Make LCDOM Great Again

De repente se ha cernido sobre toda la blogosfera un vendaval que lo ha arrollado todo a su paso, pero en vez de mandarnos a todos al quinto pino nos ha dejado sentaditos delante de él para que nos despleguemos por cada rincón del ciberespacio y difundamos su palabra: nuestro dios los Premios 20Blogs. ¡Pero no! En el Otro Mundo aguantaremos los embates del vigoroso ciclón con estoicismo, imperturbabilidad y resolución. Y una cosa más os vamos a decir acerca de esta entereza y esta negación incorruptible ante la posibilidad de un meritorio reconocimiento público:

Que es mentira. ¿Cómo no vamos nosotros también a participar e intentar mendigar algún voto? Quita, quita: es triste de pedir, pero más triste es de robar. Ya lo intentamos el año pasado, aunque no se puede decir que tuviéramos demasiado éxito con nuestra anterior campaña publicitaria. No obstante, hoy de nuevo volvemos a entonar el “Sí nosotros lata” (“Yes we can” para los que sepan inglés) y hemos preparado una tremebunda y agresiva propaganda electoral. Y otra cosa os vamos a decir sobre la misma:

Que también es mentira. ¿Cómo íbamos a saber planificar una, si ni siquiera nos presentamos nunca ni para ser delegados de clase? Finalmente hemos decidido entre el extenso abanico de posibilidades existentes, que son una o ninguna, que el blog tiene que hablar por sí solo para que alguien decida darle alguna estrellita en la votación. Y dado que el leit motiv de este blog era publicitar la novela homónima, es esa misma “Las crónicas del Otro Mundo” la que tiene que convenceros. Vamos a presentaros un fragmento de la misma de la mano de uno de nuestros protagonistas favoritos, Lobo, del cual ya pudisteis leer su primera aparición en la historia en una de nuestras anteriores entradas. Ahora vais a poder descubrir uno de sus momentos más trágicos.

Y si os gusta, no dudéis en votarnos en este enlace. Vamos, si queréis (y si no también, no os hagáis de rogar).

“El día que Lobo cumplió un año, Mawi cayó muy enferma.

Tras el día en que Luneta desapareció aquella casa ya no fue la misma de antes, aunque los tres perros se esforzaban por apoyarse unos a otros. Gill seguía yendo a la ciudad a por comida, y en esos 6 meses consiguió llevar a Lobo dos flechas más. No obstante, aquel setter ya no era tan bromista como antes de aquella noche, y aunque se esforzaba por ocultarlo, la sombra color ceniza de la tristeza acampaba en su mirada. A pesar de ser una mentira piadosa, cargaba en su conciencia el haber engañado al cachorro. ¿Realmente era mejor hacerle creer que su madre seguía viva en alguna parte?

Por su parte, Lobo se convirtió en un experimentado tirador. Había ido a la ciudad varias veces con Gill a aprender el modo de vida mediante el cual habían conseguido sobrevivir como vagabundos, pero en la mayoría de ocasiones se quedaba en la casa practicando con su arco. Aprendió a acertar blancos que se hallaban en otra habitación a través de boquetes en los muros cada vez más pequeños, mientras Mawi le aplaudía aquellos trucos preguntándose cómo era posible que aquel perro al que había visto nacer medio muerto pudiera tener aquel talento con el arco sin haber tenido una instrucción previa… y un maestro como Gill. En otras ocasiones, Gill encontraba en la basura cáscaras de plátano, bolas antiestrés partidas por el uso o balones pinchados, y los lanzaba al aire lo más fuerte que podía para que el cachorro acertara en ellos. A Lobo ese ejercicio le resultaba insultantemente fácil, pero era bonito compartir esos momentos de felicidad con sus padres adoptivos, que le miraban orgullosos y extasiados cada vez que veían a Lobo conseguir una diana imposible.

Un día, Gill se fijó en un moscardón que acababa de posarse en un mueble desvencijado que había llevado a casa.

—Lobo, ¿a que no eres capaz de acertar a aquel moscardón? —gritó.

Gill ni siquiera sabía en qué parte de la casa estaba Lobo, pero sabía que, estuviese donde estuviese, acertaría. Lobo no lo tenía tan claro. Había oído al setter retarle, fue a por el arco y desde el lugar donde lo recogió se encontraba aproximadamente a unos trece metros de distancia del objetivo… Apenas veía aquel insecto. Colocó la flecha, apuntó y disparó. Y falló. Gill no daba crédito. Puesto que no se había dado la vuelta, no había sabido desde donde pensaba disparar Lobo, tan solo tenía la vista fija en el moscardón y esperaba ver de repente una flecha surcando la estancia y despachurrando aquel insecto. La flecha atravesó la habitación y se clavó en el mueble, pero Gill pudo ver como el moscardón salió volando. Perplejo como estaba, giró la cabeza hasta que pudo ver a Lobo con el arco todavía en la mano.

