El bueno, el tonto y el malo

El bueno. Ese que siempre estuvo ahí. Una persona rodeada de personas. Todo ser humano suele necesitar ayuda a diario, no nos engañemos, normalmente en acciones sin apenas relevancia en esta existencia que nos ha tocado llevar. En esas cosas tontas son varias las personas que se ofrecen a auxiliar. Algunas veces unas y otras veces otras; excepto una de ellas, que ofrece siempre su asistencia. Y ese “siempre” significa “siempre”. Considera que si alguien ha pedido ayuda es porque la necesita, y siempre se la ofrece simplemente porque le nace de dentro hacerlo así, porque ha creído que debía hacerlo así, e incluso porque le hace sentir bien tanto el hecho de ofrecerla como el de llevarla a cabo. Es su forma de ser y su forma de vivir, echar una mano independientemente de que el favor a realizar sea liviano e inane, o engorroso y agotador. Eso no importa, porque lo verdaderamente relevante para él es ayudar, y los beneficiarios se lo reconocen a base de sinceros agradecimientos y un más que merecido aprecio suplementario. El bueno no buscaba ninguna recompensa, pero eso que recibe es lo que más le empuja y reconforta.

El tonto. Ese que siempre tiene que estar ahí. Un vasallo rodeado de personas. No le hace falta ofrecer su ayuda, dado que los demás ya saben que él está más que dispuesto a brindarla, y no hacerlo iría en contra de toda su idiosincrasia. Y es cierto: el tonto siempre está dispuesto a echar un cable a quién lo necesita, y ese “siempre” vuelve a significar “siempre”. No obstante, un matiz ha cambiado. El bueno está dispuesto a ofrecer ayuda, pero el tonto está obligado a ofrecerla por el mero hecho de que las peticiones que recibe en el fondo no son tales, sino exigencias. Disfrazadas, veladas, no explícitas, pero exigencias al fin y al cabo. En teoría no estaría obligado a prestar la ayuda, pero la expectativa de la gente a su alrededor es distinta. El tonto siempre ha ofrecido su ayuda y la ha llevado a cabo, por lo que la única conclusión posible es que la próxima vez que se le pida, volverá a realizar lo demandado. Y él lo hace así porque “sabe” que debe hacerlo por sistema, y esta vez su recompensa será un “muchas gracias” más pronunciado por mera inercia que por agradecimiento real.

El malo. Ese que nunca debió estar ahí. Un ingrato rodeado de personas. El malo no es un ser humano incapaz de ofrecer su ayuda, ni mucho menos; de hecho, es posible que lo haga mucho más de lo que parece indicar el vocablo que lo define. Pero solicitarle ayuda ya es otro cantar muy distinto. Una persona puede pedirle ayuda, sin exigírsela en modo alguno, simplemente porque la necesita en un contexto en el que es conocedor de que el malo sabe manejarse, lo cual no deja de ser lógico. Y el bueno aceptaría otorgar esa ayuda con una sonrisa fuera cual fuera el coste, y el tonto también lo haría porque está acostumbrado a que ese tipo de peticiones vayan siempre dirigidas a él. Pero la actitud del malo no es tan simple. En el momento de recibir la petición evaluará si el contexto se lo permite, en su sentido más amplio. Se negará si requiere más tiempo y esfuerzo de los que puede emplear, cosa que ni el bueno ni el tonto se plantearían. Se negará si le supone un agravio físico, mental o moral, cosa que, aunque suene extraño, tampoco el bueno ni el tonto se plantearían. Y aunque todas estas condiciones no le impidieran efectuar la ayuda que le piden, si tiene claro que le están planteando una exigencia porque los demás creen que es su deber acatarla a pesar de que pueda importunarle, el malo se negará, cosa a pesar de la cual el bueno consentiría y el tonto acepta como modus vivendi. Y como es “normal”, todos aquellos que rodean al malo lo tildarán de desagradecido, de egoísta, de desleal,… de mala persona.

Qué bueno es el bueno, qué tonto es el tonto y qué malo es el malo, ¿verdad? Pero, ¿qué pasaría si en vez de solo hacer zoom en sus caras decidiéramos hacer una foto panorámica? ¿Veríamos a alguien más?

