Una deuda pendiente

Pongamos que existía un chico. Un niño, en realidad, de una época en la que tener doce años y seguir siendo un niño era algo que podía confluir perfectamente dentro de una misma persona. Un adolescente casi recién estrenado cuya mente seguía perteneciendo a la de un niño, un niño asustado por los cambios, un niño inseguro que no entendía el mundo que parecía obligado a abrirse ante él. Un hijo de la EGB que abandonaba en ese justo momento a dicha madre, en el verano que mediaba entre ese batir de alas y la llegada al instituto, a un nuevo centro cuya perspectiva le aterraba. Inocente. Introvertido. Inexperto. Muerto de miedo.

Pongamos que existía una chica. Una adolescente con la experiencia que dan los años de instituto, institución que abre los ojos al lego y también las puertas de la juventud de par en par. Con tres años a cuestas inserta en ese micromundo, recorriendo los pasillos del edificio, fugándose de algunas clases porque resultaba mucho más divertido quedarse con otros compañeros ociosos en la cafetería. Atrevámonos a imaginar una pubertad cotidiana, en la que un imparable torbellino de hormonas visita a dicha joven a los quince años generando un exagerado enamoramiento adolescente, pura química borboteando por las venas, cuya aparición, tras meses de entusiasmado e irreflexivo romance seguido por un inesperado y tajante final, desembocaría en un boletín de notas que exhibía inmisericorde a través de su tinta todas las asignaturas suspendidas. Planteemos a unos padres más decepcionados que enojados, cuyo castigo para la protagonista estribaba en dictaminar que su estío se produciría alejada de su habitual contexto. Enviándola a casa de un familiar lejos de los dominios de la joven, creyendo que así llegaría a entender que, sin aprobados, tampoco existirían amigos a su alcance.

Pongamos que el niño asustado y la adolescente condenada coinciden dicho verano en el tiempo y el espacio. Pongamos que se ven obligados a verse, a tratarse, a pasar prolongados periodos juntos debido a la existencia de amigos comunes. Amigos de los pocos con los que se sentía seguro el adolescente que creía ser un niño… los mismos que se sienten fascinados por la novedad de la adolescente que creía ser una mujer. El chico rechaza automáticamente la presencia de la chica, en silencio, retraídamente, de una forma tan sutil que nadie poseería jamás la capacidad de percibir nada anormal en él, o nada que no se atribuya a su inherente timidez. La joven actúa con el joven como con cualquier otro de los nuevos compañeros estivales con los que se ha topado obligada por las circunstancias. Con cortesía, con respeto, con simpatía, con bromas… con todo lo necesario para encajar sin dificultad de forma natural.

Pongamos que el chico desconoce absolutamente por qué reniega de su presencia, más allá de disturbar la camaradería que mantenía con sus colegas de siempre, la misma que le hacía sentir seguro dentro de un mundo que siempre le había provocado desconfianza y, en algunas ocasiones, incluso animadversión. Pongamos que no reconoce ese sentimiento de repudia, porque jamás lo había sentido. Pongamos que no reconoce ese sentimiento, sin más, y por ello lo confunde.

Pongamos que la chica de quince años de BUP se siente atraída por ese chico de doce. Una época distinta, unos parámetros distintos en cuanto a edades consideradas “normales” para un idilio, aunque únicamente pudiese tratarse de un amor veraniego. Pongamos que por ese motivo no se lanza, esperando que ese chico dé un primer paso con el que pueda tener la certeza de que ese “algo bonito” tiene una razón para ocurrir. Hasta arribado ese momento solo le resta aguardar, mientras ambos estandarizan una relación corriente dentro de un grupo corriente.

Pongamos que él, inexperto, idiota, tarda demasiado en darse cuenta de que no había sabido reconocer el sentimiento que ella le despertaba. Que no era rechazo, que no era desprecio ante el cambio… que no lo reconocía porque nunca antes lo había sentido. Que no lo reconocía porque nunca antes había estado enamorado. Y, tras haber descubierto esa desconocida debilidad, admitida como tal por el miedo al fracaso, nunca se atreviese a dar el paso.

