Oda a la biblioteca

Lector, rápido, contesta el siguiente ejercicio sin pensarlo ni un solo instante. Haz la asociación más inmediata que te venga a la mente con la siguiente palabra:

Biblioteca.

Probablemente, los que no habéis relacionado dicho vocablo con “pública” o “municipal” os habéis decantado por la opción “de Alejandría” (y si lo habéis asociado con otra palabra distinta nosotros no nos jactaríamos demasiado, porque quizá alguien os tilde de raros al veros por la calle). Tampoco resulta extraño, pues “Biblioteca de Alejandría” parece prácticamente una frase hecha, pero fue algo más que eso: el proyecto más ambicioso de la historia hasta el momento de su creación, si excluimos la megalomanía humana de conquistar todos y cada uno de los centímetros cuadrados del planeta Tierra. En aquella Alejandría, una de tantas ciudades fundadas por Alejandro Magno a su paso, Ptolomeo fundó un centro del saber cuya objetivo era recopilar todas las obras fruto de la lucidez humana. Todas. De todos los tiempos, tanto pretéritos como futuros. De todas las tierras, conocidas y por descubrir. De todas las culturas, hermanadas y ajenas. Aquella Biblioteca de Alejandría debía albergar el acervo universal humano, formando una colección eterna que trascendiera hasta la muerte del último bípedo implume.

¿Sois capaces de imaginaros algo así?

La humanidad como conjunto no. Incendios, saqueos, ataques fanáticos empujados por distintas culturas y religiones y la historia, que debe ser reescrita por los vencedores una y otra vez, una y otra vez, se llevaron por delante todas las espectaculares bibliotecas del Mundo Antiguo. En la actualidad sigue ocurriendo, pero hoy no queremos entrar en eso. Es demasiado triste, y los cumpleaños deben ser motivo de celebración. Decimos esto porque hoy, 24 de octubre, festejamos el Día Internacional de la Biblioteca, y en esta jornada la presente entrada debe ser una especie de homenaje. No sabemos si el post acabará pareciendo ese recién mentado homenaje, pero, salga lo que salga, lo intentaremos de todos modos.

Al igual que en los autores de LCDOM, la belleza de la biblioteca reside en su interior, y por ello la mayoría de estas se ubican en edificios en principio construidos para otros menesteres para ser posteriormente rehabilitados para tal fin mucho tiempo después, con lo cual el espacio aprovechado se encuentre desnaturalizado para su objetivo, aunque eso a dicho objetivo le dé igual. No obstante, alrededor del mundo podemos encontrar colosales obras de arte arquitectónico con un cartel en la entrada que pone biblioteca, así que podemos recordarle a estos imperecederos centros de la cultura en su Día Mundial que, a pesar de sus milenios y milenios, siguen sabiendo ponerse guapas.

Aquí tenéis unas cuantas:

SAL DE MIS SUEÑOS Y HAZME UN CARNET DE USUARIO

Las bibliotecas son estrellas de cine. Aun sin darnos cuenta se asoman a la gran pantalla una y otra vez, y llevan haciéndolo incluso más años que Jordi HurtadoEn la película Desayuno con diamantes la escena del ‘I love you’ se desarrolla en una biblioteca, en Cazafantasmas los tres pintorescos personajes se citan allí con un espectro, y es donde en Philadelphia Tom y Denzel acercan posturas con un gorrito de estilo cuestionable. En Cadena perpetua la mayor aspiración y logro de Andy Dufresne, aparte de un agujerito en la pared de los que dan que hablar, es construir una imponente biblioteca. En su Día Internacional os veis obligados a confesar que habéis visto todas esas películas y que sí, que la biblioteca merece un Óscar al mejor papel secundario.

Si más que cinéfilos sois seriéfilos, que es un neologismo que os podéis tomar más o menos en serio en función de lo puristas del diccionario de la RAE que seáis, más de lo mismo. En la serie animada más conocida que existe, tan famosa que a veces se nos olvida que existe de tanta existencia (algo parecido a lo de olvidarse de respirar porque, total, recordarlo y esforzarse en hacerlo es tontería), son puros fans. A la más mínima duda que surge, los Simpsons van corriendo a la biblioteca de Springfield de forma axiomática, lo que demuestra a su vez la multiculturalidad de la biblioteca, porque hasta los dibujos de color amarillo las adoran. Si os van más las series donde se ven menos monigotes y más seres humanos y no os perdéis ni una buena, hace unos años concluiríais el visionado de la excepcional Fringe (y si no corred a verla, que buena falta os hace). ¿Recordáis por casualidad el espectacular edificio de los Cuarteles Generales de la división Fringe? Pues no estaba generado por ordenador, no: es muy real, se ubica en Vancouver, es pública, y es una… Pues eso.