—Lobo… ¿has fallado?

—Sí… eso parece —admitió Lobo, más sorprendido que decepcionado por el fallo.

—En fin… Mira, me he informado acerca del cuerpo de arqueros.

—¿El qué?

—El cuerpo de arqueros. Por lo visto, el ejército tiene un cuerpo de arqueros, y resulta que…

—¿El ejército tiene arqueros? —interrumpió el pequeño.

—Sí… Aparte de tanques, metralletas y bombas, tiene arqueros, y…

—Estás de coña. —Lobo estaba estupefacto.

—¡Deja de interrumpirme chico, que esto te interesa!

—Ok.

—El ejército tiene un cuerpo de arqueros. He estado escuchando y, por lo visto, aunque es muy prestigioso, cualquiera puede entrar en él si supera una prueba de aptitud con el arco. Cualquiera. Bueno, cualquiera que sea un perro, claro.

—Me estás vacilando, Gill — contestó con incredulidad el mestizo.

—Cualquiera —aseveró con rotundidad el setter— . El día que cumplas la edad mínima, te vas allí de cabeza. Saldrás de este fango y te convertirás en soldado del prestigioso cuerpo de arqueros, eso te lo dice Gill. Y espero que cuando seas un soldado con pasta te acuerdes de estos setters…

—Gill, ¿es eso cierto? —Interrumpió Mawi, cuya alocución sorprendió a ambos, pues no se habían dado cuenta de que estaba detrás de ellos. Gill le contestó con aplomo.

—Mawi, Lobo va a ser un soldado de élite.

—¡Cariño mío, ven aquí! —Mawi corrió a abrazar a Lobo, que aún no acababa de asimilar el hecho de que el arco que Gill le había robado podía convertirlo en soldado— . ¡Vas a ser soldado! ¡Vas a salir de aquí! ¡Vas a salir de aquí! —Repitió, como si se tratase de huir de una cárcel en la que los tres estaban confinados pero solo él pudiera lograr abandonar.

—Sí, chaval —volvió a afirmar Gill—, vas a escapar de esta miserable vida —adoptando un tono más severo, añadió—. Tu madre estará muy orgullosa, Lobo.

—Sí… —comenzó a contestar él. No había asumido aun del todo que pudiera ganarse la vida siendo arquero de verdad—. Gracias a ella los tres saldremos de aquí. Cuando sea arquero, lo primero que haré con el dinero será comprar una casa de verdad, y los tres viviremos allí.

Mawi no pudo reprimir lágrimas de felicidad. Al otro lado de la estancia, Gill miró a Lobo con un orgullo como nunca había sentido en su vida por nadie.

Dos semanas después, Mawi cayó muy enferma: necesitaba un médico y fármacos con urgencia, era una cuestión de vida o muerte. Gill fue a la ciudad para robar todo aquello que estuviera a su alcance para revenderlo y conseguir el dinero suficiente para costear aquello, pero no lo consiguió. Entonces, desesperado, dejó a un lado los pequeños hurtos sin peligro que habían mantenido con vida a su pareja y a él mismo y asaltó una farmacia para conseguir medicamentos. No tenía claro cuales necesitaba, así que cogió todos los que pudo cargar y salió de allí. Y fue esa vez, esa y no otra, la vez en que Gill no pudo escapar tras un robo, la vez en que la policía consiguió detenerle y le colocó bajo arresto. Le acusaron con cargos de asalto, robo y posesión de drogas: precisamente unos cuantos de los fármacos que había cogido Gill eran los que solían robar los drogadictos para pasar el mono. Ese fue el día en el que apresaron a Gill: el mismo en el que Lobo cumplía un año.

Mientras tanto, Mawi se moría. Lobo intentó convencer por activa y por pasiva a Mawi de que tenía que ir a la ciudad a buscar a Gill, y en caso de no encontrarlo conseguirle medicinas, pero Mawi le respondía cada vez más débil que Gill volvería, que no la dejara sola. Con el paso del tiempo ambos comprendieron que algo horrible le había pasado a Gill, porque no habría abandonado nunca a su pareja, y que no iba a volver… Lobo, acurrucado junto a Mawi dándole calor, se levantó al fin dispuesto a ir a la ciudad, preparado para todo lo que hiciera falta para salvarla. Pero ella, con un hilo de voz, dijo una frase para la cual Lobo no encontró réplica.

—No… no quiero morir sola…

Lobo se quedó mirándola. Comprendió que tenía razón. Volvió a acurrucarse junto a Mawi, y permaneció a su lado hasta el último momento. Horas después, pudo escuchar con claridad su último hálito.