Nunca se abrió un telón y apareció una persona diciendo “Damas y caballeros, con todos ustedes, ¡el bueno!”, y este se presentó entre aplausos. Qué va. El bueno siempre estuvo ahí, pero para el resto del mundo solo lo fue a partir del momento en que ellos lo descubrieron. Ellos pidieron algún tipo de ayuda, y el bueno emergió como lo que es: la persona solícita y servicial que se alegraba de poder facilitarles la vida. Y ellos se encontraron con una persona excepcional, a la que profesar franco agradecimiento por ayudarles en sus momentos de necesidad sin pedir, o mejor dicho, sin querer, nada a cambio. Y como es evidente, cuando encuentras a una persona que vale la pena, te quedas a su lado: así es como el bueno se topa con nuevos allegados y personas más cercanas en su entorno, lo cual, más que recompensa, le resulta una satisfacción.

Ellos no son estúpidos: aprenden. Comprueban que el bueno siempre ofrece su ayuda cuando la necesitan, lo interiorizan y piden cada vez más amparo, en cada vez más tareas, en cada vez más variados contextos, sabiendo que el bueno siempre acudirá en su auxilio. Ellos vuelven a aprender, y aumentan su tasa de demandas. Conocen de primera mano que, sea lo que sea que quieran, el bueno lo hará. Tiene que hacerlo. Siempre lo ha hecho, así que, por puro sentido común, no va a dejar de hacerlo en ese justo momento en el que le piden ayuda. En ese instante la petición muta a exigencia, y el bueno se convierte en el tonto: en realidad, se ha ido metamorfoseando en él desde que ellos comenzaron a aprender, pero eso es algo de lo que nunca se había dado cuenta. Darwin tendría mucho que decir en esto, porque el bueno simplemente se ha adaptado al medio, aunque este se haya endurecido para él. Las exigencias se convierten en mandatos, los agradecimientos en falsos y, como no podía ser de otra manera dado que el favor se ha metamorfoseado en obligación, las formas ya no son las mismas. Si tienes que hacer algo, el no poder realizarlo no es omisión de ayuda desinteresada, sino deslealtad.

El bueno se convirtió en el tonto, y, tras demasiada ayuda vertida en personas desagradecidas que no solo no aprecian su esfuerzo, sino que se lo exigen incluso de forma grosera y arrogante, el tonto explota. ¿Por agotamiento? ¿Por impotencia? ¿Por rabia? ¿Por qué su fortaleza mental ya no da para más? ¿Por abrir los ojos a la realidad? ¿Por una o dos de estas razones, o por todas juntas? Quién sabe… pero el tonto grita lo más alto que puede “basta”, ya en voz alta, ya en silencio, y se niega a obedecer órdenes si le resulta imposible o insano realizarlas. Ellos han rebasado su límite. Ellos, los mismos que, al encontrarse una negativa a su exhorto, se tiran de los pelos. Ellos, que tras días, meses, años e incluso décadas han estado abusando del tonto, juzgan como inaceptable su conducta. Ellos, los que deberían amparar a esa persona, hacer su vida más fácil, protegerla de los egoístas que quisieran aprovecharse de ella, le recriminan, le censuran e incluso le insultan porque en lugar de ponerse de rodillas como siempre, el tonto ha decidido permanecer en pie. Aunque, como es evidente, el que permanece erguido ha dejado de ser para siempre el tonto: aunque ahora renieguen de forma visceral de la criatura que han creado tras tantas vejaciones, ellos han sido quienes lo han convertido en el malo.

Ellos, los que han sentenciado que el malo es el culpable. No se sienten responsables de ese ente que se han esforzado en inventar a base de indignidades, por el mero hecho de que ellos no han cambiado. Y ellos tienen toda la razón: no lo han hecho. Siguen siendo los mismos, con las mismas nefastas conductas sobre su vasallo, con sus mismas censurables formas, y con un nuevo argumento tan irrebatible como estúpido. Ellos no son responsables porque han actuado como siempre: es el malo el que ahora actúa de forma diferente, y, por tanto, es el único culpable de que la situación haya empeorado. Y eso también es cierto: la situación ha empeorado. Para ellos empeora porque, en el colmo del absurdo, son incapaces de atribuirse ni el menor atisbo de responsabilidad de lo que han hecho. Ni saben, ni quieren. Para el malo empeora aún más, porque ellos seguirán acosándole con su falsa justificación. El malo ha cambiado, y quieren hacerle entender que está equivocado, que ellos llevan razón, que ha perdido el camino recto; que, aunque no lo comprenda, es él quién está actuando mal. Ellos nunca estuvieron interesados en ampliar el campo de visión: lo que desean, lo que les viene bien, lo que no están dispuestos a aceptar de otra manera, es seguir enfocando el objetivo al selfie del bueno que se convirtió en malo sin motivo alguno. Mientras tanto, el malo, tras tanta devoción hacia ellos, se queda solo. Ellos se encontraron a un bueno que decidieron convertir en tonto, hasta conseguir de forma intolerable que de aquella tonta crisálida emergiera un malo. Y a ese malo más vale denunciarlo como el culpable de todas las desdichas antes de que un examen de conciencia involuntario pueda revelar otra realidad distinta.

