El recuerdo encadenado

Probablemente una de las situaciones más insondablemente tristes y dolorosas, inhumanamente dolorosa, sea el momento en el que alguno de tus abuelos, o padres, o cualquier ser querido dedicado a criarte en tu infancia, deja de acordarse de ti. La vida puede haberte golpeado con severidad, te puede haber machacado, puede haber conseguido que el resto del mundo te trate como a la más ignominiosa de las escorias, que aún así dichos momentos jamás lograrán resultar tan traumáticos como el instante en el que esa persona tan amada realiza la más amarga de las preguntas.

“¿Tú quién eres?”.

Es ley de vida, de una vida que más pronto que tarde se verá abocada a la muerte. Es ley de muerte, en realidad. Muerte del valioso recuerdo, muerte de la persona que siempre ha habitado ese organismo durante toda la existencia de aquellos que lo idolatran, y que son los que padecen realmente ese golpe letal, por mucho que los sujetos maldecidos por cualquier tipo de demencia sean los objetivamente damnificados. Sus conexiones neurales se transfiguran en cables pelados primero, incompletos y defectuosos, hasta que llega el fatídico momento en el que estos se desconectan por completo. Eso es el horror, la infamia, la más abyecta atrocidad, que impotentemente corresponde al propio cuerpo de la desdichada víctima, que no puede sostener más la cordura que ha logrado sustentar hasta ese momento. No queremos hablar más de eso, la verdad. Queremos volver atrás, a un tiempo pretérito en el que esas fracasadas neuronas seguían luchando a brazo partido por seguir adelante; cuando todavía, de alguna de las maneras, conseguían su objetivo.

Antes de todo aquello, una pregunta recurrente para todos alrededor de dicha persona consiste en la que alega ignorancia ante una contrastada evidencia: ¿como es posible que esa persona no tenga ni idea de donde ha dejado las llaves apenas dos minutos antes, pero sepa con claridad meridiana lo que le ocurrió en su juventud, en su adolescencia, en su infancia?. Su almacén de recuerdos permanece intacto, pero su capacidad para crear recuerdos ya ha quedado, paradójicamente, en el olvido. Mientras tanto, la primera mascota permanece ahí, el día que le regalaron su primera bicicleta sigue vigente, y conoce a la perfección el punto exacto en el que se ubica la cicatriz en la que se cosieron aquellos primeros puntos de sutura para cerrar la herida y que tanto le hicieron sufrir, aunque el médico le repitiera falsamente y más de lo necesario que no le dolerían. Y aunque todos esos recuerdos no son perfectos, o mejor dicho, no son exactos y en ocasiones ni siquiera objetivos, sino que están ciertamente distorsionados por la vida, son entrañables, son hermosos, son dignos de continuar en ese cerebro que comienza a perder su impulso. Rebuscando entre toda la crueldad que rezuma el aciago hecho de ir consumiendo la capacidad de evocar el pasado, y aunque no resulte demasiado alivio, a su manera es hermoso que sean los momentos más bonitos y entrañables los que acompañan a esa persona hasta el óbito de su memoria.

Por eso queremos aquí desandar ese camino, para no quedarnos en esa tragedia consistente en extraviar los momentos más hermosos de una existencia, sino para permanecer en la época en que los más preciados instantes de una vida acuden a una mente cada vez que se requieren, o se necesitan, o simplemente porque se decide paladearlos una vez más. El primer beso y el primer amor, ya se encuentren estos dos momentos abigarrados o sean distantes, o el primer minuto de felicidad intensa, e incluso la primera vez en la que supiste por ti mismo lo que debías hacer, sin que otro ser humano, independientemente de su edad, adulto o compañero, te proporcionase la pista necesaria para indicarte como debiste actuar.

