Tu mejor tú

Desde que no era más que una amalgama de fibras vegetales, su único sueño consistía en tener la capacidad de dar lo máximo, en ser lo mejor que su naturaleza primigenia le permitiera llegar a ser. Y esa naturaleza incontrolable que nos convierte en lo que somos, al igual que nosotros nunca pudimos elegir ser humanos pero un día vimos la luz como tales, le había convertido en aquella mentada amalgama de fibras vegetales que formaban el árbol que todas ellas conformaban. Con tal idiosincrasia, su cometido en la vida estaba más que claro: colaborar junto a la ingente cantidad de hermanas que compartían su idiosincrasia en que aquel árbol fuera el más alto, el más robusto, el más longevo y el más saludable que pudiera llegar a ser.

Nunca tendría la oportunidad de lograr aquella primera meta marcada. Un buen día, los humanos llegaron y cortaron de raíz, literalmente, su propósito. Aquel árbol cayó, y con él aquel primer sueño de su corta existencia.

Pero aquello no le impediría ser el mejor objeto que pudiera llegar a ser. Esa era su idea original, y la mantendría hasta que no le quedara ninguna esperanza. Los humanos emplearían las fibras vegetales para fabricar cosas, así que soñó con ser la mejor que su naturaleza le permitiera llegar a ser. Formar parte de una mesa maciza digna de admiración, de un libro de lujo edición coleccionista, de una puerta cuya gallarda presencia se empleara en la heroica tarea de salvaguardar la integridad de seres indefensos ante cualquier criminal, de un caballete que ayudara a crear los más bellos cuadros por parte de los más vanagloriados artistas, incluso siendo el soporte de uno de aquellos laureados lienzos. Su condición aún podía reservarle un lugar de importancia en aquel mundo.

Pero, de nuevo, aquellos sueños se difuminaron sin dejar rastro. Sin lugar a dudas había corrido mejor suerte que muchas otras de sus compañeras, destinadas a ser servilletas de usar y tirar y, sobre todo, las que acabaron convertidas en rollos de papel higiénico. Pero su nueva naturaleza tampoco le reservaba lugar alguno para la épica: sus fibras habían sido reconvertidas en un folio de 80 gramos, tamaño DIN-A4, empaquetado junto a otros 499 hermanos de nuevo cuño. Su papel en el mundo, nunca mejor dicho, había sido degradado. Otra vez.

Pero no se permitía rendirse. Aquellas fibras vegetales seguían empeñadas en alcanzar el mejor rol en el mundo que fuera destinado a su nueva condición. Aun podían formar parte de documentos importantísimos: leyes que abolieran torturas o una esclavitud mal disimulada por algún gobierno embustero, enmiendas que otorgaran a aquellos seres humanos mayor libertad o dignidad, el primer manuscrito de una obra escrita destinada a ser best-seller, el primer esbozo de un artista desconocido hasta la fecha y que pudiera ser subastado décadas después, incluso por varios millones. Aun podía dar lo mejor de sí.

Cuando fue abierto el paquete de folios, aquella hoja comprobó donde había ido a parar. Una papelería. Aquellos sueños fueron de nuevo pisoteados. Nunca sería nada digno de mención. Nunca conseguiría llegar a ser nada digno de relevancia.

Aun así, una vez más renunció a claudicar. Era un rectángulo de papel de 80 gramos de tamaño normalizado, y sería el mejor DIN-A4 que cualquiera de estos pudiera llegar a ser. Su labor aun podía resultar esencial para el individuo que finalmente debiera utilizarlo, con lo cual siempre le tendría que estar agradecido. Como folio de aquella papelería estaba destinado a ser carne de fotocopiadora, y comprobó que su existencia aún podía resultar útil. Dada la cercanía de aquel comercio con una academia de oposiciones, la probabilidad indicaba que formaría parte de los apuntes de un estudiante. Dada su circunstancia, aquello no parecía tan mal destino. El futuro le había consignado constituir un episodio importante de la vida de otro ser: su formación. Gracias a la misma, este podría labrarse un futuro, alcanzar un puesto de trabajo digno, un empleo gracias al cual alimentar a su familia, y aquello sería tener un rol más que vital en la existencia de varias personas, que sin su presencia entre aquellos apuntes quizá no lo hubieran conseguido. Aquel folio estaba preparado para ello: como tal, aún podía conseguir alcanzar la mejor actuación que su idiosincrasia le permitía.