Nunca te equivocaste al ampliar el horizonte de tu mirada si lo que buscabas era la realidad, pero la verdad es así de amarga: el bueno, el tonto y el malo siempre fueron y siempre serán la misma persona, y el momento de cada uno simplemente depende de cuánto ellos quieran apretar.

Y ellos nunca estarán dispuestos a dejar de apretar.

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67 comentarios en “El bueno, el tonto y el malo

  1. Tiempos verbales. La ética y la moral se reducen a tiempos verbales.
    Me recuerda a lo que dijo un astrónomo respecto de la investigación estelar: ¿Qué ocurriría si un científico extraterrestre viese nuestra sociedad en una sola fotografía? Descubriría ancianos, adultos, jóvenes y niños y así los clasificaría, pero no tendría en cuenta la evolución temporal, al igual que ocurre con nuestra percepción de las estrellas. Las vemos recién nacidas, aún palpitantes, las vemos adultas —en la llamada secuencia principal—, maduritas y agonizantes, e incluso muertas, y pensamos que siempre fueron así.

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    1. Es muy interesante la reflexión que plantea el astrónomo en cuestión, solo cabe darle la razón. Sobre todo en el caso de las estrellas, cuyos estados existenciales, al compararlos con los nuestros, tan sumamente efímeros a su lado, las convierten en completamente inamovibles a nuestros ojos.
      Gracias por el comentario, Francisco, un saludo.

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    1. Muchas gracias, Juan Manuel. La verdad es que podemos mirar a nuestro alrededor y, entre ese enorme bosque de “ellos”, encontrar a algún bueno o tonto, y tras un leve pestañeo descubrir de repente que se ha convertido en uno de los malos. Es lamentable, pero está a la orden del día porque esos ‘listos’ nunca descansan.

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    1. Bueno, el elenco al que pertenecer es suficientemente amplio como para poder incluirse en uno de esos perfiles. Hay muchos buenos, hay innumerables tontos, hay una cantidad ingente de malos, y, sobre todo, hay una producción infinita de los mentados “ellos”. ¿Algún día se le dará la vuelta a la tortilla a algunos de esos “ellos”? Porque lo de probar la propia medicina no suele ser buen remedio…
      Muchas gracias por tus palabras, María del Mar, nuestras almas te devuelven besos!

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      1. ¡Pues no te cortes! Vuélvete mala, que probarlo es gratis, y si no te convence siempre puedes involucionar a tonta e incluso a buena. Total, para retornar a un estado anterior al de “mala” solo hay que volver a tragar con lo que te vuelvan a echar ‘ellos’.
        Ahora bien, eso de “volver a tragar” pues casi que no te lo recomendamos 😉

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  2. Interesante reflexión y acertadísima. Todos conocemos a gente de los cuatro grupos de gente, bueno, tonto, malo y los listos que se aprovechan de todos.
    Yo he pasado por las dos primeras fases, hace ya mucho tiempo que estoy en la segunda, lo reconozco. Pero también reconozco que, con algunas personas, he intentado dejar de ser tonta y he pasado a ser mala…
    Con la mayoría supongo que ya estoy un poco mayor para cambiar.
    Un abrazo.

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    1. Está claro que muchas veces las circunstancias mandan, y en algunos casos habrá que claudicar y conservar el estatus de tonto si no se desean males mayores. Convertirse en el malo hace en cierto modo justicia, pero en algunos casos los daños colaterales de ello, pues eso… peor el remedio que la enfermedad. Es el mundo que nos ha tocado, ¿verdad?
      Muchas gracias por el comentario, Estrella. Otro abrazo!

