Volver a encontrarte

Sé que estás por aquí, es casi como si pudiera sentir tu presencia. No obstante, entiendes muy bien que, aunque te viese, sería incapaz de reconocerte. Y tú sabes que esa es tu mejor baza.

No existe un patrón temporal específico para realizar el expurgo en esta biblioteca, porque la decisión se toma en cuestión de minutos. De vez en cuando, los responsables del centro deciden bajar de sus despachos y deambular alrededor de las estanterías, escudriñando mobiliario, documentación y, por qué no decirlo, nuestro comportamiento en la retaguardia del mostrador para con los usuarios. Y tras innumerables periplos a través de los años, arriba un determinado momento en el que, después de uno de esos eventuales paseos, súbitamente deciden que las baldas se encuentran repletas de libros cuyo préstamo nadie va ya a necesitar.

Ello significa de manera inexorable que, en cuanto comience el verano y apenas entre nadie por la puerta, mis compañeros y yo nos enfrentaremos a una nueva tarea: examinar cada ejemplar y decidir quién vive y quién muere. Y esa es la elección precisa de palabras, porque con cada libro que se destruye existe una parte de su autor que muere con él. Eso es lo que siento cada vez que condeno a una obra a su extinción.

Y hoy, después de ocho años, vuelvo a calarme el verdugo para encarar una nueva purga.

Todavía no he detectado tus huellas, pero sé a ciencia cierta que, hace muy poco, has estado aquí. Igual que ocho años atrás, cuando impediste el expurgo de casi un centenar de ejemplares. Probablemente seas un antiguo bibliotecario y, gracias a ello, por mero instinto, eres capaz de detectar cuándo y cómo se va a producir. De esa manera logras adelantarte a mis movimientos; si no es así, no entiendo qué portentosas aptitudes vertebran tu intelecto para poder anticiparte a todos nosotros. Y, ahora mismo, en tu cabeza, debes tener muy claro que cualquier libro que caiga en mis manos y confiese a través de su hoja de vencimiento que no ha abandonado su estantería durante estos últimos ocho años, ya nunca retornará a su balda. Quedará hospedado junto al resto de señalados en una lúgubre caja de cartón: su cadalso, su fosa común. Su ataúd.

Ocho años, una y otra vez, ocho años. Hace exactamente ocho años que revelaste tu presencia. Libros de hojas amarillentas que, de manera sorpresiva, habían sido rescatados por medio de un préstamo, su irrebatible salvavidas, en los últimos tres meses. Libros continentes de páginas de color pajizo, cuya única labor había consistido en absorber el polvo de toda una década sin ausentarse de su lugar, hasta que en aquellas últimas semanas un bienhechor anónimo los había depositado en el mostrador junto a un carnet de usuario, con el singular objetivo de procurarles una vida más longeva. Libros que ya no merecían la atención de nadie desde hacía más de dos lustros, a excepción de la de una persona que, confidencialmente, había decidido salvarlos.

Soy consciente de que te he tenido cara a cara en numerosas ocasiones, tramitando sin saberlo tu insólita causa. No obstante, tu anonimato sigue burlándose de mí. Esta vez será distinto. Estaré atento al registro que me devuelva el ordenador, porque tu nombre y tu número de usuario delatarán tu marca en los ejemplares que hayas decidido rescatar.

¿Qué eres, héroe o villano? ¿Eres el héroe que hace posible que el comprometido trabajo de un autor trascienda a través de los años, o eres el villano que impide a bisoños escritores ilusionados aposentar sus obras en esas mismas estanterías, al carecer de espacio?

Supongo que puedes ser ambos a la vez.

Me dispongo a iniciar la criba, pero, por esta única vez, decido darle comienzo a mi modo; probablemente sea análogo al que tú empleas para producir el efecto contrario. Escruto las estanterías hasta hallar mi objetivo: el que parece a simple vista el libro más vetusto de toda la biblioteca. Conforme lo aferro parezco entender que, de una manera arcana y enigmática, acabamos de conectarnos a través del contacto con la misma cubierta. No obstante, también comprendo de idéntica forma que nuestra misión es antagónica. Quizá no seas héroe y villano al mismo tiempo, después de todo.

Quizá yo sea tu villano. Quizá tú seas el mío.

Abro el libro, confiando en volver a encontrarte.

Una deuda pendiente

1º Premio XI Certamen Internacional de Relatos Breves “Biblioteca de Alovera”

Pues eso: antes de que os enteréis por la CNN, la agencia EFE o la vecina del quinto, esa tan cotilla, el Otro Mundo ya os ha ofrecido la exclusiva. Uno de los papis de LCDOM se ha alzado con la victoria en otro concurso de relatos y nos congratulamos de poderlo exhibir sin rubor al mundo, al igual que hicimos otrora con su hermanito primogénito Ceniza en el espejo, que está muy contento de tener compañía breve en la prole de LCDOM. Lo lógico habría sido titular la presente entrada con el nombre del relato, pero como al parecer nos repetimos más que el ajo, ya habíamos publicado una entrada llamada Una deuda pendiente, por lo que había que improvisar un nuevo título relacionado con el relato. No nos gusta tanto como el que debería regir al inicio de todas estas letras por mera coherencia, pero oye, después de la victoria, como que tampoco nos traumatiza el asunto…

En fin, damas y caballeros, deseamos que puedan disfrutar del relato, pero si no lo consiguen, no se preocupen en absoluto: ya lo hacemos nosotros por ustedes.