No obstante, cuando le tocó el turno de ser reproducida, tampoco le llegó aquella honrosa oportunidad. Un chaval de unos 16 años pidió a la dependienta que le realizara fotocopias de las páginas de un libro acerca de un grupo de rock de éxito. A nuestro folio ni siquiera le aguardaban las letras de la mejor canción del mismo, ni siquiera de ninguna relevante: el destino le había concedido ser la copia de una imagen de la banda musical. Aun así, seguía sin estar dispuesto a renunciar: sería la mejor fotografía que aquella fotocopiadora fuera capaz de imprimir, y al que iba a ser su nuevo dueño no le quedaría otra opción que admirarla como tal.

Y aquella máquina le traicionó. Inmediatamente después de plasmar aquella imagen en él, a la hora de expulsar la hoja, en la fotocopiadora se produjo un atasco de papel cuya única víctima fue aquel DIN-A4. La hoja se atrancó y se replegó como un abanico, cual si fuera un acordeón contrayéndose, arrugándose contra sí misma una y otra vez, una y otra vez. Cuando la rescataron de las entrañas de aquel aparato e intentaron desdoblarla, no era más que un despojo: un folio contraído en cuyos innumerables pliegues había saltado en mayor o menor medida la tinta, un trozo de papel defectuoso e inservible.

El sueño había acabado. Nunca sería el mejor ser que podía ser. Jamás podría dar lo máximo de sí mismo. Tan solo era ese despojo, cuyo único destino posible sería inexorablemente la basura, y con todo merecimiento. Abatidas como nunca habrían podido imaginar, a pesar de todos los sinsabores vividos, aquellas fibras sintieron como la desolación se abalanzaba a lo largo y ancho de todas ellas, desconsoladas, afligidas, sin ninguna expectativa de éxito más. Su esperanza, aquella que siempre habían mantenido mazazo tras mazazo, desapareció sin dejar rastro. Ya resultaba inútil conservarla. Siempre había sido inútil, a pesar de que se había engañado una y otra vez a lo largo de su existencia, pero en ese momento se acababa de dar cuenta de la triste realidad. Siempre había sido inútil.

Solo tenía sentido abandonar.

Cuando la dependienta se disponía a tirar aquella hoja a la caja grande de cartón aposentada al lado de la fotocopiadora que hacía las veces de papelera, el joven le preguntó si podía quedársela. Ninguno de los dos humanos entendía demasiado bien el porqué de aquella acción, mas lo único cierto es que sucedió. El folio tampoco atinaba a comprenderlo, a pesar de que dicho lance no lograra concederle de nuevo ningún tipo de esperanza, pero la realidad no era otra que la que reflejaba su arribada a un nuevo episodio de su existencia. En aquel momento de su ridícula existencia, porque ya no servía para nada y aquella hoja lo sabía, un nuevo episodio.

El adolescente la llevó varios días en la carpeta, y tras ese periodo la desamparó en un cajón de la cómoda donde almacenaba los apuntes ya obsoletos de anteriores cursos, no sin antes dejarla bien prensada, completamente aplanada y con todo el peso posible sobre la misma, con el objeto de allanar en la medida de lo posible todas aquellas arrugas. Y así fue como en algún día de 1996, aquel folio con antiguos delirios de grandeza quedó abandonado en un cajón, sabedor de que jamás llegaría a alcanzar su mejor momento ni nada que se le pareciera ni remotamente.

Pero con el paso del tiempo, algo rebrotó en él. Ya no valía para nada, lo sabía él y lo sabía el resto del mundo, pero aunque fuera a acabar olvidado allí, de hecho ya lo había sido, no podía permitir no ser lo mejor que pudiera ser. Aunque solo fuera para él, no podía acabar así. No podía terminar siendo un papel arrugado al que le faltaban rodales de tinta en la fotografía de cuatro seres humanos que nunca sabría quiénes eran. Y lo único a lo que podía aspirar en aquel momento era a estirar todo lo que pudiera sus fibras mientras permaneciera en aquel cajón, ayudándose del peso bajo el que lo habían sepultado. No sabía el tiempo que tenía para alcanzar a ser ese mejor ente que podía ser, cuyo único y ridículo mejor propósito en la vida era conseguir toda la uniformidad que pudiera alcanzar, pero podían ser días, semanas, años, lustros, incluso décadas. Debía intentarlo, aunque lo único que le moviera fuera un absurdo instinto de superación.