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    1. Muchas gracias por pensar en nosotros para colaborar en esta maravillosa idea. La pega es que no parece que nuestras entradas encajen en el perfil de relato que se busca en el proyecto, pero no dudaremos en poner cualquiera de ellas a disposición del promotor del mismo si desea incluir una de ellas.
      Gracias de nuevo por el comentario, un saludo!

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  3. Una definición estupenda. Pensaba que era de las pocas que utilizaban la expresión “me estoy haciendo mas malaaaa….”. Ahora por lo menos encuentro una explicación a mi metamorfosis. Aunque tengo que confesar que siempre me queda una pincelada de buena para ciertos aspectos de mi vida y algunos brochazos de tonta en otros ámbitos. Besacos

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    1. Vaaaale, es cierto que nos dejas en evidencia al no haber propuesto una teoría arrejuntadora universal que también explique la existencia transversal de buen@, tont@ y mal@ en una única persona. También hay quién dice que eso se llama personalidad múltiple, pero nosotros no nos metemos en eso…
      Besacos es muy atrevido para nuestro primer encuentro, así que te mandamos solo besicos. Gracias por el comentario!

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  4. msaum3

    Para el propietario de este blog,

    Quiero agradecerte por seguirme. Desde hace poco, sin embargo, no he estado usando mi WordPress y han decidido cerrarlo. Sólo pensé que tendría que hacerle saber antes de que trató de ver mi blog sólo para descubrir que ya no existía.

    Gracias y cuídate

    El Ranter

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    1. Sentimos mucho leer eso, siempre es una auténtica lástima que una plataforma decida unilateralmente y sin previo aviso eliminar el espacio en el que una persona se siente libre para plasmar pensamientos, creaciones o cualquier cosa que se le pase por la cabeza. Gracias a ti por pasarte, y ánimo

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  5. Bonjour LASCRONICAS

    Nous voici bientôt au mois de décembre et à l’approche de Noël

    Mois d’amour et de gaité

    Entre nous , soyons dans la paix et l’amitié

    Ce mois de décembre doit-être plus beau que celui de 2015

    Pour moi

    Mes amies amis vous êtes des anges

    Des anges de l’amitié

    Un peu pardon et de partage afin tout le monde soit heureux

    Mes amies amis au cours de cette année qui vas s’écouler

    Vous m’avez donné du temps en venant faire un passage sur mon blog par vos écris

    Merci à tous bon Week-End

    Bisous , BERNARD

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  6. Bonsoir ou bonjour AUTRE MONDO

    Depuis que l on se connaît

    Notre Amitié est devenu un gros cadeau

    Comme pour Noël

    L’amitié des jours est un quotidien

    Une pluie de gouttelettes scintillantes

    Un immense et magnifique jardin

    Une envie de tout entreprendre

    L’amitié est là pour résumer, la base de la vie

    Une toute petite corde qui nous lie qui peut-être incassable

    Passe une douce journée avec ce petit porte bonheur à l’approche des fêtes

    Bisous , Bernard

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  7. Dejé de seguir a Change.org porque con el paso de los meses cada vez eran más los pedidos por cuestiones triviales muy localistas. Me saturaban el correo. Cada quien siente que su asunto es prioridad nacional. Pedían hasta por un problema en su barrio. Y hay muchos barrios… Con tanta demanda aturden al que quiere firmar. Atosigan el paisaje. Piden, piden, piden. Mirando su ombligo pierden perspectiva, ni consideran pedir por todos. Por ejemplo piden firmas para que SU prepaga le autorice 1 medicamento, lo consiguen y luego “muuuchas gracias, y adiós”. Supongo que está en nuestra naturaleza primitiva, garantizar la propia subsistencia sin importar quién caiga en el tránsito.
    Me gustan tus matices.

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    1. Quizá en la naturaleza del ser humano esté ese chip que lleva a buscar el provecho propio siempre que encuentre un buen canal para ello. El problema es cuando nos los encontramos de pronto en una nueva situación y coyuntura, pues acaba por afectarnos y decepcionarnos. Quizá, claro, solo quizá.
      Gracias por el comentario, Jorge, un saludo!

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  8. Pingback: Los ladrones de sonrisas – Las crónicas del Otro Mundo

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