Malos tiempos para la lírica

Antaño una persona concluía sus vacaciones y, al día siguiente, misteriosa y sorprendentemente, llegaba a su puesto de trabajo y se encontraba con que no tenía ganas de trabajar. Se le hacía pesada la faena, se le hacía pesado el horario, se le hacía pesado el compañero pesado de al lado… Y, ojo, todos creíamos que eso era lógico y normal. ¡Qué ingenuos éramos entonces! Menos mal que apareció un auténtico iluminado y nos quitó la venda de los ojos: si no fuese así, jamás habríamos comprendido que era falso que simplemente nos costase volver a la rutina laboral después de haber estado haciendo lo que nos daba la gana durante un buen periodo de asueto. Ahora, por fin, comprendemos de manera clarividente que en realidad contraemos una enfermedad al volver al empleo: el síndrome postvacacional. ¿No decían que el trabajo es salud? Pues que venga y nos lo explique. Bueno, no, mejor que no nos lo explique, que igual nos convence de que eso es otro síndrome… La verdad sea dicha, somos capaces de imaginar el prospecto del fármaco para tratar dicho trastorno. Indicaciones: síndrome postvacacional, vagancia patológica, hipersomnolencia mañanera, ergofobia galopante, episodios de ansia homicida hacia el jefe de turno. Contraindicaciones: no se han descrito, puesto que este medicamento te lo estás inventando”.

Así regresábamos el año pasado después de las vacaciones, echándole la culpa de algo indeterminado a aquel iluminado que había establecido que no tener ganas de trabajar tras la holganza estival constituía un SÍNDROME: así, en mayúsculas, que acojona más. Se trataba de un prólogo animado porque retornábamos con ganas a la blogosfera; no en vano, en dicha entrada establecíamos las bases del sorteo del primer ejemplar de la segunda edición de LCDOM. En conclusión, no era un post cualquiera. Era un plato principal condimentado con la ilusión que produce paladear el éxito en una empresa que has desempeñado con tanto esfuerzo.

Tan solo un año después, algo ha cambiado en el Otro Mundo. Las palabras ya no brotan, y actualizar este rinconcito de la blogosfera, en ocasiones, se asemeja a una tarea titánica. Como si intentásemos acelerar con el freno de mano erguido, la historia, por mucho que desee avalanzarse hacia el infinito, tan solo consigue continuar en movimiento porque no le queda otro remedio. Si bien hace un año celebrábamos por todo lo alto que habíamos alcanzado la segunda edición, hoy nos toca ser conscientes de que ese era el techo de nuestro retoño. La prometida rebaja del libro electrónico por parte de la editorial ni está ni se la espera, con lo que ese exiguo goteo de ventas que, moribundo, aún continuaba esparciendo LCDOM por el mundo, no espera ya refuerzos que lo revitalicen. Asimismo, el chispeo de reseñas de la novela también aparece enterrado, lo que viene a ser lógico y normal, ¿no? Sin lectores, no hay crónicas. Sin crónicas, no hay crónicas (del Otro Mundo). Así pues, delante de nuestros ojos, observamos como LCDOM va desapareciendo de nuestro presente de manera inexorable, convirtiéndose en pasado a pasos agigantados.

No es el fin del mundo, claro. Todos existimos en otras vidas, en otros ámbitos, en otras realidades de una misma realidad. Descubrimos nuevos retos profesionales, revelamos flamantes verdades familiares, experimentamos novedades y rutinas a cada momento, porque la vida es una concatenación de personas y cosas, estímulos y adecuaciones, trances y mesetas, éxitos y mierdas, y, gracias a todo ello, cuando una de las piedras del montoncito que somos los seres humanos resbala y desaparece de la estructura, las demás, por muy desparramadas que queden, seguirán conformando un todo capaz de vertebrar otro sistema análogo. Es una analogía de mierda, pero ya hemos dicho que, dentro de lo que es la vida, conviven éxitos y mierdas, así que ya estabais prevenidos. El asunto esencial es que no es el fin del mundo. Pero… ¿y del Otro Mundo?

Duele pensarlo. A fin de cuentas, es nuestro pequeño. Sí, porque un ladrillo puede tener mil páginas y seguir siendo pequeño. ¿Acaso Marisa Sáez no considerará que sus hijos son y siempre serán sus pequeños, aunque el más bajito de los tres hermanos mida 2,07 m.? Deberíamos mirar hacia adelante: como autores, habríamos de desatascar el siguiente proyecto literario conjunto, parirlo y entregárselo a Vistinu. “Toma, este es tu nuevo hermanito”, le diríamos. Pero, ¡ah, las piedras del montoncito! El segundo proyecto conjunto se halla paralizado, como si fuese una obra que cualquier ayuntamiento se hubiese comprometido a acometer, pero sin que existiesen elecciones a la vista. No hay tiempo, no hay inspiración, las palabras ya no brotan en esa dirección. Absurdamente, es como si le negásemos la oportunidad de continuar subsistiendo a LCDOM, cuando lo único que significa dicha inacción es la inexistencia de una nueva historia sin lazos aparentes con la misma.