Pongamos que ella, experimentada, orgullosa, no quisiera ser la primera en abrirse a aquel chico que, sin saber cómo, le había hecho sentir que aquel verano de castigo podía haberse metamorfoseado en un auténtico regalo.

Pongamos que tan solo hubiese hecho falta un primer beso para desencadenar una bonita relación.

Y pongamos que ese beso nunca llegó. Pongamos que el gris septiembre los separó para siempre, que nunca más supieran el uno del otro y que, sin embargo, ambos siguiesen pensando que la vida les debía el perpetuamente nonato beso de aquel verano. Y resultaría completamente irrelevante para sus existencias que, pasados los años, ambos se cruzaran y ni siquiera se reconociesen. O incluso que sí lo hicieran, que se parasen a hablar, que recordasen los viejos tiempos. Quizá seguirían siendo conscientes de que la vida les debía un beso, pero que también les había separado y que su momento se había extraviado en las nieves del tiempo. Puede que, sin atreverse a sacar el tema por estar fuera de lugar, se dieran la razón tácitamente al aceptar que aquel inédito ósculo carecía ya de sentido. Pero que lo hubiesen aceptado carecía de relevancia: eso no invalidaba una cruenta verdad.

Que la vida había contraído con ellos una eterna deuda pendiente que nunca, jamás, se dignaría a saldar.

https://www.youtube.com/watch?v=WU3tobupPh4

Nosotros siempre hemos aspirado a aprender, sin importar quién pueda procurarnos la enseñanza o de dónde pudiésemos extraerla. No queremos dejar pasar las oportunidades, y con ello no nos referimos tan solo al contexto romántico que nos ha introducido, sino a todos los ámbitos en los que podamos arrepentirnos de no haber dado el paso. No queremos darnos cuenta años después de que perdimos una oportunidad que necesitábamos aprovechar. Nos negamos a que la vida contraiga con nosotros y la novela que da nombre a nuestro blog una deuda pendiente que jamás esté dispuesta a saldar.

Porque la vida, sin duda alguna, tenía esa deuda pendiente con Las crónicas del Otro Mundo. Desde antes de su lanzamiento quisimos asegurar su presencia en un sector en el que obligatoriamente debía (y creemos que merecía) estar: los blogs de reseñas literarias. Y nos movimos, y conseguimos una, dos y hasta tres oportunidades; y a continuación nos llevamos una, dos y hasta tres hostias en la cara cuando todas se nos negaron de súbito, aunque, como repitió Michael Ende en La historia interminable hasta la saciedad, esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión. Pero incluso hoy nos aferramos a LCDOM, nos encadenamos a nuestra criatura para que ella tire de nosotros cuando nos falten las fuerzas, volvamos a empujarla sin descanso cuando veamos que su luz parece ir apagándose, y sea de nuevo nuestra historia la que nos arrastre hacia adelante cuando flaqueen nuestras esperanzas. Y ha funcionado. Juntos hemos seguido hacia adelante, y a lo largo de nuestro trayecto, tan desnudo al principio, hemos conseguido encontrar compañeros que han tenido a bien hacerle un hueco al Otro Mundo a través de una reseña en sus libretas misceláneas sustentadas por el ciberespacio. Pronto los volveremos a nombrar, porque el Otro Mundo no olvida benefactores; no obstante, hoy nos vemos obligados a contaros algo distinto. Por una vez, la vida ha saldado una deuda con nosotros.

