Desconexión

Vemos en tantas ocasiones violencia, barbarie y crueldad tan sumamente innecesaria e injustificada que a veces duele, duele más allá de los límites de nuestra conciencia. No solo nos compunge el alma, sino que incluso podemos llegar a sentir físicamente como nos da un vuelco el corazón al ser testigos de alguna atrocidad, como nos tiemblan las extremidades de pura zozobra ante la inhumanidad descarnada que hechos o personas nos exponen impunemente, o como alguna escena de lo que debería ser puro horror reservado a la ficción se nos aparece en la vida real, causándonos nausea, ansiedad o incluso desfallecimiento. No llegamos a comprender como es posible que un ser humano se pueda comportar con un semejante de modos tan ultrajantes, y, en nuestra impotencia, intentamos que alguien pueda entender que ese no es el camino, que no somos animales.

Pero es que somos animales. Como especie, se nos olvidó en algún momento de la existencia, y tan solo lo recordamos de cuando en cuando y con un carácter marcadamente anecdótico. Caminamos por la vida diferenciándonos de los demás seres vivos: unos son meros vegetales, lo que virtualmente los excluye como seres vivos a nuestro parecer, y lo demás son animales. Pero animales, cuya significación se contrapone a la humana. Da igual como se los trate, en realidad. Algunas personas se emplean con ellos con extrema impiedad, ya sea porque ese es el trabajo que les da de comer, ya sea porque algunos neurotransmisores desorientados en sus cerebros decidieron otorgar a ese individuo placer al torturarlos. Otros seres humanos los cuidan, otros los aman desproporcionadamente, otros directamente entregan completamente su vida a su protección, porque son seres vivos, argumentando que son como nosotros… pero sin ser como nosotros. Porque el ser humano es un animal desnaturalizado, que decidió unilateralmente dejar de serlo, pero cuya biología, en ocasiones, le traiciona y demuestra lo contrario.

Somos animales. Podemos decidir apellidarnos “racionales”, “sociales”, “simbólicos” o “culturales” si así lo deseamos, pero jamás lograremos cambiarnos el nombre. Animales. Y, en algunas ocasiones, en momentos a los que algunos llegan ya sea por misticismo, por inspiración, por preclara lucidez o por inducción ajena, nos vemos conectados con lo que parece ser una naturaleza primigenia del ser humano, una en la que, despojados de los usos que la sociedad y la cultura han imbuido en nosotros, nos percibimos de esa manera: animales “rasos”, al mismo nivel que el resto de los que pueblan el planeta, mientras nos damos cuenta de que, mucho antes, no éramos como somos ahora. Ser animales, sentirnos como tales, no nos convertía en seres inferiores.

Queremos ahora mostraros otro de los fragmentos de Las crónicas del Otro Mundo. En la novela abarcamos varias dimensiones, varios campos en los que una sociedad animal se podría identificar como humana, aunque también imbuida por reminiscencias de su naturaleza primigenia, remembranzas que guiaron en ocasiones su comportamiento hacia una cultura mucho más primaria. ¿Un ser desnaturalizado se puede, a su vez, desnaturalizar? ¿Puede evocar un primitivo locus amoenus que no ha visitado ni vivido jamás?

PARTE III: LOS ÚLTIMOS DÍAS. Capítulo 33: Día siete. 21:48 h.

Salió a la oscura calle caminando como un alma errante, trazando pasos inexactos entre las aceras y el pavimento de la carretera, subiendo y bajando de los bordillos sin más intención que distraer sus pensamientos. Las luces de los semáforos parpadeaban junto al lejano fulgor de las estrellas. De las ventanillas de algún que otro coche que a esas horas todavía se atreviera a aventurarse por aquellos suburbios le regalaban, por un pequeño instante, algo de música con la que acompañar su tristeza. Ni siquiera la Luna quiso asistirlo en su hundimiento y su pálido fulgor parecía no asomar por el lejano horizonte. Así deambuló durante varias horas hasta que al final, sumido por el cansancio y el dolor, decidió buscar cobijo en un sucio callejón que quedaba protegido del viento húmedo y frío de la noche. Apretó sus rodillas contra el pecho y dejó caer su enorme cabeza sobre ellas. Buscó el calor que escapaba de sus heridas y, dando un último suspiro, se quedó dormido.