Quién sabe: quizá solo sea un síndrome postvacacional que se nos ha ido de las manos. Quizá el Otro Mundo esté sesteando, pero arribe de nuevo el día en que se desperece y vuelva a decir “soy un tocho, luego existo”. Quizá su historia nos vuelva a remover algo por dentro y esas palabras que no brotan pidan paso y se atropellen por salir. Quizá, aunque sea lo que parezca, Vistinu no haya bajado todavía los brazos.

Juntos lo averiguaremos, amigos nuestros. Porque, por si no lo habíais notado, al relataros todo esto… hemos vuelto.

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27 comentarios en “Malos tiempos para la lírica

  1. LCDOM va a ser difícil de derribar, demasiadas piedras, un tochazo considerable. Sí, puede que forme parte del pasado, como muchas catedrales, y aún siguen siendo visitadas por muchos viajeros que, ante la majestuosidad de su grandeza, no pueden retirar la vista de esos pedruscos que conforman algo tan bello.
    Vamos, que sí, que el tiempo avanza, que todo cambia, pero siempre quedará ese legado que os anime a avanzar y construir algo más grande.
    Besacos!

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    1. La verdad es que, por su tonelaje, sí es cierto que LCDOM es duro de derribar. Y cuidado, que, si cae al suelo con violencia, abrirá un boquete considerable.
      Lo cierto es que, para sus circunstancias, el Otro Mundo ha tenido una vigencia más que aceptable, y no deberíamos mostrarnos tristes porque su obsolescencia era inevitable. No obstante, igual de inevitable es sentir la pérdida cuando se es por fin consciente de la misma.
      Pero como esto no es un velatorio (y por eso mismo no acuden Michel y Bones), que no decaiga. ¡Alegría, alegría!

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  2. Una virgo lunática

    Siempre he pensado que no somos un país de lectores, quizás el clima tan maravilloso que tenemos comparado con otros países sea un factor determinante, aunque quizás sea un pensamiento mío.
    Creo que escribir es una tarea poco reconocida, ya que cada letra que escribimos es desnudar nuestros pensamientos, ánimo y adelante.

    Saludos.

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    1. Lo cierto es que hemos leído en algunos sites (ahora no nos preguntes cuáles, porque ni idea…) que en España se escribe mucho en relación a lo poco que se lee. Y la tesis del clima como factor determinante (o “determinante”, entre comillas, que tampoco nos vamos a poner nosotros categóricos) tampoco parece una idea peregrina. En España se vive en la calle y, claro, ese no suele ser el lugar habitual de redacción. De todas formas, lo que seguramente suscribimos todos los aquí presentes es tu última frase del comentario.
      No, la de saludos no, la otra. Ni un solo lapsus se puede tener, ché.
      Gracias por el comentario, ¡un saludo!

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  3. Ay, compañeros, os entiendo bastante bien. De todos modos, pensad que habéis llegado muy lejos con LCDOM. En estos tiempos de mucho Netflix y pocos libros, bastante es que hayáis sacado una segunda edición. Un abrazo y ánimo con los nuevos proyectos (personales y literarios).

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    1. Podemos entender que, como cualquier autor, llegará un momento en el que nuestra obra no acompañe el paso del tiempo como a nosotros nos gustaría. Pero, qué te vamos a contar: que se comprenda que ese instante llegará no implica que resulte a priori sencillo de asimilar. De todas formas, nos quedamos con los ánimos que nos envías, a ver si ayudan a impulsarnos en proyectos nuevos o seminuevos.
      ¡Abrazos de vuelta!

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    1. Si es que todos tenéis razón, qué queréis que os digamos… Si en realidad nos encontramos en el caso de que LCDOM ya ha perdido toda la vigencia que tenía, como poco se puede asegurar que, mientras la ha tenido, la ha disfrutado. Y como tú dices, en esta vida nada es imposible: si algo más le espera por delante a nuestra criatura escrita, lo disfrutaremos como si fuese la primera (o la última) vez.
      Muchas gracias por pasarte y darnos ánimos, Ale. ¡Un saludo!

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  4. Una segunda edición es un gran éxito. Quizá vaya vendiéndose más a cuentagotas, pero siempre estará ahí, disponible para nuevos viajeros de las letras. Y es normal que a veces se produzcan ciertos bloqueos, pero se puede salir de ellos, de hecho, como bien decís, este artículo es un claro ejemplo de que seguís adelante, rodeando las piedras del camino.

    Muchos ánimos y que las musas os bendigan con muchas ideas.

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    1. Pues sí: teníamos que pasar por la etapa de duelo, pero lleváis razón. LCDOM ha llegado a tener una segunda edición, que nos quiten lo bailao, y si tiene que seguir su camino algún día, pues a su ritmo. Igual que nosotros: a nuestro ritmo, aunque ahora sea lento/desesperante, por si más adelante volvemos a acelerar.
      Muchas gracias por los ánimos, por tus palabras y por tus deseos, Frida. ¡Un saludo!