Este es el momento que hemos escogido para presentaros a Axel, un personaje más que decisivo de LCDOM, un arquero que cargará con una responsabilidad mucho mayor que él mismo, y que se manifestará como trascendental en el destino del Otro Mundo. Es algo que él no pidió, algo que le resultaba completamente ajeno, algo a lo que no sabía que se vería abocado hasta darse de bruces con el momento más crítico de su vida. Pero ese instante nunca se habría dado de no ser por otro momento crucial, ese instante de su infancia en el que su inocencia se transfiguró en decisión, en el que el titubeo se transformó súbitamente en el cigoto de su capacidad de elección, de atrevimiento, en la consecución de una acción que cambiaría el rumbo de su escaso bagaje en el mundo y le empujaría al resto del mismo convertido en arquero. Un momento que cambiaría el devenir del Otro Mundo llegada la hora. La ocasión que, con los años, se vería forzado a recordar como el trance que a la postre cambió su camino, sin saber todavía que también afectaría al de todos a su alrededor. El instante que inexorablemente y para siempre tenía la obligación de acudir a su memoria por todo lo que iba a significar para él. A este respecto Axel es uno más, porque a todos nos ocurre exactamente igual: aquel momento inigualable siempre retorna a nuestra memoria cientos, miles de veces, a lo largo de nuestro caminar hacia el ocaso.

Os presentamos el inicio del decimocuarto capítulo de LCDOM, que da paso a un recuerdo de la infancia de Axel, un recuerdo tan encadenado a su alma que, aunque quisiera, nunca conseguiría olvidar.

Capítulo 14: La manzana de Alley

Apenas tendría cuatro meses cuando derribó aquella manzana. Era curioso como un objeto tan inane podía decidir el papel de alguien en la vida. Aquella manzana no tenía ni voz ni voto en ningún plano de la existencia, y, sin embargo, le convirtió en arquero. Al parecer, aquella fruta sí que tuvo algo importante que decir, a fin de cuentas.

Tras tantos años transcurridos desde entonces, Axel se regodeó en aquella imagen evocada por su recuerdo: una manzana con la capacidad de decidir significativamente sobre el destino de los animales. Sonrió para sí mismo, imaginándose aquel fruto vegetal como parte de un espectáculo de feria: “¡pasen y vean, damas y caballeros! ¡la manzana con voz y voto en sus vidas!”.

Pero aquella manzana a la que se refería, desconociendo el hecho de si era por ser un fruto normal o bien, a pesar de tener la capacidad no lo hiciera por timidez, no hablaba. Tan solo había permanecido allí, colgando de aquel árbol, a una altura lo suficientemente considerable para que ni él ni ningún otro de sus hermanos se hubiese percatado nunca de su existencia. Una manzana verde y grande, colgada de la última rama del manzano más alto que jamás existió, o al menos eso decía su abuelo.

Axel no había visto la manzana que a la postre decidiría su futuro, tan solo correteaba y jugueteaba con Alley, Emeelea y Yörch, como correspondía a su edad. Tsaro estaba un poquito más alejado de aquella infantil algarabía, husmeando entre rosales y geranios, guardando en su archivo olfativo los aromas que desprendían según qué flores, y aprendiendo que algunas plantas tienen espinas de la manera en que todos los cachorros lo hacían tarde o temprano. A Axel también le vino instantáneamente a la cabeza ese recuerdo. Tenía claro que ese primer pinchazo en el hocico no se olvidaba nunca.