Las bibliotecas son unas auténticas supervivientes, y ya no hablamos de saqueos, incendios, expolios y salvajadas arcaicas. Nos referimos al presente, a cada día que pasa. Con la última crisis, esa que los sofistas en el poder a lo largo y ancho de todo el planeta dicen que ya hemos traspasado mientras los bolsillos menos trajeados siguen vacíos, muchas han caído. El razonamiento resulta un tanto extraño: cuando inmerso en una crisis un ciudadano puede eliminar el coste del acceso a libros, películas, internet, prensa, documentación, etc. en un centro público y gratuito, los gobiernos, los que deben velar por su bienestar, cercenan esa ventaja de raíz a los que más pueden aprovechar ese recurso para soliviantar su carencia cerrando una biblioteca. Las instituciones culturales son un coste innecesario, y además: ¿alguien ha visto a algún político en una biblioteca fuera de un acto propagandístico? Volviendo al tema: en épocas duras, muchas van cayendo y las que continúan dejan de adquirir ejemplares para vivir únicamente de las donaciones de ciudadanos. Y no, no es una exageración, ni algo que haya pasado en otra parte, independientemente desde qué coordenadas estéis leyendo esto. Aquí mismo ha pasado, lo hemos vivido, nos lo han contado desde fuera y confirmado desde dentro. Cerca y no tan cerca, en pueblos pequeños y en ciudades de medio millón de habitantes. Al menos aquí, confirmado. Pero de una manera u otra sobreviven, siempre sobreviven, como si de fósiles vivientes se tratasen. A veces como simples salas de estudio, a veces como meros quioscos gratis, a veces como llanas terminales de internet, pero siguen adelante, se rehacen y acaban saliendo adelante porque hace ya mucho tiempo que aprendieron a evolucionar. En el Día Internacional de la Biblioteca, aplaudimos su pacto secreto con Darwin.

No lo vamos a negar, es un secreto a voces aunque a muchos no nos guste escucharlo: las bibliotecas son portadoras de un estigma social. Los que van a la biblioteca son gente rara. Los que van todos los días a hacer uso del ordenador son frikis de todas las formas y tamaños que no tienen conexión en su casa. Esos que van a sacar libros lo hacen porque no tienen amigos. Los abuelos van allí a leer el periódico porque ya se sabe que esa gente es muy rácana. Los que están en el mostrador son hombres amargados y estúpidos, las que están en el mostrador son solteronas con o sin gatos a las que no quiere nadie. La biblioteca solo sirve para estudiar cuando hay exámenes. Resulta irrelevante que nunca se haya pisado una biblioteca para contrastarlo: eso es para tíos raros. Y punto.

Pues entonces, damas y caballeros, en el Otro Mundo nos enorgullecemos como pocos de confesar que somos unos tíos raros (aunque los que hayan leído nuestra novela ya lo sospechasen). Admitimos que vamos a la biblioteca, que sacamos libros, y que, imaginaos qué locura, si es preciso consultamos lo que necesitamos sea en formato impreso o por vía digital. No nos ha salido ningún sarpullido por ello: suponemos que esa rareza se lleva por dentro. Es más, nos colma de orgullo un hecho que, para cualquier autor, resulta (o debería resultar) mágico: ver un ejemplar de tu obra en la estantería de una biblioteca, al alcance de cualquier persona que, rodeada de miles de libros, decida que es el tuyo el que vale la pena llevarse a casa. Tanto Elche como la Universidad de Murcia poseen una biblioteca que alberga en su interior Otro Mundo. Lo sentimos como una sensación muy especial, y, como estáis comprobando casi ya, digna de ser plasmada y compartida con vosotros.

