llevas de vuelta e incluso amplificados. ¡Un saludo!

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    1. El relato debía ser en primera persona por razones obvias, es como se transmiten las emociones de una forma personal. Si así lográramos sentir todos las injusticias, nos ayudaría a cercenar todas las tragedias acontecidas alrededor del planeta. En fin, quizá algún día lo logremos…
      Siempre es un placer, Poli. ¡Abrazos infinitos + 2!

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  9. Pingback: Tu vida conmigo — Las crónicas del Otro Mundo | THE DARK SIDE OF THE MOON...

  10. Triste y tan real. Como sabéis, vivo en la costa gaditana, y si cierto es que es bien bonita, desafortunadamente vemos, oímos y vivímos demasiadas historias parecidas. Siempre me he preguntado qué tipo de pesadilla, lleva a una persona a arriesgar su propia vida o la de sus seres más queridos.
    Al leer vuestro escrito, no me ha sido difícil revivir esos sentimientos de impotencia y soledad ante tantas preguntas sin contestar.
    Afortunadamente, el leeros, también me ha traído buenos recuerdos. Conozco la isla de Tabarca con sus aguas cristalinas, su cielo estrellado y sus calles casi desiertas. Esta isla, hay que vivirla de día… y respirarla de noche.
    Muchos besotes desde el Sur!

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    1. Te íbamos a decir que ya no se te veía el pelo por el ciberespacio, pero ahora somos nosotros los que te hemos tomado el relevo y estamos más que escondidos de las redes… Y no es por miedo al coronavirus, que nosotros ya nos lavábamos las manos desde hace tiempo.
      Todos los que vivimos cerca de la costa, tristemente, hemos incorporado estas historias a nuestras vidas. Antes, de vez en cuando, te llegaba por el boca a boca que un niño se había ahogado en un remolino en tal playa, que un tiburón despistado había aparecido en tal otra, o que un submarinista había perdido algún dedo en una tercera ribera. En la actualidad, a alguno de esos lugares se añade la noticia de que se ha “interceptado” (¿?) una patera con equis personas deshidratadas, y nos hemos desensibilizado tanto que ya ni nos planteamos en toda su extensión el drama de sus ocupantes. Acostumbrarse no debería ser excusa…
      Por lo que estamos comprobando, aquí más de una y más de dos conocéis Tabarca de primera mano; si es que, al final, Ibiza y Manhattan son islas menores a su lado. ¿O acaso esas han salido en el Otro Mundo? No hay más preguntas, señoría.
      ¡Besos de vuelta desde levante!

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    1. Es una auténtica lástima que alguien pueda decir que ha vivido de cerca situaciones como las del relato, y una vergüenza muy grande para la humanidad que se sigan permitiendo. Esperemos que pronto, al menos relativamente pronto, no tengamos que experimentar este tipo de circunstancia, ni tú ni nadie más en este planeta.
      Muchas gracias por pasarte y comentar, Conchi. ¡Un saludo!

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  11. Triste y tan real. Como sabéis, vivo en la costa gaditana, y si cierto es que es bien bonita, desafortunadamente vemos, oímos y vivimos demasiadas historias parecidas. Siempre me he preguntado qué tipo de pesadilla, lleva a una persona a arriesgar su propia vida o la de sus seres más queridos.

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