Volvió a su remembranza original y evocó el momento en el que su hermana Alley miró hacia arriba y la distinguió. Vio aquella manzana a unos dieciséis metros de altura, tapada por el ramaje y la frondosidad del follaje… Ciertamente, visto desde la distancia que daba el tiempo y la edad, aquel no podía ser un manzano normal. Alguien tuvo que experimentar con semillas de manzano y algún otro árbol gigante y parir aquel monumento vegetal que les cobijaba en la infancia con su imponente sombra. De lo que sí estaba seguro es de que daba manzanas; eso sí, que nadie le preguntara por qué lo hacía. Y en la rama más alta del engendro arbóreo, apenas visible (y eso solo desde algunos ángulos), se encontraba suspendido aquel pomo verde, enigmático y arcano, oteándoles desde su elevada posición. Filtrando la disposición de esa manzana bajo el punto de vista del arquero en el que se había convertido el husky, su colocación era inmejorable: si ese fruto hubiera sabido manejar un arco y hubiese querido acabar con ellos, él y sus hermanos habrían ido cayendo uno tras otro… Menos mal que tan solo era una fruta.

Pero, evidentemente, cuando la pequeña y dulce Alley la vio, no pensó en una estupidez tal como “cuando uno de mis hermanos sea arquero, dirá que su posición es inmejorable”, sino que, como cachorrita que era, la deseó con todas sus fuerzas. La deseó tanto que le dolía pensar lo inalcanzable que le resultaba, y probablemente también calculó lo inaccesible que era para el resto de todos ellos. Sabía que no podría conseguirla, ni siquiera era capaz de imaginar forma alguna de hacerse con ella, y al mismo tiempo comprendía que ninguno de sus hermanos podía tampoco ayudarla. Axel, a sus cuatro meses de edad, pudo notar el dolor que emanaba de su hermana en sus propios huesos, pero eso no fue nada comparado con lo que sintió al escucharla aullar de desolación, de pura y descarnada desolación. Un escalofrío le recorrió por todo el cuerpo al recordarlo tan vívidamente. Parecía que hubiese ocurrido ayer.

Emeelea y Yörch también se habían quedado parados, y es que, a pesar de ser de la misma camada, todos sentían que Alley era el ojito derecho de todos y cada uno de ellos. No es que fuese la favorita de sus padres, sino que era la favorita de todos sus hermanos. Clavados sus ojos en Alley, Axel no había visto llegar a Tsaro, que había acudido a intentar consolar a su hermana, y es que en realidad poco más se podía hacer. Era algo absolutamente descorazonador.

Aquella fue la primera vez que Axel dejó que sus sentidos se aliaran con el entorno para encontrar una solución a un dilema, a los cuatro meses. Se concentró en el problema, y el problema no era que Alley estuviera abatida, sino la manzana que originaba su consternación, aunque seguía sin saber qué podía hacer.

Su mente inexperta se dispersó durante unos instantes, pero volvió a intentarlo: la manzana. Había que conseguir la manzana. ¿Cómo podía alcanzar la manzana? Intentó concentrarse en sus sentidos, y surgió… Aspiró el aire, y en esa misma bocanada le preguntó sin palabras “¿Qué me estás diciendo?”. Levantó el hocico, y con cada aspiración le cuestionó sin mover los labios “¿Qué es lo que realmente tengo que preguntarme?”. Clavó sus ojos en la manzana y le preguntó “¿Cómo llego hasta ti?”.

El aire le dijo que no podía alcanzarla. Algo en el ambiente le indicó que no buscaba alcanzarla, sino conseguirla. Sus ojos le dijeron que no tenía que llegar a ella.

Que era ella la que tenía que llegar a él.

No tenía que alcanzarla. Tenía que derribarla.

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37 comentarios en “El recuerdo encadenado

  1. Y hay que dar gracias de que persistan esos recuerdos para saber que se “es”, que todavía quedan unas gotas en el frasco. Ya he dicho en alguna ocasión que trabajo con ancianos y veo cada día el deterioro que mencionas. Sólo queda escuchar sus recuerdos como si fuese la primera vez que los oímos y recordar con paciencia dónde olvidaron las llaves.
    Por cierto, el capítulo de Axel y la manzana ya lo había leído, lo que más me marcó fue lo que le impulsó: los aullidos de su hermana.
    Besacos!!!