En sus sueños volvió a divisar aquellos verdes pastizales, a sentir el aroma irracional de aquel sitio, en donde podía ver a otros bueyes almizcleros como él pastando plácidamente a su alrededor, pero de un modo tan distinto a lo cotidiano, tan alejado de lo que él conocía, que se le hizo del todo incomprensible. ¿Qué sería aquel sitio?¿Por qué parecían tan salvajes e ignorantes aquellos congéneres? ¿Por qué sentía su corazón latir con aquella fuerza desmedida? ¿Sería el origen mismo de las cosas? Un tiempo anterior a todo lo conocido, lejos de lo material y artificial, cuando la justicia de los fuertes regía el ciclo de la vida y se podía sentir la belleza de lo efímero, de la vida fugaz y violenta que nace y muere bajo las ancestrales leyes de la supervivencia, sin más convencionalismos ni costumbres, tan solo el eco de la vida persistiendo en lo creado, tan solo sus pasos recorriendo el ciclo interminable en el que divergen todas las partes.

Reconoció una mísera rata corriendo entre la maleza. Asustada huía hacia su madriguera a esconderse y entonces recordó la conversación que había mantenido en el vestuario con su mánager, y pudo verlo correr como aquella rata buscando un sucio agujero, desprovista como estaba de todas las leyes y normas de la sociedad: no era más que el más indefenso de los seres, un simple aperitivo en un mundo dominado por la fuerza.

Una débil luz comenzó a filtrarse por sus párpados. Podría haber sido la furtiva luz de un coche que anduviera por allí cerca o algún malnacido que quisiera molestarlo burlándose de la desgracia de un sin techo, pero no, esta luz era totalmente distinta, parecía venir desde arriba… Abrió los ojos lentamente y en el cielo nocturno pudo ver las fantasmales siluetas que trazaba una aurora. ¿Cómo era posible? Jamás había visto nada parecido. Había oído hablar de que se podían ver en las regiones boreales, pero nunca antes se habían visto en aquellas latitudes. Se levantó despacio, contemplando el maravilloso espectáculo, y en su rostro casi se pudo percibir el nervioso gesto de una sonrisa, pero el pesado marco de su cornamenta aplanaba cualquier resquicio de felicidad. Pudo sentirse en aquella lejana tundra que vislumbraba en sus sueños, rodeado del intenso frío junto a sus antepasados, contemplando esa misma aurora en el lejano tiempo, donde todo era sencillo y en donde el silencio de la noche era tan solo interrumpido por los resoplidos que escapaban de la manada y por el lejano canto de los lobos. No hacía falta pagar para contemplar como dos animales se mataban a golpes. Y aquella conexión mística entre el cielo y la tierra era todo y cuanto podían necesitar, sintiendo un asombro continuo en lo cotidiano.

Entonces… así como aquellas verdosas luces aparecieron en el cielo, se esfumaron en la oscuridad… El viejo buey miró a ambos lados de la calle, y resoplando volvió a su nido de miseria… pero esta vez, sentía que algo nuevo había nacido en su alma. Quizás fuera una señal de sus ancestros, que al verlo en el efímero mundo de los sueños, se habían manifestado aquella noche como antiguas y luminosas manadas pastando en la interminable tundra de las estrellas.

 

35 comentarios en “Desconexión

  1. Me habéis hecho recordar uno de los mejores pasajes del libro. —Petición: Lobo saliendo de la «tabelna»—
    Creo que el problema no es cómo ven los humanos a los animales —y ya empezamos aquí poniendo una línea—. Nuestro córtex superior, del que tanto presumimos, no es un órgano que haya aparecido en la humanidad de la noche a la mañana. Existen otros animales con tal elemento más o menos desarrollado. Y no solo primates los primates desarrollan inteligencia con el neocórtex, también alguno acuático: eso sí, parece que se distinguen del resto por encontrar placer en el sexo, tanto como para autoinducirlo —esto es un eufemismo en toda regla— y otros comportamientos que calificaríamos de salvajes pero no de animales. Salvajes. Vale, llegamos a otro hito, u otra línea. Salvaje, que no animal, lo definimos por oposición a civilizado. Y aquí es donde perdemos los papeles. ¿Civilización? ¿Dónde? ¿Una civilización racional? ¿De verdad? Confundimos una sociedad dogmática con racional porque está tecnificada. ¡Ójala nos callese encima una civilización racional!
    Claro, siempre nos podemos conformar: una bomba atómica no deja de ser una razón de peso.