 

 

 

 

 

 

 

59 comentarios en “Volver a encontrarte

  1. Magistral relato, resulta imposible sustraerse al hechizo que propone, sentirnos envueltos del aroma misterioso a libro, y a tantos recuerdos que compartimos los que nos hemos hecho bibliófilos en las bibliotecas. Enhorabuena por el relato y por el premio.

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      1. Je, je. Me temo que seré héroe hasta el fin de mis días. Solo recientemente he empezado a no terminarme un libro que no me guste. De joven era casi tan friki como ahora, así que supongo que debí salvar a más de un libro. Repito, magnífico argumento y la forma de expresarlo. Un saludo y no dejéis que vuelva a escaparse la musa.

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  2. ¡Ea!, enhorabuena de parte de los de aqueste mundo. Me habéis sabido introducir en ese mundo mágico que es una biblioteca en soledad—sí, cuando estás tú solo porque has llegado tempranito, antes de que lo hagan los escrutadores del BOE, cuando sólo se podían encontrar en las bibliotecas, claro—. Magia he dicho, magia y motas de polvo flotando iluminadas por la luz de los ventanucos de encima de las estanterías y buscando un libro sobre el que posarse. Héroes y villanos de la literatura, un gran dilema.
    Enhorabuena de parte de los de aqueste mundo, ¿lo he dicho ya? Bueno, lo repito porque lo merecéis.

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    1. ‘Magia he dicho, magia y motas de polvo flotando iluminadas por la luz de los ventanucos de encima de las estanterías y buscando un libro sobre el que posarse. Héroes y villanos de la literatura, un gran dilema’. Te ha salido un micro de competición en vez de un buen comentario, amigo Torpe/amigo Vago, y no es ninguna broma. Yo de ti lo explotaba en alguno de tus escarceos literarios.
      Y dicho esto, ¡muchas gracias por la felicitación! Las bibliotecas solo saben darme alegrías, aunque para ellas permitir el solaz de las personas sea el pan de cada día.

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      1. Ey, tan bueno es, que ese tipo de cuentos pueden ser nocivos para la cotidianeidad de las cosas y pues eso no es bueno para los emprendedores, mismos que pueden ser buenos, o en el peor de los casos contadores públicos, o algo así.

        Saludos, vatos.

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    1. ¡Muchas cosas te ha parecido a ti!
      Perdón, perdón… es la excitación de dicha victoria, la celebración del centenario, la espera del dictamen del jurado en otros certámenes, el colesterol alto (o no, quién sabe).
      No sé a qué ha venido todo esto, la verdad. Resumiendo:
      ¡Muchísimas gracias, Sadire!

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  3. Felicidades. El relato me ha encantado, no me extraña que haya obtenido un premio.
    Respira nostalgia y huele a libros antiguos y romanticismo. Tengo algunos libros que se caen de viejos y soy incapaz de desprenderme de ellos, son como una parte de mí de la que no quiero desprenderme, así que no valdría para decidir qué libros excluir.
    Abrazos.

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  4. Muchas felicidades, tanto por el premio como por el relato. He de decir que he visto el espíritu de mi biblioteca ahí reflejado. Soy la que me llevo a casa los libros olvidados. Heroína o villana, ambas a la vez. Gracias por darle vida a esos libros que se apilan en las estanterías con un destino incierto.

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  5. ¡Felicitaciones! gracias por darme la primicia antes que la CNN y la BBC. Me ha gustado mucho, y debo decir que he sido testigo de esas purgas o relevo de libros al depósito..no me erigí como heroína o villana para rescatarlo por la sencilla razón de que A) era pequeña y B) eran libros de divulgación que al abrirlos la humedad impregnada te dejaba viendo estrellas aunque supongo no es excusa. Saludos 🙂

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    1. Al menos el expurgo de ejemplares debido al deterioro no debe generar culpa en nadie, y más como en ese caso en el que los hongos pueden contagiar al resto de la colección. Otra cosa es el miedo a que nos descataloguen porque nadie lee nuestra historia. Dicho sea de paso, en las bibliotecas en las que está, LCDOM no es un libro demasiado consultado. Dentro de unos años, quién sabe… el Otro Mundo puede ser purgado de sus estanterías.
      Y, a todo esto, ¡gracias por la felicitación!

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      1. Eso, eso, sigue halagándonos, que no nos vamos a quejar por ello. Además, leernos no engorda ni sube el colesterol, ¡todo son ventajas con nosotros!
        Bueno, a excepción de las secuelas físicas que provoca la tonelada de tocho impreso de LCDOM, qué le vamos a hacer…

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  6. Pingback: Oda a nuestra biblioteca – Las crónicas del Otro Mundo

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