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  5. Pero vamos a ver… (me estoy poniendo las gafas cual profesora cansina que está a punto de poner un 3 al alumnado… ¡momento!)… Silencio en la sala… (me están mirando mal, lo sé) Me acomodo en la silla, respiro profundo.

    ¿Han conocido ustedes (ya, ya… vosotros) a alguno de los “grandes” exitosos -en cualquier plano de la vida- que no haya pasado por este tipo de momentos? (Léase: “momentos de mierda”). Si uno pudiera entrevistar a los grandes muertos y también a los grandes vivos que andan por allí haciendo estragos, contarían más que un “síndrome” post-todoloquenosaliobienenelproceso y tan tranquilos nos mirarían con la copa de vino en la mano, porque claro, ahora disfrutan del éxito. Sumemos que hoy en día todo depende de nosotros, hay que tener días de 50 horas y 48 de ellas despiertos para el marketing más la pluma afilada para lo siguiente. ¿De qué estamos hablando? Nadie en su sano juicio (al menos de los que andamos por aquí) podemos cambiar el huso horario y menos que menos no fracasar las veces necesarias como para aprender el doble de lo que hayamos ya aprendido. Esto que sucede es una “entradita”, nada más… Es una coma, tal vez un punto y coma, un respiro necesario porque el péndulo anduvo muy alto, y el universo tiene la costumbre de elevar lo que baja y de bajar lo que sube. Hay equilibrio, existe el equilibrio y tal vez LCDOM lo estaba necesitando. Aquí no ha muerto nadie ni se puede eliminar lo que se ha escrito, mucho menos permitirle a los autores abandonar los intentos. Pues no… un hijo nunca quiere ver a sus padres tirar la toalla (en este caso, la pluma). Hay que explicarles que solo frenamos para tomar envión, y que no siempre que se sale a la calle hay sol; también hay días nublados y lluvias intensas, y no por eso dejamos de disfrutar o de vivir el día.

    Ala, que ya escribí demasiado y sonó el timbre: cambio de clase. Estoy levantando el culo de la silla, más les vale que me suban al niño como sea y cuando tenga que ser, que lo cojan de la cintura y espalda para darle un abrazo y explicarle que la vida es esto. De lo contrario, para la próxima el “homework” será tremendo (y sin dulce de leche; eso es falta GRAVE, señoritos…).

    Solo se mira “padelante”, siempre.
    Los quiero.
    Abrazos infinitos
    🙂

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  6. Al final no importa mucho por qué haces las cosas. Las cosas importantes, al menos, se hacen porque uno quiere hacerlas y para su propio placer. Es indiferente que lo que haces le guste a más gente (los cabreados con lo que tú hagas, por una razón o por otra, serán una legión mucho más numerosa). Y deja de hacerlas porque ya no le resulta divertido, en un compromiso siempre con uno mismo. Eso suele ser todo.

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    1. Pues oye, pues sí. Si llega el día en que una afición cause más perjuicio que otra cosa, tocará primero darse cuenta, después tomar medidas y después asumir una decisión en uno y otro sentido. Al menos esto de escribir es más inocuo que tragar sables ardiendo, con lo cual podemos alargar la decisión sin arriesgar la salud. Física, al menos…
      Gracias por pasarte y comentar, ¡un saludo!

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      1. Quizá yo podría decir que “la blogosfera ya no es lo que era”, al menos en España. Desbancada por las redes sociales, donde la gente escupe frases que hace pasar por pensamientos (no hay tiempo para más y todo tiene que discurrir a gran velocidad), entiendo que el esplendor de la blogosfera acabó en 2011, con la subida al poder de Mariano, el Registrador. Y hubiera yo cerrado la barraca por los ataques de los trolls (me han borrado entradas, aunque tal vez pudiera recuperar algunas). Algunos sí que cerraron su blog por ese motivo. La verdad sigue siendo peligrosa de adivinar y, sobre todo, de decir. Los que quedamos de aquella época dorada ya no representamos un peligro para el establishment, sobre todo si sólo tenemos el blog y no gastamos redes sociales. La censura sigue siendo brutal, pero ahora ha cambiado de objetivo. A mí me sigue picando el gusanillo de escribir. Y España no es todavía ─gracias a Dios─ un trasunto de la extinta RDA, donde poseer una máquina de escribir podría ser considerado un delito. Mientras tanto, la libertad de expresión nos protege.

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  7. A todo el que escribe,sea profesional o aprendiz, le asalta, creo yo, el terrible miedo del silencio…, silencio que al prolongarse en el tiempo es más preocupante; podemos llegar a pensar que, nuestra fuente se ha agotado y es un pensamiento lógico y susceptible de cumplirse, también es muy posible que los “malos tiempos para la lírica”, tengan algo de culpa, pues no consiguen acercarnos a la inspiración…y no continuo, pues habría múltiples respuestas, solo añadir que, nos debe de importar poco y continuar en el tajo, dejando al TIEMPO, inexorable dios menor, que nos ponga en el lugar que corresponda.

    Me ha gustado la entrada, un toque de atención para fijar nuestra mente en este mal transitorio.

    Un saludo afectuoso de este bloguero, Antonio Parrilla, el Parri.

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