Ya no tiene sentido abandonar

Nunca dejé nada para el regreso

Las cosas no son siempre tan difíciles como todos nos quieren hacer creer, ni tan fáciles como uno piensa.

La mayoría de estudios científicos avalan que el ser humano tiende a ser optimista por naturaleza, que el sesgo mayoritario suele ver casi siempre el vaso medio lleno, y que tendemos a evaluar con diferente criterio, aumentando o disminuyendo las perspectivas, en función de si el hecho con el que nos enfrentamos es positivo o negativo para nosotros: algunos piensan que es una falta, otros, que una virtud.

Esto nos lleva a la conclusión de que ante una probabilidad estadística que afirme que aproximadamente un 11% de la población sufrirá un accidente de tráfico, tendamos a infravalorar dicha cifra pensando que será muy poco probable que nos pueda suceder a nosotros, sin embargo, ante un hecho positivo, infinitamente inferior, en el que tengamos puestas nuestras esperanzas, como pude ser un juego de lotería, o simplemente aplicar a una oposición para un puesto público, solemos pensar que verdaderamente hay posibilidades reales de que vayamos a ser finalmente agraciados. Si no fuera así, no se entendería el gran volumen económico que mueven los juegos de azar, ni la cantidad de personas, que con escasa preparación, se presentan a un proceso tan difícil y selectivo como es una oposición.

Del mismo modo ocurre con las carreras de Trail, Ultras, etc. Que tan de moda están últimamente, en donde el número de participantes crece cada año de manera asombrosa. Teniendo en cuenta la exigencia de este tipo de eventos, sorprende que estos cada vez cuenten con más adeptos que se atreven a lanzarse a la aventura sin llevar, en muchas ocasiones, una preparación adecuada, pensando que tendrán muchas posibilidades de terminarla, alentados por ese optimismo intrínseco que nos grita desde adentro que lo vamos a conseguir; aunque sobre el terreno nos sintamos sobrecogidos ante la magnificencia de nuestro reto.

Hay muchos que critican este “lanzarse a lo loco”, y que se sienten molestos por ver a muchos corredores noveles invadiendo su santuario, dispuestos a enfrentarse a los mismos retos para los que ellos han estado preparándose desde hace mucho tiempo. Sin embargo, creo que ese afán por alcanzar lo imposible, es lo que nos hace humanos, lo que nos hace soñar con alcanzar una meta para la que nunca estuvimos preparados. Y sí, es una temeridad, pero si nuestros ancestros no hubieran tenido ese espíritu optimista, y hubieran pensando que en tierra les iba a estar esperando, agazapado entre la maleza, un atento depredador, jamás hubieran bajado de un árbol para tratar de alcanzar el siguiente.  Ese espíritu indómito es lo que nos lleva a superarnos, a hacer, lo que nadie esperaba que hiciéramos.

Siguiendo esta fuerza que muchos piensan que nos guía hacia la estupidez, se han batido récords inimaginables, hazañas que, en muchas ocasiones, han encumbrado más allá de los sueños a aquellos que se han atrevido a dar el paso.

La escarpada cima de una montaña, muchas veces, idealiza ese espíritu de superación, erigiéndose entre sus filosas aristas, como un conato por alcanzar lo imposible. Pero este optimismo, esta idea de que terminaremos alcanzando tan ansiada meta, quedaría torpe si no se viera impulsada por la pertinaz vehemencia de quien finalmente se atreve a batirse en duelo consigo mismo.

No me imagino volviendo a casa derrotado.

Esta frase la podemos encontrar en la última carta de Mallory a su esposa en su intento por alcanzar la cumbre del Everest. Y es un claro ejemplo de la voluntad irreductible de quien espera alcanzar su sueño, sin deparar en las consecuencias que ello pueda acarrear, guiado tan solo por la promesa del triunfo, de la victoria, del reconocimiento. Según la leyenda, siempre que se le preguntaba por qué esa obsesión por coronar el Everest, él se reafirmaba diciendo simplemente: “Porque está ahí”.