 Tenía claro que la próxima vez que aquel chaval lo sacara del cajón sería para tirarlo, dado que no valía para nada, pero algunas veces fue descubierto por el mismo, observado con curiosidad y un atisbo de nostalgia y vuelto a dejar bajo aquella prensa improvisada. Esto ocurría cada muchos años, y el folio veía como hacían mella en el humano. Dejó de ser un adolescente, después lo descubrió como un veinteañero que aún se resistía a cortar una melena demasiado juvenil, más tarde lo volvió a ver con un look más adulto y unas incipientes arrugas de expresión, y así sucesivamente. Pero tras coger el folio en sus manos todas aquellas veces, nunca se deshizo ni de él ni de ninguno de aquellos apuntes de su adolescencia. Por su parte, el folio seguía esforzándose, dando tanto como podía por conseguir una honrosa horizontalidad que parecía ir consiguiendo, estirándose y dejando actuar a la gravedad. Sin saber cómo estaba alcanzando el mejor objeto que su condición le permitía ser: un añorado recuerdo de los mejores años de una persona, al mismo tiempo que una hoja decente.

Habían pasado 20 años desde que el otrora joven había dejado el folio en aquel cajón cuando volvió a abrir este y se detuvo una vez más en la vida a observar aquella hoja. La miraba de una forma distinta. A los sentimientos de cariño, curiosidad y nostalgia habituales reflejados en aquellos ojos, aquel adulto había sumado uno más mientras la examinaba: admiración. El folio se sintió confuso, no entendía por qué. Seguía siendo un DIN-A4 en el que, aunque visiblemente más aplanado que tras su funesto atasco en la fotocopiadora, podía percibirse como había sido brutalmente arrugado en algún momento de la vida.

Pero lo que aquel adulto examinaba con detenimiento poco tenía que ver con un trozo de papel ajado. En aquel momento de su existencia estaba viendo una imagen digna de contemplar: una fotografía envejecida, para él vintage, de su banda musical favorita en sus inicios. Una imagen con avejentados matices de un grupo de rock que ya no existía, un grupo de culto con sus cuatro miembros originales, que se había separado tras décadas de canciones míticas. Una foto vieja de un grupo viejo, y no obstante bonita a sus ojos, plasmada en una marchita hoja de papel… que podía dar el pego. El hombre buscó un marco que tenía reservado para otro cuadro e introdujo aquel folio dentro de los márgenes del passepartout, solo por probar como quedaba, por mera curiosidad. El resultado reflejaba un conjunto bastante interesante: las cicatrices de aquellas arrugas le conferían un envejecimiento acorde al tiempo que había pasado para los cuatro protagonistas de la imagen, los rodales en los que había saltado la tinta parecían plasmados a propósito y también apoyaban aquella impresión de marchitamiento, y el contenido de la imagen, aquel cuarteto de músicos presente en la hoja, aquellas personas que habían transmitido tantas emociones en aquel joven a lo largo de las décadas más emotivas de su vida, se encargaba de conferir un gran significado a aquel compendio. El folio no acababa de encajar a la perfección con el encuadre que permitía el passepertout, pero aquello tampoco parecía trascender: aquel ser humano aposentó sobre un mueble aquel marco y se alejó lo suficiente como para admirarlo, y lo que vio le seguía gustando. Ese era un cuadro que él quería tener presente, que quería observar a menudo, y que quería que los demás contemplaran. Estaba decidido: esa imagen enmarcada tenía reservado un hueco en la pared del salón de su casa.

Sin entender muy bien cómo acababan de hacerlo, aquellas primigenias fibras vegetales lo habían conseguido. Primero, a pesar de todos sus esfuerzos por superarse una y otra vez, se les había negado sucesivamente un rincón de relevancia en el mundo, para después acabar siendo una inmundicia por culpa del error de una maldita máquina. Y aun así, despojadas de toda esperanza, dejadas de la mano de Dios bajo una pila de apuntes desfasados, habiendo sido convertidas en un mero folio demacrado, siguieron creyendo, siguieron buscando su mejor destino, siguieron dándolo todo para llegar a ser lo mejor que pudieran ser.