Hemos eliminado de nuestra lista de cuentas pendientes esa anhelada reseña de la novela en un blog literario especializado. Sí, lo hemos conseguido: la vida ya no podrá contar la omisión de la misma como una victoria. Y todo ha sido gracias a la aparición de LCDOM en el Portal web de crítica literaria A Librería, que nos ha brindado la oportunidad de hacerle un hueco entre sus trescientas reseñas. Honestamente, al principio nos daba un poco de vértigo el sistema de puntuación que este blog utiliza, pues por debajo de la calificación “No recomendable” subyace una más profunda: “No, por favor”. Una opción simpática y original… menos para los autores cuyo libro acabe en sus fauces. Dado que dicha categoría no está vacía precisamente, la amenaza de precipitarnos por ese acantilado existía. La posibilidad real de caer en ese pozo con motivo de nuestra primera reseña en un blog literario era algo que nos aterraba, pero, al contrario que el chico asustado y la chica altiva, no podíamos negarnos a no intentarlo, a que la vida nos impusiera una cuenta pendiente. Apostamos el Otro Mundo con todo, y que ocurriera lo que tuviese que ocurrir.

Y nuestra impresión es que ha salido cara. Silvia Paz, que cuando no se encuentra publicando reseñas en A Librería seguramente esté localizable divagando en su desván, no ha creído pertinente arrojarnos a ese abismo. Más bien al contrario, estamos muy contentos de que el Otro Mundo haya caído en sus manos y existido en su imaginación durante la lectura, porque su crítica, como padres de la criatura que somos, nos hace sentir muy orgullosos.

¡Disfrutadla!

LCDOM A Librería

A Librería

  • Título:Las crónicas del Otro Mundo
  • Autores: Carlos López Moreno y Adrián E. Belmonte
  • Ilustrador: Javier A. Vidaurre
  • Género: novela de fantasía
  • Editorial: Amarante
  • Fecha de su publicación: 2015
  • Número de páginas: 952

Era la perfección eterna del dolor.

Esta obra llegó a A Librería para que la reseñásemos cuando yo ya me había fijado en ella. Su sinopsis prometía un argumento potente, ciertas dosis de ciencia y mucha acción. Tras leer la muestra, el estilo narrativo acabó de convencerme para decidirme a leerla. El ser una obra escrita a cuatro manos también fue un factor importante para despertar mi curiosidad. Considero que el escribir de este modo puede enriquecer mucho un texto, pero tiene ciertas complicaciones a la hora de crear.

carlos-lopez-210 Fotografía de Carlos López

En cuanto a los autores, Carlos López Moreno (1979), nacido en Elche, es Ingeniero Informático por la Universidad de Alicante y su especialidad…

Ver la entrada original 1.060 palabras más

45 comentarios en “Una deuda pendiente

      1. Es que hemos seguido tus pasos sádicos, y como tú ya tienes acaparado en tus entradas lo de matar gente, nosotros hemos decidido dejar a nuestros protas en plan que sufran toda la vida. ¿Somos buenos alumnos o qué? Cierto, con nosotros Michel y Bones se ven abocados a una dieta forzosa, pero haber sido más espabilados los dos chiquitos, que era verano y tocaba summer lovin’.

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    1. Más desmigada que el bacalao la reseña, es verdad que está muy bien. Lo que pasa es que tú eres la pionera de las reseñas blogueras de LCDOM, así que nadie te puede quitar del puesto. Ni Marcelino.
      Lo que nos parece raro es que no estamos redirigiendo tráfico hacia la reseña en A Librería (bueno, no sabemos el número de visitas, pero en likes el rédito es nulo) y hasta ahora lo conseguíamos, que es algo que nos gusta que ocurra con nuestros benefactores porque es lo justo y necesario.
      Resumiendo: como hemos descubierto que no somos omnipotentes, en cuanto se nos pase la alegría por obtener una nueva reseña nos toca plorera. ¿Por qué no nos has hecho todopoderosos, oh gran Rozner?

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    1. Tú sabes que nosotros no nos enrollamos (apenas) escribiendo, así que cuando saquen el reto 5 párrafos quizá nos animemos a participar.
      Bueno, mejor nos esperamos al reto 5 páginas, que nos pega más…

      Muchas gracias por la enhorabuena y los deseos, y que las reseñas pululen y pululen. Lo que pasa es que tu reseña bloguera fue la tercera en llegar, con lo cual ya pueden venir las que quieran, que del podio histórico del Otro Mundo no te mueven.
      ¡Besos para ti!