Esa noche en la que cohabitó con la muerte se dio cuenta de la existencia de la misma. La muerte estaba ahí. La muerte era un suceso real. Existía. Y aquello le hizo entender que aquella historia sobre su madre que Gill le había contado seis meses antes no tenía mucho sentido, ahora que había aprendido que no se podía escapar de la muerte.

Aquella noche, el día que cumplía un año, Lobo perdió a sus tres padres.”

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22 comentarios en “Make LCDOM Great Again

    1. Conforme hemos leído eso de ‘plagio’ nos hemos encendido como antorchas, totalmente en pie de guerra; después hemos averiguado el motivo… Pos también es casualidad. Pues nada, hemos llegado nosotros tarde a ponerle título a la entrada, qué le vamos a hacer… Aceptaremos el papel de segundones por una vez, no queda otra

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  1. Éste es uno de las escenas que más me gustan de todo el libro —y digan lo que digan los autores, Lobo falló aposta; si lo sabré yo 😛 —.
    Me vais a perdonar, pero como soy un auténtico somarro en esto de los votos —y mira que lo he intentado veces—, y más si están vinculados a ciertas redes sociales —llevas razón, soy medio marciano, ni tengo cuenta en «caralibro» ni en el «piopío»—, por tanto, no sé si he sido capaz —pone que mi voto ha sido de 5 estrellas, pero vaya usted a saber—.

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    1. Lo primero, principal, importante y urgente es mostrar al mundo nuestro más encarecido agradecimiento por las cinco estrellas tanto si han sido contabilizadas como si no, porque esa intención es lo que cuenta (aunque para 20minutos cuentan más los votos, qué le vamos a hacer…).
      Pues saber si has votado de manera efectiva parece fácil, lo primero para poder hacerlo es estar registrado en 20minutos y tener la sesión iniciada cuando votas (con lo cual si no estás registrado pues ya sabes que tus esfuerzos hasta ahora han sido en vano). Si estás registrado y has votado con la sesión iniciada, es más fácil aún: si te vuelves a meter en el enlace y este te dice que “Has votado a este blog en esta categoría”, eso podría sospechar que quizás, y solo quizás, hayas “votado a este blog en esta categoría”. Pero en fin, si no tienes cuenta en 20minutos sabemos que da pereza registrarse en un diario solo para estas cosas, así que si no te compensa registrarte ya te decimos que esas 5 estrellas que nos has dado no valdrán para los premios, pero sí para nosotros. Muchas gracias, señor torpe y además vago!

      Pd. Nunca vamos a llegar a un consenso contigo sobre esto, pero a pesar de que LCDOM esté escrito para que cada lector lo interprete según su propio punto de vista, lo sentimos: Lobo nunca acertó al moscardón, eso es así de irremediable. De hecho ese insecto siguió tan vivito y coleando que se rumorea que estaba en una isla paradisíaca cuando dio comienzo la noche más oscura, fíjate.

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      1. Lobo no acertó al moscardón, es cierto, pero la causa la tengo clarísima, mucho más que los autores, por cierto 😛
        Tampoco estoy de acuerdo con la otra vida del moscardón. Para mí que en realidad estuvo en plena batalla y fue el motivo por el que Vitisnu —¿lo he escrito bien? Vaya memoria mierdosa la mía— estaba tan mosqueda.

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    1. Muchas gracias, Leire: ya puestos con las frases de uso público, tus votos “nos llenan de orgullo y satisfacción”. Todo lo que makes LCDOM great again nos viene de perlas, que por cierto, también es una frase hecha… si seguimos respondiendo al comentario quizá caigamos en un bucle refranero.
      Un saludo y gracias de nuevo!

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  2. Intentaré votaros, espero que no me pase como a Torpeyvago, ya os cuento…
    En cuanto al capítulo del libro, me encanta, aunque sea un poco triste, pero es la vida en su salsa, se aprende a fuerza de golpes. Lobo es un personaje que engancha. Felicidades.
    Y el vídeo muy bueno, como nos tenéis acostumbrados. Gracias.
    Un abrazo.

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    1. Lobo nos encanta, por eso lo hemos exhibido más de una vez: es un personaje capaz de hacer sentir orgullo a quien lo crea, así que gracias por lo que nos toca. En cuanto al video de Eric Clapton igual ya conoces la historia, es una canción en memoria de su hijo fallecido a la edad de 4 años. Muy emotiva, ya lo has podido comprobar por ti misma.
      En cuanto a los votos, muchísimas gracias independientemente de que consigas hacerlos efectivos o no. La intención de dárnoslos ya es motivo de satisfacción porque significa que estamos haciendo la cosas bien.
      (Aunque claro, si los votos finalizan cristalizándose, mejor todavía!)

      Otro abrazo para ti, Estrella!

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