Y dos décadas después, a mediados de 2016, aquel DIN-A4 se encontraba presidiendo el salón principal de la casa, destinado a ser parte del día a día de una familia, escogido para ser contemplado por cualquier habitante o foráneo que entrara en aquella habitación. Para un folio de 80 gramos, ese era un destino mucho más relevante que cualquier hoja de papel pudiera soñar a ser. Lo había logrado.

Dada su condición, había conseguido ser el mejor objeto que podía llegar a ser.

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Nunca es tarde para ser el mejor tú que puedas llegar a ser. Nunca. La vida y sus crueles coetáneos te pueden lastimar, te pueden maltratar impunemente, pueden golpear con indecencia tus aspiraciones, tus anhelos, tus sueños. Y a pesar de todo ello, puedes seguir adelante persiguiendo el mejor tú que puedas llegar a ser.

Te pueden zarandear, te pueden noquear, e incluso te pueden derribar y echar por tierra todas tus esperanzas. Te pueden pisotear mientras te encuentras en el suelo, y pueden no escatimar esfuerzos para que jamás vuelvas a ponerte de pie. Y sin embargo, puedes caer, porque caer está permitido pero levantarse es obligatorio, y revivir un orgullo extinto y seguir adelante, persiguiendo el mejor tú que puedas llegar a ser.

Te pueden dar por muerto, pero hasta que tu corazón no deje de latir, puedes no dejar de intentarlo. Puedes tardar meses, años, décadas, incluso toda una vida, pero nunca es tarde para llegar a ser el mejor tú que puedas llegar a ser. Aunque no lo veas, aunque no lo creas, sigue adelante como hizo el folio que preside mi pared. Si no desfalleces, puede que tu mejor momento esté por llegar.

Tu mejor momento, y tu mejor tú.

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57 comentarios en “Tu mejor tú

    1. Gracias a ti por tus palabras! Siempre que alguien nos comenta algo así nos motiva aún más para alcanzar el mejor momento que pueda llegar a tener este blog y el Otro Mundo. Si algún día logramos llegar a él, será gracias a comentarios como el tuyo, que nos empujan hacia delante.
      Es verdad que esto es peloteo, pero completamente honesto! Un abrazo!

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    1. Pues si este era el momento, nos alegramos de haber llegado a tiempo.
      La verdad es que recuerdo perfectamente el momento en que salvé de la papelera a aquel folio: plegado como un acordeón, hecho un guiñapo, completamente inservible. Y dos décadas después no solo se yergue orgulloso desde su elevada posición, sino que ha conseguido ser el protagonista de una entrada del blog de una novela y, con ello, motivarte para conseguir tu rebelión contra la infelicidad. Si un mero trozo de papel es capaz de conseguir eso, imagínate todo lo que puedes llegar a conseguir tú.
      Muchas gracias por tus palabras, Dolors, y mucho ánimo.

      Le gusta a 1 persona


  1. Bonjour
    Mon plus grand plaisir
    C’est de venir te saluer
    Ce matin chez moi le temps n’est pas formidable
    Toi !!! As- tu le beau temps
    Mais je me dis quelque part tu es là
    Prés ou loin qu’importe la distance
    je compte ton amitié parmi les plus grandes
    Ce n’est que du bonheur dans ma vie, un réconfort dans les moments
    de doute et de chagrin avec grande source d’inspiration
    Bernard

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  2. ¡Chicos, últimamente estáis tan pendientes de mi blog que no he podido sino venir a haceros una visita! (¡aunque a ver si alguna vez escribís algún comentario!).

    A todo esto, que internacional es el vuestro, italiano y francés como mínimo… no sé porqué, pero todos los blogueros que me rodean son políglotas… me siento un paleto, jajajaja.

    Me ha encantado la historia, y me ha dejado intrigado el si tenía base real (lo digo por la foto que aparece al final, y que parece afirmar esa idea), ¿la tiene?.

    La verdad es que yo también escribí varios relatos cortos de ficción acerca de cuestiones como el talento, la motivación o la importancia final de estos (aunque debo admitir que yo trato el tema con bastante menos optimismo)… tal vez queráis echarles una ojeada, os dejo este enlace como propuesta de uno de ellos, por si queréis descubrirlo: https://universodea.wordpress.com/2016/01/08/relato-corto-el-campeon/

    Saludos, y me alegro de que después de tres meses siguiéndome, mi blog siga interesándoos, ¡hasta pronto!.