Además, la historia de Las crónicas del Otro Mundo se encuentra íntimamente ligada a esta misma jornada. Compartimos con las bibliotecas la fecha en la que realizamos la puesta de largo del libro de LCDOM, con unas voces temblorosas que no consiguieron disimular ni por un solo segundo un nerviosismo, una emoción, un miedo escénico, una ansiedad y una excitación que un escritor, sea novel o mil veces consagrado, solo puede sentir una vez en la vida: la presentación de la primera novela que logra publicar. Así que, biblioteca, haznos un hueco en el calendario porque el 24 de octubre también es un poquito nuestro día:

Homenaje válido o no, no nos queda más remedio que finalizar esta entrada de una única manera:

¡FELIZ DÍA INTERNACIONAL DE LA BIBLIOTECA!

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54 comentarios en “Oda a la biblioteca

      1. La verdad es que las bibliotecas tienen algo especial, y cuando estamos de viaje en cualquier parte del mundo, solemos entrar a alguna. A veces, aunque solo sea a admirar la arquitectura.
        Las de grandes ciudades acostumbran a ser espectaculares (NuevaYork, Paris…), pero a veces, en ciudades más pequeñas te encuentras con auténticas joyas, como por ejemplo la Biblioteca de la ciudad sueca de Malmo. Nos encantó!!!
        Un saludo!!!

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  1. Pingback: Oda a la biblioteca | luisfliguer

  2. Pues a mí me ha venido a la cabeza «libro», ¡en qué estaría pensando! Aunque también soy una de esas personas raras que va a la biblioteca, y lo que es peor… ¡llevo a mis hijos! (Sí, me preocupo por que estén calladitos).
    Sí que os ha quedado un bonito homenaje. Felicidades a las bibliotecas, al Otro Mundo por el aniversario y por formar parte de dos bibliotecas y a los bibliotecarios 😉

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    1. ¡Hala, hala, menudo locura! ¿¿¿Cómo se puede asociar una biblioteca con un libro??? Pero bueno, te lo perdonamos. Eso sí, cuando los nenes saquen un libro de la estantería pídeles que lo depositen encima de la mesa, que si lo colocan al tuntún igual después lo encuentra Rita. Y claro, igual quien está en el mostrador no es Rita y si alguien pregunta si está tal libro, le dicen que sí y después de buscarlo le responden entonces que no, papá o mamá mira mal al del mostrador, el muy incompetente. Pobrecillo, ¿no?
      Es mera información desinteresada, por supuesto.
      Gracias por la parte que le toca al Otro Mundo, le trasladaremos tu felicitación a la biblioteca de por aquí, y si nos cruzamos con algún bibliotecario también le diremos algo.
      (Guiño guiño)

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  3. Pues yo relacionaría biblioteca con magia. Eso es lo que siento cuando estoy en una. Y mira que la de mi pueblo de mágica tiene poco! No quiero ni pensar si puede ir a una de esas bibliotecas tan bonitas y espectaculares, creo que me volvería majareta de la emoción, como Bella, que de repente se olvidó del careto de la Bestia y ya tenía hasta ganas de bailoteo y cante.
    En fin, otra “raruna” más…

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    1. Tú, por si acaso vas a alguna de esas bibliotecas tan lindas y tochas, olvídate del bailoteo y del cante porque, o mucho nos equivocamos, o los del mostrador te van a mirar un poquito mal. Pero sí, con un poquito más de recato sí que te animamos a visitar cualquiera.
      Además, en la biblioteca del pueblo de uno es mucho más probable que quieran albergar un ejemplar de un escritor local, y claro, responde a la pregunta: ¿Qué biblioteca prefieres, la más colosal del mundo o la que tuviera un ejemplar en cuyo tejuelo se plasmase orgullosa la signatura “N LLE men”?
      Ahí lo dejamos…

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      1. También puedes pedir el comodín del público, que por aquí pasan unos cuantos autores noveles como nosotros, aunque no vemos nosotros claro que vayan a echarte una mano. ¡Hay demasiado en juego!
        Bueno, no, pero ya nos entiendes…
        Bueno, tampoco.