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    1. Entonces de las andanzas de Lobo se podía extraer una versión de la famosa alegoría de Platón y crear para el arquero su propio ‘Mito de la taberna’. ¿Podría ser un spin·off de LCDOM? Esperamos que no, ahora mismo nos da hasta pereza pensar en algo así, porque a Lobo hay que cuidarlo mucho y ahora estamos en otros menesteres.
      Sí podemos hacer un spin·off rápido de tu explicación sobre el neocórtex, aislando lo de la autoinducción de sexo (como animales que somos, la cabra siempre tira al monte) y ampliando que tampoco hace falta mucho neocórtex para eso, porque varios especímenes que vemos con frecuencia se dedican a ello (no profesionalmente, aclaremos) y no parecen tenerlo muy desarrollado.
      Y llegamos al punto de “¿Civilización racional? ¿Dónde?”, en el cual no podemos añadir nada racional que no hayas expuesto tú ya sobre el tema. Pues sí, así de crudo lo llevamos todos, o al menos todos los que no tenemos un botón rojo cerca.

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  2. Hola, voy a ir por partes (no voy a caer en el chiste fácil de Jack el Destripador oops lo terminé nombrando) los seres humanos deberíamos dejar de ser tan arrogantes y reconocernos como parte del ciclo vital, principio y final. Sin muchas especies que consideramos “inferiores” la vida en este planeta sería imposible (por citar un ejemplo las abejas, los arrecifes de coral, etc) Segundo agrader por este fragmento de su novela…como sigan así voy a terminar leyéndola por partes en su blog como antaño que se publicaban las novelas en folletín (yo agradecida) Creo que sus poderes mentales siguen activos o filosofamos sobre los mismos temas XXDD. Saludos 🙂

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    1. Pues ya podemos seguir poniendo fragmentos en plan folletín quincenal, que con una obra tan extensa quizá acabaríamos de mostrárosla completa a finales de 2027, y a eso tendrías que añadir lo de ir componiéndola como un puzzle porque vamos publicando los fragmentos desordenados… Sería complicado, no cabe duda, pero con una alta motivación, a saber.
      Respecto a lo de los poderes, pues qué te vamos a decir: por lo visto no los podemos desenchufar, así que… cuidado con lo que piensas, no sea que nos enteremos de cosas que no quieras que salgan de tu cabeza.
      ¡Saludos!

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  3. Hola chicos:)) Después de tanto tiempo siguiéndonos y como no quiero que se pierda la relación, aprovecho la ocasión para informaros de que estoy contactando con aquellos seguidores con los cuales he tenido algún contacto especial, para seguir leyéndonos y compartir la nueva web de “Ander one dream” que estamos a punto de lanzar. Como es fuera de WordPress necesitaría un email para avisaros del lanzamiento. Va haber un montón de sorpresas nuevas. Gracias de antemano y un fuerte abrazo:)) Espero que nos leamos pronto!!

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    1. Qué lleva a un ser a desnaturalizarse… pues sí, una muy buena pregunta, aunque deberíamos definir primero si nos referimos a desembarazarse de su naturaleza primigenia, digamos “animal”, o de su naturaleza social, artificial en un comienzo pero inextricable en la actualidad, independientemente del grado de civilización en el que se dé esta socialización.
      Lo dicho: muy buena pregunta, y con ramificaciones por desentrañar.
      Gracias como siempre por aportar, Nelida. Un saludo!

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    1. Primero nos desnaturalizamos como animales “naturales” para después ir desnaturalizándonos como animales “sociales”… Es normal que muchas personas no entiendan donde está su lugar en el mundo, si a nivel de civilización no son como el resto de animales, pero tampoco la sociedad en la que se circunscriben representa su auténtica naturalez. En fin, un tema sobre el que reflexionar, sin duda.
      Siempre es un placer recibirte, este blog es tu casa. ¡Un par de abrazos, como siempre!

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  4. En realidad, para reflexionar y debatir, es un tema muy amplio y peliagudo, hay quien piensa que los animales no son los “salvajes” sino los humanos. Confieso que yo aún no me decido qué pensar, hay mucho mar de fondo en ese tema. Interesante este planteamiento.
    Abrazo de luz.

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  5. Pingback: Desconexión — Las crónicas del Otro Mundo | Vivo para el Rock

  6. Viendo lo que vemos creo que, reconociendo que somos animales también, dicen que racionales, a veces nos mostramos por debajo de esos llamados animales irracionales. Miramos alrededor y vemos depredadores humanos que son mucho peores porque lo hacen por propia voluntad, por maldad, por venganza. Hay gobiernos depredadores, hay sociedades depredadoras, hay empresarios depredadores, hay hombres y mujeres depredadores, que han olvidado la esencia humana si es que alguna vez la han tenido.
    A veces, cuando veo o leo algunas cosas, me avergüenzo de ser de la especie humana, casi preferíría ser como Yeni, mi perra, noble, cariñosa, y con una intuición que ya la quisiéramos muchos de nosotros.
    Y creo que a todos nos gustaría desnaturalizarnos un poco, volver a los principios de los tiempos y ser auténticos…
    Un abrazo.

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