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    1. La verdad es que entre nuestras obligaciones y la cantidad de blogs que seguimos (around the World como ya has visto) tenemos complicado leer todas las actualizaciones, pero leemos todas las que podemos. Haremos un hueco para ‘El campeon’, no te preocupes!
      Desconocemos lo que pensarían las fibras vegetales cuando formaban parte de un árbol, pero yo mismo rescaté aquel folio de la basura después de que mi prima (dueña de la papelería) lo sacara de las entrañas de la fotocopiadora hecho un guiñapo, hace 20 años. La hoja fue rescatada y enmarcada hace dos semanas; o sea, true story en toda regla.
      Gracias por tu comentario, y enhorabuena por las entradas de tu blog!

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  3. Siendo así, es todo un honor estar entre los blogs “around the world” que leéis, pues habiendo tantos a nivel mundial, ser uno de los seleccionados, pues es para sentirse muy honrado, ¡y gracias por vuestra enhorabuena.

    Sin mencionar que, teniendo en cuenta todo lo que escribo, ¡bastante difícil es para cualquiera leer todas mis actualizaciones! jajaja.

    Pues nada, espero vuestra lectura de “El campeón” y conocer vuestra opinión al respecto; podéis hacerlo cuando queráis, tengáis tiempo y ganas, no hay prisa ni obligación alguna.

    Vaya, por lo que me dices acerca de la “True story”, me parece que estoy ante un sentimental… algo que tenemos en común.

    Le gusta a 2 personas

  4. biblioteca62

    ¡Una historia sensible y muy removedora! Gracias por compartir ❤
    P.d.
    Este no es un premio oficial de los que circulan en la web. Es un pequeño presente por ser mi amiga bloguera. ¡Que tengas un lindo día!
    Sara

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  5. ¡¡Bellísimo texto y reflexión!! Me encantó… “Nunca es tarde para ser el mejor tú que puedas llegar a ser”… Perseverancia… Nunca desfallecer ni abandonar nuestros sueños… Aunque nos cueste la vida entera y tengamos que sobrepasar muchísimas dificultades… “Tu mejor momento, y tu mejor tú”… Quizá “tu mejor momento esté por llegar”…

    Un abrazo… 🙂 😉

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  6. Reblogueó esto en MamiBayonasy comentado:
    “Nunca es tarde para ser el mejor tú que puedas llegar a ser. Nunca. La vida y sus crueles coetáneos te pueden lastimar, te pueden maltratar impunemente, pueden golpear con indecencia tus aspiraciones, tus anhelos, tus sueños. Y a pesar de todo ello, puedes seguir adelante persiguiendo el mejor tú que puedas llegar a ser”.

    Le gusta a 2 personas

  7. Bonsoir avec quelques petits orages chez moi
    L’amitié est un sentiment fort
    Il est beau de la découvrir
    Sur ton blog je peux lire tes poèmes , tes créations
    Les messages de tes amis (ies)
    C’est une appréciation forte
    On peux y trouver toutes sortes d’amis Français ou étrangers
    Quelle partage
    Sur nos blogs on vit un monde de paix
    Ce serait si beau que sur terre règne la paix règne


    Passe une belle soirée , prends soin de toi
    Bernard , bises

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  8. Curioso , como de un elemento simple como una hoja de papel , alguien ha conseguido sacar una historia .
    En cuanto al mensaje , es positivo en parte , y otra parte se podría considerar negativa , si alguien al leerlo , se siente motivado mas allá de lo razonable .
    Sin motivación , no existe el ánimo necesario para alcanzar un objetivo , y la esperanza forma parte de lo que sustenta esa motivación . No obstante , la esperanza que hace creer que algo es posible , también es una trampa , que induce al esfuerzo o la espera inútil .
    Miles , fueron los alemanes hechos prisioneros por los rusos , que soportaron lo insoportable , esperando que algún día terminase su cautiverio , un esfuerzo inútil , pues el 80 % , murió sin que hubiese llegado su libertad .
    Entiéndase el comentario , como una mera opinión y probablemente equivocada
    FBBJL*35