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  4. “Al igual que en los autores de LCDOM, la belleza de la biblioteca reside en su interior(…)” Jajajaja, ese comentario hizo que me riera en voz alta, menos mal que no estoy en un lugar público.
    Pues mi primera opción al pensar en Biblioteca es PARAÍSO (así en mayúsculas) y me puedo jactar todo lo que quiera porque total ya me tildan de rara. Asique nada nuevo. Y ustedes mucho no pueden decir que llamar a las bibliotecas “estrellas de cine” los deja en el país de los raros como a mí (que dicho sea de paso lo terminaron confesando)
    Bien, fuera bromas y me pongo seria: una entrada homenaje magnífica, de verdad que sí. Destila el amor por estos centros a los que les debemos tantos gratos momentos. Mi amado Alejandro Magno es mencionado también, asique se llevan mi aplauso más sentido. Estoy segura de que las queridas Biblio (encierro en esta palabra a todas las del mundo) no desaparecerán…prestará batalla y le ganará a todos esos trajeados que sólo acuden a ellas para la foto y toman un libro al azar y seguro que al revés.
    En mi pueblo es orgullosamente pública y popular, vive de donaciones pero también sigue llegando material nuevo que la bibliotecaria compra gracias a lo que se recauda en “El café literario” que se lleva organizando hace 5 años creo. Porque son los propios ciudadanos los que la defenderán sin ayuda de ningún gobierno de turno. Saludos y feliz día para su novela también 🙂

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    1. A raíz de este post estamos descubriendo todos que esa gente rara de la que hablamos copa el mundo. Allí donde existe una biblioteca también parece existir una maravillosa minoría que la sostiene a capa y espada y se enorgullece de ello. ¡Celebremos nuestras rarezas, al mismo tiempo que se nos demuestra que los raros somos legión!
      Qué bonito. Nos referimos a tu biblioteca, claro. Que el pueblo la sostenga, que se promuevan desde dentro las actividades como cafés literarios para maximizar sus recursos, que sobreviva por mucho que los de arriba pasen de largo. Un brindis por ella.

      Pd. Oye, no te rías a carcajadas porque los autores de LCDOM llevemos la belleza por dentro, mujer, que también tenemos nuestro corazoncito y tan feos no somos…

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      1. Ahora es cuando hecho mano de frases como:”Lo esencial es invisible a los ojos” “La belleza reside en los ojos de quién mira” o como le dijo Jane Eyre al señor Rochester: “Los gustos difieren en función de las personas” (huelga decir que se lo dijo después de haber expresado abiertamente que no lo consideraba atractivo) y si todo esto no es suficiente…pues ¿vale como excusa decir que sólo le tomo un poco el pelo a quiénes me resultan simpáticos?
        A propósito otra serie donde se le rinde homenaje a las bibliotecas es “The librarians” a menos que deseen usar esta serie para el Día del Bibliotecario. Saludos 🙂

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  5. Interesante lo de las bibliotecas en el cine, había casos en los que no me acordaba. Yo también soy rara entonces porque no sólo saco libros de allí, si no que siempre me a gustado las bibliotecas porque tienen algo especial que no lo encuentras en ningún sitio. Gracias por el post. Un saludo.

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    1. Hay algo en las bibliotecas que crea cierta tendencia a la identificación con las mismas. Se forma una individualidad frente a la enorme mayoría que las ignora y, al mismo tiempo, un sentimiento de pertenencia a la enorme minoría que comparte su hospitalidad. Como bien dices, tienen ese “algo” que las convierte en especiales.
      Muchas gracias por el comentario. ¡Otro saludo, Sara!

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  6. Descubrí mi primera biblioteca a los 13 años. Pensar que perdí tantos años sin saber que existía! Entré tímidamente porque me intimidaron esas estanterías del piso al techo de madera oscura. Cuando me explicaron el orden en el que estaban, me propuse ir leyendo desde el extremo inferior derecho de la estantería para “juveniles” y seguir en orden hasta el extremo superior izquierdo. Los mundos que descubrí no caben en ningún abecedario. ❤

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  7. Atracará muy cerca de donde vivo, en Manta Ecuador, el ‘Logos Hope’, una impresionante biblioteca que surca los mares. Allí estaré y les contaré lo que significa estar allí. Por lo pronto me quedo con la pregunta ¿alguien ha visto a algún político en una biblioteca fuera de un acto propagandístico?, hasta ahora no había pensado en el valor estratégico de una biblioteca y sostenerla es costoso pero indispensable. En Portoviejo, capital de Manabí, la biblioteca de más de un siglo logró salvarse de la destrucción del terremoto en 2016, pero su trayectoria es la que está bajo los escombros.