Así de decidido se mostraba en su objetivo, obviando que la fatalidad juega con los mismos dados que la buena fortuna, y que finalmente aquel empeño terminaría costándole la vida; aunque con ello, él y su ayudante Irvine, consiguieron la inmortalidad.

Otra cita, que refleja ese anhelo de victoria hasta las últimas consecuencias y que sin duda se encuentra entre mis favoritas, la podemos encontrar en la película de ciencia-ficción Gatacca, en donde el protagonista, preguntado por su hermano acerca de cómo había conseguido tanto teniendo tantas limitaciones, le contesta:

 “¿Quieres saber cómo lo hice? Así es cómo lo hice Anton: nunca dejé nada para el regreso.

Esto nos lleva a la idea del obsesivo empeño por el triunfo, de la arrogancia de quien espera lograr su objetivo aunque esto pueda suponer la tragedia.

Así trabaja el optimismo en nuestras mentes, impulsándonos a dar ese gran paso que ya no se detendrá hasta 21, 42 o 162 kilómetros después. Buscando una victoria que quizás no sea más que batir nuestros propios miedos, o acallar esas voces que insisten en que no lo conseguiremos.

En muchas ocasiones es como si nuestras ilusiones se midieran sobre el cuadrilátero contra la insulsa realidad de nuestras limitaciones, pero no obstante, y ante cada directo de derecha que encajamos haciéndonos caer de rodillas, destrozando nuestros sueños por completo, seguimos mostrando esa misma arrogancia en la mirada, aquel antiguo fulgor del fuego que antaño restallaba en nuestros ojos, resplandeciendo por un mísero instante.

Safe Creative #1604257315338
 

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22 comentarios en “Ya no tiene sentido abandonar

  1. El camino se empieza por el primer paso. Cuando te das cuenta ya llevas andado 1km, y luego 2km, y 3km…la cuestión es hacer más que quedarte pensando en lo que podrías hacer. Muchas gracias por esta entrada. Me ha sentado de maravilla leerla a estas horas tan prontas. 🙂

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  2. Amhakiir

    Me ha encantado….. Cierta sonrisa se ha ido esbozando en mi cara
    mientras lo leía, a la vez que entendía perfectamente esa sensación de
    la que hablas. Y como bien dices, sin esa locura, sin esa temeridad
    embriagadora de optimismo, la humanidad no hubiera logrado las cosas
    tan alucinantes que actualmente tenemos la suerte de poder disfrutar.

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    1. El mundo necesita cada vez a más locos optimistas, locos que contradigan los férreos convencionalismos, locos que sepan decir “no” a la comodidad social, al “ni se te ocurra intentarlo”.

      Se buscan voluntarios para creer en lo que realmente te dé la gana, o para que simplemente te entren ganas de creer 🙂

      Un saludo!

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  3. Pingback: Ya no tiene sentido abandonar – La luna de Amhakiir

  4. No haré lo mismo durante los próximos 90 años, igual porque ni los hay.

    Decía Ortega y Gasset que uno es él y su circunstancia, y que si no conseguimos salvarla a ella, tampoco nos salvaremos nosotros. Pero quizás sí que se pueda hacer algo más que salvar a esa circunstancia, quizás podamos cambiarla y salvarnos a nosotros mismos de caer en el inmovilismo cotidiano.

    Un saludo y feliz viernes.

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    1. Ciertamente deben ser muy afortunados aquellos que juntan “don y afición”: la capacidad de destacar en aquello que realmente te gusta hacer. Aunque como decía ese maestro, cuando amas lo que haces hay más posibilidades de que “eso que te gusta” lo hagas bien, y por ende, que ese “trabajo”, poco a poco, comience a convertirse en tu don.

      ¡Sigamos creyendo y no nos podrán detener!

      Un gran saludo para ti también Poli.

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  5. Pingback: Ya no tiene sentido abandonar | @xykosanto

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