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  1. Felicidades, chicos, he visto la reseña y me ha gustado mucho… ya podéis estar orgullosos, os lo merecéis.
    Una buena introducción, lo que no es ninguna novedad, vuestros posts siempre son espectaculares. Me ha gustado esa historia de los enemorados callados, que buscarán ese beso perdido por los siglos de los siglos. Creo que todos hemos perdido algún beso por ahí que nos viene a la cabeza alguna vez.
    Abrazos para los dos.

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    1. Sí, al parecer aquí estamos todos de acuerdo en que nos gusta la reseña, y la verdad es que es muy chula y detallada. Y claro, el valor añadido de que por fin, ¡por fin, tras más de dos años y medio de existencia!, LCDOM haya tenido eco en un blog literario nos tiene locos de contentos por la criatura.
      Deben ser muchos los besos perdidos en el mundo, es cierto. Alguno recordamos por ahí también, parece que no nos libramos.
      ¡Más abrazos para ti, para no variar!

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  2. Bueno, yo lo de la reseña me lo esperaba. Quiero decir, la novela me encantó y lo menos que podría esperar —a pesar de que soy más raro que un perro verde; verde natural, se entiende— es que le gustase con el mismo entusiasmo a más gente. Pero hay que hacer dos consideraciones. La primera, felicidades porque un blog como éste haya publicado tal reseña, lo que son dos hechos relevantes. La segunda, ¡menuda intro!
    Un abrazo desde este mundo.

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    1. ¡Por fin, señor Torpeyvago, por fin! Te habías borrado del mapa cual dinero negro en Suiza y resultaba inquietante tu desaparición porque no sabíamos si habíamos perdido a un prota de hito histórico en el Otro Mundo. Que no vuelva a pasar…
      Pues quizá tú te esperases que llegara por fin una reseña en un blog literario, pero tras muchas experiencias pasadas nosotros estábamos muy licitados y mucho licitados para dudarlo. Hablamos de eso en nuestra próxima entrada, así que más pronto que tarde (si no desapareces para siempre otra vez) lo leerás.
      Eso de leerla también es opcional, claro.
      Nos alegramos de que te guste la intro, sinceramente a nosotros también nos mola. Seguro que al niño asustado y a la chica orgullosa quizá no tanto, pero eso ya es problema de ellos.
      ¡Abrazo retornado con éxito!

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  3. TERESA

    No cachaba lo de LCDOM (Las Crónicas De Otro Mundo) hasta ahora. Me encantó cuando mencionas : Esa es otra historia, pero debe ser comentada en otro momento.
    Y como reseña me tuvo todo el tiempo suponiendo* lo cual me atrapó.

    Supuse que sería un amor de esos, uno que nunca sucede y al mencionar esto, se tiene la certeza de que fué amor, amor bonito, de ese que se llena de ilusiones y espectactivas y del cual no se borra aquella imagen ideal de la otra persona ya que no tuvieron el tiempo de conocerse más a fondo, con ese amor que cambia cuando las hormonas se mezclan y la lógica desaparece.

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    1. Ese cocktail hormonal de los primeros años de la adolescencia siempre ha sido una bomba de relojería… Los sentimientos son tan intensos, las emociones tan positiva o negativamente disparatadas, el mundo entero se encoge hasta convertirse en una sola persona, esa que te ha arrebatado la cordura y el corazón… Inenarrable de explicar e inviable su olvido.
      Muchas gracias por pasarte, Teresa. ¡Un saludo!

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  4. ¡Felicitaciones! Próximo paso conquistar el mundo…este mundo. Porque el Otro ya lo tienen en su poder 🙂 me alegro mucho por ustedes, de verdad. Leí la reseña de su querido hijo y fue sincera, mmm ahora sé que pusieron unos cuantos adjetivos jajaja. Un abrazo a ambos y que sigan las buenas noticias.
    Pd: ¡En tu cara wordpress, ya que no me dejas comentar con la cuenta habitual ahí te va! MUAJAJA

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    1. ¡Adjetivos que no falten! Y si fuese por nosotros no pondríamos nada más en una novela, tan solo una lista de adjetivos eterna separadas por comas y puntos. Pero nos da la impresión de que dicha novela no se vendería mucho.
      O nada.
      ¡Más abrazos para ti, Coremi!