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    1. Respecto a los recuerdos que se disuelven como un triste e indefenso azucarillo en las ardientes aguas del olvido, poco podemos añadir… Tú conoces el tema mucho mejor que nosotros y por experiencia tendrías más historias y detalles que plasmar.
      Aunque en el tema perros de mentis igual podemos aportar más cosas. ¡Es que Alley y los arcos siempre le han tirado mucho a Axel! Pero claro, ¿quién conoce a un husky que no esté loco por los arcos? Nada nada, es imposible imaginar un mundo en el que existieran huskys sin arcos en las zarpas.
      O igual no, quien sabe… Probablemente los recovecos del Otro Mundo afecten a las neuronas de los autores y les hagan enunciar cosas raras, tales como mundos sin huskys con arcos y desvaríos así.

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  2. “¿Tú quién eres?” Una de las preguntas más complejas que puede existir en la mente de las que, asumo, tienen como origen el interés por esa persona. Si no me interesaras, no te preguntaría… La respuesta no va por el lado de la descripción o de simple decir un nombre, va por la senda de relatar el momento sublime de ese primer encuentro: ¿Recuerdas cuando… ? Por alguna misteriosa razón nuestros recuerdos están encadenados al nombre, cuando en realidad tendrían que estar anclados a la vivencia conjunta que de quien nos pregunta: “¿Tú quién eres?”

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  4. Duro momento es ese en el que vemos que los recuerdos se van desdibujando en la mente, y los sucesos ya no se fijan en la memoria de alguien a quien amamos, hasta llegar el instante en que no nos reconocerá… ¡¡Doloroso en verdad!! 😦 Lo estoy viviendo ahora con mi madre… Está en avance ese proceso… 😦 Sin embargo, como dicen ustedes, también es bello cuando narra lo que sí tiene bien grabado en su memoria, así nos lo haya contado innumerables veces… 🙂

    Abrazooo… 😉 :*

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    1. …aunque seguro que si vas de tres en tres comentarios, pronto ganas seguro!
      Por Alley no te preocupes, el capítulo continúa y te podemos anunciar, en rigurosa primicia (si obviamos al resto de personas que se hayan leído LCDOM, que para ellos no es primicia), que Axel se encarga de que consiga su añorada manzana. ¡Todos felices y contentos!

      Y con este van tres abrazos. Gracias por pasarte de nuevo, Luz!

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      1. Jjejejej… ¡¡Gracias!! XD Me paso con todo gusto… ¡¡Recibidos gratamente los tres abrazos… ¡¡Ojalá todos los Alley consigan su añorada manzana!! Y urra por todos los Axel que ayudan… ¡¡Abrazooooooo!! 😉

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      2. Siempre que existan Axels en el mundo, todas las Alleys acabarán consiguiendo su manzana deseada. Ahora lo que nos queda es procurar que siempre quede algún Axel, y ahí todos tenemos que arrimar el hombro: hay que mimarlos para que nunca cambien su forma de ser.
        Otros tres abrazos, uno por cada comentario nuevo!

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  5. Creí que era un humano y resulto ser un perro, un husky jajaja. Lo de un perro arquero es interesante, la verdad es buena idea yo veí dibujos animados donde los animales hacían de todo un poco como empuñar armas y etc. se llamaba Beast Wars hablando de recuerdos hicieron que recordara esta serie voy a pasear por el cajón de los recuerdos un poco más 🙂 Saludos, gracias por el capítulo.

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    1. La verdad es que en LCDOM caben muchas tramas y argumentos porque es una novela muy amplia, y la de Axel y sus compañeros arqueros es una de sus historias inmersas. Si te ha gustado el capítulo (aunque en realidad es solo un fragmento del mismo) y quieres asomarte al Otro Mundo un rato, en la página de Amazon tienes disponibles gratis los primeros ocho capítulos. Te dejamos el enlace por si algún día te apetece leer un poquito más.
      Gracias por pasarte y comentar, un saludo!

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