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    1. Para esto mismo existen los blogs y el ilimitado alcance del ciberespacio, para intercambiar puntos de vista.
      Vemos esta relato de manera distinta. Es evidente que el componente esperanza está inserto en esta entrada, pero nosotros no lo vemos como el tema central. Estamos de acuerdo en que el mensaje es positivo y se basa en la motivación, y realmente en el texto parte de que las cosas empiezan a cambiar, aunque el avance sea mucho tiempo después, desde que la hoja empieza a esforzarse por cambiar la realidad, intentando estirarse y aplanar sus arrugas. Hasta ese momento solo cabía en ella la esperanza de ser algo grande, pero limitándose a desearlo de forma pasiva. Es decir, la esperanza de alguien por sí sola puede cambiar las cosas alguna vez, pero no puede ser el motor del cambio. En este caso englobamos nosotros tu referencia a los prisioneros alemanes: el cambio no estaba en sus manos, por lo que la esperanza que pudieran tener podría ser poco más que aleatoria ya que estaban atados de manos para cambiar esa realidad.

      Coincidimos en que sin esperanza no hay motivación, incluso en que alguien puede sentirla en una medida que sus capacidades no puedan lograr alcanzar. Es más, que puedes intentarlo y caer, y levantarte y caer, y volver a levantarte y caer de nuevo, y no llegar a conseguirlo. Pero… si no lo intentas, como vas a saber si puedes conseguirlo o no? Es altamente improbable conseguir las metas quedándote sentado sin hacer nada más, por lo que hay que animarse y luchar por esa meta. Aunando motivación y esperanza, sí, porque si no lo intentas no lo consigues, y aunque no lo consigas, si no te levantas y lo vuelves a intentar seguirás sin conseguirlo. Puedes caer 10 veces y rendirte, sería muy lógico. Pero, y si renunciamos, sin saber que lo conseguiríamos en ese nuevo intento?
      Lo que venimos a decir es que mantener el componente esperanza en los casos en los que puedes hacer algo para conseguir las metas siempre. Si la pierdes lo más que puedes conseguir es quedarte igual que al principio; si logras mantenerla a flote encontrarás la motivación para intentarlo una vez más, y esa puede fracasar… o también ser la buena.
      Resumiendo: creemos que tanto la motivación como la esperanza deben seguir ahí hasta el final, ya que su presencia puede sumar, pero su ausencia no.
      Gracias por comentar, un saludo!

      Le gusta a 2 personas

      1. Gracias por el tiempo y esfuerzo dedicado a la contestación .
        Me hago eco del resumen ( La motivación como la esperanza deben seguir ahí hasta el final, ya que su presencia puede sumar, pero su ausencia no. ) Para que el criterio de cada uno , y las circunstancias de cada caso , establezcan su aplicación .
        FBBJL*35

        Le gusta a 1 persona

  9. ¡Qué buenoooo! Me encantó el relato, la personificación de aquella hoja, y ya con las metáforas imaginé que el mensaje sería para todos, porque es tan real como nuestra vidas. Muchísimas gracias por este relato, hermosa la forma de contarlo y el mensaje final. Nos sirve a todos, no creo que alguien escape a esta realidad humana.
    Abrazos Infinitos 🙂

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  10. Bonjour
    Toi mon amie
    Tu remplis mes jours de joie
    Le matin à mon réveil , tu seras présent au cours de ma journée
    Belle Amitié entre nous , tu ouvres mon cœur
    Tu me donnes ce que j’ai envie par tes petits messages
    Des fois je souries quand je suis mélancolique
    Bises passe une belle journée
    Bernard

    Profite de ton week-end et de la semaine à venir

    Le gusta a 1 persona

  11. Pingback: Teclado bloqueado – Las crónicas del Otro Mundo

  12. Pingback: Teclado bloqueado | ' Ace Friends News '

  13. Pingback: Tu mejor tú – Espacio de Arpon Files

  14. Todos intentamos ser algo en esta vida, como esas fibras vegetales que se iban acomodando a su nueva condición según ésta cambiaba. Nos caemos, nos levantamos, a veces nos rendimos pero reaccionamos, porque si nos quedamos en el suelo nos pisotean. Eso es vivir, intentar sacar lo mejor de nosotros mismos a pesar de las circunstancias.
    Excelente relato a partir de ese folio con una imagen impresa y la relatividad del tiempo que hace valioso lo que en un tiempo fue un papel arrugado e inservible. Gracias por la historia, me encanta.
    Un abrazo.

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