      Pd. Desconocemos que te habrá hecho wordpress porque a nosotros tu comentario nos aparece con tu cuenta de siempre, pero como te apoyamos pase lo que pase:
      ¡Toma wordpress, toma!

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  5. Pingback: Una deuda pendiente – worldtraveller70

  6. Cada paso, o cada beso nonato, nos dirige hacia el presente, aquél beso que apenas te rozo sin dar en blanco, fue en realidad el primer párrafo de LCDOM. Por Rtznr ¿Es que aún creéis en las casualidades? Un abrazo.
    Leñe, que la reseña es buena.

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    1. Está claro que las experiencias nos curten y nos dejan su poso, que a partir de ese momento va conformando el modo de entender la vida y, como en este caso, nuestro estilo ante una hoja en blanco. Todo suma, a veces resta, pero el resultado es el que es, y solo queda procurar que sea bueno en cualquier ámbito de la vida.
      ¡Sí, la reseña está muy bien! Esperemos que no sea la última y que podamos seguir disfrutando de críticas tan pormenorizadas. ¡Otro abrazo para ti, Carlos!

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  7. Cuando leo las entradas en este blog, no se si es que sus autores buscan vanagloriarse de sus luchas literarias o buscan dar lecciones a quienes aún somos bisoños en el arte de escribir y publicar; pongamos que ninguna de la dos y que son las dos, bien separadas pero unidas por un hilo fuerte y no visible a simple vista. Pongamos que al leer este relato me doy cuenta de existe un mensaje, justamente, sacado desde otro mundo.
    Salgo entonces de los supuestos y lo traslado a mi mundo, que es otro mundo, para descubrir luego de una segunda lectura (y algunos cafés) que entre líneas me dicen: constancia, cuando tengas que cobrar una deuda pendiente.
    Y vuelvo sobre mis pasos para reconciliarme con mis crónicas, que no son de otro mundo sino de un mundo paralelo del que voy y vengo.
    Carlos López Moreno y Adrián E. Belmonte por favor sumen a sus cuentas por cobrar, los consejos que hoy he tomado de su crónica. Pongamos que aún no se cómo voy a saldarla.

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    1. Realmente no sabemos si cuenta como vanagloriarnos de nuestras luchas literarias, pero lo que sí es cierto es que siempre exhibimos orgullosos los pequeños pasitos que va dando hacia adelante nuestro LCDOM. ¿Cómo no íbamos a hacerlo? Es nuestra criatura, y al igual que todo padre presume de los logros de sus hijos, nosotros lo hacemos de todos y cada uno de los avances del Otro Mundo sin vacilar. Nos enorgullecen, no se puede negar, a la vista de cualquier lector del blog está. Lo que no podemos hacer, ni podríamos aunque quisiésemos, es dar lecciones acerca de cómo lograr estos logros. Tomando como ejemplo esta última entrada: hemos tardado más de dos años y medio en conseguir que LCDOM llegase a tener reflejo en un blog literario. La mayoría de autores alcanza dicho objetivo no antes ni mucho antes, sino muchísimo antes, con auténtica premura. Si tan atrás nos hemos quedado respecto al resto, es evidente que lecciones no le podemos dar a nadie. Eso sí, no dejamos de explicar cuál ha sido nuestro proceso: no deja de ser la historia de nuestra criatura.
      Pero si la conclusión extraída es “constancia”, estamos absolutamente de acuerdo contigo. Con constancia puede que no se llegue a cumplir un objetivo; sin constancia, seguro que nunca se alcanzará.
      Gracias por pasarte y comentar, Raúl. ¡Un saludo!

      Le gusta a 1 persona

  8. Pingback: Una deuda pendiente – worldtraveller70

  9. Pingback: Volver a encontrarte – Las crónicas del Otro Mundo

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