    Nuevamente lo hicieron ustedes – Amos de las Crónicas del Otro Mundo, una conmemoración que para muchos pasó inadvertida la comentaron en un tono que trasciende el lo común.

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    1. Con algo de sonrojo hemos de confesar que desconocíamos la existencia de ese navío. Qué maravillosa idea, una nave que surca los mares para transportar universos de cultura y ficción puerto a puerto. Promete ser toda una experiencia, esperamos que la disfrutes en todo su esplendor.
      Gracias como siempre por tus palabras, Raúl. ¡Un saludo!

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  8. Soy de las que ha pensado en libro al leer la palabra biblioteca. Un artículo con el que he disfrutado mucho. Y no sólo porque habéis recopilado perfectamente en él la historia de la biblioteca, hablando, cómo no, de la de Alejandría -creo que si tuviese una máquina del tiempo y sólo la pudiese usar una vez, viajaría a Alejandría sólo para ver la biblioteca- y de su importancia incluso en el cine. He de decir que no comprendo por qué los que solemos usarla somos tildados de raros, al igual que decían por ahí arriba, soy una madre que lleva a su hijo desde los seis meses a la biblioteca. Y es que durante mucho tiempo en la sociedad sólo el pudiente podía acceder a la cultura, ahora que existen las bibliotecas y todos podemos tener acceso a ella, cuidémoslas, usémoslas y seamos conscientes del tesoro que hay a nuestra disposición.

    En cuanto a lo de los políticos, ay, qué risa. Es que además hay una política con la que coincido a veces en la biblioteca, sólo cuando hay algún evento, y siempre que la veo pienso “¿pero por qué no entrarás alguna vez a leer y no a hacer el paripé, mujer?”, así que he pensado inmediatamente en esa señora y me he reído con la afirmación tan acertada que habéis hecho.

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    1. Es cierto que las bibliotecas son unas muy viejas amigas de la humanidad, aunque en tantas ocasiones de la historia hayan existido personas que las percibiesen como enemigas. No obstante, aquí permanecen, superando adversidades y adaptándose a los tiempos de una u otra forma. A veces no nos damos cuenta de que el acceso a la cultura ha sido uno de los mayores avances de la humanidad, y como bien dices se nos olvida el papel de las bibliotecas en dicho crucial asunto.
      No se puede añadir, ni hace falta, nada más a tu testimonio sobre la mentada política con la que has coincidido en la biblioteca. Real como la vida misma…
      Muchas gracias por pasarte por estos lares, Frida. ¡Un saludo!

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    1. Es cierto lo que dices. Si bien la Biblioteca de Alejandría sirve de punta de lanza a la historia de estas instituciones dado que su mención es reconocible para avezados y legos, como bien señalas la antigüedad nos ofreció un buen puñado de ejemplos de estos centros dignos de ser mentados y elogiados.
      ¡Un saludo!

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    1. La verdad es que los seres humanos muchas veces no somos capaces de ver lo que tenemos delante de los ojos, y de esa manera nos perdemos cosas, e incluso personas, a las que prestaríamos infinita atención si fuésemos capaces de pensar un poco y apreciar lo que significan u ofrecen.
      Gracias por pasarte, Fausto. ¡Un saludo!

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  9. Ya me pasaré a leerlo con tranquilidad. Pero si dicen biblioteca, me veo tentada de decir: sentada atendiendo gente y recomendando libros. jajajaja soy bibliotecaria 🙂 Pero si hago un esfuerzo y asocio digo Encuentro. Al menos en la popular (no depende del estado) donde trabajo; las populares vienen a llenar ese espacio vacío que abreva en la agenda tan atiborrada de los gobiernos provinciales y nacional. Tanto, que; en la Argentina hay más de 2000 bibliotecas populares y un poco más de 50 públicas.
    Salud! Por las bibliotecas del mundo!!

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    1. Así es, la biblioteca tiene una filmografía muy extensa a sus espaldas. Impresionantes las recreaciones de bibliotecas de tiempos pretéritos, como la que mentas de ‘El nombre de la Rosa’ o la de la Biblioteca de Alejandría en ‘Ágora’.
      Gracias por pasarte, David. ¡Un saludo!

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